Las playas de la nada

Por favor marque con una cruz la respuesta correcta:

A) ¿Cuál es el nombre de Dios?
1) Dios no existe.
2) Dios existe, es el Creador está en todas partes y no tiene un nombre en particular
3) Roberto Giordano

B) ¿Cuál fue la noticia de mayor importancia mundial en la primera quincena de enero?
1) El hambre en Somalía.
2) La formación del gabinete de Clinton.
3) El romance entre Nicolás Repetto y Carolina Pelleriti.

C) ¿Cuál es el nombre de la Vírgen?
l) María.
2) La Virgen es parte de la mitología religiosa
3) Nicole Neumann, la modelo de doce años que fue tapa de Noticias, hija de la psicóloga Claudia Neumann que sostuvo que "con este trabajo Nicole va a encontrar más rápido su sexualidad".

D)    ¿Quién es el autor de los atardeceres en Solanas?
1)    Dios.
2)    La Naturaleza.
3)    El fotógrafo de editorial Atlántida Pedro Luis Raota.

E)    ¿Quién es Conrad?
1)    Escritor inglés nacido en Polonia, autor de Lord Jim y El corazón de las tinieblas.
2)    Nadie.
3)    El nombre del primer hotel cinco estrellas de Punta del Este, que costará 760 millones de
dólares.

F)    ¿Dónde se produjo la mayor concentración de fotógrafos por metro cuadrado?
1)    En la Casa Blanca.
2)    En Europa del Este.
3)    En la Disco Space.

Si usted ha marcado el número 3 en todas las respuestas, es obvio que se encuentra leyendo esta nota en Punta del Este.

Miles de turistas argentinos llegaron a esta ciudad en la misma fecha y se irán dentro de quince o
treinta días. Casi dos horas desde Montevideo: rutas prolijas, presidente liberal, puestos de peaje, pasto cortado como si fuera césped, Uruguay tiene Colores de país Benetton. Uno puede sorprenderse buscando a la vaca de Milka a los costados de la ruta.
En el asiento tujsero las chicas sueñan con la mezcla de Kevin Costner y Terminator que encontrarán tomando sol en Montoya. Mamá se baña en Giorgio, de Beverly Hills, por octava vez. Papá piensa siempre en la oficina. Tomará un avión al otro día y volverá el viernes a la noche en el avión de los
casados: vuelo 298 de Aerolíneas Argentinas, sale 21.15 desde Aeroparque. Las chicas mueren de envidia por los mochileros que hacen dedo, desganados, cuando ven pasar el BM de papá. Papá no para. Los mochileros saben de memoria que un auto con placa de Buenos Aires no pararía ni frente a un choque múlfiple con cien heridos graves.
    -Dijeron que iba a estar lista para diciembre- dice papá otra vez.
    -Bueno, no es para ponerse así, tampoco- dice otra vez mamá, y roza con la muñeca uno de los
tres collares de oro macizo que la hacen increíblemente parecida a Mister T.
Papá es uno de los argentinos que este año invirtió en el Este.
Un granito entre doscientos millones de dólares de obras en construcción. Bueno, no la terminaron a tiempo.
Papá, mamá y las chicas engrosarán otra estadística esta tarde: la de las mil bolsas de basura que se sacan cada día de las playas de Punta del Este, un treinta por ciento más que el verano pasado.
Antes de que papá se vuelva harán el circuito indispensable: café en II Greco (las chicas piden licuado de durazno y naranja porque lo leyeron en Gente), atardecer en Solanas, pasada por Montoya, Comida en Mariskonea, compra de artículos importados en Grafliti, pasada lenta por el complejo Motor Oil (las chicas bajan un minuto porque ahí funciona la agencia de reclutamiento Pancho Dotto, y nunca se sabe), caminata lentísima por Gorlero y quizá Casino. Y ya. Eso era todo lo que había que hacer. Lo hicieron en dos días y les faltan veintiocho para volverse. Papá se siente como Soren Kierkegaard frente a la ventana, aunque papá crea que Kierkegaard debe ser el nombre de un condominio en Oslo. Una mañana el viejo y bueno Soren se enfrentó a la Nada, escribió algunos intrincados libros de filosofía y, finalmente, se mudó a un condominio en Oslo. Papá vuelve a escapar de la Nada.

Descripción de la nada

En esta ciudad todos tienen tiempo. Descubrirlo les causó estupor: los días son largos, las mañanas
no se pasan volando sino que planean pesadamente como las gaviotas, recien anochece a las nueve y media y todo ese tiempo debe usarse para alguna cosa.
Lo más incómodo es que todo ese tiempo debe compartirse con extraños: una mujer y niños a
los que sólo se veía en los días festivos o en el breve colapso del desayuno. Ahora están ahí todo el
tiempo. Al tercer día el turista memoriza las notas de los diarios, lee con especial interés notas de remates judiciales en sitios lejanos y se da vuelta de inmediato apenas suena un movicom, aunque él no lleve el suyo encima.
Los diálogos que puede escuchar en la playa no son enriquecedores:
     -Ona Sáez.
     -Cemento, Buenos Aires.
     -¿Mango, La Barra Clothing?
     -Pepsi, Pepsi, Mango Tatoo Bar Levis Vitara. ¿JB?
     -JB, JB Amstel, Brahma Chop Diesel Motor Oil Marlboro lOO's Flip Top Box.
     -Twinings.
     -Earl Grey.
El secreto frente a la Nada consiste en unirse a ella.
Un grupo de físicos de Maldonado desarrolló, en los últimos años, una Teoría de la Implosión,
recopilada por la municipalidad local en un cuadernillo de escasa circúlacion titulado "Estrategias contra la Nada" (Editorial Treinta y Tres, 199l, Maldonado, Uruguay). Allí los físicos concluyeron lo siguiente: si un cerebro estándar, frente a una gran cantidad de información, corre el riesgo de explotar, también debe producirse la reacción inversa.
Luego de varios años de estudios primero en animales y luego en seres humanos que se ofrecieron como voluntarios, los científicos de Maldonado probaron que la falta progresiva de información, junto con la ausencia total de reflexión, forman las condiciones propicias para que el cerebro implote, para que explote hacia adentro. Y hubo otra conclusión: la implosión puede producirse por un estímulo determinado.
Finalmente enunciaron la ley: "Un cerebro que no se usa, implota frente a un dato que lo supera y no puede procesar". Veamos algunos ejemplos:
El primer caso de implosión no voluntaria fue realizado con Marcelo M. (el nombre completo no fue difundido porque se trataba de un menor) habitué de la playa de Montoya. Allí Marcelo M., estudiante crónico, cobrador de sueldo de hijo, vecino del Barrio Norte, lector de resúmenes Lerú, seis horas diarias de gimnasio y medio litro de vaselina cada doce horas, enfrentó al grupo de físicos de Maldonado.
El Dr. en Física Washington Peralta Bó, titular del grupo, lo miró directo a los ojos y le dijo:
    -¡Sartre!
El cerebro de Marcelo M., superado por la información que no pudo procesar, implotó.
Dos días después -según se reveló ahora, luego de una investigación de la prensa local- el experimento se repitió con una adolescente argentina, turista del Este desde la niñez, egresada de un colegio religioso de Olivos, con doble escolaridad.
El grupo enfrentó a Jimena R. y le dijo, sin compasión:
    -¡Yourcenar!
Y la chica implotó de inmediato.
En ambas implosiones los científicos recogieron del piso muestras de un polvo blanco, similar
al azúcar impalpable, suponiendo que se trata de restos del cerebro quemado, sometidos al intenso
calor de la implosión.

Rumores que circularon esta semana en Montevideo señalan un caso de implosión colectiva protagonizado por cinco militares uruguayos que implotaron luego que una delegación de Maldonado les preguntara sobre Bertrand Rusell.

Veo, veo

La mirada perdida de los parroquianos de Il Grecco o La Fragata -los bares en los que hay que estar sobre Gorlero- indica tal vez un justificado temor frente a la implosión. La fila de autos se atasca en la "avenida", y los espectadores se cruzan constantes miradas mientras la cola avanza:
    1) ¿Ese quién es?
    2) Tal vez sea un conocido, venga a la mesa y me libere del aburrimiento.
    3) Quizá sea un actor, periodista, deportista o modelo famoso.
    4) Esa nena es increíble. ¿Tendrá más de 18?
    5) Si no es así y me procesan por estupro, el juez me felicita.

    -Lo vimos a Neustadt -se inforrnan dos amigas, mientras se saludan con cierta excitación.
    -Esa es la casa de Repetto -señalan otros mientras retrasan la marcha del auto en las calles de tierra de José Ignacio.

    El valor de la mirada es más importante aquí que en un juego de póker. Mirar y ser mirado. Entrar en el cono de luz celestial en el que puede oírse la voz de Pancho Dotto:
    -¿Por qué yo, Señor? ¿Por qué seré yo la próxima tapa de Gente?

    La conciencia de momento, de presente continuo de cualquier turista de Punta del Este es más
fuerte que la que tuvieron los pilotos del Enola Gay cuando bombardearon Hiroshima. Todo es ahora o nunca. Este presente es el único momento posible.
    Dentro de un licuado de durazno, puedo engordar. En treinta segundos más el sol puede hacerme caer ocho milímetros de piel de la frente, si camino un metro más la tira del bikini puede meterse un centímetro más en mi traste y el efecto no será el mismo.
    Chicas por las que Miguel Angel mearía cada uno de sus frescos de la Capula Sixtina se duermen
entre llantos, viéndose deformes. Otras vomitan bulimia en el inodoro del hotel, o comen sólo en las
semanas impares, y viven desmayándose como poetas del Romanticismo. Unas y otras recurren al pareo, que funciona en este caso como la cultura: sirve para cubrir imperfecciones. El estado de tensión en el que viven estas chicas es mucho peor que el de un broker de Wall Street en la crisis financiera de los ochenta:
    -Esto sólo con esto, esto jamás, esto no sé para que mierda lo traje, a la playa sólo de tal hora a
tal hora, nunca a esa disco, sí a ésta, Dios mío, cómo se me escapó esa palabra que es una grasada espantosa, ¿él me mira?, no sé si me mira o no, cada día veo menos pero jamás voy a ponerme los lentes.
    -¿En qué pensás?
    -En nada -mienten ellas con la tranquilidad de Laurence Olivier en su mejor interpretación de
Hamlet.

Inválidas y encantadoras, de natación insegura y mirada firme, se saben viviendo sus quince minutos de popularidad.
    Después, ni Andy Warhol podrá salvarlas.
    El Manual de Supervivencia Dotto es aun más duro que los consejos de Scott Fitzgerald sobre las
mujeres: el autor de El gran Gatsby (que no es Pancho, sino el otro) decía, borracho, en el Plaza de
Nueva York, que las mujeres se terminan a los veintitrés. Aqui a esa edad ya las suben a los micros del PAMI para una excursión al Valle de la Luna.
    Es fácil imaginar a estas chicas haciendo el amor frente al espejo, mientras controlan la estética del ritmo y el demoledor avance de la celulitis.
    Sus pares masculinos no son muy distintos, aunque su parecido con Terminator los acerca más
a Sarah Connor que a Schwarzenegger. Hay en ellos algo ligeramente "putil" (lo escribo, está claro, con envidia), quizá el pelo largo estudiadamente desprolijo, o los músculos brillosos y el traje de
baño americano. Circulan por la ciudad en sus Harley Davidson, en el Mercedes decapotable de pa-
pá o en el 4x4 que consiguieron gracias al berrinche del último cumpleaños, junto a la promesa formal de recibirse en menos de ocho años en la Universidad de Belgrano.
    La belleza de Punta del Este es demoledoramente ingenua. No hay aquí personajes de American Psycho, ni adolescentes italianos por los que morir en Venecia. Es una belleza sin carga o, para decirlo de otro modo, sin perversión.  Las chicas, en el fondo, responden a cualquiera de las reglas del metro patrón, del metro papá de todos los metros del mundo, residente en el Museo de Pesos y Medidas de París. Saben que esta broma del cuerpo pasará, que ya llegará el marido abogado, la rural Falcon y los niños con globos en el asiento trasero, y piden que nadie les recuerde todo ese rollo en esta ciudad donde tampoco hay pobres, o donde al menos no se los ve,en la que los mozos y las mucamas viajan a dormir a Maldonado.

Cruella de Vil

        -¿Viste esto?
        -¿Qué?
        -Dice el diario que en Buenos Aires hay más de ocho millones de personas que no tienen agua corriente ni cloacas.
        -¿Y?
        -¿Cómo "Y"? Hay trece millones de habitantes...
        -A ver, traé -dice, y agarra el diario, y lee detenidamente-. Debe ser un error de imprenta.

¿Es ésta la capital nacional de la frivolidad? Este verano no cuenta con el apoyo de los funcionarios del gobierno a los que se les prohibió venir, por lo que abandonaron sus habituales mesas
de Il Grecco. Punta del Este no es más frívola que el Patio Bullshit (léase Bullrich) o que algunos semanarios argentinos ("Casas y carne, nena, ésa es la consigna, casas y carne, vos mostrá cómo son las casas de los famosos y tratá de que las minas
hagan topless", le dijo su editor a una cronista porteña que cubre el verano) o que la Avenida Alvear,
o que la clase dirigente.

Aquí sólo tienen más tiempo, y se enfrentan a la Nada y al espejo. En esta ciudad-country es más
fácil soltarse de lengua, volver con varios kilos de más, llenarse los brazos de bijouterie y ser sinceramente crueles.

    -Después de todo, estamos en familia -dice papá.
    -Venimos siempre los mismos. (mamá)
    -Lástima que esté tan lleno de argentinos -dicen los argentinos.
    -Parece Gesell, ¿no, nena?
    -Ya no es lo que era.
    -Nada vuelve a ser lo que era.
    -Nunca se sabe.

    El colectivo 60 en el Museo del Louvre. Así de grotesco es este sitio tan bello. Desde esta máquina de escribir, a treinta kilómetros de Punta del Este, se escucha el mar, y se puede caminar en la playa, y ayer, en la playa, un uruguayo que salió de ninguna parte y al que crucé sin saludar me gritó:
    -Por allá va a salir la luna. Ahora, en un rato.  Va a ser inmensa -dijo, señalando hacia allá con el
brazo.
    Y al rato la luna salió por allá, y era inmensa.

Jorge Lanata, Vuelta de Página, Publicado en Página/30 en febrero de 1993.

 

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