AARÓN
FELIX MARTÍN FUE EL OCTAVO HIJO de los once que engendraron
Nicolás Hugo Anchorena y María Mercedes Castellanos
y el segundo Aarón de la familia.
El primer varón al que se le dio el nombre del abuelo materno
Aarón Castellanos, nació en 1873 y murió en
el parto. La pareja superó el doloroso trance y un año
después, en 1875, les nacía otro hijo, esta vez una
mujer a la que bautizaron con el nombre de Matilde.
Matilde
se casaría en primeras nupcias con Carlos Ortiz Basualdo.
Desde entonces, firmes lazos de parentesco, amistad e intereses
económicos, unirán a los Ortiz Basualdo con los Anchorena.
En especial a Aarón con Luis, su sobrino preferido, el único
al que su tío visitaba en su internado en Suiza y el que
terminaría convirtiéndose en su heredero y albacea.
Pero
volvamos a Nicolás y Mercedes. Al año del nacimiento
de Matilde, otra niña alegró el hogar de los Anchorena.
Josefina Anacleta nació el 13 de julio de 1876 y se casó
el 15 de noviembre de 1900 con Enrique Rodríguez Larreta,
abogado, Embajador Plenipotenciario en París, y conocido
novelista y dramaturgo. Habría que esperar al 5 de noviembre
de 1877 para que a la familia le naciera otro hijo varón,
al que se le dio nuevamente el nombre del abuelo materno.
Nicolás y Matilde continuaron teniendo hijos.
El
onceavo vino al mundo dos años antes de la muerte de su padre,
se llamaba Alberto y falleció siendo todavía un niño.
La familia habitaba todavía un enorme caserón en Florida
y Charcas, a pocos pasos del que se convertiría en su "hábitat"
preferido, la Plaza San Martín.
Allí murió Nicolás Anchorena, el 24 de abril de
1884.
A su muerte, el padre de Aarón dejó entre otros bienes,
veinte establecimientos ganaderos con una superficie de 273.600 hectáreas
de las mejores tierras del litoral, pobladas con más de 150.000
vacunos y 400.000 ovejas.
Su
viuda, una mujer inteligente y de temple que contaba con apenas
44 años y que viviría casi el doble, no sólo
llevó adelante la crianza de su decena de hijos sino que
administró hasta su muerte, con eficacia y sagacidad, la
enorme fortuna heredada de su esposo, incrementando incluso su patrimonio.
Entre sus múltiples inversiones figuran varios palacios en
torno a la Plaza San Martín, que contribuyeron no poco a
alimentar en el imaginario popular la leyenda dorada de los Anchorena.
Doña
Mercedes Castellanos, la madre de Aarón levantó el
primero hacia fines de siglo en Maipú y Arenales, como regalo
de bodas para su hija Matilde, casada como ya vimos con Carlos Ortiz
Basualdo en 1896.
Se trataba de una mansión basada en los "petit hotel"
o en los "Grand hotel particullier" inspirados en la arquitectura
francesa de la época de Luis XV y Luis XVI; un estilo que
reemplazaba en el gusto de la aristocracia porteña a las
casonas estilo Renacimiento italiano que habían estado en
boga hasta ese momento.
El
arquitecto que proyectó la obra fue Julio Dormal, el mismo
que realizó el Teatro Colón.
El Teatro Colón de Buenos Aires fue construido entre 46 familias
que aportaron 60.000 pesos cada una, entre las que contaban los
Anchorena, con derecho a palco.
El palacio, que ocupaba tres mil metros cuadrados, tenía
una suntuosa fachada, decenas de salones y habitaciones, y un solo
baño en el piso central, se conservó hasta 1969 habitado
por los Vertraeten Anchorena, hijos del segundo matrimonio de Matilde;
los Ortiz Basualdo habían vendido su parte hacía años.
En
1909, enfrente de dicho palacio, en Arenales, Esmeralda y Basabilbaso,
doña Mercedes mandó construir otro para sus tres hijos
varones: Aarón, Emilio y Enrique.
El palacio, encomendado esta vez al arquitecto Alejandro Christophersen,
es el más ostentoso de los de su clase. Una portada típica
del 900, flanqueada por dos pabellones simétricos, da paso
a la "cour d´honneur", desde la cual una
doble escalinata conduce a los salones del cuerpo central.
Un
jardín de invierno ovalado, una fuente sobre el patio que
da a la calle Esmeralda, una asombrosa sucesión de chimeneas,
un túnel con paredes giratorias destinado a bodega así
como otro muchos lujos y extravagancias, confieren, según
José Xavier Marini y José María Peña,
"a su academismo general, un tinte ligeramente licencioso que
sin duda debe considerarse "art noveau"
La casa familiar - aunque no, natal - de Aarón, estaba por
supuesto, amoblada íntegramente en Europa, con piezas de
gran antigüedad e incalculable valor.
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AGUYARI,
José Italiano Venecia 1843-Buenos Aires 1885 "EL PUESTO Y RANCHO
DE PEONES. ESTANCIA DE LA FAMILIA ANCHORENA EN RAMALLO" Acuarela.
Firmada con monograma "A.G." y fechada "70" abajo a la derecha.
Medidas: Alto 0,230 mts. Ancho 0,437 mts. |
Veinticinco años después de inaugurado el palacio
y habiendo atravesado la crisis del 30, los Anchorena no podían
seguir manteniéndolo, por los que en 1936 fue subastado y
adquirido para la actual sede del Ministerio de Relaciones Exteriores
en un millón y medio de pesos.
Para muchos, aquel remate tuvo el valor simbólico del fin
de una época y de una clase.
Pero
los Anchorena todavía contaban con otro palacio en la plaza
San Martín.
El
casamiento de Aarón con Zelmira Paz, viuda de Alberto Gainza
e hija de José Camilo Paz Cueto, "Director, Propietario
y Fundador del diario La Prensa ", los puso en posesión
del Palacio Paz, en Charcas y Maipú.
La actual sede del Círculo Militar, comenzado en 1906 y terminado
en 1908 a un costo de 4.500.000 pesos, fue proyectado en Francia
por el arquitecto Luis Sortais e inspirado en el Louvre.
Los
Anchorena con sus palacios convirtieron en las décadas del
veinte y del treinta a la Plaza San Martín, en una suerte
de jardín privado.
A otra escala, lo mismo que habían hecho con buena parte
de las mejores tierras de la República Argentina.
Fragmentos
de la obra "Aarón de Anchorena, Una Vida Privilegiada" del escritor
uruguayo Napoleón Baccino.
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