EL TAMAÑO NO IMPORTA... TANTO
(Advertencia para perplejos: Este artículo versa sobre fútbol)
Publicado en Gran Valparaíso
Por Cristián Orellana
La sociedad de la competencia y las apariencias versus la supuesta "buena onda" que vive el país, donde se tratan temas sin complejos, ha desatado una seguidilla de opiniones que por misteriosas razones no han chocado ni se han convertido en el centro del debate nacional. Las opiniones a las que me refiero son aquellas que tratan sobre si el tamaño importa o no. Esta situación se puede extrapolar al fútbol y dejarnos tan confundidos como antes pero con algo más de información, tema de actualidad toda vez que el director técnico de Colo-Colo, Jaime Pizarro, busca tener un equipo con jugadores más grandotes.
No falta el tonto (no me refiero en este caso al káiser Pizarro) que exige atletas corpulentos para defender los colores de su equipo, imaginando que una exhibición de estatuas griegas se convierte en murallón invencible. Puede ser. Puede no ser.
Hace muchos años un ilusionado jovencito de Maipú fue a probarse a las inferiores de Colo-Colo. Lo vieron tan flaco y sin grandes dotes técnicas que lo despidieron sin hacerle mayor caso. El muchachito se llamaba Iván y su apellido era Zamorano. Por el contrario, Dion Valle, un zaguero rubio, alto y corpulento, fue siempre titular y hasta llamado a la selección por su envergadura a su corta edad, pese a que con la pelota en los pies no sabía mucho, y sin ella tampoco. Quizá su acción más lucida fue haberle pegado una patada al suelo al ejecutar un tiro libre, en vez de darle a la pelota, en un amistoso por la selección.
El mejor wing derecho de todos los tiempos, Garrincha, había tenido poliomelitis cuando niño y estaba catalogado como "débil mental". Ciertos defensores de la pureza de la raza lo habrían marginado de cualquier equipo. Bueno, Garrincha ganó dos títulos mundiales. Carlos Valderrama, aquel notable volante colombiano, tiene los pies torcidos. Javier Saviola o Arnaldo Ortega son chicos y flacos. Romario, a parte de ser bajo y con tendencia a la obesidad, juega como si no le importara hacer todos los goles que hace. ¿Técnica o tamaño?
Luis Figo presentó un caso de desnutrición cuando niño, Michel Platini tenía tendencia a la obesidad a parte de tener tobillos con propensión a las fracturas. La selección chilena que obtuvo el tercer lugar en el mundial infantil de Japón 1997, tenía el promedio de estatura más bajo del torneo.
Recuerdo dos escenas: un centro desde una punta del área a Iván Zamorano, en las 19 yardas está toda la selección cafetera, Gabriel García Márquez, Carlos Vives, Betty la Fea y Mauricio Babilonia defendiendo. Como veinte zagueros colombianos van tras el 9 chileno y lo desestabilizan, pero alcanza a tocar el balón hacia el punto penal. Allí lo espera Marcelo Salas, quien, sin tomar carrera, salta y le saca los cinco centímetros justos a su marcador para colocar la pelota lejos del alcance del meta Mondragón. Fue el primer gol del 4-1 de Chile sobre Colombia en las eliminatorias para Francia 98. La otra jugada es del mundial mismo, una pelota es despejada desde el área italiana, la recibe Clarence Acuña y envía, de primera, un centro de antología (nadie le dio mérito a ese magistral balonazo. ¿Por qué?). Marcelo Salas se eleva y también le saca la cuarta al ropero que salta con él para dejar tirado en el suelo a Pagliuca. Era el 2-1 de Chile sobre la escuadra de los mussolinis. Y Melinao no es un tipo que se destaque por su altura.
Gerd Müller y Just Fontaine, los dos máximos anotadores en la historia de los mundiales, eran pequeñitos. Pelé no era particularmente corpulento, pero logró agarrar ese centro llovido en la mítica final del mundial del 70. Saltó él con Gurnich, juntitos, se elevan, se elevan... en el aire el negro, misteriosamente, adquiere un segundo impulso. El bachicha ya vuelve a tierra mientras Edson Arantes aún está flotando, recibe la pelota y cabecea hacia abajo. Gol.
¿Algo más? Honorino Landa y Lev Yashin eran fumadores empedernidos, y éste último acostumbraba matizar el trabajo precompetitivo con unos cortitos de vodka. La Araña Negra no era muy esbelto que digamos, y por eso atajaba con cualquier parte del cuerpo. Fue el primer arquero en utilizar los pies para detener balones y también el primero en salir jugando del área, ya sea para crear un ataque o marcar a un rival, pues su tamaño le impedía llegar a los rincones más lejanos del arco.
Obdulio Varela, el negro jefe, era un jugador más que discreto, pero él solito acalló al estadio Maracaná en la inolvidable final del 50. Brasil anotó, Obdulio tomó la pelota del arco y se fue caminando lentamente al centro del campo, reclamándole un off-side al árbitro. El respetable al principio pifió, pero para cuando llegó al círculo central, las más de cien mil personas estaban calladas. El grone había enfriado el partido y desconcentrado a los brasileños. Dio ánimos a su equipo y revirtieron el 1-0 en contra, para ganar 2-1. O sea, él no tenía ni técnica ni tamaño. Pero para eso quizá hay que ser negro. O charrúa. O ambas cosas.
Claro, Beckenbauer, Gullit, Figueroa y tantos otros eran tremendos jugadores y con un físico privilegiado pero no fueron los únicos jugadores buenos que han habido.
¿Importa el tamaño? Lo crípticas que pueden llegar a ser las féminas en este aspecto al momento de dar respuestas, puede quizá aclararse a través del fútbol. Ya sabemos que fútbol y mujeres no combinan, pero el deporte rey es una actividad iluminadora. Lo dijeron Sergio Livingstone y Alejandro Jodorowski: "La verdad está en la pelota".