ASHMOLE, Elías (1617-1692).
Nacido en Lichfield, Inglaterra, Elías Ashmole fue iniciado el 16
de Octubre de 1646 en la Logia de Warrington. Se trata de uno de los personajes
más interesantes para la Masonería debido al importante papel
que jugó durante la época de transición (siglo XVII),
momento en que se buscó reunificar y reconstruir una tradición
prácticamente desaparecida y dispersa. Como René Guénon
dice, al referirse al papel de Ashmole,
en ese momento se buscó reconstruir una tradición que
en gran parte ya se había perdido, |
a lo cual Federico González, en Hermetismo y
Masonería cap. II, añade:
En esta extraordinaria labor brilla el nombre de Elías Ashmole
en dos aspectos: como uno de los reconstructores de la Masonería
en cuanto a la relación de ésta con las órdenes de
caballería y las corporaciones de constructores, e igualmente como
punto de confluencia con la tradición Hermética. El mismo
Ashmole se llamaba hijo de Mercurio (Mercurophilus Anglicus). |
La verdad es que Ashmole es uno de
esos personajes históricos cuya acción en el mundo ha contribuido
de modo especial a rescatar el verdadero legado espiritual-intelectual
de las auténticas organizaciones iniciáticas. Anticuario
de profesión, fue amigo de otros ilustres masones, como Christopher
Wren (famoso arquitecto), de alquimistas, astrólogos, investigadores,
practicantes de las Artes Liberales y la Ciencia Sagrada, con alguno de
los cuales, como es el caso también de otro masón, Robert
Moray, fundó la Royal Society de Londres y la Philosofical Society
de Oxford.
En 1650 publica, bajo el nombre anagramático
de James Hasolle, Fasciculus Chemicus, una traducción de
textos latinos de Alquimia que había recopilado, entre ellos de
Jean d’Espagnet. En 1652 edita el Theatrum Chemicum Britannicum
que contiene las obras en verso de los alquimistas ingleses más
importantes, como el poema alquímico de Thomas Norton, escritos
de George Ripley, una breve descripción en verso de La Mónada
Jeroglífica de John Dee, así como una extensa descripción
de la obra matemática del mismo; también hace alusiones y
alabanzas hacia Michel Maier.
Según recoge la historiadora
Frances A. Yates, este
Theatrum Chemicum Britannicum de Ashmole
era un libro que Isaac Newton copió a mano y “leía una y
otra vez”. En 1658 escribe The Way to Bliss, y en 1672 The Institution
y Laws and Ceremonias of the Order of the Garter. Con esta
última obra Ashmole contribuyó a restablecer en su tiempo
las Ordenes de Caballería. Su amor por dichas Ordenes caballerescas
y su total adhesión a las ideas rosacrucianas, así como su
interés en el avance de la ciencia, lo hacen aparecer como un personaje
simbólico para la Masonería, pues representa una línea
ininterrumpida de pensamiento y de hombres librepensadores y de espíritu
constructivo que crearon la actual Masonería.
A su obra escrita hay que añadir
la gran cantidad de manuscritos alquímicos que reunió (y
que se conocen como “papeles de Ashmole”), piezas de arqueología
y todo tipo de objetos relacionados con el arte y las ciencias naturales,
como minerales, plantas, fósiles, animales, etc., de todo lo cual
llegó a poseer grandes colecciones que le sirvieron para fundar
en Oxford el primer museo de Ciencias Naturales del mundo. Además
logró embarcar en el proyecto a otros amigos que hicieron donación
también de sus colecciones,
siendo de los primeros en otorgar a la arqueología y al estudio
integral del hombre y su mundo un valor real y no el de simples ‘curiosidades’.
(F.González, Ibid.) |
Tanto material y tantas joyas llegaron
a reunirse que hubieron de crearse dos secciones. A partir de su muerte
la de arte lleva su nombre; se trata del famoso Ashmolen Museum, de Oxford,
donde pueden seguir viéndose hoy en día todas estas colecciones
y consultarse todos estos textos y manuscritos herméticos.
Mª
A. D.
CALAVERA.Al
comienzo del rito de iniciación al grado de Aprendiz el candidato
es introducido en un aposento oscuro, llamado Cámara de Reflexión,
en el que se encuentra por primera vez con varios objetos simbólicos
que en el transcurso del proceso de transmutación irán cobrando
más y más importancia simbólica. Uno de los más
significativos es la Calavera, símbolo de la Muerte Iniciática.
En todos los
ritos de iniciación, tanto en las sociedades arcaicas como en las
grandes civilizaciones se representa simbólicamente a la Muerte,
pues la Iniciación siempre ha sido considerada como la muerte del
hombre profano y el nacimiento de un hombre nuevo, totalmente regenerado
por la acción del rito y la gracia del Conocimiento.
El viaje iniciático
es análogo al viaje post mortem que emprende el alma al morir
el cuerpo físico; y Hermes es el Psicopompo que conduce esa alma
durante el recorrido que la habrá de llevar al mundo de los dioses.
En la Masonería
la muerte es considerada como un paso, como un cambio de estado, y se la
ve como simultánea al nacimiento y la resurrección. La muerte
iniciática no es una muerte alegórica, es una muerte real,
pues al morir el hombre viejo mueren con él los condicionamientos,
las limitaciones y los prejuicios del ser ordinario, esclavo de lo sucesivo,
aparente y transitorio, y nacen las posibilidades de recuperar la conciencia
de eternidad y la verdadera Liberación.
Si el grano de trigo no cae en la tierra y muere,
quedará solo; pero si muere, llevará mucho fruto. El que
ama su vida, la pierde; pero el que aborrece su vida en este mundo, la
guardará para la vida eterna. (Juan 12, 24-25). |
Es por esto que el iniciado, cuando
sale de la Cámara de Reflexión, es llamado Neófito
(palabra que significa "nueva planta"). La semilla, que representa sus
potencialidades, ha muerto, dando lugar a la posibilidad de germinar a
la nueva vida.
Es por eso que
el alquimista dice:
cuando me levanto de la muerte, mato a la muerte
que me mata. |
F. T.
CATEDRAL. 1. La Catedral es
la culminación de la arquitectura cristiana. Su nombre deriva del
griego Kathédra, que significa "asiento". El asiento es un
lugar o un mueble que sostiene a una figura sedente, postura que refleja
una elevación o ascenso -simbolizada por la columna vertebral erguida-
por encima de un plano horizontal de base. Precisamente, la Catedral es
una construcción simbólica que se yergue sobre el plano terrestre,
a la cual se ingresa a ras de suelo por Occidente y de la cual se sale,
tras un recorrido horizontal hacia Oriente, por la vertical del Ara o Altar,
atravesando la piedra cimera del edificio a fin de acceder a niveles superiores
de Conocimiento. Desde este punto de vista, el nombre de Catedral convendría
a los templos de todas las tradiciones por igual; por otra parte, uno advierte
que la forma y la estructura de una Catedral son expresiones simbólicas
perfectas de la naturaleza interior de la vía iniciática
masónica. De alguna manera, en la forma geométrica de la
Catedral, a la vista de todos, se halla expuesto el secreto que une a los
masones y por el que trabajan en sus Logias a cubierto; pero, ¿quién
puede 'descifrarlo'?
2. La Catedral, como cualquier
templo sagrado, es sede de la Divina Inmanencia, la Shekinah, que
penetra a través de la Puerta de los Dioses simbolizada por la piedra
angular y difunde sus rayos en el plano de la Creación. Desde el
punto de vista religioso o exotérico propio de una gran mayoría
de mosenes parroquianos, la entrada de la Divinidad en el mundo de lo manifestado
a la que se refieren los Evangelios cristianos -y todos los libros inspirados
de todas las tradiciones- es contemplada como la constitución de
una entidad individual distinta al ser humano con la cual éste se
esfuerza en ligarse o re-ligarse (de ahí la palabra 'religión'),
pero que percibe como algo tan disímil como las piedras del templo
en el que lleva a cabo sus prácticas religiosas. Para la visión
interior o esotérica, en cambio, el ser individual está en
el seno de la Divinidad y no puede discernirse de ella más que ilusoriamente.
La Divina Inmanencia se efectiviza cuando el yo individual adquiere conciencia
de que no es más que un estado del Ser Universal y de que su esencia
es la propia Esencia Divina, la quintaesencia de todo lo ígneo,
lo aéreo, lo acuoso y lo pétreo. Así, entre el templo
y el yo no hay, no puede haber, ninguna dualidad verdadera.
3. A los ojos del iniciado
masón, una Catedral deja de ser un 'local decorado al gusto de una
época' para convertirse en una imagen del Paraíso terrenal
en el que siempre ha habitado -acaso, sin haberlo advertido durante mucho
tiempo-, poblado por altas palmeras, animales fantásticos y un monte
sagrado, y también de la Jerusalén Celeste de forma cúbica
que signa el fin del actual ciclo de manifestación. El Paraíso
y la Jerusalén de los cielos son los modelos arquetípicos
de la Catedral, es decir, sus ideas directrices, y éstas son análogas
a la de cosmos u orden que rige en todo lo manifestado. Como el Paraíso
terrenal, la Catedral se alza en un punto elevado significativo de la geografía
sagrada, y está cubierta por una bóveda arquitectónica
análoga al firmamento. Como la Jerusalén celeste, la base
de la Catedral es cuadrangular y sus puertas se orientan a los cuatro puntos
cardinales. La Catedral es, en definitiva, un símbolo de la manifestación,
esto es, de lo manifestado, de su Principio y de la acción creadora
de dicho Principio, tríada que es una Unidad en su esencia y que
incorpora en su seno al constructor del templo. Esta es la verdad interior
de la Catedral, la que sus piedras talladas simbolizan; esta es la realidad
que ha dado fundamento y razón de ser al trabajo de los canteros
de todos los tiempos, quienes han rubricado su comprensión de la
obra de arte con una marca en la piedra tallada.
4. El pórtico de
la Catedral constituye una síntesis del programa simbólico
del templo. El pórtico plasma en alzado lo que la Catedral en su
conjunto expresa en planta y en la tridimensión, y es análogo
a ella. Así, las bóvedas y el suelo de las naves, que simbolizan
el cielo y la tierra, se corresponden respectivamente con el arco del pórtico
y el espacio de forma rectangular en el que se inscriben las puertas del
templo. Si para un masón es dable una 'lectura' esotérica
de las Catedrales, también lo es de sus pórticos, y acaso
podría decirse que con mayor razón, puesto que nuestros antepasados
constructores a menudo erigieron pilares en los pórticos de los
templos cristianos a imagen de las columnas que decoran las Logias y sostienen
los templos interiores. Ambas columnas comprenden el recorrido del Sol
en el horizonte, las circumambulaciones en Logia y el recorrido por los
Misterios Menores. M. G.
COMPAÑERAZGO. 1. René
Guénon escribe en el capítulo XIV de Aperçus sur
l'Initiation lo siguiente:
"Apenas hay en el mundo occidental otras organizaciones iniciáticas
que puedan reivindicar una filiación tradicional auténtica
(condición fuera de la cual, recordémoslo una vez más,
no podría haber otra cosa que 'pseudoiniciación') más
que el Compañerazgo y la Masonería, es decir, formas iniciáticas
basadas esencialmente en el ejercicio de un oficio, en su origen por lo
menos, y por consiguiente, caracterizadas por métodos particulares,
simbólicos y rituales en relación directa con ese mismo oficio.
Aquí solamente hay que hacer una distinción: en el Compañerzago
se ha mantenido siempre el vínculo original con el oficio, mientras
que en la Masonería éste ha desaparecido de hecho". |
Los orígenes históricos
del Compañerazgo son inciertos, como corresponde a una orden iniciática
tradicional que hunde sus raíces, en última instancia, en
el no-tiempo mítico. Los textos escritos más antiguos que
se conocen en los que se menciona a los Compañeros del Oficio o
del Deber con tal nombre datan de los siglos XV y XVI y aparecen en un
ámbito geográfico concreto: Francia. Ahora bien, el Compañerazgo
francés, como la sociedad alemana de los Steinmetzen (talladores
de piedra) del siglo XII o la Francmasonería anglosajona de los
siglos XIII y XIV, son todas ellas organizaciones herederas sin solución
de continuidad de las guildas y cofradías de oficios medievales,
las cuales, a su vez, fueron una prolongación de los Collegia
Fabrorum del Imperio Romano, depositarios de antiquísimos conocimientos
esotéricos y transmisores de la iniciación en los Misterios.
El Compañerazgo es, pues, una organización iniciática
que, entroncada en la Tradición Hermética al igual que la
Masonería, se formula como un símbolo de una idea arquetípica
-que como tal es ajena al devenir- en un dddommminio histórico y geográfico
al cual fecunda.
Algo que es muy característico
del Compañerzago es precisamente su sello geográfico: el
Compañerzago es una vía iniciática de gentes de país,
de "paisanos", tal como los Compañeros del Tour de Francia se denominan
unos a otros; esto es, se trata de una vía de Conocimiento que en
sí es universal, puesto que la Verdad es una y única, pero
cuyos métodos se hallan adaptados a la naturaleza interior de los
hombres concretos a los cuales está destinada.
Los orígenes míticos
del Compañerazgo, es decir, sus verdaderos orígenes, se remontan,
como en la Masonería, a la construcción del Templo de Salomón.
Tres son los fundadores legendarios de los diferentes Deberes o ritos compañónicos:
el Rey Salomón, Maître Jacques y Père Soubise.
La leyenda fundacional de los Enfants de Salomon o Compañeros
del Deber de Libertad se entronca con la narración bíblica
de la construcción del Templo salomónico. Según dicha
leyenda, la presencia en Jerusalén de una gran multitud de obreros
causaba a Salomón e Hiram grandes dificultades para distribuir los
salarios: mezclados con los obreros del Templo, intrusos e impostores se
presentaban a reclamar una paga al igual que aquéllos, y la obtenían
en medio de la confusión. Para remediarlo, Salomón dio a
cada obrero un deber y una palabra de paso para hacerse reconocer, y cada
cual recibía una paga acorde con su trabajo. Además, cuando
un obrero llegaba a ser un buen artesano, Hiram lo interrogaba, y si le
reconocía la capacidad requerida, le decía que perseverara
y que sería recompensado. Días después, uno de los
contramaestres de la obra conducía al recipiendario a un subterráneo
del Templo donde, en medio de los compañeros de obra, era iniciado
y recibía nuevas palabras de paso y de reconocimiento. Así
es como se dice que fue fundado el Compañerazgo de la Libertad (ver
E. Martin Saint-Léon, Le Compagnonnage. Son histoire, ses coutumes,
ses règlements et ses rites. París, 1901).
La leyenda de Maître Jacques,
fundador mítico de los Compañeros del Deber o Deberantes,
también se relaciona estrechamente con la construcción del
Templo de Salomón. Maître Jacques era uno de los primeros
maestros artesanos de Salomón y colega de Hiram, y había
aprendido a tallar la piedra en su infancia. Viajó por Grecia, Egipto
y Palestina por espacio de 21 años, y llegó a Jerusalén
a la edad de 36. Allí construyó dos columnas dodecagonales
para el Templo, la columna Vedrera y la columna Macaloe, sobre las que
fueron esculpidas escenas del Antiguo Testamento. Maître Jacques
fue nombrado maestro de los talladores de piedra, de los masones y de los
carpinteros, y acabada la construcción del Templo, partió
de Judea en compañía de Soubise, de quien luego se
separó. La nave de Soubise llegó a Burdeos, mientras que
Jacques desembarcó en Marsella junto con 13 compañeros y
40 discípulos. Viajó por tierra durante tres años
y se retiró a la ermita de la Sainte-Baume en la Provenza, donde
murió a manos de cinco asesinos instigados por el traidor Jéron,
uno de sus discípulos. Antes de expirar encomendó a sus discípulos
que fuesen fieles a su Deber y que transmitiesen su beso a los compañeros
que ellos recibiesen en lo sucesivo. Muerto Maître Jacques,
sus discípulos lo desnudaron y encontraron un junco bajo su ropa.
A continuación, repartieron sus vestiduras entregando el sombrero,
a los sombrereros; la túnica, a los talladores de piedra; las sandalias,
a los cerrajeros; el manto, a los carpinteros; el cinturón, a los
carpinteros de obra; y el bordón, a los carreteros (E. Martin Saint-Léon,
op.
cit.).
De Père Soubise cuenta la leyenda
conservada por sus Enfants que fue también, como Jacques
e Hiram, uno de los arquitectos del Templo de Salomón. Las rivalidades
de tipo profano sugidas entre los Compañeros de distintos Deberes
han introduicido importantes distorsiones en el relato mítico de
Soubise,
quien aparece en algunas versiones como un feroz opositor a Maître
Jacques, a quien acosa hasta su muerte, la cual habría sido
inducida por el mismo Soubise.
2. La conservación
del vínculo original con el oficio en el Compañerazgo supone,
para los adeptos de esta vía iniciática, un apoyo simbólico
precioso en el camino de su realización espiritual.
Si el oficio es algo del propio hombre y como una manifestación
o una expansión de su propia naturaleza, es fácil de entender
que pueda servir de base a una iniciación, e incluso que sea, en
la generalidad de los casos, lo que está mejor adaptado a tal fin"
(René Guénon, El Reino de la Cantidad y los Signos de
los Tiempos, cap. VIII). |
Por otra parte, los secretos del oficio son
soportes de la realización interior, pues es a ésta,
en definitiva, a la que estos secretos se refieren, ya que son los propios
de la cosmogonía en su permanente recreación en el alma humana.
Este es el sentido profundo de los símbolos y ritos propios de cada
oficio, y que hacen de ellos una actividad sagrada. (Federico González
et
al., Introducción a la Ciencia Sagrada. Programa Agartha,
Módulo A, acápite "Arte y Artesanías"). |
Del Compañerazgo como organización
iniciática de oficio también hay que destacar su gran versatilidad.
Si bien los Compañeros del Deber sólo acogían en su
seno a cuatro sociedades madre al principio -las de los talladores de piedra,
los carpinteros, los cerrajeros y los carpinteros de obra-, en el siglo
XIX ya agrupaban a más de 20 oficios: además de los ya citados,
a los curtidores, los tintoreros, los cordeleros, los cesteros, los sombrereros,
los blanqueros gamuceros, los fundidores, los alfileteros, los herreros,
los tundidores de paño, los torneros, los vidrieros, los silladores,
los sarteneros, los doladores, los cuchilleros, los hojalateros, los guarnicioneros,
los carreteros, los claveros, los techadores y los yeseros (E. Marin Saint-Léon,
op.
cit.). Hay constancia de que la agregación de una nueva sociedad
artesanal al Compañerazgo estaba precedida de su presentación
por parte del gremio 'padrino' ya adherido en cuyo seno había surgido
la corporación, y de que la recepción de dicha sociedad se
efectuaba de modo ritual (tal fue el caso, por ejemplo, de los doladores,
quienes fueron presentados por los carpinteros, o de los hojalateros, quienes
lo fueron por los fundidores). De este modo, el Compañerazgo ha
transmitido durante siglos la iniciación y la capacidad de otorgarla
a muchos gremios de artesanos, realizando adaptaciones tradicionales de
los ritos a las características de los distintos oficios y actualizando
permanentemente de este modo la memoria de que las artesanías son,
por encima de todo, vías simbólicas de conocimiento. Ars
sine scientia nihil (El arte sin la ciencia no es nada).
3. La verdadera razón
de ser del Compañerazgo es la iniciación, por más
que hoy en día puedan desconocerlo muchos de sus miembros. La imagen
que se proyecta del Compañerazgo actualmente en la plaza pública
es la de una élite obrera que ha alcanzado el pleno dominio de su
especialidad y un elevado nivel cultural y moral cursando una especie de
ciclo intensivo de formación profesional de gran exigencia. Esto
es la visión absolutamente profana que impera de lo que es, antes
que nada, una organización iniciática.
En general, las sociedades compañónicas
reconocen tres grados correspondientes a otros tantos niveles de efectivización
de la iniciación: el de novicio o aspirante, el de Compañero
recibido y el de Compañero acabado. Existen distintos ritos de recepción
en el Compañerazgo, que difieren de una sociedad a otra y que han
sido muy poco difundidos. El ritual de recepcion de los curtidores y los
zapateros del Deber descrito por Martin Saint-Léon (op. cit.)
consta de dos tenidas. En la primera, los aspirantes que desean ser recibidos
presentan su obra de arte (chef d'oeuvre), la cual es examinada
detalladamente por los Compañeros en su cámara. Si el aspirante
no es rechazado -bastaría para ello que lo fuera por tres Compañeros-,
se le introduce en la cámara, donde un Compañero designado
le indica los defectos de su obra y le informa de que su solicitud de recepción
será respondida próximamente. En la segunda tenida, el aspirante
es sometido a un interrogatorio para verificar su recta intención
y es introducido con los ojos vendados en el templo, donde tras un nuevo
interrogatorio y serle retirada la venda, prestará su juramento
y recibirá un nombre simbólico. Dicho nombre es compuesto,
y está formado por el gentilicio correspondiente a la ciudad o pueblo
de origen del neófito y de una cualidad concreta de su carácter.
El Compañero recibido debe
realizar el Tour de Francia para efectuar su perfeccionamiento y alcanzar
la plenitud de su condición. Se trata de un viaje de varios años
por la geografía francesa durante el cual el Compañero realiza
estadías en distintas ciudades donde recibe la enseñanza
y los secretros del oficio de un modo gradual. En cada ciudad del Tour
de Francia, las diferentes sociedades compañónicas tenían
representantes cualificados que estaban a cargo del cuidado y la formación
de los Compañeros. El Premier-en-ville y el Second-en-ville
eran los oficiales de mayor rango. Un cargo especialmente importante era
el del Rouleur, llamado así por ser el encargado del registro
(rouleau) de los Compañeros en tránsito. El Rouleur
acogía a los llegados y acompañaba a los que partían
hasta el punto de separación; también se ocupaba de convocar
las asambleas y proporcionar trabajo a los Compañeros llegados.
Un Compañero recién
llegado a una ciudad al cabo de una etapa del Tour debía presentarse
en primer lugar a la Mère, oficial femenino responsable junto
a su esposo -el Père- de lo que era a la vez albergue de
los Compañeros y sede de la Orden en la que se celebraban las asambleas.
El llegado se hacía reconocer por la Mère y por un
Compañero mediante su pasaporte compañónico, diversos
signos gestuales y sus respuestas a un interrogatorio ritual. A continuación,
el Compañero llegado entraba ritualmente en la casa de la Orden
(Entrée de Chambre) donde, una vez acogido, podía
alimentarse y descansar. El mismo día de su llegada o a la mañana
siguiente, el Rouleur iba a buscarle trabajo; mientras no lo encontrase,
el Compañero llegado tenía derecho a alojamiento y manutención
gratuitos.
El término de la estancia de
un Compañero recibido en una ciudad del Tour se señalaba
con un rito específico (Levage d'Acquit). Su partida era
objeto de una procesión ceremonial (Conduite) a cuya cabeza
iban el Compañero y el Rouleur. El Rouleur llevaba
la caña y el fardo del Compañero sobre su espalda hasta el
punto convenido, donde la comitiva se detenía y procedía
a una despedida ritual.
Cuando dos Compañeros del Tour
se encontraban por el camino, se reconocían mutuamente mediante
el topage: se detenían uno frente a otro, adoptaban una posición
convenida y, a la voz de " Tope! ", se interrogaban recíprocamente
sobre su oficio y sobre el Deber al que pertenecían. Si se trataba
de sociedades hermanadas, se estrechaban la mano y bebían juntos,
pero si los Deberes eran distintos, el topage acababa a menudo a
bastonazos (Hervé Masson, Dictionnaire Initiatique, entrada
"Compagnonnage").
Los Compañeros de cada Deber
portaban insignias y objetos propios de su sociedad. La caña es
el más característico de todos, y se dice que las distintas
maneras de portarla tenían distintos significados. Por otra parte,
las cintas de colores son marcas distintivas de la sociedad a la que un
Compañero pertenecía; pero, por encima de las aplicaciones
puramente utilitarias y contingentes de estos objetos simbólicos,
debe atenderse a su significado superior, que es de tipo simbólico
y común a todos las vías iniciáticas de la Tradición
Hermética. Así, la caña del Compañero está
relacionada con el báculo del Maestro de Ceremonias masónico,
con la varita del Mago del primer arcano mayor del Tarot, y en general,
con todos los símbolos axiales (ver Eje). Por otro lado,
los colores son, como los del arco iris, un símbolo de las indefinidas
posibilidades de manifestación en que se polariza y concreta la
Luz emanada del Principio (ver Colores). Con respecto al carácter
hermético del simbolismo compañónico, Masson (op.
cit.) escribe lo siguiente:
En Compostela existe una estatua de Santiago el Mayor (Jacques le
Majeur) sosteniendo un bastón de peregrino alrededor del cual
se enrollan y entrecruzan en forma de caduceo dos cintas compañónicas.
Ahora bien, Santiago era el patrón de los alquimistas y el caduceo
una figuración de la doble polarización del mercurio de los
filósofos. Pero en este caso preciso, las serpientes del caduceo
son reemplazadas por las cintas del Compañerazgo. ¿Qué
vínculo secreto ha podido existir entre el antiguo hermetismo y
las cofradías de oficio de antaño? |
4. El Compañerazgo
y la Masonería son las organizaciones herméticas depositarias
de la iniciación que han subsistido en Occidente hasta nuestros
días. Ambas han actuado -y siguen haciéndolo- como arcas
que atesoran cuanto debe ser preservado de un mundo que naufraga a un ritmo
cada vez más trepidante. La Masonería ha conservado,
incorporándola a sus ritos, la herencia simbólica de los
Collegia
Fabrorum, los Constructores medievales de catedrales, los Alquimistas,
los Templarios, los Cabalistas y los Rosacruces. El Compañerazgo,
por su parte, ha vivificado la memoria del origen sagrado y la razón
de ser profunda de todas las artesanías por medio de adaptaciones
tradicionales que han permitido el mantenimiento de la iniciación
en los 'oficios especializados' surgidos con posterioridad a la Edad Media.
Por otra parte, el Compañerazgo y la Masonería se han fecundado
mutuamente a lo largo de su historia, tal como testimonian, por ejemplo,
las grandes concordancias existentes entre los Catecismos masónicos
y compañónicos de los siglos XVIII y XIX. Y es que difícilmente
podría haber sido de otro modo entre organizaciones pertenecientes
a una misma Tradición viva -la Tradición Hermética-
que reconocen unos mismos orígenes míticos. Mucho se ha escrito
acerca de las disensiones y rivalidades profanas entre la Masonería
y el Compañerazgo y entre los Deberes compañónicos,
pero muy poco se ha dicho acerca de la unidad fundamental de todas las
iniciaciones que toman a la construcción del Templo de Salomón
como su modelo arquetípico. Un Compañero masón y un
Compañero recibido, a poco despiertos que estén, sabrán
comprender que los cinco viajes en Logia y el Tour de Francia son símbolos
análogos de un mismo y único viaje interior, y que el conocimiento
esotérico que se propone adquirir al Compañero masón
por medio de las Artes Liberales es la misma enseñanza interior
vehiculada por los secretos de oficio que se le van a ir revelando al Compañero
recibido durante su circumambulación ritual por la geografía
francesa.
Se dice que el Compañerazgo
está experimentando un auge en la actualidad, y ello se argumenta
sobre la base del crecimiento del número de miembros de la Orden
-unos 20.000 hoy en día, mientras qqqueee en la posguerra habían
llegado a ser sólo 5.000-. Pero, a decir verdad, el Compañerazgo,
al igual que la Orden Masónica, está afectado por la degradación
generalizada que imprime el devenir cíclico sobre la historia del
mundo. Cuando leemos noticias que ensalzan que hoy haya compañeros
caldereros dedicados a la reparación de plataformas petrolíferas
o compañeros mecánicos que trabajan en proyectos de cohetes
espaciales, tememos que una gran parte del aparente éxito del Compañerazgo
se esté operando al coste de una mutación antitradicional
de sus usos y costumbres. En el fin de ciclo oscuro que afrontamos, quizás
sólo podremos encontrar encarnado el verdadero espíritu del
Compañerazgo y la Masonería en pequeños grupos o logias
anclados en el recuerdo permanente del Principio y la Cosmogonía,
la cual es actualizada mediante el rito. M.G.
CORAZON. El símbolo del
corazón es análogo al del centro. Así como el centro
se expande manifestándose, conformando un espacio, y se contrae
hasta la inmanifestación, este mismo movimiento que a un nivel aparece
como sucesivo siendo en realidad simultáneo, es el que ejemplifica
el corazón con su sístole y diástole. En la primera
fase el corazón es receptáculo, copa, en la segunda es proyección,
los efluvios que recibe en la oscuridad de su caverna, se reparten en generosidad
vivificante.
Aunque el punto de vista moderno se
limite a considerar el corazón como sede de los sentimientos, en
contraposición y por debajo del cerebro, sede de una inteligencia
racional, todas las tradiciones unánimemente localizan en él
una inteligencia intuitiva y sintética en contraposición
y por encima de una razón analítica y discursiva que se localiza
en el cerebro.
Para el Hinduismo el corazón
es la morada de Brahma, para el Islam contiene el Reino de Dios
y el Cristianismo nos brinda el simbolismo del Sagrado Corazón.
En la Masonería el corazón de la Logia es el altar. Situado
en el mismo centro y bajo la cúpula celeste, en un aspir absorbe
la energía supracósmica que expande en las seis direcciones,
hasta los límites del Templo.
En el Ritual de recepción a
segundo grado, el Primer Vigilante comunica al Recipiendario los secretos
del grado de Compañero, y al confiarle el "Signo Penal" que se hace
retirando la mano derecha del corazón horizontalmente y dejándola
caer lateralmente trazando una escuadra, le comunica su significado: "Preferiría
arrancarme el corazón antes que revelar indebidamente los secretos
que me han sido confiados".
Si la finalidad última del
iniciado es acceder al Conocimiento, "arrancarse el corazón" simboliza
renunciar a este objetivo, cortar el vínculo que le da acceso a
esta Posibilidad, prescindir de la más alta facultad del hombre:
su Inteligencia. El verdadero masón no "revelará indebidamente"
ningún secreto pues sabe que por naturaleza es incomunicable; pero
sí sabrá seguir el camino del corazón, la vía
de acceso a lo suprahumano, que cada hombre alberga dentro de sí,
y sabrá indicarlo y compartirlo con quien rectamente lo solicite.
A.G.
ESPEJO. En el rito de iniciación
del Rito Escocés Antiguo y Aceptado, después de que el neófito
haya verificado si alguno de los hermanos que forman la cadena de unión
en la que es recibido pudiera haber sido anteriormente su enemigo para
tenderle ahora la mano y olvidar el pasado, el Venerable Maestro le dice:
"No es siempre delante de uno que se encuentran los enemigos. Los más
temibles muchas veces están detrás. ¡Volveos!". Entonces,
se le presenta un espejo que lo pone cara a cara consigo mismo; seguidamente,
se da la vuelta al espejo para que pueda leer la inscripción que
figura en su reverso: "Conócete a ti mismo".
El espejo, siendo una superficie o
lámina de cristal azogada, casi siempre de mercurio, aunque también
pueda ser de otro metal bruñido, refleja o representa lo que se
pone ante él. A lo largo del camino iniciático, el adepto
debe aprender que aquello que retrata el espejo es solamente su apariencia,
una imagen transitoria del ser individual sometida a las leyes del devenir,
una ilusión cambiante y contingente, y por tanto, todo aquello con
lo cual no debe identificarse, ni reconocer como el fin del proceso, pues
de ser así quedaría atrapado en la rueda de la vida y perdería
la posibilidad de la verdadera realización metafísica, la
cual está más allá de la naturaleza y cuya aprehensión
excede las facultades humanas.
El mayor error y más grande
enemigo del iniciado es identificarse con los aspectos puramente formales,
caducos, egóticos y cambiantes del ser individual, en lugar de verlos
como simples destellos o reflejos transitorios del Ser Universal, los cuales
deben ser traspasados para fusionarse finalmente con la esencia supraformal,
suprahumana, es decir, con lo inmutable, indimensionado, con el Sí
mismo, análogo al Atma hindú o al principio masónico
denominado Gran Arquitecto del Universo. Es también en este sentido
que debe entenderse a la Masonería especulativa, ya que el término
del cual procede, speculum, etimológicamente significa mirar,
y ello alude precisamente a una mirada que penetra inteligentemente la
interioridad o el sentido profundo de todos los símbolos que la
Masonería conserva, afín de trascender la forma y ser uno
con su esencia. Esto, por supuesto, no tiene nada que ver con las elucubraciones
mentales y parciales a las que se ha visto abocada la Orden en nuestros
dias, sino más bien con reconocer el verdadero y único Espíritu
del que ésta emana. M.V.
FLORES. Las flores aparecen
como elementos ornamentales y de ofrenda en numerosos ritos masónicos.
Así, en el momento de la consagración de un templo, el Serenísimo
Gran Maestro lanza flores hacia la bóveda celeste seguido
por todos los Hermanos. En el rito de encendido de luces, ramos y guirnaldas
de flores decoran todo el templo. En el rito de reconocimiento conyugal
se hace entrega de una cesta de flores a la esposa y de ramilletes para
todas las damas que han asistido al acto. En el rito de iniciación,
después de la entrega de los guantes al nuevo Hermano, se le regala
una rosa (flor simbólica por excelencia en Occidente) destinada
a la mujer que tiene más derecho a su respeto y amor. Flores multicolores
decoran los ágapes y las fiestas solsticiales. Las flores se relacionan
con los festejos, con la alegría y el júbilo, y también
con la idea de lo efímero y perecedero, contribuyendo con sus formas,
colores y aromas al embellecimiento del templo masónico.
Dos símbolos se relacionan
e identifican especialmente con la flor: el de la copa o cáliz y
el de la rueda. Como el primero, la flor representa la receptividad de
los efluvios celestes, el principio femenino o pasivo de la manifestación
-Prakriti en el hinduismo- y la substanciaaa uuuniversal, y por ello la flor
guarda también una estrecha vinculación con el Santo Grial
de la tradición occidental, el cual, en tanto que vasija, se corresponde
con la receptividad, y por la sangre que contiene es símbolo del
centro de la vida y también del centro del ser completo. Por otra
parte, la flor, como la rueda, simboliza la manifestación cósmica.
En efecto, siendo el símbolo de la rueda la expresión
del movimiento y la multiplicidad, también lo es de la inmovilidad
original y de la síntesis. Es, asimismo, la expresión simbólica
de la expansión y la concentración. (F. González,
La
Rueda. Una imagen simbólica del cosmos). |
En ambos símbolos, y obedeciendo
a unas leyes universales y a una misma idea geométrica, se produce
el desarrollo de las indefinidas posibilidades de manifestación
a partir de un centro oculto e invisible. Los radios de la rueda y los
pétalos de la flor -en su abrirse y desprenderse- representan el
paso del origen indeterminado y misterioso al riquísimo, vasto y
novedoso despliegue de todo lo creado, que llegando al límite de
su expresión, debe ser finalmente reabsorbido por el principio del
cual procede. De esta manera, la presencia de las flores en los templos
masónicos recuerda que éstos son arcas de símbolos
universales presentes en todas las tradiciones. M.V.
MORAY, Robert (1607/8-1673).
Fue el primer masón registrado en una logia escocesa (Edimburgo,
20 de Mayo de 1641) con intereses herméticos y científicos.
Excelente matemático, general militar, ingeniero técnico
arquitecto, experto en edificaciones militares, jugó un importante
papel en la Masonería de transición, el periodo en que se
estaba produciendo el paso de la Masonería operativa a la especulativa,
y en el que se estaba dando la coexistencia de ambos tipos de logias.
Amigo y maestro de Thomas Vaughan,
quien fuera primer traductor al inglés de los Manifiestos Rosacruces,
editados en 1652 a partir de un manuscrito perteneciente a la familia de
Moray. Documentos Rosacruces también copiados a mano por otro amigo
de Moray, el importante hermetista y masón Elías Ashmole,
compañero fundador de la Royal Society de Londres, institución
de la cual Moray fue su primer presidente. Estas relaciones humanas y los
hechos y realizaciones a que dieron lugar, adquieren gran relevancia dado
que se refieren a ciertas corrientes de pensamiento que confluyendo
en la síntesis de la idea, dieron nacimiento a la actual Masonería.
Todas estas coincidencias y otras- dice Federico González al
referirse a este periodo- nos hacen pensar en las sociedades secretas
propias de ese tiempo en toda Europa y que también se dieron en
las Islas Británicas, y es frecuente en varios autores destacar
al Rosacruz como uno de los orígenes de la Masonería, así
como otros reclaman la filiación templaria. De hecho estas dos corrientes
no tienen por qué contraponerse (Ibid.). |
y René Guénon apunta:
se dice que los templarios que escaparon a la destrucción de
su orden se disimularon entre los obreros constructores; si algunos no
quieren ver ahí más que una ‘leyenda’ la cosa no es menos
significativa por su simbolismo; y por lo demás, de hecho, es indiscutible
que por lo menos algunos hermetistas actuaron así, concretamente
entre aquellos que se vinculaban a la corriente rosacruciana. (Iniciación
y Realización Espiritual, cap. XXVIII ). |
En 1647, seis años después
de su iniciación masónica, se casa con Sofía,
hija de David Lindsay, Lord Balcarres, quien a su vez estaba casado con
una hija de Alexander Seton, entrando a formar parte de las familias Lindsay
y Seton-Montgomery, nobles familias escocesas de tradición esotérica,
conocidas también como familias de los Old Charges (“Antiguos
Deberes”). A este respecto Michael Baigent y Richard Leigh en su libro
Des
Templiers aux Franc-Maçons dicen lo siguiente:
Moray ofrece justamente ese género de referencias. Parece típicamente
representativo de la masonería del siglo XVII. Dado el caso podría
ser definido como la fusión de las tradiciones transmitidas por
la Guardia escocesa y las familias de la nobleza escocesa -tales como los
Lindsay y los Seton-, de la química o alquimia y del rosacrucianismo
venidos del continente, y de diversos intereses científicos y filosóficos
que prevalecían en el ‘Colegio invisible’ y, más tarde, en
la Royal Society. |
Mª A. D.
NOMBRE SIMBOLICO. Cuando el
postulante a la iniciación masónica es conducido ante la
puerta del templo tiene un nombre profano que es la expresión exterior
de una serie de características de su individualidad física
y psíquica y con el cual se lo ha designado hasta ese momento. Después
del rito de iniciación, donde se produce una muerte real al mundo
ilusorio y aparente y un renacimiento simultáneo a la verdadera
sacralidad de la existencia, el neófito debe reconocer por sí
mismo un nuevo nombre con el que se lo identificará y reconocerá
dentro de la Logia. Con respecto a esto nos dice René Guénon
(Aperçus sur l'Initiation, pág.183):
Ya hemos insistido sobre la concepción de la iniciación
como un "segundo nacimiento"; y es precisamente por una consecuencia lógica
inmediata de esta concepción que, en el interior de numerosas organizaciones,
el iniciado recibe un nuevo nombre, diferente del profano; y esto no es
una simple formalidad, dado que este nombre debe corresponder a una modalidad
igualmente diferente de su ser, aquella cuya realización se hace
posible por la acción de la influencia espiritual transmitida por
la iniciación. |
Además, no es de extrañar que en este recorrido
iniciático el individuo vaya cambiando de nombre, pues:
Podemos ir aún más lejos: a cada grado de iniciación
efectiva corresponde todavía otra modalidad del ser; aquél
[refiriéndose al iniciado] deberá, pues, recibir un nuevo
nombre por cada uno de estos grados. (ibid.). |
Así, estos nombres simbólicos
representan las envolturas que velan y al mismo tiempo revelan la esencia
de un ser individual. Pero cuando esa individualidad, plenamente realizada,
alcanza el estado del Hombre Verdadero y empieza el recorrido por los Grandes
Misterios, es decir por los estados incondicionados,
un ser tal, en verdad, ya no tiene nombre, ya que éste es una
limitación de la cual está liberado en lo sucesivo; podrá,
si ha lugar, adoptar cualquier nombre para manifestarse en el dominio individual,
pero ese nombre no le afectará de ninguna manera y le será
tan "accidental" como una simple vestidura que se puede quitar o cambiar
a voluntad. (ibid., pág. 185). |
M.V.
PALANCA. La palanca es una herramienta
que, juntamente con la regla, se entrega al Aprendiz postulante a Compañero
para realizar el segundo viaje simbólico en el rito de Aumento de
Salario, además de constituir uno de los útiles propios que
se ponen a su consideración y estudio durante este nuevo periodo
de aprendizaje. Tanto su diseño como su funcionamiento es muy simple:
consiste en una barra de hierro de longitud variable y doblada por sus
dos extremos en sentidos opuestos, la cual, por un lado, evoca el simbolismo
axial del Eje del Mundo, al tiempo que permite al obrero levantar grandes
cuerpos pesados cuya elevación le sería difícil o
imposible si contara únicamente con sus limitadas fuerzas humanas.
Para ello, se debe colocar uno de sus extremos bajo el material a elevar
-lo que simultáneamente fija un punnntooo de pivotaje y de apoyo inmóvil-,
y aplicar con las manos sobre el otro extremo una fuerza descendente, en
el mismo sentido en que el objeto es atraído hacia la tierra. Si
la longitud del brazo de la palanca desde el punto donde se ejerce la presión
hasta el punto de apoyo es mayor que la que dista entre dicho punto y el
otro extremo de la barra, se multiplica la fuerza aplicada y se opera la
elevación. El secreto de la multiplicación de la fuerza emana
de la presencia del punto inmóvil, y su efectividad, de la justa
proporción de las distancias explicadas anteriormente. Como resultado
de las dos fuerzas descendentes (la que ejerce el hombre y el peso del
objeto) se opera un impulso en sentido inverso, es decir vertical-ascendente,
que remonta el cuerpo sobre el que trabaja la palanca.
En el deambular del segundo viaje
simbólico que el postulante efectúa con la regla en la mano
izquierda y la palanca en la derecha (ubicación que se corresponde
respectivamente con el aspecto pasivo y activo de cada útil), aquel
se detiene frente al sitial del Hermano Tesorero –el guardián del
Tesoro de la Logia- y lee un epígrafe en el que figura el nombre
de los cinco estilos arquitectónicos. Acto seguido se le insta a
convertirse en una columna viva y a ser 'uno de los pilares inquebrantables
del templo'.
La palanca es una herramienta que
cumple una importante función simbólica en esta magna obra
de edificación, tanto exterior como interior, y por su diseño
y función contribuye a la elevación de las piedras que podrán
entonces ser ubicadas en el lugar justo que les corresponde dentro del
templo. Si por las leyes de la analogía transponemos esta labor
constructora que se ayuda de la palanca al proceso de realización
espiritual, descubrimos que aplicando la voluntad y el discernimiento con
estrategia y proporción, y ubicándonos en la inmutabilidad
de un punto, es posible vencer todas las dificultades y resistencias y
conocer el lugar que cada cual ocupa en la armonía del Todo. Además,
la palanca, al elevar, provoca una ruptura de nivel, lo cual es análogo
a la apertura de estados de conciencia del Ser cada vez más sutiles
y universales, promovidos por el recorrido siempre ascendente del proceso
iniciático.
Arquímedes de Sicilia pedía un punto fuera de la tierra
para contrabalancear él mismo la tierra entera, pues afirmaba que,
mientras estuviera en ella, no tendría fuerza suficiente" (Sinesio
de Cirene, Sobre los sueños. En Himnos y Tratados. Ed Gredos,
Madrid, 1993, pág. 257). |
La palanca cósmica apuntada
por este autor señala 'un punto fuera de la tierra', análogo
al punto geométrico donde se reúnen los masones -que no está
en ninguna parte por corresponder al estado de conciencia de Unidad libre
de todo condicionamiento-, capaz desde su inmutabilidad de imprimir el
impulso y movimiento a todo el orbe. Esta imagen relaciona a la palanca
con la virtud de la Fe, entendida como la experiencia certera que
todo el poder, la fuerza y el establecimiento del orden universal son de
naturaleza divina y surgen de un punto prístino capaz de 'mover
montañas'. En este sentido, vemos también la relación
entre dicho establecimiento y el significado de la palabra sagrada del
segundo grado simbólico. M. V.
PAVIMENTO MOSAICO. En el centro
de la Logia se extiende el Pavimento Mosaico, tapiz de cuadros blancos
y negros exactamente iguales que los del tablero de ajedrez, cuyos orígenes
son también simbólicos y sagrados como el de la mayoría
de juegos. El pavimento mosaico es sin duda un símbolo de la manifestación
que, efectivamente, está determinada por la lucha y delicado equilibrio
que entre sí sostienen las energías positivas, masculinas
y centrífugas (yang, luminosas) y las energías negativas,
femeninas y centrípetas (yin, oscuras), expresadas también
en la alternancia de los ritmos y ciclos de la naturaleza y el Cosmos.
Esas mismas energías están representadas por el Sol y la
Luna, que en la Logia se encuentran presidiendo el Oriente, a uno y otro
lado del Delta luminoso.
Extendido como decimos en el centro
del templo, el pavimento mosaico es un tapiz cuadrangular que evoca la
forma de cuadrado largo de la Logia y del cuadro de Logia. De hecho reproduce
a su escala las dimensiones horizontales de la Logia, y el encuadre que
genera determina un espacio sagrado y significativo, una “Tierra Sagrada”
como se dice expresamente en las lecturas del Rito Emulación inglés.
En ese tapiz están representados una serie de cuadrados alternativamente
blancos y negros, exactamente igual que las casillas de ajedrez. Tanto
en el pavimento de mosaico como en el tablero de ajedrez, los cuadros blancos
y negros simbolizan respectivamente la luz y las tinieblas, el día
y la noche, y en general todas las dualidades cósmicas surgidas
de la "reflexión" bipolar de la Unidad o Ser universal. Dicha dualidad
se encuentra representada también en el conocido símbolo
extremo-oriental del yin-yang, cuyas dos mitades inseparables, una clara
y otra oscura, se corresponden con la disposición de los cuadrados
del pavimento. En este sentido, el color blanco simboliza las energías
celestes, activas, masculinas y centrífugas, y el color negro las
energías terrestres, pasivas, femeninas y centrípetas. Las
primeras se oponen a las segundas, y viceversa, al mismo tiempo que se
complementan y conjugan (atraídas como los polos positivo y negativo
de un imán), determinando en su perpetua interacción el desarrollo
y la propia estructura de la vida cósmica y humana. Esa estructura
se genera igualmente por la confluencia de un eje vertical -celeste- y
otro horizontal -terrestre- (ejemplificados en el pavimento por las líneas
transversales y longitudinales), conformando un tejido o trama cruciforme,
un cuadriculado, en fin, que refleja las tensiones y equilibrios a que
está sometido el orden de la creación. Asimismo, también
puede equipararse la vertical al tiempo y la horizontal al espacio (el
primero activo con respecto al segundo, al que moldea permanentemente),
es decir, a las dos coordenadas que establecen el "encuadre" que permite
la existencia de nuestro mundo y de todas las cosas en él incluidas.
La idea de ese orden está ya
implícito en el significado de la palabra 'mosaico', que deriva
del griego musèíon, literalmente "templo de las musas (de
donde procede también 'museo'), expresión ésta que
conviene perfectamente a la Logia masónica, recinto sagrado en donde
cada una de sus partes y la totalidad de su conjunto constituyen una síntesis
simbólica de la armonía universal. Al igual que el mandala
el pavimento de mosaico es, pues, una imagen simbólica representativa
de ese orden, en el que el iniciado ha de integrarse plenamente conciliando
en su naturaleza las influencias procedentes del Cielo y de la Tierra,
lo que le permitirá recuperar finalmente la unidad de su ser.
Mas tratándose de un símbolo
iniciático el pavimento mosaico también se presta a una interpretación
metafísica, aparte de la propiamente cosmológica. Desde ese
punto de vista más elevado el color negro simboliza las "tinieblas
superiores", es decir lo no-manifestado, y el color blanco lo manifestado,
en tanto que símbolo de la "luz" creadora. A este respecto, R. Guénon
señala que el color negro del pavimento mosaico simbolizaría
el "Sí Mismo" (lo supra-individual), y el blanco el "yo" (lo individual),
que al igual que los dos pájaros de que se habla en las Upánishads
de la tradición hindú,, representan lo que en el ser constituye
su parte inmortal y su parte mortal, respectivamente.
Ello evoca, además, nos dice Guénon, otro símbolo,
el del águila bicéfala negra y blanca que figura en ciertos
altos grados masónicos, nuevo ejemplo que, con tantos otros, muestra
una vez más que el lenguaje simbólico tiene carácter
verdaderamente universal". (Símbolos Fundamentales de la Ciencia
Sagrada, cap. XLVII). |
F. A.
PITAGORAS Y PITAGORISMO. 1.
Pitágoras nació en la isla griega de Samos alrededor del
año 580 a.C. Es, junto con Platón, el personaje más
importante de la Antigüedad Clásica, pues de ellos derivan
las ideas-fuerza que llenarán de contenido la cultura occidental
dándole una unidad de pensamiento que ha perdurado hasta la actualidad.
A Pitágoras se debe el origen de la palabra Filosofía, al
considerarse él mismo un amigo (filo) de la Sabiduría (Sofía),
referido a aquella que verdaderamente rescata al ser humano de la ignorancia
procurandole la Gnosis, el Conocimiento de sí mismo, y cuyas
claves simbólicas transmitió a todos aquellos, hombres y
mujeres, que se reunieron en torno a su palabra, inspirada directamente
por Apolo, el dios del sol hiperbóreo y Arquitecto de los Mundos,
de quien Pitágoras recibió la revelación del Número
y la Geometría como paradigmas de la Creación y fundamento
de la Ciencia y el Arte sagrados. Un neopitagórico alejandrino del
siglo I d.C., Nicómaco de Gerasa, escribió en su obra Introducción
a la Aritmética
que
Todo lo que la naturaleza ha dispuesto sistemáticamente en el
Universo parece haber sido, tanto en sus partes como en el conjunto, determinado
y puesto en orden de acuerdo con el Número, por la previsión
y el pensamiento de Aquel que creó todas las cosas; pues el modelo
estaba fijado, como un bosquejo preliminar, por la dominación del
Número preexistente en el espíritu del Dios creador del mundo,
número-idea, puramente inmaterial en todos sus aspectos y, al mismo
tiempo, la verdadera y eterna esencia, de manera que de acuerdo con el
Número, como de conformidad con un plano artístico, fueron
creadas todas las cosas, y el Tiempo, el movimiento, los cielos, los astros
y todos los ciclos de todas las cosas. |
O como dice Federico González: dicho
Para la doctrina pitagórica el ‘Número’ es la ‘medida’
de todas las cosas y la raíz de las proporciones de la Armonía
Universal, manifestada por la música, las matemáticas y la
gramática, como lo atestiguan sus famosos versos de oro, donde estas
ciencias están allí reunidas, conformando una Cábala
de la que tampoco están excluidas las estrellas y los planetas y
que tienden a la transmutación del ser humano mediante la Inteligencia,
la Sabiduría, el Amor y la Belleza. (El Tarot de los Cabalistas.
Vehículo Mágico). |
Pitágoras encontró en la Tetraktys
(sobre la que prestaban su juramento los pitagóricos) el modelo
numérico y geométrico que mejor expresaba esa Armonía,
pues, como dice de nuevo Nicómaco de Gerasa, ella
sirve de medida para el todo como una escuadra y una cuerda en manos
del Ordenador. |
Platón hereda la esencia de la doctrina pitagórica
y la vierte sobre todo en el Timeo, su libro cosmogónico
por excelencia.
Pitágoras es el continuador de la
tradición órfica y sus misterios iniciáticos, que
adapta a su tiempo, recibiendo también las enseñanzas cosmogónicas
y metafísicas de los sacerdotes egipcios (es decir de Thot-Hermes)
y de los astrónomos-astrólogos caldeos durante el transcurso
de los viajes que realizó por Egipto, Siria y Babilonia. Como nos
dice Diógenes Laercio, uno de los más antiguos biógrafos
de Pitágoras:
Jóven y ávido en ciencia, abandonó su patria y
fue iniciado en todos los ritos mistéricos, tanto en los griegos
como en los bárbaros. Luego fue a Egipto...; de allí pasó
a conocer a los caldeos y a los magos. A continuación en Creta con
Epiménides entró en la caverna de Ida, pero también
en Egipto había entrado en los santuarios y había aprendido
los arcanos de la teología egipcia. Desde allí regresó
a Samos y, al hallar a su patria bajo la tiranía de Polícrates,
se embarcó hacia Crotona de Italia. Allí otorgó leyes
a los italiotas y logró una gran fama junto con sus seguidores,
que en número de unos trescientos administraban de manera óptima
la cosa pública, de modo que su gobierno fue casi una aristocracia. |
El pensamiento de Pitágoras fue recogido por sus
discípulos y difundido por toda la cuenca mediterránea y
el Cercano Oriente, alumbrando especialmente en la Alejandría hermética
y gnóstica de los primeros siglos de nuestra era, influenciando
a los primeros Padres de la Iglesia (como los neoplatónicos Clemente
de Alejandría, Dionisio Areopagita, Orígenes, Máximo
el Confesor y San Agustin), por cuyo conducto pasa a la Edad Media,
resurgiendo con fuerza duranteel Renacimiento. De hecho, la concepción
pitagórica del Número-Idea y la estructura geométrica
y filosófica que le acompaña y que lo traduce al lenguaje
humano también influye en el esoterismo judio (la Cábala)
e islámico (el Sufismo), y desde luego no ha dejado de estar presente
en el pensamiento científico y matemático de los últimos
siglos.
2. El resurgimiento de la
doctrina pitagórica se dio también entre los arquitectos
y constructores medievales y renacentistas (herederos de los Collegia
Fabrorum romanos impregnados también de pitagorismo), en cuyas
leyendas y mitos fundacionales contenidas en los Old Charges (p.
ej. en el manuscrito Cooke y el Watson, entre otros) aparece la figura
de Pitágoras asociada casi siempre al dios Hermes, conformando ambos
las dos corrientes
sapienciales que nutrirán la Orden: el hermetismo que asegurará
la protección del dios a través de la Filosofía, es
decir del Conocimiento, y el pitagorismo, que dará los elementos
aritméticos y geométricos necesarios que reclama el simbolismo
constructivo." (Federico González: Hermetismo y Masonería,
cap. II) |
Precisamente entre los antiguos masones
de habla inglesa, existió también una leyenda según
la cual un tal Peter Gower, originario de Grecia, trajo a los países
anglosajones determinados conocimientos relativos al arte de la construcción.
Algunos autores, entre ellos René Guénon, afirman que este
personaje, Peter Gower, no era sino el mismo Pitágoras, o mejor
dicho, la ciencia de los números y la geometría que a través
de las cofradías de constructores se introdujeron en las islas británicas,
al mismo tiempo que en todo el continente.
Ciertamente el Pitagorismo ha dado
numerosos símbolos a la Masonería, o en cualquier caso muestran
una identidad palpable con algunos de los símbolos más importantes
de la cofradía fundada por el maestro de Samos.
Tal es el caso del Delta Luminoso, símbolo en la Masonería
del Gran Arquitecto del Universo, y que se corresponde perfectamente con
la Tetraktys anteriormente nombrada. Tenemos asimismo la conocida
"estrella pentagramática" o pentalfa, de suma importancia en la
simbólica del grado de compañero (donde recibe el nombre
de "estrella flamígera"), y que los pitagóricos consideraban
como su signo de reconocimiento y un emblema del hombre plenamente regenerado.
Entre los arquitectos medioevales el pentagrama fue uno de los módulos
principales en el diseño de los planos de las catedrales y otros
edificios de carácter civil, pues según ellos en esa figura
geométrica, presente en la estructura de muchos seres vivos, se
revela la Inteligencia constructora del Gran Arquitecto. Asimismo, triángulo
rectángulo de lados 3-4-5 (el famoso “Teorema de Pitágoras”,
el cual, como tantas otras cosas, el maestro griego recogió de los
egipcios, aunque era conocido también por caldeos, chinos e hindúes),
es otro de los símbolos que confirman la vinculación entre
el Pitagorismo y la Masonería; por no hablar de la Plancha de Trazar,
o Plancha Tripartita (basada en la "tabla de Pitágoras"), y estrechamente
ligada al simbolismo de los nueve primeros números y al grado de
Maestro, y que está también en el origen del alfabeto masónico.
Acerca de la Plancha de Trazar he aquí lo que nos dice Arturo Reghini:
Ella indica a los franc-masones que sus construcciones deben basarse
sobre las propiedades de los números o de la geometría, y,
simbólicamente, que los trabajos masónicos deben estar ejecutados
teniendo en cuenta las propiedades de los números sagrados. (Los
Números en la Tradición Pitagórico Masónica,
cap. VI). |
Asimismo tampoco debemos olvidarnos que “la ley del silencio”
practicada por los masones también tiene su origen en la cofradía
pitagórica, en donde los neófitos guardaban silencio durante
cinco años, técnica ésta que tiene un valor iniciático
incontestable, por cuanto que ello facilita la concentración y la
asimilación de las elevadas enseñanzas recibidas.
Por tanto,
la herencia que la Masonería recibe del Pitagorismo es sobre
todo la de la Aritmética y la Geometría, y recordaremos,
a este respecto, que en el frontispicio de la Academia de Atenas, Platón
(que según algunos recibió la iniciación pitagórica
a través de Arquitas de Tarento, uno de los más importantes
matemáticos de la Antigüedad) hizo grabar una inscripción
que rezaba: "Que nadie entre aquí si no es geómetra", sentencia
que podría estar grabada perfectamente en el pórtico de entrada
a la Logia masónica, pues efectivamente dentro de ella los masones
no hacen sino imitar la propia actividad creadora del Gran Arquitecto mediante
la utilización del Compás, la Escuadra, la Regla, el Nivel
y la Perpendicular. F. A.
PUERTA. Entre
los símbolos de pasaje destaca el de la Puerta y particularmente,
en el simbolismo masónico, el de la Puerta del Templo que representa
el umbral que separa lo profano de lo sagrado. Si el Templo simboliza al
Cosmos, el mundo verdadero, el espacio sagrado y significativo análogo
a la Ciudad Celeste, todo lo que está fuera de él significa
el mundo profano, la realidad material, ilusoria y transitoria que el iniciado
ha de trascender; la Puerta del Templo separa a la vez que une estas dos
realidades sirviendo de paso entre un estado y otro.
En el Templo
masónico la puerta de entrada al mismo se coloca al Occidente. Es
esta la primera puerta que se debe franquear, la que conecta al iniciado
con la cosmogonía. Esa puerta está custodiada por el Hermano
Guarda Templo que impide el paso a las fuerzas profanas y al mismo tiempo
protege y permite el acceso de los iniciados y de los aspirantes que son
dignos de la iniciación.
Pedir la entrada
en la Orden Masónica es "llamar a la Puerta del templo", pero no
será posible atravesar ese umbral si no se sabe llamar correctamente.
Al neófito se le muestra cómo llamar a la puerta durante
el ritual de iniciación, y en el Instructivo del Primer Grado se
le enseña que fue introducido en Logia por tres grandes golpes que
significan: pedid y se os dará (la Luz); buscad y encontraréis
(la Verdad); llamad y se os abrirá (la Puerta del Templo). La puerta
que atraviesa el postulante es baja, de difícil entrada y cada acceso
a uno de los distintos grados de la iniciación supone simbólicamente
el atravesar una puerta. En cada grado se ha de llamar de modo diferente
y esas puertas sucesivas, cada vez más estrechas, van dando paso
a estados del ser más y más sutiles.
La Puerta del
Templo es análoga a la Puerta de los Cielos; estas puertas no pueden
abrirse si no se cuenta con las llaves adecuadas, y son justamente los
símbolos y los ritos los que constituyen las claves necesarias para
que ese acceso sea posible. Pero si por la primera el paso se realiza en
la vía horizontal, el acceso por la segunda es más bien axial,
en dirección vertical, realizándose así el paso de
lo cósmico a lo supracósmico que se produce por la Puerta
del Sol, representada por el centro de la cúpula o vértice
de la pirámide, del que pende la plomada del Gran Arquitecto.
Es importante,
en relación con este símbolo, mencionar lo relativo al profundo
significado de las puertas solsticiales. (Ver Solsticio). F.
T.
RAMSAY, Andrew Michael (1686-1743-1748).
Conocido como el Caballero Ramsay, de origen escocés, murió
en Saint-Germain-en-Laye, Francia. Fue preceptor de grandes familias: Wemyss,
Sassenage, Estuardo, Château-Thierry, Boillon. Hecho caballero de
San Lázaro por el Duque de Orleans, regente de Francia y Gran Maestre
de esa Orden. Escritor, es autor, entre otras obras de: The Philosophical
principles of natural and revealed religion unfolded in geometrical order
("Los Principios Filosóficos de la religión natural
revelados y expresados en el orden geométrico") o Travels of
Cyrus (Los Viajes de Ciro) novela de 1727, cuyo protagonista, Ciro,
es un viajero en busca de los discípulos de Zoroastro en Persia
y de Hermes Trismegisto en Egipto, con algunos de los cuales entra en contacto
y dialoga.
Gran Orador de la Orden francesa,
Ramsay fue uno de los personajes que más ayudó a la difusión
de la Masonería en Francia durante el siglo XVIII, logrando una
gran fama por su Discurso, pronuciado en 1736 en la Logia de Saint
Thomas Nº 1 de París, primera Logia fundada en Francia en 1725
por nobles ingleses, siendo el mismo que pronunció, con leves cambios,
en 1737 ante la asamblea de la Orden francesa, todo lo cual ha llevado
a Daniel Ligou a decir, en su Diccionario de la Masonería,
que “es sobre todo el Discurso de Ramsay el que hace de él
una de las columnas de la Masonería francesa”.
El Discurso de Ramsay ponen
de manifiesto el espíritu que alimentaba el pensamiento de aquellos
hombres arraigados todavía en la cultura del Renacimiento, y que
gestaron la Masonería actual, con su escala de grados. Ramsay, su
figura y su trabajo masónico, evidencian el nexo visible que existe
entre la Masonería escocesa y la francesa, siendo precisamente
en Francia donde apareció el denominado Rito de Perfección
de 25 grados, que pasaría en 1801 en Filadelfia, USA, a convertirse
en el actual y más practicado de todos los Ritos, el Escocés
Antiguo y Aceptado de 33 grados. No es casual, pues, que algunos hayan
creído ver justamente en este Discurso el origen mismo de
los altos grados, aunque lo más importante es ver en esta arenga
del Caballero Ramsay el vínculo con una cadena de pensamiento esotérico
ininterrumpido convergiendo en la simbólica de la Masonería.
Se trata de un discurso donde se relata
tanto el origen mítico y legendario de la Tradición Hermética
y la Ciencia Sagrada como su expresión en el tiempo y las vicisitudes
históricas por las que ésta ha tenido que pasar hasta resurgir
con el nombre de Franc-Masonería en Gran Bretaña, que se
convirtió en un momento dado en sede de la Ciencia arcana, desde
donde se expandió a Francia y al resto de Europa y América.
Estos son algunos fragmentos de tan sugerente discurso:
Horacio antiguamente fue un orador de una gran logia establecida en
Roma por Augusto, mientras Mecenas y Agripa eran sus vigilantes. Las mejores
odas de este poeta son himnos que se cantaban en las famosas fiestas de
Ceres en Eleusis, las de Minerva en Atenas y las de Isis en Egipto. (...)
Nuestra ciencia es tan antigua como el género humano, pero no se
puede confundir la historia general del arte con la historia particular
de nuestra sociedad. En todos los países y en todos los siglos,
han existido arquitectos, pero todos estos arquitectos no eran francmasones
iniciados en nuestros misterios. (...) El nombre de franc-masones no debe
por lo tanto ser tomado en sentido literal, vulgar y material, como si
nuestros instructores hubieran sido simples trabajadores de la piedra o
del mármol, o simplemente genios curiosos que querían perfeccionar
las artes y especialmente la arquitectura, sino que estaba compuesta también
de otra clase de hombres que quieren edificar y proteger los templos vivos
del Altísimo. |
Perteneció al círculo
de Newton y, como él, también fue miembro de la Royal Society,
lo cual muestra que la tal Sociedad fue creada por un espíritu hermético-científico,
aunque con el tiempo esta institución se vio influenciada por la
tendencia mecanicista y literalista (profana) que le haría perder
la conexión intelectual con sus creadores, lo que equivale a decir
que perdió el vínculo con la cosmovisión de ese hermetismo
científico, lo cual sucede cuando se dejan de considerar los hechos
experimentales como manifestaciones o reacciones de las fuerzas sutiles
y espirituales.
Este histórico Discurso
fue publicado en 1995 en París por Patrick Négrier dentro
de una antología titulada: Textes Fondateurs de la Tradition
Maçonnique 1390-1760 y en 1997, igualmente en sus dos versiones,
por la revista Symbolos que lo incluyó también como parte
de una antología masónica.
Mª A. D.
VAUGHAN, Thomas (1612-1666).
Conocido también como Eugenio Filaleteo, fue el primer traductor
al inglés de los manifiestos rosacruces la Fama y la
Confessio, pues aunque circulaban ya en manuscritos, esta versión
de 1652, según ha podido constatar en su libro El Iluminismo
Rosacruz la historiadora Frances A.Yates, “fue un acontecimiento verdaderamente
memorable”, pues evidentemente esta versión en letra de imprenta
impulsó notablemente su difusión.
Fue discípulo y amigo del masón
Sir Robert Moray, quien le entregó el manuscrito del fondo de las
colecciones de “papeles” que tenía su suegro, Lord Balcarres. Vaughan
dice haber basado su traducción de los manifiestos de otra escrita
“por mano desconocida”. Se llamó a sí mismo “filósofo
de la Naturaleza” declarando ser seguidor de Enrique Cornelio Agrippa y
de su obra La Filosofía Oculta, así como de Platón,
y se jactaba de tener cierta hostilidad hacía Aristóteles
y Descartes. Aunque no hay señales de su filiación masónica
a una logia específica, cosa bastante corriente en esa época
de atmósfera secretista, su relación con masones y su influencia
sobre la Orden fue muy directa. Vaughan estaba totalmente impregnado del
pensamiento hermético y atento a la orientación que estaba
tomando el Conocimiento Tradicional, reconociendo estar ligado intelectualmente
al “Colegio Invisible” de la Rosa Cruz. Esto es lo que escribió
en la introducción que hizo a la traducción de los dos manifiestos
rosacruces:
La atención que yo les presté primero fue despertada
por sus libros, pues los he reconocido como verdaderos filósofos...
Sus principios están enteramente de acuerdo con la antigua y primitiva
sabiduría. (Sedir, Historia y doctrina de la Rosa Cruz). |
Fue un personaje principal que da testimonio
de una época en la cual los conocimientos humanos, la ciencia, la
filosofía, así como las órdenes de caballería,
los colegios artesanales y en definitiva el pensamiento hermético
se replegaba y condensaba en la Francmasonería. La misma F. A. Yates
nos informa del reconocimiento público obtenido por los manifiestos
la Fama y la Confessio, síntesis de ese pensamiento,
y anota una frase muy ilustrativa tomada de una obra del teólogo
John Webster en la que éste aconseja que:
la filosofía de Hermes resucitada por la escuela de Paracelso
sea enseñada en las universidades. |
Se conserva un ejemplar de esta edición
de los Manifiestos llevada a cabo por Vaughan, que está depositado
en la Biblioteca de la Universidad de Yale; se trata del ejemplar que perteneció
a Isaac Newton y que conserva anotaciones y la firma del científico,
ya que esta obra y otras de sabios hermetistas, como Michel Maier o John
Dee, constituian los principales libros de estudio de Newton, lo cual nos
permite observar las rutas de comunicación creadas por una
misma corriente de pensamiento, en este caso la tradición de Hermes.
A Vaughan (Eugenio Filaleteo) se le
confunde a veces con Ireneo Filaleteo, seudónimo que empleó
otro adepto de la Tradición Hermética cuyo nombre parece
que fue George Starkey. Mª A. D.
WREN, Christopher (1632-1723).
Arquitecto, inventor de máquinas de matemáticas y astronomía,
gran estudioso de la Ciencia y el Arte y alto dignatario de la Orden Masónica,
justamente el último Gran Maestre de la Masonería antigua.
Fue amigo de otros ilustres masones, como Elías Ashmole o Robert
Moray, y cofundador con ellos de la Royal Society de Londres, además
de uno de sus presidentes. Wren es figura relevante en la historia de su
país y en la historia de la propia Masonería, ya que tras
el famoso incendio de Londres, en 1666, en el que ardió el ochenta
por ciento de la ciudad, con edificios tales como la catedral de San Pablo,
fue necesario recurrir a una mano de obra especializada, capaz de llevar
a cabo aquella monumental reconstrucción. El encargo recayó
en este hombre, quien supervisó la obra dirigiendo a todo tipo de
artesanos, constructores, carpinteros, vidrieros, forjadores, etc. Michael
Baiget y Richard Leigh, en su obra Des Templíers aux Franc-Maçons
recogen el acontecimiento y comentan que a medida que la nueva ciudad tomaba
forma, crecía el prestigio y el respeto de las gentes por sus arquitectos
y constructores, y señalan el clima de auténtica hermandad
que se dio entre los artesanos operativos y los masones especulativos.
Llegan a la conclusión de que el personaje más importante
en este contexto es Sir Christopher Wren, miembro del “Colegio Invisible”.
Tal y como observa Federico González,
el incendio de Londres es un tema fundamental en la historia de Inglaterra
y en la Masonería en general. Su reconstrucción, efectuada
por masones, es un símbolo cíclico relacionado con la perennidad
de la Ciencia Sagrada, que se ha expresado en una ciudad tan mágica
como es el caso de la capital inglesa. (Hermetismo y Masonería,
cap. II). |
Mª A. D.
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