Por eso es importante y fundamental que conozcáis el significado profundo de nuestros símbolos, que son esencialmente ideas y principios eternos revestidos de formas para que nuestra inteligencia, que es nuestro espíritu, pueda comprender y abrirse a los misterios de la Creación, a las leyes que rigen su armonía y equilibrio, gracias a las cuales podemos acceder a la contemplación de la Belleza, que, como decía nuestro antepasado Platón, es «el esplendor de lo verdadero». Conoceréis también el valor del rito, que consiste en vivir esos misterios en nosotros mismos, es decir en «encarnarlos», pues el rito no es sino la «idea en acción» descendida al plano concreto, estableciendo un eje interior que vertebra y da sentido a la totalidad de nuestra existencia, en amplitud, anchura y profundidad, abarcando todo lo que somos, de acuerdo a los planes emanados de la Voluntad del Gran Arquitecto, el único y verdadero Artista cuyo gesto creativo es el modelo al que imitamos y el que inspira todos nuestros trabajos, actos y pensamientos. Prestad asimismo atención concentrada a las leyendas que constituyen los relatos ejemplares de nuestra historia sagrada. Con ellas recibireis la herencia de una memoria que os permitirá conocer la realidad del mito y la virginidad de un tiempo siempre presente y vertical. Participar de esa herencia es entregarse y amar al Conocimiento. El Arte Real que practicamos en nuestros Templos se llama así porque él os despertará a la verdadera realidad, y ésta es la que acontece en el interior de vuestro corazón. Sed bienvenidos, pues, Querido Hermano, a la Orden masónica, heredera de los Antiguos Misterios, aquellos que debeis actualizar para que la regeneración prometida por la iniciación que acabais de recibir os convierta en un «hijo de la luz». |