Terminado el mundial de 1994, había que concentrarse en las eliminatorias
para la copa de Francia 1998. Por primera vez se realizaría una ronda
clasificatoria de todos contra todos, en partidos de ida y vuelta. Eso significaba
que había que estar jugando durante dos años. En cierto modo esto
favorecía a Chile pues los torneos largos permiten enmendar errores que
no se pueden corregir si uno se juega la vida en cuatro partidos.
Se designó al exitoso entrenador de Colo Colo campeón de la Libertadores,
Mirko Jozic para encarar esta tarea, pero no tuvo mucha comprensión del
medio y terminó renunciando. Se comenzaron a barajar nombres y empezó
a sonar fuerte el del vasco Xabier "Bigotón" Azkargorta. Él
había logrado clasificar a la selección boliviana para el mundial
de 1994 por primera vez en su historia, lo que hacía suponer que lograría
algo similar con Chile. Incluso antes de su contratación, Iván
Zamorano manifestó públicamente su deseo que fuera el vasco el
DT de la Roja.
Cuando se confirmó su nombre como entrenador de nuestra selección,
todos lo aprobaron. Era un tipo simpático, locuaz e innovador. Obtuvo
buenos resultados en varios encuentros amistosos y todo iba bien. Pero un emergente
comentarista deportivo, Eduardo Bonvallet, expresó su desconfianza en
el cometido de Azkargorta: Nunca había jugado fútbol ni dirigido
clubes de importancia, le faltaba experiencia. Hay que reconocerlo, él
fue el primero en detectar que la cosa no iba a funcionar.
Conforme avanzaba el tiempo, los resultados fueron empeorando y las críticas
empezaron a ser más fuertes, sobre todo después de un espantoso
6-0 ante Perú en Lima. Bonvallet lideraba la oposición al DT.
La Copa América de 1995 fue un desastre, fuimos eliminados en primera
ronda y goleados por Argentina mientras Bigotón era internado en un hospital.
Los mismos jugadores dejan de creer en Azkargorta y el ambiente se torna cada
vez más hostil. La gracia verbal del entrenador ya no convence al medio,
pero la dirigencia insiste en mantenerlo en el cargo, pues, al parecer, no hay
nadie para reemplazarlo.
Llegamos así al 2 de junio de 1996. Comienzan las eliminatorias, jugando
ante Venezuela de visita.En teoría es un partido fácil, pero los
llaneros sorprenden poniéndose en ventaja y entrando al área chilena
como río por rancho ovejero. Chile juega mal, y muchos de los convocados
no están a la altura de las circunstancias. Se logra un empate agónico,
pero la cosa no da para más. Azkargorta renuncia y el supuesto "proceso"
que nos llevaría al mundial se va a las pailas. Hay que comenzar de cero,
pero con el tren en marcha.
Se llama de apuro a Nelson Acosta, entrenador de Unión Española
que en ese momento va colista en el torneo nacional, pero que hace un tiempo
tuvo una muy buena campaña en Copa Libertadores con ese mismo equipo.
Además había dirigido a la selección para un amistoso frente
a España.
Pero Acosta tiene algo que no tenía Azkargorta: conocimiento del medio,
de las mañas y virtudes de los jugadores. Además todo el público
se vuelca a apoyarlo; cualquiera es mejor que Bigotón.
El comienzo es a toda orquesta: un 4-1 sobre Ecuador, con una soberbia actuación
de Marcelo Salas y dos goles de Zamorano. Luego vendría un año
y medio de partidos eliminatorios, con momentos espantosos como la derrota 4-1
frente a Colombia y otros maravillosos como el desquite ante los mismos cafeteros
por el mismo marcador, en el Nacional y con tres goles de Salas y uno de Zamorano.
La relación de Acosta con le hinchada es de amor-odio, pues Eduardo Bonvallet
es el líder de las críticas contra el cometido del entrenador,
y si ganaba era "porque le hacía caso". Este comentarista aglutina
a un número de seguidores fanáticos en un movimiento futbolero-fascista.
Pero su labor no es sólo críticas. Él incitó a vestir
la camiseta de la selección al público que iba al estadio y la
fanaticada se uniformó de rojo.
No es primera vez en nuestra historia que sucedía algo similar: durante
la Guerra del Pacífico, el intendente Benjamín Vicuña Mackenna
utilizó a la prensa para criticar la acción del ejército
en las batallas, y proponía estrategias y planes de ataque, gnerando
mucha presión popular en el alto mando.
Gracias a una muy buena campaña de local y el liderazgo de la dupla Sa-Za
(bautizada así como respuesta a la dupla Ro-Ro, Ronaldo-Romario, que
tenían los brasileños), Chile logra la clasificación.
A principios de 1998 se hace una gira jugando con Irán, Nueva Zelandia,
Australia e Inglaterra. Los tres primeros partidos son opacos pero en Wembley
el equipo chileno se transforma y derrota 2-0 a los súbditos de Su Majestad,
con otra notable actuación de Salas.
El tema mediático se maneja con cautela; se restringe el acceso de los
seleccionados a los medios para evitar que suceda algo similar a lo de 1982.
Sin embargo Acosta aparece regularmente en programas estelares.
Chile viaja a Francia con la siguiente nómina: Nelson "Cabeza de
Muela" Tapia, Marcelo "Rambo" Ramírez y Carlos Tejas (arqueros);
Ronald "Chilenita" Fuentes, Javier "Cabeza de Tarro" Margas,
Pedro "Don Pedro" Reyes, Miguel "Cheíto" Ramírez
y Cristián "Scooby" Castañeda (defensas); Francisco
"Murci" Rojas, Nelson "Piri" Parraguez, Clarence "Brad
Pitt" Acuña, Moisés Villarroel, José Luis "Coto"
Sierra, Fabián "Fabi" Estay, Marcelo "Tobi" Vega,
Luis Musrri, Fernando Cornejo y Mauricio Aros (volantes); Manuel Neira, Rodrigo
"Chamuca" Barrera, Marcelo "Matador" Salas e Iván
"Bam-Bam" Zamorano (delanteros).
El sorteo nos ubica con Italia, Camerún y Austria. En cierto modo somos
afortunados pues es uno de los grupos más accesibles, pues los otros
sudamericanos tienen rivales bastante más difíciles: Paraguay
definía ante España, Bulgaria y Nigeria; Colombia ante Rumania,
Inglaterra y Túnez. Brasil y Argentina tenían zonas más
fáciles por ser cabezas de serie.
El 11 de junio de 1998 debutamos ante Italia. Chile insinúa una leve
superioridad sobre los italianos, pero Baggio nos pilla de contragolpe y cede
a Vieri que marca el 1-0 a los diez minutos. En vez de refugiarse, Italia comienza
a presionar para asegurar la victoria y Chile no logra acercarse a la valla
contraria. Pero en el minuto 47 del primer tiempo, un córner servido
por Estay es conectado de cabeza por Zamorano, la pelota rebota en Reyes y Marcelo
Salas recibe para convertir en área chica. Es la tranquilidad para enfrentar
el descanso.
Ese gol hace que Chile salga el segundo tiempo con ánimos renovados y
sin tantos nervios. A cuatro minutos de iniciada la parte final, un ataque chileno
es devuelto a medias por la defensa italiana, Acuña recibe el rechazo
y envía de primera un centro algo llovido. Conecta Salas de cabeza, la
pelota entra pegada al palo y es un golazo. He visto doscientas mil veces ese
gol y es llamativo como el chileno salta casi sin impulso, le saca diez centímetros
justos a Cannavaro quien, además, choca con él en el aire pero
Salas no modifica su trayectoria y es el defensa quien cae al suelo. Por esas
coincidencias de la vida, el cabezazo tiene un cierto parecido al gol de Jaime
Ramírez frente a Italia, en el mundial de 1962.
Chile crece y maneja las acciones, pero lentamente Italia va imponiendo su ritmo
y los rojos empiezan a cuidar la ventaja. Baggio y Vieri protagonizan dos entradas
muy peligrosas y Tapia ataja un tiro de Inzaghi que prometía gol.
Y bueno, a cinco minutos del final sucede lo que todos recuerdan. Una dudosa
mano de Fuentes es cobrada como penal por el árbitro Lucien Bouchardeau,
y convierte Baggio. Pero en fin, Italia está acostumbrada a ganar con
fallos dudosos y con una inexplicable buena suerte.
El empate deja a Chile con mucha rabia pero con confianza; se merecía
ganar ese partido y se jugó bien. Ahora tocaba jugar con Austria.
El 17 de junio en Saint-Etienne nos enfrentamos frente a la escuadra de los
hijos de Mozart. El primer tiempo es opaco, no se juega bien pero Chile manifiesta
una cierta superioridad.
El segundo tiempo sigue en la misma tónica. Un pase de Acuña deja
solo a Villarroel frente al meta Konsel, pero el porteño se chupa y pega
un tirito al cuerpo del arquero.
En el minuto 70 se cobra un foul a la orilla del área austríaca.
Un corner muy corto, que sirve Sierra. Como durante todo el mundial, Zamorano
salta más alto que todos y cabecea hacia el arco, muy fuerte. Konsel
rechaza pero el rebote le pega a Salas; el arquero vuelve a atajar pero adentro
del arco. El árbitro duda un segundo pero marca el gol. Junto con el
1-1 de Ahumada frente a la RDA, seguramente este es uno de los goles más
feos de Chile en un mundial. Pero valen lo mismo.
Chile domina las acciones, y los austríacos se revelan como un cuadro
muy limitado. Un par de contragolpes chilenos son fallidos por impericia de
los jugadores rojos. Luego un peligroso remate de Zamorano es desviado por el
meta, y más tarde Castañeda recibe un rechazo de un córner
y su tiro pasa apenas desviado. Austria casi no llegaba, y no se crea situaciones
de peligro.
Y nuevamente, al final la fatalidad. En el minuto 91, Vastic recibe un pase
a la entrada del área, nadie lo presiona y tiene todo el tiempo para
acomodarse y colocar un remate en la esquina superior izquierda del arco de
Tapia.
Si el empate ante Italia nos dejaba enrabiados, éste nos dejaba deprimidos.
Chile no había jugado bien pero los austríacos nunca fueron superiores,
y lograron el empate en su única llegada. Había que definir con
Camerún.
El 23 de junio en Nantes, nos medíamos con los africanos. El equipo camerunés
es violento, y en los primeros minutos le pega a todo lo que tenga camiseta
roja y huela a empanadas y vino tinto. Afortunadamente Chile no cae en el juego
y no responde a las agresiones. El partido es parejo; Mbomá casi convierte
y de vuelta un cabezazo de Reyes y posterior remate de Acuña asustan
a la defensa africana.
A los veinte minutos, Zamorano recibe su enésima patada.a la entrada
del área, gentileza de Song. Se prepara José Luis Sierra, que
tira sobre la barrera y la pelota se cuela en un rincón de la valla de
Songo'o. Es un bello tiro libre y un golazo. Por muchos años yo consideré
el gol de Carlos Rivas frente a Ecuador como el tiro libre más lindo
que había visto, pero cuando pude comparar las imágenes tuve que
rendirme ante la evidencia; el lanzamiento de Sierra entra justo en un rincón
donde no llegaba nadie. En 1993 el mismo Sierra había sido el malo de
la película al fallar un penal decisivo frente a Perú en Copa
América (el famoso partido del plan Z-Z). Cinco años después
llegaba la revancha y él era el héroe.
Los camerunenses se vienen con todo en busca del empate. Se le anula un gol
a Oman-Biyik por posición de adelanto. Luego recibe un pase solo frente
a Tapia y responde el golero. Hacia el final, nuevamente Mboma asusta a los
chilenos. Así se van al descanso.
El segundo tiempo es más de lo mismo; la defensa chilena ve entrar negros
por todos lados. Tapia conjura un ataque de Mboma.
A los 51, Song le pega un codazo a Salas y es expulsado. Esto supone un respiro,
pero la situación no cambia. Poco después Rojas encabeza un contragolpe
e intenta simular un penal, el árbitro Vagner no le cree y lo amonesta.
En la siguiente carga africana, una pelota no logra ser alejada del área
chilena, Oman-Biyik envía un centro y Mboma supera el tímido salto
de Pedro Reyes y derrota a Tapia. Es el 1-1.
Pero a los leones indomables no les basta; siguen presionando. Un gol de Oman-Biyik
es mal anulado. El público está con los africanos, y pifia cada
vez que Chile toma la pelota. En los anteriores partidos Chile era el regalón
y ahora los papeles se han invertido. Los chilenos ya no aguantan el ritmo de
los cameruneses, casi todos están agotados. Zamorano encabeza dos llegadas
al arco africano, en la primera su tijera sale desviada y en la segunda su remate
es controlado por el meta. Salas se ve algo opaco y juega pegado a la banda
izquierda, muy lejos del área.
A dos minutos del final es expulsado Lauren por una patada a Salas.
Chile se refugia atrás, por esas cosas de la vida se han dado una serie
de resultados y con el empate se logra pasar a segunda fase. Los cameruneses,
aún con nueve, siguen presionando. En el minuto 92 una mala salida de
Tapia es conectada por Oman-Biyik y el tiro sale apenas desviado. Llega el pitazo
final y respiramos aliviados. Sin jugar muy bien, sin ganar ningún partido,
estamos en segunda fase.
Los cameruneses se retiran furiosos, esa noche la televisión francesa
emite un reportaje especial acerca del como el árbitro Laszlo Vagner
perjudicó a los africanos. Pero, como dijo Néstor Isella, "alguna
vez que nos toque a nosotros". Los leones juran venganza y la tendrían
tiempo después.
Nos toca definir la segunda fase frente a Brasil. En teoría tenemos plantel
para jugar de igual a igual, y varias veces hemos hecho el numerito de ganarles
a los brasileños, así que la cosa viene prometedora. Pero lo que
no se sabe es que casi todo el equipo chileno ya no tiene fondo físico.
Muchos han tenido que ser recogidos casi con espátula tras el partido
ante Camerún. Así llegamos al 27 de junio en París.
Chile empieza presionando, la escuadra nacional se entusiasma y se va arriba.
Pero todo es un truco de los verde amarelhos; en tres llegadas nos hacen tres
goles y liquidan el partido en el primer tiempo.
Pare este partido había recurrido a mi cábala tradicional: una
vieja TV a color donde nunca había visto perder a Chile. Pero ese día
la realidad fue más que el esoterismo.
En la segunda parte Acosta pone por primera vez en el mundial a dos volantes
creativos: Estay y Vega. El equipo juega algo mejor pero los brasileños
son los que siguen llegando.
Pero a los 68, Salas inicia una jugada en mediocampo, cede a Vega que pone un
pase preciso a Zamorano que entra destapado, cabecea y el meta Taffarel contiene
a medias. El rebote lo recibe Salas, que viene siguiendo la jugada desde atrás
y convierte. Es el 3-1 y hay una posibilidad de lograr un marcador más
digno.
Pero no: dos minutos después, Ronaldo enfrenta solo a Tapia y lo vence
sin problemas. 4-1.
Poco después el mismo jugador estrellaría un balón en el
travesaño. Pero conforme transcurren los minutos Brasil se va echando
atrás para cuidar la ventaja. En el minuto 92 Zamorano pide un tiro libre
y obliga a una gran volada de Taffarel. El capitán chileno no ha logrado
anotar y busca ocasiones, pero el partido termina y estamos eliminados.
Esta actuación en el mundial dejó relativamente conformes a todos.
No se ganó ningún partido pero se avanzó a segunda fase,
que era el objetivo principal. Salas no jugó de manera brillante pero
aportó con goles, y Zamorano no anotó pero su liderazgo fue vital,
además que su participación fue clave en cuatro de los cinco goles
que anotó la Roja.
Esta fue la dupla delantera más demoledora que jamás tuvo selección
chilena alguna. Uno era diestro y de Colo-Colo. El otro zurdo y de la U. En
el aire se entendían de maravillas, y jamás temblaron ante rivales
poderosos.
Poco después del mundial vendría un cambio de dirigentes que significaría
una de las debacles más grandes que ha vivido el fútbol chileno.
Pero aún habría tiempo para otra hazaña.