CHILE SABROSO
Publicado en Gran Valparaíso
¡Estos gringos están mal! No tienen la menor idea de lo que son
los placeres de la mesa. De nada han servido estos quinientos años en
que hemos tratado de civilizarlos. Por algo están donde están.
Y con "gringos" me refiero a norteamericanos y europeos.
Muchos alimentos que deglutimos casi a diario son casi desconocidos en aquellas
tierras alejadas de la mano de Dios. Si bien muchas de las comidas que se van
a nombrar aquí no son cien por ciento chilenas, son comunes en nuestra
dieta. Vamos por partes. O por platos.
Aperitivos
Para empezar, el pisco no se conoce en las frías tierras del norte.
Por ende nada saben de la maravilla que es el pisco sour, ni de lo que es pedir
"una linterna con cuatro pilas" en los boliches. Y tampoco conocen
el pichuncho, pues si el vino vermouth (Martini) es de allá, jamás
lo han probado mezcaldo con nuestro (chileno y peruano) potente destilado de
uva.
En cuanto a vinos, los pocos vinos extranjeros que he probado (principalmente
franceses e italianos) son muy buenos, pero delicados, propios de la lengua
de esos reyes pálidos y hemofílicos que tienen por allá.
Nuestros vinos chilenos son fuertes y con sabor a tierra, muy ásperos,
llenos de piedras y raíces, como poemas de Neruda. Para gente con carácter.
Ellos habrán estado cultivando vides desde antes de Cristo, pero nosotros
le pusimos rudeza al sublime y santo brebaje.
Entradas
Hace algún tiempo, acá en casa llegaron unos alemanes a cenar.
De entrada les servimos alcachofas y nuestros invitados se espantaron ante aquellas
flores marcianas que reposaban en los platos. ¡Nunca habían visto
una en directo! Y no tenían idea cómo se comía, qué
se comía, hasta dónde se comía, como se le sacaba el conito
que queda al final ni qué hacer con los pelitos que coronan el corazón.
Ellos sólo las habían probado en conserva.
Muchas de las verduras que nosotros compramos a granel, se venden por unidad
y diez veces más caras en el mundo desarrollado. Así que allá
no se ven esas hogareñas y generosas fuentes rebosantes de ensalada a
la chilena, lechuga o papas mayo.
Y ni hablar de los choclos. Los giles son tan lesos que los cultivan para darselo
a los chanchos (principalmente los europeos, en eso los yanquis se han refinado
un poco). Nunca en su vida han gozado del sensual procedimiento de untar una
mazorca con mantequilla y ver como se derrite, para luego mojarse toda la cara
al comerla. Y menos conocen nuestras humitas, y ni sospechan que se aliñan
con azúcar y tomate.
En cuanto a mariscos tienen unas ostras muy grandes pero desabridas. Las nuestras
son chiquitas pero en sabor dejan bien puesta a la estrella solitaria. Los gringos
no conocen, entre otros frutos del mar, a los locos. Quien no haya probado un
chupe de locos en fuente de greda no sabe lo que es comer. Aunque al paso que
vamos es muy probable que la inmensa mayoría de la población chilena
jamás lo haga pues ya están casi extintos.
Aliños tan simples como el pebre, el chancho en piedra, el merkén
o el chimichurri no se conocen allá. ¿Qué picotearán
mientras esperan en los restoranes?
Platos de fondo
Retomando los choclos, estos bárbaros del norte tampoco conocen nuestro
pastel de choclo, servido como debe ser: en fuente de greda y espolvoreado con
azúcar. Y si les decimos que al fondo del pastel hay pino, van a creer
que nos comemos los árboles. Pobrecitos. En una ocasión le dimos
a probar esta sublime obra culinaria nacional a unos amigos franceses. Dejando
de lado todo el recato adquirido a través de décadas de nouvelle
cuisine, terminaron alucinados raspando los platos para alargar al máximo
el placer.
Poco saben los gringos de los porotos, aunque algo se comen. Los ingleses los
ingieren en el desayuno. Pero de porotos con riendas, con mazamorra o en ensalada
ni la sombra. Jamás han pasado por la experiencia de transpirar una tarde
de verano al tomar un plato de porotos granados con mazamorra.
Algunos tipos de cazuela y carbonada se comen en España, pero obviamente
hay variaciones en los ingredientes, y no le ponen esa torrejita de choclo para
enjugarla en el caldo.
Tampoco tienen idea de lo que es el cochayuyo, ni en ensalada, ni fritos ni
en charquicán. Seguramente creen que esa cosa café que se venden
en las calles chilenas es para hacer sandalias. Por algo son tan débiles.
No saben la nueva dimensión del pecado de la gula que es comerse un cancato
(salmón asado a la parrilla) con mucho relleno.
Postres y dulcería
Aquí la cosa es similar a lo que ocurre con las verduras. Los del primer
mundo venden los duraznos de a uno, las uvas por racimo y las sandías
por tajada. Y a precios escandalosos. Y hay frutas que nunca han visto en sus
tristes vidas: la papaya es casi desconocida, así que no conocen del
dulzor de su carne, ya sea en almíbar, secas o al natural. Quizá,
como son tan delicados de cutis, les molesta el ácido que hay en la cáscara.
No conocen las tunas y es mejor que no las conozcan, pues como son medio giles
(producto de su pobre alimentación) es más que seguro que se pincharían
enteros al manipularlas, o se terminarían tragando las espinas. Tampoco
tienen idea de la existencia de la chirimoya (¡Ni del helado de chirimoya!)
ni de la lúcuma (¡¡Ni del helado de lúcuma!! ¡¡¡Ni
del puré de lúcuma!!!).
Aquellos pálidos hijos del desarrollo jamás han visto ni gustado
de aquellas deliciosas materias que son los dulces de camote y de membrillo.
Y como no conocen el camote, tampoco los camotillos.
Hay otras de nuestras frutas que han iluminado en algo las tristes vidas de
estos cara-pálidas, como la frutilla y la rosa mosqueta. Y, por supuesto,
las frutas introducidas desde Europa son versiones tan buenas o mejores que
las originales.
En cuanto a comidas más elaboradas, los rucios jamás han fortalecido
sus dientes al mascar melcocha y no conocen la nueva dimensión de la
dulzura existente en el chumbeque. Si bien ellos tienen marshmallows, no conocen
nuestra versión más ligera que son las sustancias. Tampoco saben
de la otra variante chilena; nuestras eternas guagüitas con las cuales
redondeábamos los vueltos en nuestras compras infantiles.
Los tristes hijos del desarrollo no conocen los barquillos (bueno, los conocen
pero sólo en forma de conos de helado) y mucho menos los cuchuflíes.
Y esto es grave: No conocen el manjar. Ellos, los maestros lecheros, los que
perfeccionaron el chocolate (que es un invento azteca)
no conocen el manjar.
Alguna vez vi un frasco perdido en una estantería de un negocio en Italia,
pero fue la única vez. Una vida sin manjar no es vida. Los compadezco.
Hasta que un empresario chileno se instaló en Estados Unidos, los gringos
conocían el maní pero desconocían el maní confitado.
¿De dónde sacan calorías estos hijos del tío Sam?
Y para la canícula no sé como se las arreglarán, pues en
aquellas inhóspitas tierras tampoco existe el mote con huesillos. Si
no tienen eso no tienen idea de bebidas. He sabido de casos de muchos compatriotas
que, tras una larga ausencia de la larga y angosta faja, lo primero que hacen,
antes de saludar a familiares y amigos, es zamparse un buen vaso de mote con
huesillos al regresar a Chilito. Es lo que se debe hacer.
Y en invierno
bueno, estas pobres criaturas no conocen las sopaipillas,
y por ende no han visto a Dios a través de un plato bien caliente de
unas sopaipillas pasadas.
En repostería los del norte se creen muy avanzados con sus pastelitos
cursis, pero no han hecho nada comparado con aquellas obras maestras de dulzura
y simpleza que son nuestros dulces (pasteles de Curacaví, La Ligua y
similares). Aunque no les pidamos mucho si no conocen, como ya vimos, ni el
manjar ni la lúcuma.
Comidas sueltas
La sandwichería de ellos se estancó en poner un pedazo de algo
entre un pan cortado a la mitad. No llegaron a nuestro estado actual donde los
ingredientes rebosan por los costados , son muchos y hacen que el pan sea lo
de menos. O sea, no tienen idea de lo que es un chacarero o un Barros Luco.
Los gringos inventaron el hot-dog, pero se quedaron en la vienesa con el pan,
y a lo más con mostaza. Nosotros hemos hecho miles de variaciones: completo,
italiano, dinámico, con pebre, con mayo, etc., etc.
Las empanadas se conocen sobre todo en España pero no son muy populares.
Lo que habla del dudoso gusto de los países desarrollados. Obviamente
no saben lo que es una empanada de pino porque no saben lo que es el pino, siendo
que tienen todos los ingredientes para hacerlo. Y jamás han sentido el
placer de quemarse con el queso caliente de una de ídem, o chorrearse
hasta los codos con una de mariscos bien caldúa. Y no han probado nunca
una empanada de pera o alcayota. Ahora que lo pienso, creo que tampoco concen
la alcayota, pero no estoy seguro.
Tampoco saben de chapaleles o milcaos.
Nunca se han tomado un bajativo de licor de oro.
Y nunca han chupado un mate.
Que Dios se apiade de sus almas.
Aclaración final
Obviamente casi todas las comidas aquí nombradas son compartidas con
países hermanos, y de hecho nuestra cocina es bastante tosca en comparación
con la peruana, y limitada si la comparamos con, por ejemplo, México.
Y sé que faltaron algunas por mencionar.
Me abstuve de nombrar ciertos productos industriales que también son
exclusivos de por acá (Súper 8, Bilz, Pap, Negrita, Morocha, etc.)
para remitirme a alimentos naturales.
Escribir esta lesera me dio hambre.