Tenía yo 19 años cuando fui llamado por el ayuntamiento de Redondo, para participar en el sorte que en aquel entonces se llevaba a efecto para señalar a quienes tocaba cumplir con el servicio militar. Recuerdo que Vicente Mier y yo teníamos la misma edad y fuímos juntos; íbamos cantando y haciendo juerga por el camino, quizá disimulando el sobresalto que nos producía la perspectiva de un cambio en nuestras vidas que supondría salir señalados en el sorteo. El secretario del Ayuntamiento sostenía una caja de la cual fuimos extrayendo las bolas. Eran 16 mozos los que concurrieron al sorteo procedentes de los pueblos vecinos, pertenecientes a dicho Ayuntamiento. ¡A mi me tocó bola negra! Mi destino estaba echado y esa circunstancia fue la que dio a mi vida un giro de 180º grados.

 

SERVICIO MILITAR Y GUERRA CIVIL

Transcurrió un año hasta que llegó el momento de marchar a "la mili". Yo esperaba aquel instante con una mezcla de temor e impaciencia. Tengo presente aquel día como si fuera ayer. Bajamos Cervera, ahí aguardaban otros mozos de varios pueblos vecinos que también habían sido inscritos, el tren que nos trasladaría a Palencia. Todos íbamos nerviosos y un tanto preocupados, auque tratábamos de disimular, ya que ignorábamos a qué lugar de España seríamos asignados.

Sentíamos temor de que se nos enviara a Africa pues se decía que muchos soldados enfermaban y hasta morían a causa de unas famosas fiebre que se cogían en aquellas tierras de moror. Ya en Palencia en el cuartel, se hizo el sorteo. A mi me cupo en suerte ir a Barcelona, me agradó el sitio, ya que esa moderna ciudad era, y sigue siendo, una de las capitales más bellas del mundo. Yo sólo conocía Palencia y un poco Santander, a donde había ido con mi hermano Gerardo asi que quedé admirado cuando llegué a la Ciudad Condal.

Sus grandes avenidas, sus altísimos y hermosos edificios, sus bellos templos y palacios, las "ramblas" rebosantes de flores, el intenso tráfico, los cientos de anuncios luminosos que por las noches brillaban resplandecientes, todo constituía para mí una novedad, pues contrastaba enormemente con el medio rural del cual llegaba.

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