Leyenda de la Llorona


Villa Rica de la Vera Cruz


(hoy día Veracruz)


Se cuenta que hace mucho tiempo en Veracruz existió una desdeñosa y altiva muchacha, que despreciaba a todos los hombres atraídos por su belleza. Esta hermosa joven se dedicaba al cuidado de su anciana madre, a la que sostenía con el fruto de su labor honesta como lavandera de las casas principales de la ciudad; sus manos hacían maravillas dejando con perfecta blancura la ropa que para su aseo le era entregada.

En una de sus vistas a cierto palacio, donde recogía cada semana ropa, quiso su desdicha que se tropezara con un capitán gallardo y aventurero, del que se enamoró perdidamente. Vinieron los encuentros casuales provocados por el capitán; comenzó el idilio trágico que tuvo su brusco despertar cuando la desdichada supo que iba a ser madre.

En vano fueron pronunciados los ruegos de la muchacha, el capitán la ignoraba; cansado de su conquista aceptó gustosamente ser trasladado a otra guarnición. Comenzó el calvario para la infeliz mujer que sacrificó su honra en nombre del amor. Fue arrojada de las casas en las que ganaba el sustento. Las otras mujeres de su edad aprovechaban su desgracia para hacer de ella escarnio. Los niños la seguían por las calles lanzándole piedras y los buenos mozos, que en vano le habían pedido una limosna de amor, ahora la despreciaban indignamente.

En el pecho de aquella mujer que pecó por amor, se fue infiltrando un desprecio atroz contra la inocente criatura que traía en su vientre. También se llenó de odio contra la sociedad, que en vez de compadecer su desgracia, se burlaba de ella. Los más negros pensamientos se acumularon en su cabeza, jugó pagar mal por mal y vengarse ante la injusticia.

Transcurrieron los días, hasta que una tarde, luego de regresar a su mísero cuchitril, la mujer, ya sin lágrimas qué derramar, con el pecho oprimido, sintió que era hora del alumbramiento. los dolores eran desgarradores. En momentos creía que iba a morir, pero el sentimiento de venganza la mantenía viva. pensó que ese pedazo de carne habría de pagar primero el mal que había causado la sociedad entera.

Nació un hermoso bebé, de ojos grandes y negros, idénticos a los del infame seductor; de manitas largas y afiladas que semejaban aquellas manos audaces del capitán, que acariciaba tan sabiamente. Cuando la mujer vio a su hijo, el odio que rebozaba en su corazón, acumulado en largas noches de agonía, la envolvió completamente en un manto de criminalidad. Con la razón extraviada encajó sus dientes en la tierna garganta del niño. Por las comisuras de sus labios destilaban chorros de su propia sangre; en un espasmo de delirio, fuera de sí, torció los bracitos del niño y con esfuerzo horroroso logró arrancarlos uno tras otro. Después extrajo los ojos de las órbitas, dejando sólo las cuencas vacías sobre la masa sanguinolenta que ya sólo era un despojo humano. Charcos de sangre inundaban la sucia pocilga. Finalmente, con el cabello revuelto y los ojos enrojecidos, la mujer había quedado satisfecha, cayendo desvanecida sobre los mismos restos.

Varias horas después, a la media noche, la mujer volvió en sí. Recuperando el conocimiento sintió cómo un rayo de luz iluminaba su cabeza. La luna iluminó su cruel hazaña. En ese instante comprendió el crimen que había cometido. Presa de un horror infinito se arrojó sobre aquellos restos, que no tenían ya nada de humanos, y besó los labios de aquel niño que nació para morir en sus manos.

Aún envuelta en bruma, musitando frases de arrepentimiento, pidió perdón a la inocente criatura. Incapaz de resistir más, recogió un puñado de aquellos despojos. De sus labios brotó una queja infernal y terrorífica que atravesó las paredes y penetró profundamente en todos los ámbitos de Veracruz.

Se dice que al llegar aquella pobre loca con los restos de su hijo cerca de los lavaderos donde antes iba a ganar su pan, de nuevo lanzó el quejido, que fue decreciendo. En el polvo del camino desapareció y jamás fue hallada la mujer que desde entonces fue conocida con el nombre de La Llorona.



Ver La Llorona de Guerrero
1