Los vampiros del siglo veinte
Caballero encopetado invita
a beber un sorbo de sangre
ciega doncella adherida
a su carnívoro amante.
Futiles divídense en clases
serviles súbditos de la economía
penden de enredaderas sociales
ingieren el plasma de la política.
Dicen poseer el control
de los secretos de Natura
perpetúan químicamente
las cadenas de la amargura.
Su nuevo aliado es el sol
inventaron el filtro solar
mas no vacilan en recomendar
jamás olvidar la protección.
Centinelas apostados doquiera
tiniebla lo mismo que día
escuela lo mismo que discoteca
exitosa tienda de la esquina.
Existe un humilde animalito
con el legendario apelativo
consumir tal líquida dieta
su nicho en su ecosistema.
Su especie se halla en peligro
de la superstición es víctima;
su condena la destrucción
de su hábitat de provincia.
Ironía: le conocen pocos.
Celebérrimo por confusión
es un notorio personaje humano
el Príncipe Vlad el Empalador.
Feroz guerrero del Medioevo
vengador y despiadado,
frenó las huestes de un imperio
que a muchos había conquistado.
Empalador le apodaron
por su método de ejecución;
tan cruel cual sus adversarios
en aquellas guerras sin honor.
Allá en el Oscurantismo
otro héroe más de los mismos;
después reinventó su estampa
en hábil fuete a la victoriana
un crítico que intuyó el futuro
en su obra clásica, mas su ingenio
¡no contaba con la astucia
de los vampiros modernos!
Vampiros del siglo veinte
obtuvieron el indulto de Dios
sus ciudades son camposantos
su mercado la casa del Señor.
Su última cena el sectarismo
la hipocresía les arropó
su fe sólo burdo fanatismo
plagas de toda congregación.
Insoportable farsa genética:
la reproducción de este injerto
no requiere cual su ancestro
de alguna práctica esotérica.
En cada hogar promedio
de la sociedad actual
un nuevo vampiro moderno
adquiere su apetito voraz.
Sus párvulos visten de luto
al son de música estrepitosa;
sus tutores de cuello blanco
conversan labia melosa.
Estudiantes de inmortal memoria
gradúanse honrosos alumnos.
Negociantes de sed milenaria
todo vale al acumular puntos.
Al salir de correría
por la jungla de cemento
caigo en su trampa maléfica
me someto a sus tormentos.
Nuevos miembros se inician
cumpliendo infames apuestas
la seducción de la insidia
tenebrosa red de almas presas.
Vampiros y vampiresas
se lanzan a la venganza
el arte de cercenar cabezas
la ley que encubre la trampa.
Vampiros del siglo veinte
en ambos bando militan
como el parásito de siempre
o el paladín de la justicia.
El industrial neurotóxico
trafica con carne blanca
el naturista obsecado
ahí se flagela con roja.
Eternamente inclinan el codo
o rivalizan con chimeneas
unos predican la conversión
otros asaltan por las aceras.
Astutos sacan provecho
a su mítica reputación
venden a elevado precio
el don de adivinación.
Charlatanes conjuran hechizos
para contrarrestar la maldad.
Ironías de la vida:
¡vampiros que vienen y van!
Nombre usted el lugar,
la hora, la situación:
allí tendrá inmediatamente
a los vampiros del siglo veinte.
Vampiros del siglo veinte
no son cual los de los cuentos
para finarlos no basta
la estaca en medio del pecho.
Estos vampiros tecnócratas
hicieron obsoletas las estacas.
Blanden rifles y ametralladoras
visten chalecos antibalas.
Atestados espectáculos
son las sangrientas orgías
do vampiresas y vampiros
desatan su patología.
Hay que verlos disertando
sobre temas de controversia
o impartiendo la enseñanza
cual profesores de ciencia.
Se aplaude con admiración
la enajenación de las masas
el deporte de la demagogia
la gimnasia de las quijadas.
En certámenes de belleza
competencias deportivas
investigación de ciencia
y las prácticas de medicina.
En el comercio, el arte
los medios de comunicación
del millonario al deambulante
¡el vampirismo está cañón!
Visionarios intentan
que me vaya despertando...
¿se detendrá la epidemia
que mi esperanza ha minado?
Vampiros del siglo veinte
somos todos en verdad
culpables de chupar sangre
por aquello de probar.
Entre vampiros y humanos
ya distinciones no hay
mi insólita especie suicida
en el infierno duerme ya.
Si surge arrepentimiento
o propósito de enmienda
las corruptas autoridades
aniquilan el intento.
Mi mundo se retuerce
en agónica incertidumbre
avasalla la duda latente:
¿ser o no vampiro del siglo veinte?
Vampiro de la leyenda
de la Inquisición coartada
vampiro de nuestra era
inquisición perpetuada.
Vampiros del siglo veinte
los que niegan a los monstruos
pero veneran ídolos desechables
y les sacrifican futuro y presente.
¿Es acaso la única salida
a la pérdida de inocencia
los inmortales prejuicios
la tortura de la indiferencia?
Mas si la razón ilumina
al cerebro adormilado
y el espejismo termina
el sortilegio es destrozado.
Si la conciencia invoca serena
la fuerza de la experiencia
fusión de intuición y ciencia
trazando una nueva senda...
Si abandono la hipocresía
y reniego de la mentira
sentando bravío ejemplo
de aguerrida tenacidad...
¡Todavía vive el sueño
de una humanidad unida
rectificando entuertos
resurgiendo de las cenizas!
Poner al servicio de la vida
mi paradójico talento
¡puede evitar que el planeta
sea para mí el infierno!
¿Que lo vampiro dé paso a lo humano
y lo humano recicle a lo vampiro?
¿De Natura mi corazón elegido
para forjar un nuevo camino?
El vampiro es la piel gastada
que paulatinamente se desgaja
la incubación necesaria
de mi alma indómita renovada.
¡Vampiros del siglo veinte
tragedia y comedia vivas
terror fundido en mistoria
de contradicciones e ironías!
¡Vampiros del siglo veinte
del hombre actual el reflejo
por eso el mítico ente
huía de los espejos!
¡Vampiros del siglo veinte
y todos sus monstruos colegas
voz de la conciencia humana
grito estertóreo de su esencia!
Historia que no termina
ya nunca más pesadilla
albor de un modo de vida
el despertar de mi poesía.
Desde el regazo de la tierra
llamado urgente me reclama
el Sol derriba mi puerta
el viento me dota de alas...
El poder de la roca y el fuego
a mis manos entrega una espada
el trueno me expele del útero
hacia el campo de batalla...
En la vastedad del desierto
un nuevo rugido halla oasis
y arremete con denuedo
en jubilosa catarsis...
Consumida la piel vetusta
visto el manto de la Musa
comienzo mi lucha aguerrida
entre las huestes de la Vida:
Aprender la lección del pasado
esculpiendo el presente vivo.
¡Desde hoy y hasta siempre
he aquí mi desafío:
el final del relato
de los vampiros del siglo veinte!
Los vampiros del siglo veinte de Cindy Aixmar Salgado
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