Relatores
Los griegos creían que las cosas ocurrían
para que los hombres tuvieran algo que cantar. Las guerras, los desencuentros, los amores
trágicos, los horrendos crímenes, las gestas heroica:. todo tenía para los dioses
impíos el único fin de proporcionar tema a los cantores. La Historia pone al alcance del
menos docto centenares de ejemplos de relatos que fueron más ilustres que los sucesos
narrados.
Resulta dificil concebir una idea más triste
del destino humano. Sin embargo, a los juglares, cantores, cronistas y narradores de
cuentos, les complace pensar que el mundo se mueve para favorecerlos en su oficio.
Héctor Bandarelli, el relator deportivo de
Flores, creyó pertenecer a la estirpe de Homero. Durante toda su vida se esforzó para
que la narración deportiva alcanzara las alturas artísticas de la épica.
En sus comienzos, Bandarelli hizo algo que
nadie había hecho antes. Siendo entreala izquierdo del equipo de Empalme San Vicente,
acostumbraba relatar los partidos que él mismo jugaba. Era héroe y juglar, Aquiles y
Homero, Eneas y Virgilio.
Según dicen, no era del todo imparcial en sus
narraciones.
Cuando se hacía de la pelota, comenzaba a elogiar su propia jugada.
-Extraordinario, Bandarelli avanza en forma
espectacular..
Muchas veces, por elegir las palabras e
impostar la voz, se perdía goles cantados. Cantados incluso por él mismo.
A medida que pasaba el tiempo el relator iba
superando al jugador Algunos viejos que lo vieron jugar cuentan que pasaba la mayor parte
del tiempo parado en el medio de la cancha, relatando, casi sin tocar la pelota.
Finalmente fue excluido del equipo. Sin rencor ni tristeza, siguió
acompañando las modestas giras del Empalme San Vicente, sólo para relatar desde un
costado de la cancha el partido que jugaban sus antiguos compañeros. Lo hacía sin
micrófono y sin radio, de modo que nadie lo escuchaba, salvo algún wing peregrino que
alcanzaba a oír de paso su voz emocionada.
Después, según se sabe, el Empalme San Vicente dejó de jugar y sus
futbolistas pasaron a integrar otros equipos.
Yen ese momento, cuando todo hacía sospechar la decadencia de
Bandarelli, el hombre dio un paso genial: descubrió que su narración no necesitaba de un
partido real. Era posible relatar partidos imaginarios, hijos de su fantasía.
Parece una evolución previsible: los antiguos poetas cantaban hazañas
más o menos reales. Después las inventaron.
Lo mismo sucedió con Bandarelli. Y al no tener que ceñirse al rigor
de los hechos ciertos, los partidos que relataba empezaron a mejorar: se lograban goles
estupendos, los delanteros eludían docenas de rivales, había disparos desde cincuenta
metros, los arqueros volaban como pájaros, se producían incidentes cruentos, los
árbitros cometían errores perversos.
De a poco, el artista fue incorporando elementos más complejos a su
obra. El tiempo, por ejemplo, manejado en un principio de un modo convencional, pasó a
tener durante el apogeo de Ban-
darelli un carácter artístico y psicológico. Los partidos podían durar un minuto o
tres horas.
Algunas veces, el relator omitía cantar un gol pero daba claves y
mensajes sutiles para que el oyente descubriera la terrible existencia del gol no cantado.
Aparecían, cada tanto, unas historias laterales que provocaban un falso aburrimiento, que
no era sino una trampa para mejor asestar la alevosa puñalada del gol sorpresivo.
Todos recuerdan el famoso partido Boca-Alumni que Bandarelli relató en
un asado del club Claridad de Ciudadela. En esta obra mezcló jugadores actuales con
glorias de nuestro pasado futbolístico. Los viejos hacían fuerza por Alumni, los más
jóvenes por Boca. Ganó Alumni, pero en su magistral narración, Bandarelli dejó caer
con toda sutileza la sensación de que los boquenses, por respeto a la tradición, se
habían dejado ganar.
Las audiencias de Bandarelli no siempre flueron numerosas. Algunos
partidos los relató solo, en una mesa del bar La Perla de Flores, ante el estupor de los
mozos y parroquianos. Pero poco a poco, los muchachones del barrio fueron descubriendo sus
méritos y con el tiempo hubo quienes prefirieron escucharlo a él antes que ir a la
cancha.
En 1965, Héctor Bandarelli organizó su campeonato paralelo de
fútbol. Todos los domingos narraba el encuentro principal, mientras un colaborador lo
interrumpía para comunicar lo que
sucedía en el resto de los partidos.
Algunas firmas comerciales de Flores lo ayudaron a solventar los nulos
gastos del certamen a cambio de avisos publicitarios.
Las narraciones tenían lugar en la puerta de la casa de Bandarelli y
cuando llovía, en la cocina. Hay que decir que el relator poeta nunca trabajó para
ninguna emisora y jamás utilizó micrófono, salvo en la grabación que realizara del
segundo tiempo de Barracas Central-Barcelona, ya en el final de su carrera.
El campeonato paralelo terminó en un desastre. El artista no tuvo
mejor ocurrencia que sacar campeón a Unión de Santa Fe y mandar al descenso a River, lo
que irritó a muchas personas que hasta llegaron a agredir a Bandarelíl.
Pero todos los que saben algo del relator coinciden en afirmar que su
mejor partido fue Alemania-Villa Dálmine, relatado en el Colegio Alemán de la calle
José Hernández, a pedido de la Asociación Cooperadora.
Ese encuentro fue un verdadero canto a la hermandad entre los hombres.
Los zagueros entregaban banderines a los delanteros rivales en cada jugada. El árbitro
abrazaba llorando a los futbolistas que quedaban en off-side. Los de Villa Dáinline
hicieron una suelta de palomas celestes y blancas a los quince minutos del segundo tiempo
para celebrar el segundo gol de la selección alemana. En el final, todos se abrazaron e
intercambiaron obsequios.
Fue inolvidable. En el Colegio Alemán, los padres lloraban de emoción
añorando la tierra de sus antepasados. Algunos miembros de la Asociación Cooperadora
pidieron a Bandarelli que volviera a relatar el encuentro en diferido, pero el artista se
negó.
En el esplendor dc su actividad, tal vez advirtiendo el carácter
efímero de su obra, resolvió escribir libretos detallados que luego archivaba
prolijamente. Desgraciadamente, sus familiares quemaron este valiosísimo corpus
argumentando que juntaba mugre.
Nos queda apenas un breve fragmento, correspondiente al encuentro Boca Juniors 3 - Vélez
Sársfield 3.
"Solidario, agradecido, ayuno de envidias, Javier Ambrois
entrega la pelota a Nardiollo. El viento agita las banderas en los mástiles de la Vuelta
de Rocha. Nardiello tira un centro rasante... Arremete J. J. Rodríguez, pero ya es
tarde.. tarde para remediar los errores del pasado... tarde para volver a unos brazos que
ya no nos esperan.. Ya es tarde para todo."
Según sus seguidores, el libreto le quitaba frescura a Bandarelli y
-como hemos visto- recargaba un tanto suu estilo.
Un día desapareció. Algunos dicen que se mudó, o que se murió, es
lo mismo. La gente volvió a preferir los partidos sonantes y contantes de la radio.
Los relatores de hoy tienen la posibilidad de seguir al maestro e
intentar la ficción y la fantasía en sus narraciones. ¿Por qué depender de la
actuación, muchas veces mediocre, de los futbolistas? ¿Por qué no crear con la voz
jugadas más perfectas? ¿Por qué no dar nacimiento a deportistas nobles, diestros y
mágicos que nos emocionen más que los reales?
Se puede ir más allá. Todo el periodismo podría tener un carácter
fantástico y abandonar los vulgares hechos de la realidad para aludir a sucesos
imaginarios: conflictos, tratados, discursos,
crímenes e inauguraciones de ilusión.
En este último instante comprendo que nadie me asegura que estos
artistas no existen ya. Tal vez, todo cuanto uno lee en los diarios no es otra cosa que un
invento del periodismo de ficción.
Sin embargo, esta clase de incrdulidad conduce a sospechar la falsedad
del Universo mismo. Suspendamos semejante astucia porque algunos hasta podrían pensar que
el propio Bandarelli es imaginario y sus partidos sombras de una sombra.
Alejandro Dolina, El libro del fantasma