Luis O. Brea Franco
Consultor académico y cultural
Tal constituye el título del libro, un tratado de filosofía política, publicado, el pasado año, por Tony Negri y Michael Hardt, en Harvard University Press. La obra, de cuatrocientas ochenta páginas, viene considerada como el libro negro de Occidente.
¿Qué es el Imperio? ¿cómo definirlo? Los autores señalan de inmediato que es la descripción del presente humano: "Es la forma política del mercado mundial, es decir, el conjunto de armas y medios de coerción que lo defienden, instrumentos de regulación monetaria, financiera y comercial, y por último, en el seno de una sociedad mundial "biopolítica", el conjunto de los instrumentos de circulación, de comunicación y de lenguajes". El Imperio es la forma de la constitución del poder en la sociedad capitalista mundializada.
¿Cómo se constituye este poder? Mediante la extinción del Estado-Nación. En este horizonte el espacio y el tiempo de la vida también se ven profundamente transformados. El espacio, porque las mercancías y los lenguajes, la producción y la reproducción, no encuentran ya ningún límite a su circulación; el tiempo, porque se ha detenido sobre la existencia del Imperio, ya sus ideólogos habían inferido que la historia había terminado. También las guerras han terminado: ahora son rivalidades entre bandas armadas que el Imperio regula mediante la intervención de sus gendarmes: Kosovo.
La obra presenta dos ideas fundamentales que están a la base del Imperio. La primera es que no existe un mercado global sin forma de estructura jurídica, y que un orden jurídico no puede existir sin un-poder que garantice su eficacia. La segunda señala que el orden jurídico del mercado global no enmarca sólo la nueva figura del poder global que tiende a organizar: registra y permite, tambien, nuevas posibilidades de vida e insubordinación, de producción y de lucha de clases.
Habría que comprender, a seguidas, cómo la acción, el discurso, la resistencia de un proletariado que ha pasado a convertirse en intelectualidad de masa se enfrentaría a esta nueva realidad. En ese contexto habría que identificar, a partir de las fuerzas que se mueven en ese tipo de mundo y que han ingresado en esta nueva realidad, una forma de expresión concreta, posible, de apertura. No una forma de expresión alternativa, sino una expresión que logre vislumbrar, dentro del proceso de unificación forzada, mundializada y comunicativa, puntos de apoyo, puntos de ruptura, puntos susceptibles desde donde construir lo nuevo.
La obra, de gran originalidad, estimula a descubrir nuevas dimensiones en la problemática de la globalización y ha contribuido a sustentar teóricamente los movimientos que se le oponen. Considerada desde este enfoque, Genova, nos lucirá diferente. No plantea soluciones apocalípticas, aspira obrar despertando nuevas posibilidades de convivencia signadas por una síntesis del espíritu libertario español y la alegre pobreza franciscana. La compensación final de tales procesos sería, para todos, poder alcanzar la ciudadanía global que hoy se otorga al capital y se niega al trabajo.