Apreciado amigo,
Para comentar sobre estos recursos del internet y lo fácil
que está resultando formatear una carta y hasta se pueden
incluir los acentos. Quiero saber si los puedes ver y
si aún este mensaje tiene el estilo carta. A continuación
una moraleja popular y famosa.
El ave gozaba de los mimos y cuidados solícitos de su dueño, porque aquella ponía religiosamente un huevo cada día.
Esta cualidad de la gallina remediaba en algo la necesidad del pobre hombre, pues el huevo puesto infaltablemente le servía para mitigar sus calamidades.
Mas, un día la gallina puso un huevo de oro. El hombre se quedó perplejo ante el milagro. De inmediato pensó en la providencia, que acudía a socorrerlo en su miseria. Y como es obvio, no cabía de alegría.
Al día siguiente, nuevamente el extraño portento; y, en adelante, todos los días la maravillosa gallina proseguía regalando a su dueño con la feliz presencia de un huevo de oro.
Cuando reunió varios huevos del codiciado metal nuestro hombre los vendió y, con la enorme suma de dinero que le dieron, se comprió ropa, toda clase de provisiones y hasta adquiriió una hermosa casa.
Y la prodigiosa gallina seguía poniendo cada día su huevo de oro. Mas el dueño se sintió de pronto, invadido por las poderosas sombras de la ambición. No podía gozar ya de la paz y serenidad que disfrutaba antes.
_Si esta gallina pone todos los días un huevo de oro- se dijo- sus entrañasdeben ser una mina del precioso metal.Esta obsesíon del inmenso tesoro oculto en las entrañasde su gallina, comenzó a tomarle, y, ni de día ni de noche dejaba de pensar en la incalculable riqueza inmersa en las vísceras de su ave.
_Con el valioso tesoro que encontraría en las entrañasde mi gallina _siguió pensando- podría hacerme más rico aún y podría ser todo un señor con poder económico tal, que los más acaudalados de la comarca me rendiran pleitesía y respeto.
Y convencido del éxito de su propósito una mañna fue al gallinero armado de un filudo cuchillo. Cogió a la gallina, le cortó el pezcuezo, abrió su cuerpo y, por más que buscó con ansiedad en las vísceras, no encontró más que las normales de toda gallina.
Nuestro hombre quedó abatido. Ya no tenía la gallina ni los cotidianos huevos de oro que ponía. Su ambicíon le hizo matar a su maravillosa fuente de riqueza.