EL AYATOLA
Publicado en el fenecido sitio web "El Sayo"
Sí, yo también lo hice y lo seguiré haciendo después de cada partido que merezca más atención que la simple estadística. Porque es innegable que sigue siendo uno de los mejores comentaristas de fútbol que hay en la larga y angosta faja, y porque ha logrado influir notoriamente en el comportamiento de hinchas, periodistas y, quizá, jugadores. Es que escuchar los comentarios de Eduardo Bonvallet corresponde a ese cúmulo de acciones repetidas, frases hechas y silencios cómplices que conforman la esencia de la chilenidad.
Es uno de los pocos comunicadores que logra salir del fácil lugar común al momento de analizar un partido, y que llama al jugador técnicamente limitado "malo" o "tronco" en lugar de los eufemismos "fuerte" o "recio" utilizados en la era P. B. (Pre-Bonvallet) por parte de periodistas más preocupados del plato de porotos que del dedo en la llaga.
Es el primero que ha hecho ver al ciego medio nacional que tocando para el lado no se ganan partidos. Antes, en los años P. B. un equipo criollo salía a jugar al extranjero con siete centrales, dos arqueros y dos volantes de contención más una banca de cuatro zagueros y un meta, y volvían a casa con un hato de goles timbrado en el pasaporte. Luego los diarios publicaban en titulares "Tal Equipo Cayó Guapeando" o "Si Ganábamos no Salíamos Vivos". Ahora, gracias al Ayatola, se reconoce: "Se Jugó Arratonado", o incluso "Somos Malos".
Y el aporte de Bonvallet puede llegar a ser muy valioso en otros aspectos: Es el único comunicador que le ha pedido a los futbolistas que eleven su nivel cultural, que se bañen, que hablen dos idiomas y lean de vez en cuando. Es el único que dice públicamente quiénes son sus amigos y quiénes sus enemigos. Alguien tenía que venir a remover el lodo de la complacencia donde se adormilaba el chanchito que es nuestro fútbol.
Pero naiden es ferpecto.
Veníamos del pozo más profundo y ciego en que había caído el fútbol chileno, y alguien debía recuperarnos tras la humillación del Maracaná. La Historia nos ha enseñado que después de toda situación traumática es de los caudillos y los duros el momento. Y Bonvallet resultó ser el abanderado de toda una generación de hinchas que se aburrieron de excusas y goleadas sin piedad.
El iluminado escritor inglés George Orwell veía al público que asistía a los estadios como una muestra a escala de las pasiones nacionalistas en cada país, previendo a escala internacional un conflicto que ya se daba en las galerías. Y este es el punto delicado. De amar la camiseta y respetar la bandera se puede deducir odiar la tricota rival y escupir la bandera vecina. De la disciplina férrea y militar que proclama Bonvallet, tremendamente útil en el trabajo deportivo pero no así para la vida en sociedad, se puede pasar fácilmente a la intolerancia. Nuestro héroe ya dio un bello ejemplo al echar de su programa serenense a Deborah Baley por tener una opinión diferente acerca del divorcio.
Escuchemos al Ayatola, que sabe mucho del deporte y del mundillo de los dirigentes. Pero ojo, con un discurso parecido, pero a gran escala, llegó Hitler al poder en una Alemania humillada en Versailles. No vayamos a terminar golpeando peruanos en la Plaza da Armas mientras gritamos "ĄGambaru!". Todos podemos ser fascistas.
El Autor: Cristián Orellana es miembro de la Logia de los Osos Polares, agrupación iconoclasta y minimalista. Defendió la camiseta del Unión Isla Picton durante 341 temporadas.