DICCIONARIO SIMBOLICO 
DE LA MASONERIA
 
 
TRONCO DE LA VIUDA. Los Masones acostumbran, al final de todas sus reuniones o tenidas, circular ritualmente, junto con el llamado Saco de Proposiciones, otro saco que lleva el Hermano Hospitalario en el que depositan óbolos, de acuerdo a sus posibilidades materiales. Este saco es llamado Tronco de la Viuda, de beneficencia, o de solidaridad. El dinero recogido de esta manera, al que se llama "unidades de medallas profanas" ha de ser utilizado para socorrer a un hermano que se encuentre en necesidad, o a su viuda y familia en caso de que éste haya pasado al Oriente Eterno, o, en general, para otras obras de beneficencia que el Taller considere conveniente realizar. Esta es una antigua costumbre masónica. 
    Sin embargo, es importante recordar que la Masonería no es una institución de beneficencia. Que es una Orden que busca la Verdad, una Escuela de Iniciación en los Misterios. Si hace además en determinados casos obras de caridad, esto es por añadidura; y si se circula este saco o tronco es porque -al igual que todos y cada uno de los objetos que se utilizan y que decoran la Logia- tiene un triple significado: uno práctico, uno psicológico y otro interno o espiritual.  
    El sentido práctico del Tronco es que con su auxilio material se solventa una necesidad: que cuando un Masón está en dificultades, puede contar con los hermanos que le tienden la mano.  
    Su efecto psicológico, que inculca la caridad, la solidaridad y la fraternidad entre los miembros del taller que conscientemente realizan estos ritos; y que enseña a no ostentar, pues el óbolo se da de manera espontánea y secretamente, de modo "que no sepa la mano izquierda lo que hace la derecha".  
    Y su significado espiritual consiste en enseñar el desapego de los bienes materiales; que muestra cómo compartir, no sólo las monedas, sino, sobre todo, las experiencias espirituales y los conocimientos que con ausencia de egoísmo se transmiten los Masones los unos a los otros, procurando, en la medida de lo posible irradiarlos hacia la humanidad. Y a compartir un elevado 
Ideal, que es el que mueve a construir el templo de la armonía universal, con el Amor que nace entre aquéllos que saben que todos, en esencia, son uno. 
(Ver Saco de Proposiciones, Hospitalario, Viuda, Oriente Eterno) F. T. 

AIRE. En el rito de iniciación el candidato es sometido a cuatro pruebas, relacionadas con los cuatro elementos del mundo natural -símbolos de los cuatro mundos, cada cual más sutil, que el iniciado habrá de penetrar en el proceso iniciático-, y a tres viajes -del aire, del agua y del fuego-. Una vez superada esta segunda prueba y realizado el primer viaje, el Maestro de la 
Logia le dice al candidato: "Esta experiencia simbólica constituye la prueba del Aire de los antiguos Misterios, que viene después de la prueba de la Tierra que ha sufrido durante su estancia en la Cámara de Reflexión." El Aire y el Fuego son elementos masculinos, activos y sutiles, opuestos y complementarios con la Tierra y el Agua, femeninos, pasivos y más densos. 
    El aire, que representa al mundo intermedio entre la Tierra y el Cielo, se relaciona con el soplo que da origen a la creación, con el Verbo -la palabra que se expande por él-, con el hálito vital que permite el delicado equilibrio de la vida y con el viento que, como el espíritu, sopla donde quiere. Es un símbolo sensible de lo invisible. Gracias a él se propagan el sonido, la luz y los olores. Es un elemento purificador y revelador, en estrecha relación simbólica con los ángeles, las alas, las aves y el vuelo. 
    El aire se identifica también con la aspiración y la expiración cósmicas y con el alma del mundo, perfectamente análogas al alma humana y a la respiración individual, gracias a la cual se purifica la sangre y se posibilita la vida. Y su vinculación con la sangre es relacionada también con el hecho de que alimenta y aviva el fuego del espíritu. 
    Si el elemento Tierra incluye a todo lo sólido, el Agua es lo líquido y el Aire lo gaseoso, símbolo también del misterio y de lo oculto y secreto. F. T. 
 
MAZO y CINCEL. El mazo y el cincel son las herramientas más características del aprendiz masón. De ellas se sirve éste para desbastar y pulir la piedra bruta, que simboliza a su propia conciencia sometida aún a las influencias negativas del mundo profano, del que el aprendiz procede y al que tiene que abandonar y superar en su intento de ir de las "tinieblas a la luz", del caos al orden. Fundamentalmente, el mazo y el cincel simbolizan la energía activa de la voluntad y la justa o recta intención, respectivamente, dos cualidades esenciales del alma humana que deben ser despertadas y desarrolladas por el nuevo iniciado a fin de realizar sus primeras purificaciones. En efecto, la obra de regeneración no puede llevarse a cabo sin una voluntad firme y perseverante que la desee, es decir sin una fuerza interior que influya y transmita su poder creativo a la "materia informe" de la psique desordenada y caótica, simbolizada por la piedra bruta. A este respecto, recordaremos que en la mitología nórdica y celta el mazo (o su equivalente el martillo) aparece como el atributo principal de ciertas divinidades celestes, como el dios escandinavo Thor y el dios galo Sucellos, que armados con dicha arma abaten a los titanes o "potencias de las tinieblas", restableciendo así el equilibrio del orden cósmico. Pero en lo que se refiere al trabajo sobre la piedra bruta, la fuerza activa de la voluntad no "golpea" directamente sobre ella, si no por intermedio del cincel, que la canaliza y dirige "orientándola" en la dirección apropiada. Se trata entonces de la acción de un gesto de la inteligencia, o mejor del "rigor intelectual", que "distingue" aquello que en el ser es conforme a la realidad esencial de su naturaleza (lo que ese ser es en sí mismo), de lo que no son sino sus añadidos superfluos e ilusorios. Así pues, con el cincel de la inteligencia, impulsado por el mazo de la voluntad, el aprendiz va limando y corrigiendo las aristas y asperezas de su piedra bruta, separando lo "espeso de lo sutil", operación alquímica que ha de convertirse en un rito cotidiano, en un ejercicio de cada momento, pues dicha separación constituye la premisa fundamental a cumplir en las primeras etapas del proceso iniciático (Ver Herramientas, Piedra Bruta). F. A. 
 
CAMARA DE REFLEXION. La Masonería, en concordancia con todas las vías iniciáticas, conserva un símbolo que alude directamente a la necesaria separación entre el mundo profano y el sagrado: la Cámara, o Gabinete, de Reflexión. Se trata de un pequeño habitáculo, totalmente pintado de negro, en el que es introducido el aspirante a la iniciación masónica. Allí, en completa soledad y abandonado a sí mismo, deberá despojarse de sus múltiples egos y máscaras (las que conforman la personalidad del hombre viejo), permitiéndole así recuperar la identidad con su auténtico ser (el hombre nuevo). Esto es lo que simboliza precisamente el "despojamiento de los metales" a que se ve sometido el candidato por el Hermano Preparador antes de entrar a la Cámara, tras lo cual podrá acceder al interior de la Logia, en donde deberá superar las "pruebas de los elementos": del aire, del agua y del fuego. De hecho, la estancia en la Cámara (que está fuera de la Logia) representa la primera de esas pruebas, la de la tierra, y más concretamente el interior de ésta, es decir el mundo subterráneo, que es donde simbólicamente se ubica el Gabinete. Estamos, por tanto, ante una prueba que se refiere directamente al "descenso a los infiernos", común a todas las cosmogonías tradicionales, y que de manera tan ejemplar describió Dante en la Divina Comedia. Mediante ese descenso el ser conoce sus estados más densos e inferiores, de los que ha de purificarse para poder ascender posteriormente hacia sus estados sutiles y superiores. A ese descenso-ascenso alude, precisamente, el acróstico alquímico V.I.T.R.I.O.L, que se encuentra inscrito en una de las paredes del Gabinete: Visita el Interior de la Tierra y Rectificando Encontrarás (Invenies) la Piedra Oculta (Ocultum Lapidem). Como a este respecto indica R. Guénon "la 'rectificación' es aquí el 'enderezamiento' que señala, después del 'descenso', el comienzo del movimiento ascensional".  
   
Por todo ello, el Gabinete de Reflexión está emparentado con la simbólica de la caverna o gruta, o con la choza ritual, e incluso con la espesura del bosque, lugares en donde el neófito vive la experiencia directa de su muerte iniciática. En este sentido, en el Gabinete de Reflexión se opera el "regreso al útero o matriz" de la Madre Tierra (Mater Genitrix), pues como dice Mircea Eliade: "el candidato a la iniciación se sitúa antes de su nacimiento biológico, en la noche cósmica, a fin de participar de un segundo nacimiento". O como también afirmaba Paracelso: "Quien quiera entrar en el Reino de los Cielos, debe primeramente entrar con su cuerpo en su Madre y, allí, morir". Se trata todo ello de un simbolismo que se refiere efectivamente a la "muerte iniciática", representada en Alquimia por la nigredo o "el negro más negro que el negro", es decir por un estado de completa oscuridad o concentración, necesaria para la purificación completa de la psiqué, lo que en verdad constituye una catarsis en el sentido propio del término, y que confluirá en el "nacimiento iniciático", o "segundo nacimiento". Ese proceso es lo que en la Masonería se denomina el pasaje de "las tinieblas a la luz", semejante al proceso cosmogónico del "caos al orden".  

La luz de la vela que ilumina débilmente la estancia del Gabinete simboliza precisamente el germen de ese nuevo nacimiento, que está también representado por el gallo figurado en una de las paredes. Ave eminentemente solar, que anuncia el nacimiento del nuevo día en lo más profundo de la noche, el gallo es también un símbolo del dios Hermes, el guía que conduce al iniciado en su camino hacia el Conocimiento. La banderola que aparece encima del gallo con la inscripción "Vigilancia y Perseverancia" aluden directamente a un estado activo de la conciencia y a un estar "despierto" interiormente para recibir la influencia espiritual (intelectual) que al menos virtualmente le será conferida al candidato durante el rito de la iniciación en el interior de la Logia.     

Remitimos a cada uno de los restantes elementos simbólicos que aparecen en el Gabinete de Reflexión, a saber: el Pan y el Agua, los tres principios herméticos: Azufre, Mercurio, y Sal, el Cráneo y el Reloj de Arena. F. A. 
 
 

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