ANTONIO MAIRA Y J. A. BARROSO TOLEDO (Cádiz Rebelde)
EL ABRAZO DE BOLÍVAR Y MARTÍ
El texto que sigue corresponde a una ponencia presentada el día 27 de enero de 2003 en La Habana, en el marco del Encuentro conmemorativo del 150º natalicio de José Martí.
Hace algunos años, en diciembre de 1991, se celebraron en Cádiz (España) unas jornadas denominadas: "Seminario Hispanoamericano sobre José Martí. 120 aniversario: 1871-1991" (1). En aquel encuentro un nutrido grupo de historiadores, de expertos martianos, nos hablaron y debatieron sobre su figura histórica.
En general había allí dos frentes bien definidos que se fueron reforzando en el transcurso de todas aquellas ponencias y debates. Por un lado los historiadores cubanos que hablaban del Martí independentista, patriota combatiente de Cuba y de América Latina, antiimperialista. De aquel Martí que consideraba a Cuba frontera y también trinchera ante los intentos de dominio continental de los Estados Unidos. Por otro lado el bloque mayoritario de los historiadores españoles –había más de uno en franca camaradería historiográfica con los cubanos– que defendían a un extraño Martí "liberal" –en sentido contemporáneo–, "democrático" –también en el sentido contemporáneo que le da el "pensamiento único"–, universalista pero sólo como portador de ese bagaje liberal-oligárquico tan poco martiano, poco menos que precursor del neoliberalismo y de la globalización capitalista. Un Martí perfectamente momificado y empaquetado para exponer en el gran museo del Fin de la Historia.
La batalla fue cortés pero feroz, continua, de guante blanco pero de mordisco profundo. Tal vez la recuerde todavía Roberto Fernández Retamar que clausuró aquellas Jornadas en el Salón de plenos del Ayuntamiento de Cádiz, con un discurso memorable.
Dos concepciones del mundo
Aquel debate era, desde luego, mucho más que la anécdota de unas jornadas en una histórica ciudad andaluza. Reflejaba de manera precisa y radical, con gran exactitud, el enfrentamiento entre dos concepciones del mundo, entre dos maneras de ver y buscar el futuro.
En aquellos momentos Cuba estaba en período especial. Bloqueada y amenazada, sola o casi sola entre los gobiernos de América Latina. Era la época del desarrollo de la política y la economia, de lo que más tarde se llamaría "Consenso de Washington", en los regímenes de democracia representativa con fabricación de la opinión pública y mercadeo electoral, y de economía ultraliberal.
En España hacía ya mucho tiempo que el PSOE en el gobierno había dejado atrás cualquier propósito de reforma y había abrazado con entusiasmo europeísta y atlantista la teoría del modelo único, universal, de economía y de sistema político. La integración plena en la OTAN y la celebración de un V Centenario de ideología imperialista fueron los hitos –de alineamiento exterior con los EEUU el primero, y de definición primermundista el segundo– más conocidos de aquel proceso.
Aquella parte de los historiadores españoles asumía la ideología oficial de que el mundo estaba en el punto de llegada histórico, y parecía profundamente convencida de que el Martí de los cubanos, el Martí latinoamericano, el de la soberanía de los pueblos y la defensa continental, el antiimperialista, era un Martí derrotado y, sobre todo, desdeñable. Algunos años más –pensaban–, y Martí ocuparía incluso en Cuba un lugar notable desde luego pero limitado entre los poetas insignes de América. Seguramente, ninguno de estos historiadores que parcelaban a Martí entre lo fútil y lo duradero, el Martí revolucionario y el Martí poeta, prestó demasiada atención al hecho de que los cubanos nombraban, insistentemente, a otro personaje histórico.
Doce años después de aquellas Jornadas memorables las cosas han cambiado mucho en el mundo y en América Latina.
En primer lugar, el poder que pretende el dominio indiscutido y pleno del mundo –los Estados Unidos– se ha estructurado de manera nada encubierta, poco menos que ostentosa, como un imperio con unas características de violencia y brutalidad casi inconcebibles. En segundo lugar, se ha hecho evidente el enorme fracaso del sistema neoliberal y del modelo político impulsado por occidente en América Latina. La deuda externa, los procesos de descapitalización y de liquidación de las industrias locales, la pérdida de la suficiencia alimentaria, el paro, el hambre y el desarraigo son las manifestaciones de este fracaso. En tercer lugar, el cambio dramático en la situación económica y su conexión con el gobierno de las élites políticas tradicionales ha provocado el estallido de una verdadera revuelta continental que rechaza, simultáneamente, el proyecto económico del Imperio, el ALCA –que convertiría a toda América en un mercado para las multinacionales–, y el gobierno de los partidos del consenso de Washington que han sido cómplices de las oligarquías locales, el capital financiero y las empresas multinacionales en el expolio de América Latina.
Finalmente, aquel personaje que los cubanos consideraban precursor e inspirador directo de Martí, y que los historiadores "sistematizados" consideraban como una reliquia histórica, grande tal vez pero incrustado en su época, incapaz de proyectar nada en un mundo que se había quedado sin historia, está inspirando todo un movimiento continental de resistencia y de unidad. El personaje es Simón Bolivar y el movimiento del que hablamos es el bolivariano que tiene su concreción más definida en Venezuela.
Doce años más tarde, aquí, en La Habana de Martí, en la América de Bolivar, analizando todos esos cambios, vamos a reanimar aquel debate.
El Imperio. La destrucción del derecho internacional
En primer lugar el Imperio, es decir, los EEUU como estado que consolida, garantiza y amplía, por la fuerza si lo considera conveniente, un mercado universal con las fronteras abiertas para las multinacionales. Dicho mercado exige la privatización de las empresas y servicios públicos, y la desregulación total de la economía, desde el mercado laboral hasta los sistemas de seguridad y garantía sociales, la salud y toda la estructura educativa.
El poder del Imperio exige paralelamente la liquidación del orden preexistente –tratados e instituciones supranacionales, acuerdos multilaterales, regionales y bilaterales– y su sustitución por la voluntad de los Estados Unidos.
Mucho antes de 11 de Septiembre el proceso se había puesto en marcha.
La OTAN, reunida en Washington en plena campaña de bombardeos aéreos masivos contra Yugoslavia, en abril de 1999, se autodefine como "comunidad internacional" y afirma su derecho a intervenir en cualquier lugar del mundo, sin autorización del Consejo de Seguridad. Las operaciones militares se justificarán cuando los países a los que atacará la OTAN hayan realizado, a juicio de los EEUU, delitos internacionales definidos también por los Estados Unidos: fundamentalmente fabricación de armas de destrucción masiva y terrorismo.
Dos años más tarde, en el verano de 2001, el Senado norteamericano estaba a punto de aprobar la llamada "Ley de invasión de La Haya" –su nombre oficial es "Acta de Protección de Miembros de Servicios Estadounidenses"– para afirmar la no aceptación de la jurisdicción del Tribunal Penal Internacional; dicha negativa se confirmaría unos meses más tarde. Ese nombre pintoresco que sugería la violación por el Tribunal de la soberanía de los EEUU podría haber sido, con más propiedad: "Ley de fomento del genocidio, los crímenes de guerra y los crímenes contra la Humanidad cuando tales hechos son cometidos por las autoridades de los EEUU".
También antes del 11 de Septiembre los EEUU habían puesto en marcha el Sistema Nacional de Defensa Antimisiles que conduciría a la liquidación del acuerdo ABM. Tal sistema era en realidad una inversión para garantizar –además de gigantescos beneficios durante muchos años a la industria de armamentos– la superioridad militar frente a cualquier país o grupo de países del mundo. Tal superioridad militar absoluta quedaría recogida, como objetivo y como principio a respetar en el nuevo orden imperial, por el documento "La Nueva Estrategia de Seguridad Nacional" aprobado por Bush el 20 de septiembre del pasado año.
La ofensiva sistemática contra los tratados internacionales se había completado con la negativa a firmar el protocolo del Tratado de Prohibición de Armas Químicas y Biológicas (2), y el de Kyoto sobre la limitación de la emisión de gases de efecto invernadero. Además, y otra vez en el terreno del desarrollo y fabricación de armas de destrucción masiva, los EEUU anunciaron el final de la moratoria que los vinculaba al Tratado de Prohibición de Pruebas Nucleares. Simultáneamente minaron las bases reconocidas del Tratado de No Proliferación Nuclear cuando decidieron llevar a cabo un proyecto de fabricación de pequeñas armas nucleares para emplearlas contra países no nucleares.
El proceso de marginación de la ONU, o de su conversión en una institución al servicio de la política imperial de Washington, se ha desarrollado hasta extremos escandalosos en todo el proceso de aprobación de la Resolución 1441 que abre la puerta al ataque a Irak. La crisis ha sido una absoluta fabricación de los EEUU que han empleado todo un sistema de chantajes y coacciones para imponer su voluntad al Consejo de Seguridad. El presidente Bush ha expresado reiteradamente que la ONU sólo cumple con su cometido si sus resoluciones se ajustan a los deseos de los EEUU, y que este país está dispuesto a hacer la guerra por su cuenta si las resoluciones no le resultan favorables.
Brutalidad y ostentación de poder
El proceso de fabricación del conflicto con Irak –cuyos motivos reales son el dominio de unas enormes reservas de petróleo y el establecimiento de principios universales de sujeción al Imperio– ha puesto de manifiesto la voluntad de poder de los EEUU. Para analizar el tipo de poder con el que nos encontramos hay que prestar atención a sus brutales mecanismos de disciplina internacional, a la guerra, a la disponibilidad para su utilización, a sus métodos y a sus límites.
La guerras del Imperio se pueden calificar de "Guerras de Destrucción Masiva Unilateral" (3). Además pueden ser guerras preventivas, lanzadas sin previo aviso, en cualquier momento.
Las operaciones militares, más que guerras, son operaciones de destrucción masiva y matanzas reguladas. La guerra no tiene límites. En Irak, después de haber producido más de un millón de muertos civiles en los últimos diez años, como consecuencia de la enorme destrucción de infraestructuras –especialmente los sistemas de saneamiento y conducción de agua– del embargo y de las consecuencias de la utilización masiva de uranio empobrecido durante la guerra del Golfo, los portavoces del gobierno y del Pentágono hablan en estos días del próximo inicio de una "guerra devastadora".
La guerra antiterrorista ha sido definida además por el gobierno de los EEUU como guerra interminable e indefinida. Los enemigos de la comunidad internacional son señalados por los EEUU.
Guerra de Destrucción Masiva Unilateral, matanza regulada, guerra preventiva, guerra interminable, guerra contra los terroristas señalados por los EEUU. Tales son las características de las nuevas guerras del Imperio.
Cuando los EEUU pueden desarrollar esa guerra fácil, sin bajas propias –la Guerra de Destrucción Masiva Unilateral–, la intervención militar se convierte en inevitable para sus enemigos. "El propósito de Bush –señalaban hace unos meses fuentes de la propia administración norteamericana, mientras su presidente disertaba sobre la negativa de Irak a aceptar las inspecciones– es crear un escenario de enfrentamiento". Lo dicen sin rodeos los portavoces del Pentágono y del gobierno: ‘Todos los resultados del proceso deben desembocar en el uso de la fuerza" (4).
El documento "La Nueva Estrategia de Seguridad Nacional" ha definido, con la ostentación de poder de la que hacen gala los Estados Unidos, cuáles son las condiciones de convivencia internacional que define el Imperio:
-Todos los países pueden ser catalogados como "rogue states" y considerados una amenaza por los Estados Unidos.
-Todos los países pueden ser situados en esa peligrosa categoría si los EEUU consideran que el país en cuestión "viola sin reparos los tratados internacionales", "está decidido a obtener armas de destrucción masiva" o "no respeta el derecho internacional". Entonces su habitantes tendrán que echarse a temblar pues en cualquier momento pueden ser objeto de un ataque preventivo demoledor.
-Los EEUU pueden puede proclamar que un país es "un enemigo de la libertad" o que viola las "demandas no negociables de la dignidad humana" si no "respeta la propiedad privada", una de esas demandas no negociables.
-Los EEUU establecen también un principio de desconfianza contra la pobreza: "la pobreza no hace que los pobres se conviertan en terroristas y asesinos. Pero la pobreza, las instituciones débiles y la corrupción pueden hacer que los estados débiles sean vulnerables a las redes de terroristas y a los cárteles narcotraficantes dentro de sus fronteras."
-En la exigencia de vasallaje no hay ambigüedad alguna. Los EEUU declaran que el único modelo de éxito nacional es el suyo y también que no dudarán en usar la fuerza para "mantener un equilibrio que favorezca la libertad". De modo que todos los ensayos sociales que cuestionen el modelo de fronteras abiertas, tal como lo imponen los EEUU, están prohibidos bajo pena de desatar las iras del imperio. La verdadera libertad –esa gran obsesión de los EEUU–, repite una y otra vez el documento, es el "mercado libre" y el "comercio libre". A este último lo definen como "principio moral".
-Los EEUU se declaran dispuestos a asumir la responsabilidad de encabezar la gran misión de hacer que "la libertad triunfe sobre todos sus enemigos", de "mirar al exterior buscando las posibilidades de expandir la libertad". A eso le llaman "internacionalismo típicamente norteamericano".
-El único camino hacia la paz –afirman– es el de la acción y ésta no se detiene ante ninguna consideración. Basta que los EEUU consideren que un país supone una amenaza para su seguridad o sus intereses, para que estén dispuestos a efectuar ataques preventivos.
-El poderío militar norteamericano tiene una función esencial, de modo que los EEUU lo mantendrán "por encima de cualquier reto" para disuadir de cualquier competencia militar. En el primer borrador hecho público del documento sobre la "Nueva Estrategia de Seguridad" amenazaban con un ataque militar a cualquiera –amigo o enemigo– que osara disputar la superioridad armada a los norteamericanos.
-El documento anuncia el empleo ilimitado de la violencia, sin detenerse ante el genocidio, los crímenes contra la Humanidad o los crímenes de guerra. No otra cosa quiere decir el párrafo siguiente: "Emprenderemos las acciones necesarias para asegurar que nuestros esfuerzos para cumplir con nuestros compromisos de seguridad mundiales y proteger a los norteamericanos no se vean perjudicados por el potencial de investigaciones, pesquisas o enjuiciamiento por parte del Tribunal Penal Internacional (TPI).
Crisis y revuelta en América Latina
En América Latina, la ofensiva neoliberal en el continente ha definido, a lo largo de varias décadas, un escenario de conflicto social agudo que puede derivar en una revuelta generalizada y también en una auténtica guerra contra los pobres.
La vieja doctrina contrainsurgente de la "seguridad hemisférica", traducida al lenguaje local como "seguridad nacional" en las décadas infames, reproducida más tarde en la zona andina y en Centroamérica bajo la forma de "lucha contra el narcotráfico", puede renacer por la importación y regionalización del burdo esquema "antiterrorista" de la gran guerra desatada por los EEUU. Esa sería la base ideológica para restablecer antiguas alianzas represivas.
Desde hace más de una década el modelo económico capitalista neoliberal está acentuando la pobreza de los países del Tercer Mundo. El panorama, visto desde ese lado, es desolador: deudas externas crecientes y absolutamente impagables que "condicionan" programas de ajuste cada vez más duros y más crueles con los sectores empobrecidos, y cada vez más insuficientes. La deuda no ha sido la consecuencia imprevista de una errónea o calamitosa gestión económica. La deuda ha funcionado, con precisión, como un terrible e insaciable mecanismo diseñado para efectuar una enorme trasferencia de renta hacia las grandes entidades financieras de los países ricos. En sus pesebres se cebaban también las oligarquías locales. No hay nada de azaroso ni de sorprendente en los procesos de quiebra económica de los estados y de desamparo total de las grandes masas de población relegadas a la miseria. Eran los desperdicios de la especulación de los capitales en el mercado globalizado. El proceso de crecimiento espectacular de la desigualdad y de concentración de la riqueza nos enseña la otra cara de un modelo económico en el que pequeñas minorías han obtenido enormes beneficios. Hay vencidos y vencedores en esas enormes tragedias humanas, como la que ha estallado en Argentina.
En los últimos años, al ritmo y en los escenarios que señalaban las grandes crisis regionales, han ido apareciendo procesos de protesta, explosiones de rebeldía contra ese terrorismo de instrumentos legales que ha sido la demolición de las economías locales, la liquidación de los gastos sociales, la privatización y el expolio de las empresas públicas y de los bienes nacionales, la liberalización de los mercados, y la desaparición de los derechos sociales. Las víctimas de ese implacable terrorismo económico son innumerables.
La bandera bifronte de "democracia y libertad", que simbolizaba la integración de América Latina en el mercado globalizado, se deslustraba en "mercodemocracia" y "mercado de multinacionales", cuando empezaba a flamear sobre unas multitudes marginadas. La corrupción aparecía como el principal dinamizador de una economía en la que el desfalco del sector público y la rentabilización de los privilegios se convertía en la principal fuente de beneficios.
La apertura de los mercados y la liberalización de la economía suponía la entrega de todas las seguridades económicas por la inmensa mayoría de la población. La proclamada democratización del continente, levantada sobre el terror y la aniquilación de los años de hierro, escondía un modelo de control social –despolitización, control de los aparatos sindicales, cooptación de los líderes de los partidos, guerra contra los marginados– capaz de enmascarar el expolio y de legitimar a sus agentes.
La ira sorda de las poblaciones ha estallado en enormes protestas sociales. Algunas, como la de Venezuela, se adelantaron a la crisis generalizada del modelo en América Latina, porque éste no se beneficiaba en ese país del plus de confianza derivado de la identificación de las "democracias liberales" con las esperanzas abiertas por la caída de las dictaduras. El proceso de vaciado democrático y corrupción económica venía en Venezuela desde mucho más atrás.
En otros países, como Perú o México, la crisis del modelo neoliberal se canalizó hacia una crisis política y abrió una tregua con la protesta social. En el Perú a través de la caída de Fujimori y la llegada de Alejandro Toledo, la esperanza mestiza fabricada con participación intensa de los EEUU. En México, con la derrota del PRI en las elecciones presidenciales transformada también en un "cambio histórico" por los medios de comunicación de todo el mundo.
En Bolivia las protestas masivas, con un enorme componente indígena, se desenvuelven en un escenario sometido a un control mucho más riguroso del ejército local y del propio ejército de los EEUU.
En Colombia, un largo proceso de lucha guerrillera había conducido a una situación de equilibrio militar estratégico y a un proceso de negociaciones. Las posibilidades de un compromiso político real fueron obstaculizadas por la oligarquía colombiana, por las Fuerzas Armadas y por el Plan Colombia progresivamente convertido en un Plan Andino contrainsurgente.
En Brasil la larga marcha de Lula abre expectativas nuevas en un país con enorme capacidad económica y humana, pero atravesado por unas enormes diferencias sociales y lastrado con una pobreza que alcanza a enormes proporciones de población.
También en Ecuador se abren esperanzas nuevas con el triunfo de Lucio Gutiérrez, con una alianza de organizaciones indígenas, movimientos populares y militares bolivarianos (5).
La revolución bolivariana
No podemos terminar este trabajo sin decir unas palabras sobre la revolución bolivariana de Venezuela; el levantamiento popular en las jornadas del 12 y 13 de abril que restableció la constitución, las instituciones de la república y la autoridad democrática del presidente Chávez; y la larga resistencia de los sectores y organizaciones populares ante el continuado intento de golpe de estos meses de diciembre y enero.
En el mes de febrero del año pasado los EEUU daban públicamente luz verde al golpe en Venezuela. Powell expresaba su desasosiego por la existencia de "elementos irritantes" en la política de Chávez. Sus relaciones fraternales con Cuba y la convergencia en asuntos claves como la defensa de la autonomía política, y de la necesidad de la protección de la economía y de la suficiencia alimenticia de América Latina, es uno de ellos. Pero también sus viajes a Libia e Irak en la ofensiva diplomática para reactivar la OPEP; la política petrolera de Venezuela en esa organización que consiguió acuerdos para la reducción de la producción y la subida de precios del petróleo; el suministro de petróleo a precios preferenciales a algunos países del Caribe, incluyendo Cuba. Por si fuera poco todo esto, la intolerable insumisión en política exterior que manifiesta Chávez y que rompe la postura servil de casi todos los gobiernos del mundo, europeos y latinoamericanos. El dirigente de la revolución bolivariana cruzó la raya con la crítica a los bombardeos masivos sobre Afganistán, nada menos que cuando Bush lanzaba a todo el mundo la tremenda consigna de "o están con nosotros o están contra nosotros".
También irritó a Washington, y no poco, la aprobación de las nuevas leyes económicas sobre la tierra, las aguas y los hidrocarburos, entre otras, que abren un panorama, todavía insólito, de intervención pública y regulación económica en América Latina. Además Chávez se ha atrevido a criticar a fondo el ALCA, elemento central de la política económica de los EEUU:
"Una Zona de Libre Comercio en las Américas en el 2005, es suicida para nosotros. Eso es prácticamente imposible, háblenme del 2010, pudiéramos pensarlo; 2015 me gusta más...."
"... Porque es que nos tratan de imponer criterios. Una integración real, sólida no puede ser alimentada por los criterios del neoliberalismo... tiene que ser vista con respeto, ya lo dije, a las particularidades, las vulnerabilidades de cada región, de cada economía. Si EEUU entrega la astronómica cifra de mil millones de dólares por día de subsidio a su producción, cómo nos van a pedir a nosotros que abramos nuestras compuertas, vamos a morirnos. El desempleo aquí llegará al 90%. Van a quebrar todas nuestras pequeñas y medianas empresas y agricultores, así no se puede competir. Entonces en esas condiciones, esa tesis del Libre Comercio absoluto es imposible de aceptar."
El FMI respalda el golpe en Venezuela
Por si las expresiones de disgusto del Secretario de Estado no fuesen suficientes, el propio Fondo Monetario Internacional expresó por las mismas fechas su complacencia ante la posibilidad de un golpe en Venezuela y su disponibilidad para "respaldar a un eventual próximo gobierno de transición" en el país latinoamericano.
Los EEUU, en cuyo nombre ha hablado el FMI, consideran que el riesgo global en el continente ha crecido tan aprisa que es necesario restaurar un régimen fiable en Venezuela, volver a aquél modelo corrupto –y ruinoso para el país– del bipartidismo compartido entre AD y el COPEI, y a la política neoliberal. Retornar en Venezuela a los negocios redondos de las multinacionales y los grandes fondos financieros, y de la desalmada oligarquía local. Volver al sistema del descalabro histórico, el mismo que también ha fracasado en Argentina.
No podemos olvidar que hay una razón fundamental para la intervención de los EEUU, relacionada con la estrategia de control de las reservas petroleras del planeta. PDVSA, la enorme empresa estatal, debe ser completamente privatizada.
En Venezuela hay además una bronca de ricos. Cuarenta y nueve decretos eran demasiado para los devotos de las manos libres y los bolsillos llenos. La ira empresarial venía en parte de los contenidos pero sobre todo de la impertinencia. La economía es coto vedado para el estado.
Una de las normas más denunciadas por la oligarquía venezolana fue la Ley de Tierras y Desarrollo Agrario. Claro que el texto establece algunas medidas para garantizar el cultivo de tierras fértiles baldías en una Venezuela que tiene que importar gran parte de sus alimentos. Decreta, en un país donde el 1% de los propietarios agrarios tiene el 60% de las tierras, que los latifundios no cultivados de más de 5.000 hectáreas pueden ser expropiados y repartidos entre campesinos sin tierra. Para colmo de "intervencionismo antidemocrático", la ley considera al latifundio improductivo "contrario a la justicia, al interés general y a la paz social", en lugar de una clara expresión de la libertad de empresa. Pero hay más: la ley de Tierras permite que cualquier ciudadano pueda denunciar la existencia de tierras ociosas, promociona la distribución de las fincas expropiadas entre campesinos sin tierras, incita a actividades agrarias y de comercialización mediante cooperativas u organizaciones colectivas, reconoce el derecho a la adjudicación de tierras a toda persona apta para el trabajo agrario y privilegia a las mujeres campesinas que sean cabezas de familia. Para hacer posible todo ese "abuso" del reparto de tierras, la ley compromete al estado venezolano a organizar un crédito agrario eficiente.
En fin, en un contra-Dios, intolerable para la aristocracia terrateniente, el proyecto bolivariano de Chávez hace posible que las comunidades indígenas recuperen el control de sus tierras, sus aguas y su subsuelos.
Los 48 decretos restantes insisten en el desprecio a los dogmas neoliberales.
La ley de Hidrocarburos atenta contra la servidumbre universal. Con un desprecio pleno a la libertad de saqueo, aumenta la tributación de las empresas extranjeras en el sector, desde un 16 hasta un 30%, y reserva al estado un mínimo del 51% de las acciones de las empresas mixtas.
La ley de Costas transforma en propiedad del estado una franja de las costas marítimas y de las riberas fluviales y lacustres. Su necesidad quedó demostrada con las tremendas inundaciones de diciembre de 1999, catastróficas por la irracional utilización de los lechos de inundación y los conos de deyección de ríos y quebradas para el asentamiento de la población. Además de asegurar la ordenación territorial de las zonas costeras frente a la especulación, la ley amplía la zona reservada para la pesca artesanal de tres a seis millas, desplazando hacia fuera a los grandes pesqueros industriales que sin pagar impuestos explotan la riqueza nacional al trasladar las capturas a los mercados exteriores.
El resto de las acciones legislativas merecen también para la oligarquía venezolana un paro empresarial, un boicot-sabotaje petrolero, el acaparamiento criminal de alimentos o una contundente intervención de la derecha militar. Entre otras medidas menores, crean un Fondo Único Social con funciones de intervención tan poco neoliberales como la mejora de la dieta infantil o la promoción de cooperativas, ejercen controles sobre pensiones y sobre el uso de subvenciones públicas por empresas privadas, insisten en que la banca privada asuma sus propias deudas y no las traslade al estado como ocurrió en México en 1998, corrigen la regresividad del sistema fiscal, afirman la propiedad pública de las reservas de gas natural y facultan al gobierno para fijar las tarifas eléctricas. Además, en contra de las directrices e intenciones de la Organización Mundial de Comercio, priorizan la enseñanza pública en un país de mayoría pobre, y sostienen el carácter también público de la Seguridad Social y los fondos de pensiones.
Todos los decretos rompen dogmas neoliberales y nos señalan cuál es el sentido de la "revolución bolivariana". La tiranía de Chávez es contra el neoliberalismo.
Resiste Chávez
Resiste Chávez a pesar del intento frustrado de golpe fascista en abril y del frenético empujón de la oposición golpista durante los meses de diciembre y enero.
Lo cierto es que después de dos meses de lock out patronal, boicot y sabotaje petrolero, resiste Chávez contradiciendo las apariencias inmediatas, las profecías y la primera euforia de los medios, y también las pesimistas previsiones de muchos de sus simpatizantes y amigos en el interior y exterior de Venezuela. Resiste a pesar de que todos los factores interiores de poder, que podía utilizar la coordinadora golpista dirigida por la oligarquía venezolana, han sido ferozmente agitados y demandados para el golpe. Resiste porque alguno de esos factores, como las fuerzas armadas, habían sido colocados en lugar cambiado en el libreto insurreccional y mediático del golpe; también y sobre todo porque los elementos y la fuerza de la resistencia bolivariana habían sido ignorados o devaluados.
Autismo y "reality show"
La burguesía venezolana, movilizada hasta la histeria con un discurso fascista y racista, engañada por unos medios convertidos en el estado mayor de un golpe de "reality show", sólo se ha visto a sí misma en las caceroladas de los barrios residenciales, las concentraciones de la plaza de Altamira, y en las marchas encuadradas y jaleadas en las pantallas de televisión y en los titulares y columnas de los periódicos.
La insurrección, cuya cualidad "democrática" –proclamada por sus dirigentes– había hecho increíble el fugaz pero demoledor gobierno dictatorial de Carmona (arrasó con todo de un único decretazo) y también la acentuada dinámica fascista en la movilización de las clases medias, se tornó además imposible por la intensa movilización de los sectores populares.
Algunos factores del golpe
Para entender los sucesos y el proceso golpista que exploró todas las vías posibles en los dos últimos meses, hay que analizar algunos elementos de la dinámica del golpe y de la resistencia de las clases populares.
En primer lugar –como pieza fundamental en el propio despliegue insurreccional–, la legalización y legitimación del golpe. El Tribunal Supremo de Venezuela, al considerar que los militares golpistas de abril no habían cometido delito alguno, y negar el propio hecho de la existencia de un golpe de estado, colocó en el lado de la ley cualquier acto insurreccional contra las autoridades, instituciones y representaciones democráticas, y contra la constitución bolivariana. Por esa misma sentencia, los medios de comunicación implicados en el golpe de abril obtuvieron carta blanca para desarrollar una campaña de legitimación del derrocamiento violento del presidente Chávez y de la liquidación de las instituciones de la V República.
En segundo lugar, el papel de la componente bolivariana de las fuerzas armadas de Venezuela. Éste ha sido un factor sorpresa de primer orden. Es indudable que la junta fascista de abril, rebautizada como Convergencia Democrática, confiaba en desequilibrar en su favor a la institución militar. De ahí el enorme despliegue, llamando a la solidaridad con los militares golpistas y directamente a la sublevación militar, realizado durante meses y a voz en grito en la plaza de Altamira, escenario-estudio de los "cuatro jinetes del apocalipsis": las televisiones privadas venezolanas. Sin embargo, no sólo no ha sido así sino que, en un proceso en el que el "todo vale" judicial dictado por el Tribunal Supremo era el punto de partida para facilitar pronunciamientos amenazadores de potenciales insurrectos, los contundentes apoyos al gobierno legítimo y a la constitución por parte de los altos mandos militares y de algunos jefes de unidades altamente comprometidos en la derrota del golpe en el mes de abril, resonaron fuertemente en el silencio de una institución que no parecía deliberar contra Chávez.
En tercer lugar, el propio golpe petrolero. La superempresa Petróleos de Venezuela –PDVSA– tiene una importancia estratégica determinante en un proceso de golpe de estado. De hecho, el golpe puede cumplirse, sin muchos más requisitos, con la paralización de las actividades de la industria petrolera, y el boicot o el sabotaje interno de sus operaciones. En Venezuela el golpe podía haber triunfado, incluso con unas fuerzas armadas inactivas pero neutralizadas, con la prolongación de un boicot y de un sabotaje petrolero.
En cuarto lugar, habrá que analizar a fondo la capacidad de movilización popular y los recursos democráticos puestos en marcha por la revolución bolivariana. Su expresión más visible ha sido hasta ahora la continua llamada al pueblo venezolano, como poder supremo constituyente, que para la defensa de la revolución bolivariana ha efectuado varias veces el presidente Chávez en los momentos de máxima presión golpista.
La claridad de los alineamientos de clase en el conflicto anuló en gran parte la posibilidad de agitación general de los medios de comunicación, sin duda el elemento más activo del larguísimo proceso para el golpe de estado. Uno de los enfrentamientos más interesantes en estos últimos meses es el que se ha dado entre la potencialidad de "creación de realidad", y de agitación y movilización, de los medios de comunicación privados –la inmensa mayoría y también los mejor equipados en Venezuela– y la capacidad de resistencia, de denuncia y de réplica informativa de los sectores populares.
Mención aparte merecen algunos factores exteriores. En primer lugar el conjunto de los medios de comunicación generales –Falsimedia (6)– que ha servido para reconvertir en "proceso democrático" el actuar conspirativo e insurreccional de los mismos actores del golpe fascista de abril.
Otros factores exteriores, más visibles en abril, como el gobierno de los EEUU, han permanecido más o menos latentes en estos dos meses. Se han limitado a dirigir entre bastidores el proceso insurreccional –los líderes sindicales de los trabajadores petroleros hicieron una visita hace unas semanas al embajador Shapiro– y a aconsejar públicamente la "salida democrática" más conveniente: realización inmediata de un referéndum para echar a Chávez o unas elecciones anticipadas, ambas recursos claramente anticonstitucionales.
Las vinculaciones exteriores del factor petrolero es otro de los elementos principales en el intento de golpe en Venezuela. La privatización de PDVSA está en la agenda golpista inmediata diseñada por la oligarquía venezolana, como se puso de manifiesto en abril. A favor de tal privatización juegan a fondo grandes inversionistas y fondos financieros, además de las compañías petroleras. La privatización es también un factor estratégico de primer orden para los EEUU que no sólo se garantizarían el control absoluto de una reserva importante de petróleo sino que desbaratarían todos los intentos de independencia de la OPEP que han sido fuertemente potenciados por el presidente Chávez.
Bolívar en las fuerzas armadas de Venezuela
En Venezuela el golpe de estado se ha ido componiendo lentamente como un puzzle en el que sin embargo no han encajado algunas piezas fundamentales. De hecho, el golpe se ha consumado hace ya meses en algunos sectores del aparato del estado, nada menos que en el poder judicial encabezado por el propio Tribunal Supremo, en el Consejo Nacional Electoral, y también en una parte de las policías estatales y municipales. La constitución bolivariana ha sido en gran parte paralizada por estos golpes parciales. La división de poderes y la "independencia judicial" han funcionado como garantía de la impunidad golpista.
El golpe ha ganado y consolidado, también hace semanas, un territorio: el de la plaza "liberada" de Altamira, en Caracas, la propia capital de la república. Con ello, el proceso insurreccional ha podido escenificar y alardear de una rebeldía permanente que ha sido programada para estimular el alineamiento golpista de las fuerzas armadas. La "alternativa democrática" que ofreció Carmona en abril se gesticula y vocifera allí, en la "plaza-estudio televisivo" de Altamira, con un lenguaje racista, militarista y reaccionario, casi inconcebible.
Sin embargo, la pieza fundamental de este puzzle que ha ido componiendo el proceso insurreccional, las FFAA, se ha resistido a encajar en el lugar que se le había asignado, se ha convertido en el vacío fundamental en toda la estrategia del golpe.
El golpe no ha conseguido incorporar a las fuerzas armadas, pese a la permanente incitación que se ha hecho desde los medios de comunicación. Con este objetivo fundamental, los mass media venezolanos y extranjeros –la Falsimedia internacional– han inventado primero, y construido meticulosamente después, el escenario caótico que tenía que servir de coartada para la salida de los cuarteles.
Tenemos muy poca información sobre el proceso interno en las Fuerzas Armadas venezolanas durante los últimos meses. Por eso ha sorprendido la fidelidad de una parte importante de esas fuerzas armadas al presidente y a la constitución bolivariana. Para entender la situación habría que analizar el discurso de unidad continental, antiimperialista y popular que ha calado profundamente en algunos sectores militares. También habría que estudiar los mecanismos de identificación popular que han producido, en un ejército plurirracial y de ascendencia social muy desigual, las proclamas, francamente racistas y clasistas, de los líderes y las organizaciones golpistas.
Aunque la información es escasa, algunos de los hechos en los que se ha manifestado la presencia y sobre todo la ausencia de las fuerzas armadas en el enfrentamiento político de Venezuela, han sido muy significativos. El silencio, por ejemplo, de todos los mandos militares –con excepción de las declaraciones muy contundentes de apoyo al presidente Chávez y de denuncia de las actitudes insurreccionales vinculadas al boicot petrolero y alimentario, de los generales García Montoya, García Carneiro y Raúl Baduel– ha sido muy significativo de que la relación de fuerzas interna favorecía a los bolivarianos. Hay que tener en cuenta que ese silencio se produce en un escenario de "coste cero" para las actitudes golpistas que además estaban siendo estimuladas en los medios de comunicación. La creación de un comando unificado gobierno-fuerzas armadas para contrarrestar el boicot en PDVSA y en la distribución de alimentos también apunta en la misma dirección.
Chávez y el poder popular
Se ha criticado mucho la inactividad de Chávez durante el proceso inmediatamente posterior al golpe de abril. Aparentemente Chávez cometió el enorme error de creer que su respeto a las normas formales del "estado de derecho" podía restablecer el orden constitucional, facilitar el castigo de los golpistas y bloquear el apoyo exterior al proceso insurreccional. Olvidó que la apuesta era demasiado fuerte como para que no resquebrajase la fidelidad constitucional de los otros poderes del estado. El objetivo estratégico del golpe está fijado por los EEUU: es el cambio de la propiedad y el control de PDVSA y, en consecuencia, la liquidación de la ley de hidrocarburos y la abolición de la constitución bolivariana que prohíbe expresamente la privatización de la petrolera estatal.
Sin embargo, la aparente inmovilidad de Chávez tiene aspectos que favorecen interpretaciones diferentes. De hecho, durante todo el proceso de agitación y movilización golpista, de insurrección mediática y de sabotaje patronal y petrolero, el presidente de Venezuela ha recurrido constantemente al poder popular, al pueblo que ejerce su máximo poder constituyente por encima de los demás poderes, animándole y reclamando de él la defensa de su constitución y su revolución bolivariana.
Es muy probable que en esa doble recurrencia a la legalidad y al poder popular constituyente por encima de los demás poderes del estado, encuentre la revolución bolivariana el punto de convergencia y el apoyo de algunos sectores militares.
A partir del día 9 de diciembre el pueblo venezolano ha actuado directamente en dos frentes estratégicos de resistencia a la insurrección. En primer lugar la presión popular se ha dirigido contra los medios de comunicación privados que se han constituido en los verdaderos legitimadores, guionistas e impulsores de un golpe con características fascistas que se ha hecho inminente, una y otra vez, en los canales televisivos; en segundo lugar se ha volcado en un esfuerzo permanente para detener una conspiración que está boicoteando y saboteando el funcionamiento del corazón de toda la economía venezolana: el gigantesco complejo empresarial público de Petróleos de Venezuela.
La expresión de la idea fundamental que subyace en esas llamadas directas y muy claras al pueblo, la ha dado un diputado del MVR, Luis Tascón:
"El estado de excepción lo está dando el pueblo en la calle".
Nosotros estamos seguros de que aquellos amigos cubanos a los que oímos en Cádiz en aquel encuentro, y todos ustedes, cubanos y amigos de Cuba, nos habrán disculpado por haber hecho, con el espíritu de Bolivar y de Martí, un pequeño recorrido contemporáneo por el mundo y por América Latina, y considerarán pertinente conmemorar aquí, con el 150º natalicio de Martí, unos meses adelantado, el 220º aniversario de Simón Bolivar. Entre otras cosas porque Bolivar y Martí están librando, como hemos visto, una gran batalla continental en Venezuela.
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NOTAS
(1) Del 12 al 15 de noviembre de 1991.
(2) En el mes de agosto del año 2001 los medios de comunicación publicaron la noticia de que el Pentágono se disponía a desarrollar un programa para la fabricación de antrax manipulado genéticamente para aumentar la virulencia. Los asesores jurídicos de la Secretaría de Defensa habían evaluado la legalidad internacional de tal proyecto.
(3) Cádiz Rebelde nº 44. "Del Dr. Strangelove al Dr. Wouter Bassón". Antonio Maira, 1 junio de 2002. "La Guerra de Destrucción Masiva Unilateral". El Viejo Topo. No 169-170, septiembre 2002.
(4) "Preparando otra matanza". Antonio Maira. 16 septiembre 2002. Revista digital Cádiz Rebelde, nº 49.
(5) Después de la elaboración y presentación de esta ponencia se han producido declaraciones públicas y actuaciones de Lucio Gutiérrez que parecen situarlo fuera de las esperanzas que abrió la alianza entre sectores indígenas y populares que lo llevó a a presidencia.
(6) En atención a su principal función social, denominamos "Falsimedia" al conjunto de los medios generales de comunicación.