El Banco de los Pobres

Luis O. Brea Franco  Consultor académico y cultural

Muhammad Yunus es un brillante economista de Bangladesh. Estudió y enseñó en EE. UU. y regresó a su país después de su independencia. Se dedicó a la enseñanza universitaria, pero no tardó en percatarse de que la macroeconomía que impartía a sus alumnos era demasiado teórica y no se correspondía con la realidad en que vivía. Esto lo convenció a dedicarse, con pasión, a estudiar las medidas adecuadas para ayudar al cúmulo de menesterosos en su sobrepoblada nación a salir de tal situación. Pronto se hizo consciente de que sólo se puede salir de la pobreza abandonando las leyes del mercado: proporcionando, a los necesitados, créditos solidarios sin garantía, para que puedan emprender actividades independientes y creativas. Para ello fundó el Banco Grameen, el Banco de los Pobres, que comenzó a operar en 1983. En menos de veinte años, ha beneficiado a más de dos millones de personas, en su mayoría, mujeres (94%), que reunidas en grupos de cinco, solidarias y responsables, consiguieron reembolsar sus pequeños préstamos en contra de todo lo esperado.

La idea original es simple y atractiva: Se parte del convencimiento de que las mujeres pobres están dotadas de un excelente sentido de supervivencia que les permite manejarse con recursos mínimos para atender a la familia, a la casa y administrar con eficacia los préstamos. Los resultados de experiencias realizadas con hombres fueron nefastos: gastaban los recursos en ellos mismos sin que llegaran a las familias.

Para obtener un crédito no se necesitan ni aval ni posesiones, basta solicitarlo junto a otras cuatro personas. Si una no cumple, automáticamente se rescinde el contrato a las demás. Se busca con ello establecer lazos solidarios y contribuir a que cada prestatario asuma su responsabilidad personal frente al grupo. Hay, además, un código de conducta, 16 decisiones, que incitan a los clientes a cumplir. Son normas morales y sanitarias: tener familias reducida, llevar los hijos a la escuela, no beber agua no hervida, protección ambiental, solidaridad con los demás. Sobre ellos se pretende edificar una nueva sociedad.

Estimo que deberíamos analizar esta experiencia y constituir aquí un entidad semejante. Si unen sus esfuerzos el sector público y el privado, iglesias y Ong's el proyecto sería factible y podríamos avanzar mucho en la lucha contra la pobreza. Contamos con la rica experiencia de Ademi, de la FDD, de Adepe, Mude y otras Ongs., y, en el sector oficial, de Promipyme. Habría que profundizar en ellas, mejorarlas, potenciarlas, capitalizarlas. Si tan sólo el sector público especializara cada año, los cerca de mil millones que se gastarían en la dádiva de RD$300.00 a trescientas mil familias, de allí saldría el capital de trabajo de nuestro Banco de los Pobres. Mediante el ejercicio del derecho al crédito, nueva dimensión de los derechos humanos, podríamos asegurar dignidad y decoro a la inmensa multitud de dominicanos que viven aún en harapos y no disponen de lo imprescindible para desarrollar, como debería ser, una vida humana plena de sentido. Publicado en el diario "El Caribe", el sábado 05 de mayo del 2001 1