Las Olimpíadas de Sydney 2000: El primer (o último) grito del siglo.

La historia comenzó como tantas otras: La selección juvenil de Chile partió sin mayores ilusiones a jugar un torneo sub-23, clasificatorio para las Olimpíadas de Sydney. Se jugaba en Londrina, Brasil, y se definían dos cupos. En la práctica se definía uno, pues Brasil, eterno favorito, iba de local y con la meta a largo plazo de alcanzar una medalla.
El entrenador Nelson Acosta privilegió unos amistosos con la selección adulta y Héctor Pinto fue el encargado de dirigir a Chile en este torneo. Se comenzó con Brasil, logrando un digno empate 1-1. Luego se derrotó a Ecuador 2-1 y a Venezuela 3-0, pero el nivel de juego de Chile no convencía. Colombia nos pasó por arriba 5-1 y los cafeteros casi aseguraban el segundo puesto del grupo para ir al cuadrangular final, y Chile debía ir pensando en hacer las maletas.
Pero Brasil nos dio una mano, contando además con la histórica indisciplina de los chicos de la tierra de Macondo (que se dedicaron a la jarana la noche anterior al partido), y destrozó a Colombia 9-1, haciendo que Chile obtuviera mejor diferencia de gol que Colombia, y así, de rebote, estábamos en la ronda final.
Pero el milagro no terminó ahí: La selección chilena, que había mostrado un nivel de juego muy discreto, tuvo una presentación impecable frente a los siempre difíciles uruguayos y los humilló 4-1. Luego se cayó con justicia ante Brasil 3-1, y se llegaba al partido final ante Argentina. Había que ganar para clasificar, pero los triunfos chilenos sobre los albicelestes apenas se cuentan con los dedos de una mano. Y nuevamente otro milagro. Chile resistió a Argentina, y en el minuto 80, un remate de Rodrigo Tello fue mal rechazado por el meta Costanzo, el rebote fue capturado por Reinaldo Navia quien marcó el gol de la clasificación. El demencial grito de triunfo de Ernesto Díaz, relatando para Cooperativa, hasta el día de hoy es recordado por algunos y fue el momento más emotivo de aquel verano.
Estaba bien; se había clasificado con bastante fortuna pero mostrando a ratos un muy buen fútbol. Había que ver qué pasaba en Australia. Se jugaron varios partidos amistosos, pero el nivel de juego no convenció. Nelson Acosta tomó el reemplazo de Pinto en la banca, lo que fue visto como un acto de oportunismo y generó algunas críticas.
Según las reglas de los Juegos Olímpicos, las selecciones deben presentar un equipo sub-23 y se tiene derecho a incluir tres jugadores que superen esa edad. Los designados fueron Nelson Tapia, Pedro Reyes e Iván Zamorano. Muchos deseaban que se nominara a Marcelo Salas, que pasaba por un muy buen momento, mientras que Bam Bam no había tenido buenas actuaciones en la selección desde hacía algún tiempo, pero se optó por el maipucino privilegiando su liderazgo y, además, que su carrera ya avizoraba su final.
Las actuaciones chilenas en juegos Olímpicos eran disímiles: En Amsterdam 1928 se había sido eliminado en primera ronda a manos de Portugal (4-2). Y en Los Angeles 1984 se había logrado pasar a la segunda fase (empatando con Noruega y Francia y derrotando a Qatar), pero habíamos sido eliminados por Italia gracias a un penal trucho.
Chile partía a la tierra de los canguros con la siguiente nómina: Nelson "Cabeza de Muela" Tapia y Javier Di Gregorio (Arqueros); Cristián Álvarez, Pablo Contreras, Pedro "Don Pedro" Reyes, Rafael "Flaco" Olarra, David Henríquez y Mauricio Rojas (defensas); Claudio "Chester" Maldonado, David "Fantasista" Pizarro, Rodrigo Núñez, Francisco Arrué, Patricio Ormazábal, Manuel Ibarra y Rodrigo Tello (Mediocampistas); Reinaldo "Choro" Navia, Sebastián "Chamagol" González, Héctor Tapia e Iván "Bam Bam" Zamorano. A días del comienzo del torneo, estando ya en Australia, se lesiona Héctor Tapia, titular y uno de los pocos que había intentado tirar arriba al equipo en los momentos difíciles. Quedaría fuera por todo el campeonato. Nos tocaba el grupo B, frente a Marruecos, España y Corea del Sur.
Por dificultades en reunir a todos los seleccionados, el equipo titular nunca pudo jugar antes del debut, así que el desempeño de la selección era una incógnita. Y el misterio era doble: se comenzaba frente a Marruecos, y no se sabía nada de ellos.
La verdad se comenzó a dilucidar el 14 de septiembre en Melbourne. Y comenzó todo bien para los chilenos: a los 6 minutos es expulsado Adel Chbouki por una carga por detrás. Y a los 36, un centro de Pizarro es cabeceado hacia el centro del área por Navia para que Zamorano reciba libre de marca y anote con certero testazo.Diez minutos después, una lucida maniobra de Pizarro es frenada con falta dentro del área y Zamorano convierte de penal.
El segundo tiempo continuaría con Chile presionando y un Marruecos absolutamente entregado. A los 55 un desborde de Navia culminaría con pase atrás para que reciba Zamorano y vuelva a convertir. A los 72 se cobra otro penal a favor de Chile. Zamorano le cede el tiro al atacante porteño, que había jugado un partidazo, y anota el 4-0. El gol del honor lo marcaría Ouchla para los norafricanos, cerrando un 4-1 que hacía comenzar el torneo eliminando cualquier duda sobre el desempeño de la selección en general y de Iván Zamorano en particular.
El rival siguiente es la temible España. Una selección poderosa que lleva dos años sin perder un partido y que históricamente siempre ha derrotado a Chile. Y ese 17 de septiembre, empezaba todo según lo previsto; los íberos se vuelcan sobre el arco nacional, a los cuatro minutos Tapia salva un gol, y dos minutos más tarde, una entrada de un atacante español termina con un remate apenas desviado. Pero poco a poco Chile comienza a acercarse. En el minuto23, un córner de Pizarro es mal cabeceado por Navia, el rebote le vuelve a Pizarro que con tres enganches deja a su marcador mirando para cualquier lado, el volante porteño pone un centro medido para que Olarra entre anticipando y anote de cabeza. Es el 1-0, y premio a la mejora en el juego de Chile.
A los cuarenta minutos, Ormazábal desborda solo contra el mundo, pero su aventura es frenada por dos defensores españoles, que controlan e intentan salir jugando. Pero como lo de ellos no es precisamente la habilidad, Zamorano surge de la nada y roba el pase de Marchena, se va por la línea de fondo, es derribado pero alcanza, desde el suelo, a entregar el balón a Navia para que anote el 2-0. Contra el rival más difícil del grupo, se tenía el partido asegurado.
Chile se refugia los últimos minutos del primer tiempo a cuidar la ventaja, y Nelson Tapia logra salvar sobre la misma línea de gol un cabezazo de un atacante español.
Para el segundo tiempo la clave era aguantar los embates ibéricos lo más posible y que, si anotaban, que no lo hicieran en los primeros minutos. Por eso todos sentimos un balde de agua fría en la espalda con el gol de Lacruz a los 53, un gol algo afortunado (la pelota le pegó en la cabeza tras un despeje de Ormazábal) pero gol al final.
De ahí, a defender con todo. Los pupilos del vasco Iñaki Sáez se venían de a cinco, de a diez, de a mil. A los 58 Tamudo desvía un cabezazo que pasa rozando el horizontal. A los 65, un error de Contreras deja mal parada a la defensa chilena y entre Álvarez y Ormazábal conjuran un peligroso remate español.
Sin embargo, de a poco los ataques comienzan a diluirse. A los 68, un contragolpe entre Núñez y Zamorano termina con un remate de Iván. A los 74, una lucida acción en los alrededores del área, donde los chilenos hicieron más de diez toques al hilo, culminaría con un remate de Maldonado controlado por el arquero Aranzubia.
Y nuevamente el milagro: al minuto 89 David Pizarro defiende una pelota en mediocampo, hace crujir las cinturas de los troncos que lo marcan y pone un pase para Zamorano, que entrega a Navia y éste, desde 17 metros, se acomoda y manda un cañonazo al ángulo que aunque hubieran estado Arconada y Paco Buyo juntos, no lo para ninguno. Es el 3-1, un golazo, y se abrocha la victoria. Los españoles, humillados le mandan un pelotazo a Navia al terminar el partido y casi se arma una pelea; pero nuestros muchachos se dan cuenta que lo mejor es celebrar. En la transmisión televisiva un Carcuro casi afónico por la emoción termina su relato con un patriótico "¡Viva Chile mierda!"
Ahí es donde comienza la locura. Casi quince mil chilenos han ido a ver a la Roja, acompañan al bus en su trayecto y festejan en las puertas del hotel. La policía australiana concurre a poner orden, y se preguntan de dónde han salido tantos seres extraños agitando una bandera desconocida y hablando en un idioma exótico. Es la casi anónima pero numerosa colonia chilena, siempre camuflados con el entorno pero que, a la hora de los quiubos, tienen lista su bandera, sus empanadas y unos buenos pencazos de tinto.
Nuestra selección está casi clasificada; ahora corresponde jugar contra Corea del Sur. Sólo puede quedar eliminada si cae por goleada ante los asiáticos. Con Zamorano en la banca y jugando a media máquina, Chile cae 1-0, pero de todas maneras estamos en segunda fase, quedando en el primer puesto.
Toca enfrentar a Nigeria, selección que ganó medalla de oro en las anteriores Olimpíadas. Los negros están confiados e incluso se despachan declaraciones del tipo "mejor vayan reservando pasajes de vuelta". Pero la verdad siempre está en la cancha. Y el 23 de septiembre comienza con la Roja a toda orquesta. Chile presiona y llega desde el primer minuto. A los 5, un cabezazo de Zamorano sale apenas desviado. A los 16, un tiro libre servido por Tello es rozado por Contreras, lo que descoloca al arquero Etafia y es el 1-0. Noventa segundos después, un desborde de Tello no logra ser frenado ni por la defensa ni por el arquero (que sale a atajar con los pies) y Zamorano conecta a la entrada del área grande. Gol y es el 2-0.
Y Chile sigue llegando: a los 39, Zamorano se cuela tras la defensa que juega mal al off-side, cabecea solo frente al arquero pero éste logra desviar. Y dos minutos después, un saque de fondo de Tapia es peinado por Zamorano, lo que permite que la defensa africana quede mal parada, se cuele el Choro Navia y, sin acomodarse y a la carrera, ponga un sombrerito perfecto al arquero que no alcanzó a llegar a cortar. 3-0 y es Nigeria quien debe irse preocupando de los pasajes de vuelta.
En el segundo tiempo la cosa sigue igual, los nigerianos intentan dominar pero nunca llegan con peligro al área chilena. En el minuto 64 Zamorano presiona la salida de Kanú, que despeja mal; la pelota es robada por Tello quien cede a Pizarro y éste cede una pared perfecta para el gol del entonces volante de la U. 4-0, es boleta, baile, oreja y rabo para Chile.
Chile deja pasar el tiempo y Nigeria sigue intentando llegar y obtiene premio a su esfuerzo en el minuto 75 con el descuento de Agali. Pero no alcanzó para más. Chile ya estaba entre los cuatro primeros con este 4-1. La posibilidad de una medalla, algo impensado en el verano de Londrina, ahora era algo posible.
El otro clasificado de Sudamérica, Brasil, que se había preparado concienzudamente para ganar el torneo (el único que no poseen en su abultado palmarés), es eliminado por Camerún. Y es contra estos africanos que debemos enfrentarnos el 26 de septiembre.
Los cameruneses vienen picados por el empate ante Chile que les dejó fuera en el mundial de Francia de 1998. Se sintieron muy perjudicados por el arbitraje y habían jurado venganza. La hora había llegado. Tras un primer tiempo equilibrado y que termina sin goles, Chile comienza a manejar las acciones en el segundo tiempo. La defensa africana hace agua por todos lados y nuestros hombres se pierden un gol tras otro. Reinaldo Navia no está en su nivel, Maldonado desperdicia una ocasión clara de gol, al no ceder un balón a Zamorano que lo esperaba solo frente al arco, y que mereció una monumental puteada de Bam Bam gritada en la oreja del volante. Hasta que en el minuto 78, en la enésima falla de la defensa africana, Sebastián González escapa solo frente al meta Kameni, remata, el tiro pega en el arquero y el rebote da en el defensa Abanda, que convierte en propia puerta. Es el gol que nos pone en la final.
Extrañamente, Camerún crece después del gol y Chile se desdibuja. En cinco minutos, Mboma y Lauren dan vuelta el partido y dejan a la Roja fuera de la final. El equipo chileno está devastado por haber dejado escapar un partido casi asegurado, y ahora incluso se corre el riesgo de quedar sin medalla. Se debe jugar contra Estados Unidos por la de bronce.
El 29 de septiembre en Sydney nos enfrentamos a los gringos que han sorprendido al llegar a estas instancias. El primer tiempo termina 0-0, con un leve dominio de Chile. El segundo tiempo sigue igual, siempre con la sombra de un posible descuido de la zaga chilena o una definición a penales que, como sabemos, no es el punto fuerte del fútbol nacional.
Pero a los 69 un pase largo es perseguido por Sebastián González dentro del área. La pelota ya se va afuera y el chileno corre por compromiso, pero el defensor yanqui Califf le hace un tackle por detrás y el juez Micallef sanciona penal. Convierte Zamorano y se pone justicia en el marcador.
El partido se abrocha a los 84, con una larga jugada chilena donde la tocan casi todos hasta que Maldonado pone un pase para que Zamorano enfrente solo al meta Friedel y marque el 2-0. Y nos colgamos la medalla de bronce.
El oro lo gana Camerún derrotando a España al día siguiente. Ésta fue la última gran actuación de Zamorano jugando por la selección. Los efectos de una dirigencia preocupada más del negocio que en la calidad del producto darían como fruto posterior una desastrosa eliminatoria y un divorcio del público con el equipo.
Iván Zamorano jugó unos pocos partidos más defendiendo la camiseta roja, pero podemos decir que éste fue su broche de oro (¿o de bronce?) en su trayectoria como seleccionado. Hubo muchos jugadores nacionales más hábiles que él, pero Bam Bam tenía algo que muy pocos futbolistas chilenos han tenido: liderazgo y una voluntad a toda prueba. Incluso parecía hasta disfrutar cuando tenía que luchar contra la adversidad (como en aquel Real Madrid de Benito Floro, que jugaba horrible, y donde pasó una rueda entera sin anotar; o cuando logró doblarle la mano a Valdano, saliendo campeón y goleador). Destacó siempre por su cabezazo, y su estado físico estaba muy por sobre la media del jugador de nuestro país.
Se le ha criticado mucho por su afición a las cámaras y la farándula, pero esto jamás influyó negativamente en su rendimiento en cancha. Incluso yo sospecho que la mayoría de las críticas provienen del hecho que un tipo nacido en La Legua y criado en la Villa México de Maipú, haya logrado llegar a círculos de "gente linda" donde los chilenos normales tenemos la entrada prohibida.

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