Enrique Bunbury, de pequeno a mayor Desde que Enrique Bunbury abandonó el barco de Héroes del Silencio ha nadado sin parar. Confundido se miró en varios espejos, pero todos reflejaron una imagen algo distorsionada. En esa constante búsqueda de su propio yo, de la que él se siente orgulloso y sobre todo humano, nació su nueva placa: robusta, fuerte e independiente, con una poderosa firma llamada Flamingos. El título es en honor a su gato y a un prostíbulo de España. Su nuevo hijo tiene un pedacito de Bunbury en cada canción. Sin meterse en el terreno del disco fácil y temas pegajosos, logró una química inmediata con quienes apostaron por el nuevo producto de un artista caprichosamente auténtico, que aún considera a Pequeño, su trabajo anterior, como lo mejor que ha hecho en su vida. "Flamingos es otro disco de esos importantes pero, no sé, es difícil juzgar a los discos recientes. Aunque quizás en cuanto vayan saliendo los sencillos se verá cómo funciona. Lo que sí te digo es que mi próximo disco va a ser el bueno", asegura el zaragozano de 35 años. Las declaraciones anteriores sonarán a falsa modestia, pero en el fondo sabe que el alma, la constancia y la marca que va dejando poco a poco, desde que se convirtió en solista, están dando los resultados esperados. "Estoy intentando que la música que hago sea más libre, menos agarrotada, menos recta. Antes la música de Héroes era como muy blanca y ahora cada vez me siento más negro", expulsa Bunbury con una mucha energía al hablar, como si eso que acababa de decir fuera un descubrimiento incluso para él mismo. Bajas pasiones Dedicada a los vividores, cabareteros y gente poco tradicional, la última placa del ex Héroe tiene una esencia turbia pero con sabor a vida. "La verdad es que Flamingos es un título que en realidad lo puse porque tenía que ver con los boxeadores, con el pendejo, el vividor, el bohemio y todos aquellos que van tras lo delirante, lo decadente, y con cierto grado de perversión. Y eso aparece en el álbum", declara el exótico y místico artista que parece morir de una sobredosis de energía cada vez que sube a un escenario, demostrando lo que es: un buen cabaretero. "Me gustan mucho los clubs, los cabarets y los lugares donde ocurren cosas. En los bares siempre hay un señor que te pone discos y otro que te pone copas. Yo en mi casa tengo la nevera llena y todos los discos que quiero. Y por eso me parece poco lo que me ofrecen los bares comunes. Me gustan los lugares donde ocurren cosas, quizás porque yo me la paso todo el año haciendo conciertos. Lo que quiero es que me den el espectáculo a mí de vez en cuando", aclara este amante del circo, los magos, los conciertos y David Bowie, muso inspirador de la genial Lady Blue, uno de los cortes más vivos e interesantes de su última placa. El pugilismo y yo También amante del boxeo, Bunbury posó para la portada de Flamingos como un púgil en plena pelea, algo que contradice la tonada melódica de sus creaciones musicales. "Nunca quise ser boxeador. Yo boxearía pero en mis uñas. Pero sí me gusta. No soy nada violento, pero me gusta el boxeo. Es algo inexplicable. En teoría me debería gustar el golf, que por cierto me parece horroroso. El boxeo es como el Rock n' roll y como el circo: deportes de riesgo. Es fácil salir golpeado, y fácil salir psíquica y físicamente mal parado". Como buen gourmet de la música y abierto a los ritmos más distantes del rock, Bunbury degusta no sólo de las rancheras, sino también de los controvertidos corridos del norte mexicano, cuya preferencia quedó plasmada en el tema Ciudad de bajas pasiones. "Me refiero a Ciudad Juárez. Esta canción es un narcocorrido", dice muy convencido. "La intención era utilizar ciertos elementos del narcocorrido", afirma el cantante, aunque este tema no precisamente suena a banda, ni contiene llamativas letras de apología a la comercialización de drogas o crimen organizado. "El narcocorrido tiene un sentido del humor fantástico y, como yo normalmente no incluyo mucho humor en mis discos, en este caso me apetecía incluir algo de humor, pero que tampoco sea un chiste", sentencia el artista. Bunbury, el trabajador La música es su trabajo, y la venta de sus discos lo que le da de comer. Hace algunas semanas su colega Manu Chao declaró que la piratería no le interesaba y que con tal que los discos se escuchen todo estaba bien. Esto fue algo que puso de mal humor a Bunbury, quien de inmediato dio su punto de vista: "Para mí fue una irresponsabilidad de parte de Manu Chao y, ¡claro!, ahora se ha retractado. Ahora él dice que la copia personalizada, la hecha en casa, no está mal y estoy de acuerdo. Lo que está mal es la copia masiva que se vende en la calle. Tanto en Europa como en Latinoamérica esto está muy fuerte y nos está haciendo daño a los artistas", afirma dejando en claro que para nada se lleva mal con el menudo intérprete de Me gustas tú. Hace algunos días, Bunbury visitó Panamá, donde también mencionó al productor cubano Emilio Estefan, hecho que fue más noticia que su propia visita al país caribeño: "Qué fácil se corren los rumores, sobre todo cuando no son ciertos. Yo estaba en Panamá hablando de músicos panameños que me gustaban y dije que Rabanes ya no me gusta tanto desde que los produce Emilio Estefan, pero no dije nada en contra de Estefan. La verdad es que después salieron publicadas cosas horrorosas". Pero lo cierto es que estas declaraciones traslucieron la manera de pensar de Bunbury hacia un determinado tipo de artistas que cambian su estilo después de pasar por las manos del productor de música latina más famoso del mundo. "Según mi escala de valores, según mi moral, según mi ética... no me metería con Estefan. Una de las cosas que no prostituiría nunca es mi música. Eso es venderte al mejor postor, por dinero. A lo mejor a sus artistas les gusta eso, el crossover y todo eso. No olvidemos que el crossover significa que cambies tú para adaptarte a una industria más masiva, para un público menos exigente. Y yo no quiero hacer crossover". Efusivo en sus comentarios, añade que nunca cantaría en inglés. "Haciendo eso posiblemente ganes mucho más dinero. Y no necesito más dinero. Gano dinero suficiente con mis conciertos y mis discos porque soy un trabajador. No quiero un embarcadero en Miami ni un chalet al lado de Julio Iglesias". "Cantar en inglés es un crossover estúpido ¿Tú sabes cuál es el idioma más hablado del mundo? El chino. Eso es un buen crossover. El segundo idioma más hablado del mundo es el español. Entonces por qué voy a cambiar mi idioma para cantar en el tercer idioma más hablado del mundo. El crossover lo tendrían que hacer los gringos y cantar ellos en español", concluye con mucha fuerza, casi furibundo, un Enrique Bunbury sincero y sin falsas posturas.