España es un país de elevada altitud media y un relieve muy variado. Pero esta variedad coexiste con un cierto orden. Las grandes unidades del relieve peninsular se organizan a la manera de una fortaleza. En torno a un extenso núcleo, la
Meseta Central, que aparece rodeada de montañas, se disponen las dos profundas y amplias depresiones exteriores del Ebro y del Guadalquivir, y, aún más allá, otro
cinturón montañoso formado básicamente por altas cordilleras. Las
islas Canarias tienen un relieve volcánico.
El carácter montañoso de una buena parte del relieve con la consiguiente abundancia de tierra en pendiente, el predominio de rocas blandas como las arcillas, la sequía estival y la escasez y torrecialidad de las lluvias, características del clima mediterráneo, han facilitado los procesos erosivos. Pero relieve, litología y clima no son los únicos factores de la erosión tan intensa que padece el país. Ha habido a lo largo de la historia, y hay en la actualidad, actuaciones humanas que han sobreexplotado los suelos.