Quisiera que al recibir te
halles bien y que la suerte te
acompañe por doquiera.
Por mi parte mal pudiera
decirte que estoy mejor, si al
contrario, en mi dolor postrado
en mi lecho abyecto. Yo soy un pobre
esqueleto que a mí mismo me da
horror.
La carta es para decirte
que si podés algún día vení
hacerme compañía vos que tanto
me quisiste. Estoy tan solo y tan
triste que lloro sin contenerme.
Ya nadie suele quererme.
Todos se muestran impíos.
De tantos amigos mios, ninguno
ha venido a verme.
Hoy te doy la razón
pues yo veo en mi soledad que
esta llamada amistad es tan
sólo una ilusión.
Cuando uno está en
condición tiene amigos
a granel, pero si el destino
cruel hacia un abismo nos
tira, vemos que todo es mentira
y que no hay amigo fiel.
Bueno, aquí ya me despido;
y al poner punto final, recibe un
abrazo leal del que siempre te ha
querido. A tu mamá que no olvido
también mis recuerdos dale,
mucha devoción mostrále y de
caricias colmála. Vos que la
tenés cuídala. Si supieras
cuánto vale.