Los galeones "Guadalupe" y "Tolosa" zarparon de Cádiz el 13 de julio de 1724. Su cargamento era de pasajeros, clavos y 368 toneladas de mercurio o azogue del rey de España para ser utilizado en la extracción del oro y la plata en la minas de Nueva España. En ruta de Puerto Rico a La Habana, el 24 de agosto, fueron sorprendidos por los fuertes vientos y gran oleaje de un violento huracán que arrastró ambos navíos hacia las costas de la Española, donde naufragaron.
El Guadalupe, después de arrastrar anclas y perder varios mástiles, varó a ocho metros de profundidad, frente a Miches. Allí permaneció, debido al gran peso del mercurio, en posición vertical con su cubierta principal fuera del agua. La gran mayoría de los pasajeros y la tripulación sobrevivieron y pudieron llegar a la costa. El Tolosa, un navío más grande y ligero que el Guadalupe, fue arrastrado más hacia el centro de la bahía, donde golpeó con un arrecife hasta hundirse allí mismo. Sobre la superficie del mar, sólo permaneció parte del maltrecho mástil principal, con la cofa. Hubo pocos sobrevivientes.
La aventura de los quinientos cincuenta náufragos apenas comenzaba. El paraje era inhóspito y sin huella humana. A los pocos días la mayoría, por la falta de alimentos, decidió salir a buscar ayuda siguiendo la línea de la costa hacia el sur, en dirección de la ciudad de Santo Domingo. La peripecias de estos viandantes fueron infinitas… Otros intentaron la vía del mar…Tal es la historia.
Carlos León Amores, destacado especialista de la arqueología subacuática, quien trabajó en el levantamiento y rescate de ambos pecios, en los años 1994/96, nos relata este acontecimiento, con elegancia, economía de recursos, maestría descriptiva y gran suspense, en su novela: "Huracán". Recientemente, ofreció un curso formativo en su especialidad, en el país. Ahora, con la publicación de la novela aspira llevar el relato del naufragio de la Flota del Azogue, a la gente común, en especial a los jóvenes y a quienes se interesan por la historia ligada a la mar.
La República Dominicana, con la ayuda de un selecto grupo de investigadores españoles, el apoyo de "La Caixa" de Barcelona, la guía del capitán Tracy Bowden y el entusiasmo de Cucho Borrell, realizó un modélico rescate y documentación de ambos pecios. Hoy tenemos dos importantes museos dedicados a los bienes rescatados. Hay, además, una exposición temporal, en Madrid, con parte de los bienes dominicanos, frutos del rescate. Para potenciar este tipo de investigaciones, en 1999, se transformó la institución oficial encargada de la conservación de tales bienes para que centrara su ejercicio en la protección de los restos de existencia humana presentes en nuestras aguas jurisdiccionales, prohibiendo su explotación y comercialización.
Felicito a Carlos León Amores por este magnífico
aporte que nos permite introducirnos, con deleite, en un tema tan interesante,
ligado a nuestra historia. Recomiendo su lectura y estoy seguro que la
disfrutarán.
Publicado en el diario "El Caribe", el sábado 30 de diciembre del 2000.