|La Casa Verde
Novela

«Vargas Llosa acaba de terminar su segunda novela, un mastodonte de 834 páginas organizadas en quince capítulos. Cuando dio remate a este trabajo, escribió a Abelardo Oquendo esta frase reveladora: "Hoy terminé, terminé, terminé la novela a las siete en punto de la noche. Las dos puntas del caos se cerraron. ¡Chimpum-Callao!" »

Caretas N° 283, 5-14 de febrero de 1964.

Portada de la 1° edición Seix Barral (1966).
Portada de Antoni Tápies.
LA CASA VERDE (1966)

La Casa Verde es una compleja novela, trenza de historias distintas que se desarrollan a lo largo de años en dos escenarios simultáneos: la ciudad de Piura y concretamente uno de sus barrios, la Mangachería, suburbio al borde del desierto sobre el que implacablemente llueve arena todas las noches y que poco a poco se ha ido integrando en la ciudad en crecimiento, y una zona de la Amazonía poblada de gentes primitivas, aventureras y caucheros. Las distintas historias: la de Fushía, bucanero fugitivo, señor de los indígenas, domeñador de un mundo salvaje, que nos es contada a lo largo de su viaje con el viejo Aquilino, la de los Inconquistables, personajes epónimos de la picaresca piurana y de Don Anselmo, mítico fundador de los placeres de la ciudad o triste y pintoresco tañedor de arpa en los prostíbulos como un personaje de Kavafis, la de la Selvática y el sargento Lituma y la de las gentes de Santa María de Nieva, en el alto Marañón, son cruzadas perpendicularmente por las de otros personajes que intervienen en unas y otras, la de Jum el aguaruna inútilmente rebelde, la del práctico Nieves, la de las Madres de la Misión de Santa María... y el relato se mueve en tiempos distintos y en planos de distinta realidad, desde el inmediato acontecer hasta el remoto recuerdo y quién sabe si la pura imaginación, la fabulación de los personajes. Pero una diversidad de técnicas y una gran agilidad de procedimientos consiguen una alucinante totalización, una cohesión sin resquicios de lo ocntado. La Casa Verde es una novela seguramente más ambiciosa en todos los aspectos que La ciudad y los perros.

PREMIOS:

Premio de la Crítica Española 1966
Premio Nacional de Novela del Perú 1966
Premio Internacional de Novela Rómulo Gallegos 1967 [clic aquí para más sobre este premio]

EDICIONES:

Editorial Seix Barral 1966
Editorial Peisa 1990
Editorial Alfaguara 1999

DEDICATORIA:

A Patricia

(*) Patricia Llosa es la segunda esposa de MVLL. Se casaron el año anterior en que esta novela salió publicada.

SOBRE LA NOVELA:

Mapa que aparece en el libro, donde se indica los escenarios de La Casa Verde. Este mapa sigue
siendo publicado en todas las ediciones de la novela, a diferencia del de La ciudad y los perros.
Pulse sobre la imagen para ampliar.

Caretas N°337, 22-31 de agosto de 1966
Cómo atrapar al ángel (Fragmento)

Alfonso Tealdo

Cuando habla, como cuando escribe, hace malabares con el tiempo y el espacio, y yo advirtiendo estos tremendos saltos, le pregunto si Contrapunto de Aldous Huxley ha influido en él, y él, que no, que Huxley no le gusta, que más bien admira a William Faulkner.


Alfaguara consiguió los derechos para publicar la obra completa de Mario Vargas Llosa en 1997. El prólogo que el autor escribió para La Casa Verde, junto con el de La ciudad y los perros y Conversación en La Catedral, fue publicado en la revista mexicana Letras Libres en julio de 1997, en el número 7, y es el siguiente:

Edición Alfaguara, 1999
Me llevaron a inventar esta historia los recuerdos de una choza prostibularia, pintada de verde, que coloreaba el arenal de Piura el año 1946, y la deslumbrante Amazonia de aventureros, soldados, aguarunas, huambisas y shapras, misioneros y traficantes de caucho y pieles que conocí en 1958, en un viaje de unas semanas por el Alto Marañón.

Pero, probablemente, la deuda mayor que contraje al escribirla fue con William Faulkner, en cuyos libros descubrí las hechicerías de la forma en la ficción, la sinfonía de puntos de vista, ambigüedades, matices, tonalidades y perspectivas de que una astuta construcción y un estilo cuidado podían dotar a una historia.

Escribí esta novela en París, entre 1962 y 1965, sufriendo y gozando como un lunático, en un hotelito del Barrio Latino —el Hôtel Wetter— y en una buhardilla de la rue de Tournon, que colindaba con el piso donde había vivido el gran Gérard Philipe, a quien el inquilino que me antecedió, el crítico de arte argentino Damián Bayón, oyó muchos días ensayar, horas de horas, un solo parlamento de El Cid de Corneille.

— Londres, septiembre de 1998 


En misión de Santa Maria de Nieva, Alto Marañón, Perú. 1964.. FOTOS: mvargasllosa.com

Fragmentos del libro "Diálogo con Vargas Llosa. Por Ricardo A. Setti" (1988)
RAS = Ricardo A. Setti; MVLL = Mario Vargas Llosa

Pág. 95

RAS: ¿Qué le permitió el exilio descubrir sobre su trabajo?
MVLL: En primer lugar, la disciplina; yo la descubrí en el exilio. Descubrí que escribir era un trabajo, que era fundamentalmente una disciplina, una continuidad, una obstinación. Y por otra parte la distancia a mí me sirvió mucho, porque creo que la nostalgia es algo muy importante para un escritor. La memoria se enriquece enormemente con aquello que no tiene. Entonces el Perú, por ejemplo, a partir de La Casa Verde, es no solamente algo que está descrito, sino que está sentido de una

manera nostálgica por alguien que no tiene eso, que está añorándolo. Y, al mismo tiempo, también la distancia da una perspectiva que es muy importante. La distancia purifica esta cosa tan complicada que es la realidad, que es vertiginosa. Es muy difícil seleccionar, elegir: "eso es importante, eso es lo accesorio". A la distancia, eso no ocurre. La distancia establece muy bien las jerarquías entre lo esencial y lo que es puramente adjetivo, transitorio.

Pág. 98
MVLL: (...) La Casa Verde lo escribí todo en París. (...)


EL PAÍS (Uruguay) 24 de noviembre de 1996
-Ud. se toma el trabajo de conquistar a sus lectores de entrada en "La ciudad y los perros". Pero en los primeros tramos de "La Casa Verde", su segunda novela, se despreocupa del "charme" y se vuelve un escritor tan trabajoso que casi traba la curiosidad del lector. Hasta que, claro, finalmente lo atrapa y le propina casi un knock-out.

--La complejidad del tema es lo que me lleva a la complejidad técnica, aunque admito que existe en "La Casa Verde" un cierto engolosinamiento formal. Pero no es una postura gratuita. Es muy difícil contar de una manera directa y transparente una historia que pone en contacto cosas que provienen de un mundo primitivo, mágico, religioso, en algunos momentos casi salido de una Edad de Piedra, con cosas de un mundo avanzado en la civilización; que mezcla la selva, la costa, el medio urbano y el medio rural.

Vargas Llosa en una foto para la primera edición de La Casa Verde (1965)

Y sobre todo que maneja una fauna humana donde hay representantes de todas las épocas culturales. A la larga sólo podía abordar eso a través de una extrema complejidad técnica. Creo que sí, que le exigí mucho al lector y que hubo algunos que no pasaron de las primeras páginas".

--Pero estaba el "gordo" de la lotería para los que pasaban ese tramo. Y los preparaba para recorridos tan complejos como los que después aparecieron en "Conversación en La Catedral" o en "La guerra del fin del mundo".

--Qué justamente fueron de las que me dieron mayor trabajo.


"Literatura peruana" (edición 1967) de Augusto Tamayo Vargas

Con el éxito crítico y publicitario adquirido por La Ciudad y los Perros, Vargas Llosa publicó La Casa Verde en la misma empresa editorial de Seix-Barral y alcanzó, después de muchos otros triunfos críticos el primer Premio "Rómulo Gallegos", de consagración no sólo americana, sino universal. El discurso de recepción del premio por Vargas Llosa merece una lectura detenida.

La Casa Verde nos presenta una sucesión de historias sin tiempos determinado, pues se va del presente al pasado con gran facilidad; la historia de gente de la "mangachería" piurana, del Convento de Santa María de Nieva, en plena selva, con vecindad de huambisas y aguarunas; del japonés Fushía, mezclado a oscuras aventuras de la época del caucho, historias de hombres del ejército y de un cacique del pueblo de Jum, todo combinado con la vida de un prostíbulo, donde conviven además, varias historias propias y donde concluyen algunos de los personajes de los otros relatos.

Pero La Casa Verde, o sea el lupanar, da nombre a la novela, como si representara al país, resumido allí, a fin de cuentas, con el mismo sentido negativista de la otra novela. Negativismo con gran técnica de objetividad cinematográfica y de fácil dificultad, que no resulta totalmente extraña para una gran comunidad de lectores, no precisamente clérigos en literatura. Este es un punto favorable en la crítica de La Casa Verde: su posibilidad de aprehensión por grandes capas de la población lectora castellana, a pesar del arsenal de trucos estilísticos y de la aparente dificultad de la técnica a saltos, de la pérdida de tiempo y del lenguaje exterior, asimismo usado en la forma coloquial que resulta difícil en la literatura. Porque lo que es fácil para entenderse oralmente en la vida diaria, se complica en la expresión escrita.

Si hay un simbolismo crítico detrás de esta novela y un afán de aventura, característico de las buenas novelas, en cambio, como han señalado algunos críticos a Vargas Llosa le falta el sentimiento de lo mítico, los grandes motivos que se encierran en la novela, como trata de representar lo que el pueblo está creando como substitutos de la leyenda. Lo exótico de los cuadros de la selva no responde por otra parte al "realismo" que se persigue, porque no están aprehendidos los auténticos factores de nuestra región selvática, ni el japonés Fushía es precisamente un prototipo del hombre aventurero de esa región, ni alcanza espíritu heroico la sublevación de Jum. Mucho más auténticos son el prostíbulo y el barrio pobre de la Mangachería de Piura. No puede negarse que los personajes tipo de las novelas de Ciro Alegría adquieren una mayor fuerza; en cambio Vargas Llosa maneja mejor y más flexiblemente la narración dentro de formas actuales y el enfoque variado de su cámara hacia historias tan distintas y en las que usa toda la técnica de la cinematografía, con los peligros que ello encierra; porque la novela debe tener su propio artíctico. La crítica argentina Rosa Boldori entusiasmada con la obra de Mario Vargas Llosa señala precisamente las características de ojo móvil, propios del cine, a más del monólogo tradicional y del monólogo interno. Sólo que esas técnica también se dieron en escritores anteriores, sin que fuera señalada la novedad de la narración vista desde un punto fijo por la tercera persona; ni la movilidad en la descripción, ni el monólogo tradicional, ni el monólogo interior, que fueron utilizados desde la década del 20. Lo importante es que en él todo eso sumado adquiere categoría de éxito conjunto logrado.

Y en eso podemos terminar: La Casa Verde ha adquirido categoría en su popularidad no sólo en la masa de lectores, sino en la crítica universal. Por ahora parece ser Mario Vargas Llosa la expresión más definida de la última novela peruana. El Premio de la Casa de la Cultura del Perú, 1967, correspondiente al género, es el último de los galardones literarios con que cuenta La Casa Verde.


Las grandes novelas hispanoamericanas: La Casa Verde (1965)

por Gustavo Faverón Patriau

El texto siguiente es un fragmento de una encuesta que el diario peruano El Comercio hizo a diversos críticos de literatura sobre las novelas latinoamericanas del siglo.

La Casa Verde (1965, Mario Vargas Llosa): La novela es el arte que mejor ha entendido la naturaleza procesal del mundo, su espíritu en eterno movimiento. Por ello, en el siglo XIX, su esplendor fue europeo, y también por ello, el género, en la segunda mitad del siglo XX, se ha escrito en las arenas movedizas e insulares del Tercer Mundo: mundo en construcción y obra en marcha. "La Casa Verde" es un ejercicio brillante de comprensión ante el carácter múltiple del hombre en un universo que se define por sus trastornos. Relato que recompone el tiempo en un haz de instantes simultáneos, todo en "La Casa Verde" aspira a ser, en uno, evocación, encuentro y expectativa: los escenarios son sus propios rezagos; cada personaje, huella, fantasma y señuelo de sí mismo. Como el pasado, como la Casa Verde, todo lo humano está inexorablemente condenado a destruirse, a devenir.

Editorial Alfaguara: LA CASA VERDE

La Casa Verde ocurre en dos lugares muy alejados entre sí: Piura, en el desierto del litoral peruano, y Santa María de Nieva, una factoría y misión religiosa perdida en el corazón de la Amazonia. Símbolo de la historia es la mística casa de placer que don Anselmo, el forastero, erige en las afueras de Piura.

Obra voluminosa, la novela multiplica la materia argumental. A la historia de don Anselmo y la Casa Verde se le suma la de los Inconquistables, ambas localizadas en Piura. Las de Bonifacia y Lituma, la de la rebelión del cacique aguaruna Jum y la de los aventureros retirados Fushía y Aquilino, en cambio, transcurren en la selva. Pero en ellas se insertan otros relatos que las nutren y sostienen, dando lugar a una trama densa, a una elaborada red contactual.

Novela ejemplar en la historia del boom latinoamericano, La Casa Verde es una experiencia ineludible para todo aquel que quiera conocer en profundidad la obra narrativa de Mario Vargas Llosa.

Mario Vargas Llosa en 1966, fotografiado por Caretas, mimetizado con la selva

La novela discurre en tres escenarios: el pueblo de Piura, la misión de Santa María de Nieva y el municipio de Iquitos. Un día llega a Piura don Anselmo, un misterioso forastero, con la intención de establecerse, y encuentra alojamiento en la pensión de Melchor Espinosa. Don Anselmo, una especie de trovador errante, arpista de profesión, comienza a enterarse, poco a poco y en largas conversaciones con los lugareños, de las relaciones familiares de los habitantes de Piura y de sus más secretos deseos y ambiciones. Con esta valiosa información, comienza a construir un burdel, lo que provoca que algunos habitantes del pueblo, espoleados por el Padre García, protesten y se escandalizen. Pero nada podrá parar ya la construcción del lupanar: su éxito está asegurado.

Con el tiempo, llega al pueblo Antonia, hija de unos viajeros que han sido asesinados cerca de Piura. Los lugareños la han encontrado en muy malas condiciones, con los ojos y la lengua arrancados por los buitres. Juana Baura, una lavandera, la acoge en su casa, y los vecinos, compadecidos por su desgracia, la convierten en su protegida. Pero un buen día desaparece. Y comienzan entonces a circular los rumores: ¿ha sido asesinada? ¿violada?

Los habitantes del pueblo, por fin, se enteran de que don Anselmo la ha raptado y la oculta en la Casa Verde, donde por temporadas la ama y otras veces la fuerza y la viola con total impunidad. Antonia vive atemorizada, mientras don Anselmo se debate en una mezcla de culpa y frenesí erótico con una persona a la que nunca podrá realmente poseer ni conocer.

Antonia se queda embarazada. Pero cuando le llega la hora del parto, el alumbramiento se complica, y aunque el doctor Zeballos trata por todos los medios a su alcance de salvar la vida de la madre, Antonia muere en el parto.

El pueblo, conmocionado por la tragedia y enardecido por las arengas del Padre García, incendia la Casa Verde. La situación se torna insostenible y Don Anselmo huye con dos músicos de la orquesta del burdel: Alejandro, un mediocre compositor de baladas, y Bolas, el cimbalista y tambor del conjunto. Los huidos se refugian en los tugurios de la Mangachería, donde tocan en los bailes, mientras la Casa Verde cae en la leyenda y el olvido.

Pasados unos años, un nuevo burdel se establece en el centro del pueblo; en memoria de los viejos tiempos, el lupanar se llama de nuevo la Casa Verde. La propietaria del nuevo local contrata a don Anselmo y su orquesta para que amenicen las fiestas de los clientes del prostíbulo. Las resonancias del pasado se materializan en la dueña del burdel, una mujer conocida como La Chunga, que resulta ser la hija póstuma de Antonia.

En la ciudad de Iquitos, capital de los trabajadores del caucho, aparece un día Fushía, un aventurero sin recursos, buscado en Brasil por su extensa trayectoria criminal, acompañado por su amigo y confidente Aquilino, que había sido aguador en una aldea. Allí, Fushía encuentra trabajo con Julio Reátegui, un cacique local que se ha hecho inmensamente rico con los ejércitos del Eje durante la guerra, traficando con caucho camuflado como tabaco. Pero se descubre el negocio ilegal de Reátegui, y Fushía es encarcelado en lugar de su patrono.

Cuando por fin sale de la prisión, Fushía viaja con su amiga Lalita y su socio Aquilino hacia las tierras de los indios Huambisas, para trabajar como agente de su anterior jefe, Reátegui, y se establece con la ayuda de unos forajidos blancos: Pantacha y Adrián Nieves.

Con el tiempo, Fushía se convierte en el cacique del lugar y aparece en el relato el personaje de Jum, que mantiene una desigual lucha contra los caucheros, ayudado por dos maestros del pueblo. Una vez vencido, Jum es encarcelado y torturado, y más tarde se une a Fushía.

Pero el padecimiento de la viruela negra, una enfermedad que le carcome las piernas, provoca que pierda su virilidad y Lalita le abandona y se fuga con Adrián Nieves. Su amigo Aqulino, entonces, le lleva a una colonia de leprosos para que Fushía pueda morir en paz.

Bonifacia, una supuesta hija de Fushía, vive en el convento de las monjas de Santa María, donde recibe una esmerada educación. Pero una noche, Bonifacia permite que las discípulas que las monjas han ido recolectando por toda la región y que tienen alojadas en la misión, escapen y vuelvan a sus poblados. La congregación expulsa entonces a Bonifacia, y Lalita y Nieves se hacen cargo de ella, hasta que un buen día la presentan al sargento Lituma, con quien finalmente se casa. Pero Pantacha denuncia el paradero de Adrián Nieves a las autoridades y le detienen. Mientras tanto, el soldado, el Pesado, se queda a vivir con Lalita.

El sargento Lituma obtiene su licencia del ejército, y se traslada con Bonifacia a Piura, donde se une al grupo de los Inconquistables, una banda de truhanes de la Mangachería, a la que pertenecen José León, los hermanos Moro y el alcahuete Josefino Rojas. Allí, Lituma se encuentra con un antiguo enemigo, el hacendado Seminario, con quien juega una partida de ruleta rusa. Seminario pierde, y Lituma, que es juzgado y considerado culpable, va a la cárcel. El alcahuete Josefino Rojas lleva entonces a Bonifacia a la Casa Verde.

La Casa Verde recibió en 1966, un año después de su publicación, el Premio de la Crítica, y en 1967 el Premio Internacional de Literatura Rómulo Gallegos a la mejor novela en lengua española.

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© Augusto Wong Campos, 2002. Yahoo! Geocities Inc.
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