Cazadores Blancos: Writer's Corner

Atracción

por Mayan

Resumen: Yohji sintetiza sus anhelos y sus dudas en un apasionado monólogo. ¿Se atreverá a actuar?

Disclaimer:  Weiß Kreuz © Koyasu Takehito and Project Weiß. Yo sólo uso los personajes para mi diversión personal y sin ningún fin de lucro 

 

Es algo que no puedo evitar.

Quién lo diría... ahora resulta que creo en el destino. Porque esto parecía estar destinado a suceder, y no podía ser diferente, porque todo en mi vida ha sido así: imprevisto y al mismo tiempo inevitable y comprensible, como si las fuerzas del universo conspiraran para que sucediera.

Desde el primer momento en que entró a nuestras vidas, las cambió. No creo que él pensara por un momento que su llegada dejaría una marca indeleble en alguno de nosotros... especialmente en mí. Que desde ese día yo pensaría en él en la forma en que lo hago.

Antes de que llegara, éramos un grupo, Ken, Omi y yo. Yo era el mayor, y ellos siempre consultaban conmigo, aunque yo no era el líder ni me sentía como tal. Él cambió eso a su llegada, convirtiéndose en el líder tácito del grupo, perfecto en todo, al que todos acudían, el que no se emborrachaba ni alardeaba de sus proezas con las chicas... no niego que en ese entonces resentí e incluso lamenté su incorporación al grupo.

Realmente se cree mejor que todos nosotros, el muy bastardo... eso pensé.

Pero pronto comencé a cambiar de idea y me descubrí tratando de analizarlo.

Él es tan diferente de nosotros... eso quedó claro desde el primer día. Tan increíble. Tan etéreo y a la vez tan duro, tan inflexible y frío y a la vez tan hermoso. ¿Podría alguien aplicar esos calificativos a alguno de nosotros? Creo que no. Los dioses me amparen... me estoy poniendo poético.

Sólo somos compañeros. Pero no, es más que eso, somos un equipo. Arriesgamos nuestras vidas en cada misión, y frecuentemente dependemos el uno del otro para conseguir nuestro objetivo y permanecer vivos.

Me preocupo por mis compañeros. Tengo un vínculo con ellos. Pero con él es algo más, es mucho más, algo que me aturde y me confunde. Me siento indefenso ante él, como si todas mis barreras cayeran ante la fuerza de su mirada, y eso es algo que nunca había experimentado.

Oh, sí. Sí lo sentí una vez. Con Asuka...

Eso me aterra. No niego que alguna vez me sentí atraído sexualmente por alguien de mi mismo sexo, pero siempre fue algo superficial, así que nunca actué en ese sentido. Después de todo, soy el playboy del grupo, el hombre de las chicas. Amo a las mujeres.

Pero siento algo por él, algo muy fuerte, más allá del deseo, más allá de la lujuria, más allá de la amistad y más allá de todo.

Pienso que él me desprecia por lo que parezco, por lo que hago, por lo que digo, por mi fachada de playboy marchoso y despreocupado. Me gustaría que no fuera el desprecio lo que hace sus ojos tan fríos al mirarme... me gustaría que fueran los celos.

¿Me gusta sólo porque es tan difícil, tan lejano a pesar de estar a mi alcance físicamente? No, ojalá fuera algo tan simple. Ahora mismo estamos trabajando en la Koneko, en la misma mesa. Él está haciendo un arreglo con docenas de rosas rojas y lirios del valle, y está muy cerca. Si extiendo el brazo podré tocarlo.

Me fascina.

Quisiera dejar correr mis dedos por su maravilloso cabello rojo como la sangre y averiguar si es tan sedoso como parece. Quisiera acariciar su rostro perfecto y su piel de porcelana y decirle lo terriblemente hermoso que es. Quisiera romper el hielo que parece cubrir sus palabras, sus acciones, sus maneras.

Quisiera mostrarle lo que siento y romper esa fachada helada. Lo deseo más de lo que nunca he deseado a nada ni a nadie.

Pero él apenas parece darse cuenta de que existo.

Mírame y no me toques, parece decir en su absoluta belleza, encerrado en sí mismo.

Lo sé porque lo he estudiado a fondo. Es una de las cosas en las que he empleado mi tiempo desde que comencé a darme cuenta de mi fascinación por él.

Hay una atmósfera intoxicante que lo rodea, fría y fiera a la vez, emanando poder de cada poro de su cuerpo, manteniéndolo a distancia de los demás. Su belleza de pelo rojo y ojos violeta como las amatistas es muy atrayente, y no por parecer "femenina" ni nada por el estilo... es cautivadora en su estilo propio, único e inimitable.

Y verlo pelear, verlo matar... la rabia y la pasión coloreando sus mejillas pálidas y relampagueando en sus ojos violetas como un cielo tormentoso... es la visión más bella y erótica que he tenido la fortuna de admirar en mi puta vida.

Estamos solos en este momento. La tienda está cerrada ya, Ken ha salido a su cita de siempre con el fútbol; Omi no está a la vista. Él limpia su mesa de trabajo en la trastienda y yo me limito a observarlo mientras fumo un cigarrillo.

Yo trato de hablarle y él me ignora. Sigue frotando la mesa con un paño, como si quisiera hacer brillar la madera. A lo mejor es eso lo que quiere, porque ya está limpia. Siempre el mismo maldito bastardo obsesivo y perfeccionista.

Siento rabia, siento dolor; no me gusta que me ignoren... pero, sobre todo, no soporto la idea de que él me ignore.

De pronto no puedo pensar en nada más y me encuentro tomándolo por los hombros y haciéndolo girar hasta que mis ojos se topan de frente con los suyos, bellos y fríos. Miro a la estatua de hielo, intocable, inaccesible.

Lo deseo.

Lo quiero.

Quiero que él me desee, que me quiera.

Siento sus hombros debajo de mis manos... frágiles y sin embargo tensos, con una energía latente, como una fiera presta a atacar. Conozco su fuerza, conozco su poder y agilidad, sé lo que ese cuerpo en apariencia demasiado delgado puede hacer. Bueno, no todo lo que puede hacer...

Un rubor traicionero asoma a mis majillas, sé que está ahí porque puedo sentir el calor de la sangre en mi rostro. Y apenas lo estoy tocando... ¿qué sería de mí si me abrazara, si me tocara? Creo que me derretiría.

Siempre sé qué decir y sin embargo en este momento no encuentro las palabras que decir.

Pero no me acobardo. Mis manos tienen voluntad propia y se deslizan por su cuello, subiendo hasta acunar su rostro. Mi mente divaga ante las fuerzas que se agitan en el fondo de esos ojos helados y brillantes como joyas, a los que nunca había mirado tan de cerca.

Oh, estamos tan cerca.

Su piel es tan suave.

Los mechones que rozan mis dedos sí son como la seda.

Oh, se siente tan bien...

Él no se mueve. Debo dar gracias al cielo de que su katana no esté a mano, porque seguramente ya me habría partido en dos con esa hoja tan fría y brillante como él mismo, con el arma que parece casi una extensión de su cuerpo.

Dios me ayude, nunca he sido un masoquista y tampoco un suicida, pero incluso el pensamiento de Aya clavando su katana en mi cuerpo, el frío acero penetrando en mi piel, me excita. Y yo que pensaba que me gustaban cosas extravagantes en el sexo... por lo visto aún no conozco todo el alcance de mi sexualidad.

¿Porqué no se mueve? ¿Porqué no me golpea?

Sólo me mira, y no hay nada en esos ojos, ni siquiera rabia; sólo frío.

No puedo soportarlo, lo deseo demasiado. Me inclino hasta que mi rostro roza el suyo, mejilla contra mejilla.

"Fujimiya", murmuro, mis labios acariciando el suave cabello rojo que roza la pálida piel. Creo detectar un leve estremecimiento de los hombros bajo mis manos.

"Kudou", es su respuesta, en un tono tan bajo y profundo que nunca le había escuchado. Siempre me ha gustado escuchar su voz, en las pocas ocasiones que tengo de hacerlo (es raro cuando suelta más de un monosílabo y extraordinario si articula una frase completa), pero esta vez se desliza como seda oscura en mis oídos y envía una corriente de calor por todo mi cuerpo.

Si no conociera a mi compañero, diría que este es su tono "de cama". Pero, esperen, yo no lo conozco... nadie lo conoce realmente.

Me separo un poco para volver a mirar los ojos violeta. Hay algo allí ahora, centelleando. No puedo decir si es confusión, ira o deseo; no sé lo que es, pero lo estoy mirando y sintiendo. Es fuerte, tan fuerte que me tambaleo hacia él, como atraído por un imán.

Inexorablemente, mis labios se acercan a los suyos.

Voy a besarlo.

¡¡¡¡¡¡¡¡¡SLAM!!!!!!!!

Mi mente registra el portazo, pero no me muevo. Es él quien se mueve, empujándome con tal violencia que termino casi incrustado contra uno de las mesas. El momento se ha ido.

Unos segundos después, Ken irrumpe en la trastienda, exultante por el ejercicio.

Urgh. KenKen. Pequeño amigo. Yo te quiero, todos te queremos, pero tu torpeza y tu sentido del tiempo a veces son demasiado para el cuerpo. Ya podrías haber regresado más tarde, y no justo en el momento en el que Aya y yo...

¿Iba realmente a permitir que lo besara?

Mientras Ken habla sin parar de lo que hizo esta tarde, lo miro de reojo. Su expresión es de nuevo la misma de siempre: calmada, serena y fría, y su atención parece estar enfocada en el relato del hiperkinético Ken, que ha golpeado contra todas las mesas al entrar.

Pero yo he visto brillar esos ojos con algo que no era ira, ni temor, ni rabia.

Había pasión en esas profundidades violeta.

La atracción es mutua, estoy convencido de eso. Y Yohji Kudou no se rendirá jamás.

Ran Fujimiya será mío.

 

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