La selección del 62 fue un equipo diferente. Mientras a lo largo de
toda nuestra historia futbolera siempre nuestras escuadras nacionales se basan
en uno o dos líderes que guiaban al resto (Livingstone el 50; Figueroa-Quintano
el 74; Zamorano-Salas el 98), los muchachos del mundial de Chile eran un grupo
más bien compacto. Si bien existía el liderazgo de Toro y Sánchez,
no eran caudillos sin los cuales el equipo se desarmara. Otra diferencia fundamental
era su efectividad. Antes y después de ellos, nuestro fútbol siempre
fue de mucho toque, de demasiado toque, donde todos eludían la responsabilidad
de disparar al arco. Y, por último, era un equipo ofensivo. Jugadores
como Eladio Rojas, que se suponía que debían apoyar a la defensa,
pasaban más metidos en campo contrario que en el propio. Rojas marcó
dos goles y puso el pase para otro, llegando a línea de fondo (el primer
gol a Suiza). "Estos tipos no bien tomaban la pelota y ¡pum! Al arco,
sin darse vueltas" me comentó un testigo de aquella mítica
selección.
El mundial del 62 no sólo fue un éxito de organización,
cosa que fue reconocida por todos los extranjeros, sino que además arrojó
utilidades que fueron entregadas a los clubes en proporción al número
de jugadores que habían facilitado. Chile quedó muy bien parado
en el concierto internacional y esto permitió afrontar las eliminatorias
para el mundial de Inglaterra 1966 jugando en un grupo accesible: contra Colombia
y Ecuador (Cabe señalar que en aquellos años los cafeteros no
eran la potencia que son ahora, el alza de los colombianos se produjo recién
a mediados de la década del 80).
El Chile de aquellos años comenzaba a ponerse movidito. Eduardo Frei
era el presidente y comenzaba una serie de reformas para poner en marcha su
"revolución en libertad". Y eran medidas que hoy serían
consideradas izquierdistas o ultraizquierdistas: nacionalización del
cobre, reforma agraria y reforma universitaria, entre otras cosas. La derecha
se escandalizaba con este intento de dejar de ser un fundo y la izquierda consideraba
insuficientes estos cambios. Se comenzaba a gestar un movimiento cultural que
resultaría de los más vitales y trascendentes de este siglo. En
1966 daba sus primeros pasos la Nueva Canción Chilena, con músicos
como Rolando Alarcón, Víctor Jara, Héctor Pavez, Patricio
Manns y los conjuntos Millaray y Las Voces Andinas, siguiendo el camino que
ha trazado Violeta Parra, quien lentamente va perdiendo las ganas de vivir (se
suicidaría a inicios del 67). En cine, Aldo Francia hacía notables
retratos de la sociedad porteña en "Valparaíso mi amor"
y "Ya no basta con rezar". Mientras otra serie de realizadores se
preparaba para hacer renacer al cine chileno tras las sombras de la década
pasada.
En el mundo, el movimiento hippy toma fuerza y toma como bandera la lucha contra
la intervención norteamericana en Vietnam. Los Beatles se aburren de
los chillidos de la gente y abandonan los escenarios, dedicándose exclusivamente
a hacer música en estudio, para regocijo de los melómanos del
mundo. Ese año 1966 lanzan su disco "Revolver", evidenciando
su notable evolución musical. Una inundación afectaba Florencia,
dañando muchas de sus obras de arte y destruyendo irremisiblemente otras.
En Colombia muere el cura guerrillero Camilo Torres.
Volvamos al fútbol. Bajo la dirección de Francisco Hormazábal,
Chile dejaba atrás sin problemas a Colombia (7-2 en casa y 2-0 como visita),
luego empataba 2-2 con Ecuador en Guayaquil y lo derrotaba 3-1 en Santiago.
Se tiene que jugar un partido definitorio contra los ecuatorianos en cancha
neutral, y a menos de un mes del cotejo decisivo la roja pierde un amistoso
contra Peñarol. Hormazábal se retira de la selección y
asume de urgencia Luis "Zorro" Álamos. Chile gana 2-1 y nos
vamos a Inglaterra.
Como preparación se juega una serie de amistosos contra selecciones,
y es allí donde debuta un joven defensa central que al parecer tiene
condiciones: Elías Figueroa. Los resultados de estos partidos son bastante
alentadores; se le gana a Brasil en casa y luego se obtiene un empate y una
apretada derrota en tierras cariocas. La selección parte a Europa confiada
en repetir la buena actuación del 62. En un amistoso en la República
Democrática Alemana se lesiona el portero Juan Olivares, y en el partido
siguiente lo hace el portero Adán Godoy. La lesión de Godoy es
grave y Olivares debe asumir la titularidad pese a no estar bien de un tobillo.
Los que van a Inglaterra son los siguientes: Juan "Juanito" Olivares,
Adán Godoy, Humberto "Chita" Cruz, Luis "Fifo" Eyzaguirre,
Elías "Don Elías" Figueroa, Alberto "Tito"
Fouillioux, Rubén Marcos, Ignacio "Chuleta" Prieto, Leonel
Sánchez, Armando Tobar, Hugo Villanueva, Hugo Berly, Carlos "Tanque"
Campos, Humberto Donoso, Roberto Hodge, Honorino "Nino" Landa, Jaime
Ramírez, Orlando Ramírez, Francisco "Chamaco" Valdez,
Alberto Valentini y Guillermo Yávar.
A Chile le toca un grupo con viejos conocidos: Italia y la Unión Soviética,
más Corea del Norte, que debuta en mundiales. Empezamos con Italia y
todo sale al revés. A los ocho minutos Sandro Mazzola pone en ventaja
a los itálicos. Chile no reacciona y se le ve sin chispa. Terminando
el encuentro, Paolo Barison marca el 2-0. Hay críticas al juego de Chile
pero no se pierden las esperanzas. El siguiente rival es la débil Corea
del Norte, que ha caído 3-0 frente a la URSS.
Álamos reemplaza a Eyzaguirre por Valentini, pues los dos goles de Italia
han sido por su lado de la defensa, y a Tobar por Landa. El comienzo del partido
es promisorio; a los 26 se comete infracción penal a Araya. Ninguno de
los designados por el entrenador se atreve a patear y la responsabilidad la
asume Rubén Marcos, quien convierte. Chile se va al descanso con esa
ventaja, pero se nota que el equipo ya no tiene la mística del mundial
pasado. Fouillioux se ve impreciso y Landa se pierde un gol solo frente al arco.
En el segundo tiempo Chile se comienza a replegar lentamente, dándole
la iniciativa a los coreanos que corren mucho pero no saben con la pelota. En
lugar de ocupar el mediocampo para robarle el balón a los orientales,
los chilenos se refugian y buscan el contragolpe, una ilusión teniendo
en cuenta la velocidad de los coreanos. A dos minutos del final, Pak, un dentista
que jugaba al fútbol en sus ratos libres, anota el 1-1. En el siguiente
partido de los coreanos, el mismo Pak anotaría el gol del triunfo frente
a Italia, eliminando a los europeos y sorprendiendo al mundo al pasar a segunda
fase.
La única posibilidad de clasificar es entonces derrotar a la Unión
Soviética, repitiendo la hazaña del 62. Pero no se puede; a los
26 Valeriy Porkujan anota para los soviéticos; empata Rubén Marcos
a los 32 y, nuevamente al finalizar el partido, Porkujan anota el gol del triunfo
a los 85. Chile es eliminado, y cumple la peor actuación de Chile en
mundiales hasta esa fecha. Landa, carta segura de gol, no ha anotado en ninguno
de los dos mundiales que juega; Leonel Sánchez, figura en el 62, ahora
se ha visto cansado y opaco, quizá por llevar años como titular
indiscutido de la U y de la selección sin haber sufrido jamás
lesiones o suspensiones. Prieto y Fouillioux se quedan en Inglaterra tras el
mundial a disfrutar su luna de miel (cada uno con su respectiva esposa); lo
que les vale una serie de críticas en el medio chileno. Son rescatables
las actuaciones de Olivares, que tuvo que jugar lesionado; la calidad emergente
de Elías Figueroa y el empuje de Rubén Marcos que luchó
solo contra el mundo.
Para más remate, no hay suficientes boletos para la vuelta de la delegación.
Varios de los reservas se han dedicado a romancear a las inglesitas, y les venden
al doble del precio los tickets a quienes desean regresar a Chile y no tienen
cómo volver. De vuelta a Santiago se destapa toda una serie de conflictos
internos, disputas entre integrantes de los equipos grandes, y quienes no jugaban
en la U no respetaban al entrenador. Todo mal. Juan Goñi, dirigente nacional,
declara que al fútbol nacional hay que echarle parafina y tirarle un
fósforo. ¿Cómo era posible que tras un desempeño
destacado el 62 se fracasara de esta manera? Todos parecían olvidar que
Chile es tierra de contrastes.
El mundial del 66 siguió en la línea de partidos violentos y arbitrajes
discutibles. El 62 el juez Aston favoreció claramente a Chile frente
a Italia, y el chileno Bustamante le regaló el partido a Brasil cuando
jugaba contra España, no cobrando un penal y anulando un gol legítimo.
El 66, el juez alemán Kreitlein favorece groseramente a los locales al
jugar contra Argentina (amonesta a tres trasandinos antes del minuto de juego)
y el inglés Finney devolvía el favor saqueando a favor de Alemania
en su match contra Uruguay. Bulgaria y Portugal muelen a patadas al notable
equipo brasileño y la fuerza bruta puede más: Brasil es eliminado.
Ya que está de moda, podríamos hablar de un complot europeo contra
el fútbol sudamericano. Pero lo más descarado ocurre en la final,
donde el juez suizo Dienst, ayudado por el guardalíneas soviético
Bakhramov, cobra un gol inexistente a favor de los ingleses, que da la ventaja
frente a los alemanes.
En Chile, todo el trabajo futbolístico logrado desde inicios de los 60,
se diluye con el fracaso en este mundial. Nuevamente había que partir
de cero.
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