Luis O. Brea Franco
Catedrático y consultor cultural
Lobrea@mac.com
A mediados de la década de los ochenta, motivada por los crecientes desequilibrios, frustraciones y pocos avances logrados en los diversos procesos de modernización, en curso, en esos años, las Naciones Unidas recomendaron reflexionar sobre las posibilidades y particularidades del desarrollo pues consideraba que su comprensión constituiría el más importante desafío en los años a venir.
El Informe de la Comisión Mundial de Cultura y Desarrollo (1996), patrocinada por la UNESCO, se inscribe entre tales intentos. Desde el inicio describe como visión parcial, distorsionada e ineficaz de los procesos de desarrollo atender en ellos, únicamente, al logro del crecimiento económico, a la expansión de la producción y de la productividad y al aumento del ingreso per capita. Propone superar esta visión mediante la fundamentación de una nueva dimensión del desarrollo humano, que sea capaz de crear: "un modo de vida que sea pleno, satisfactorio, valioso y valorado en el que crezca la existencia humana en todas sus formas y en su integridad". Desde esta nueva perspectiva se establece que no hay autentico desarrollo humano allí donde no se logra la armonización de los objetivos económicos con las aspiraciones culturales y humanas que constituyen la base social de los fines mismos de los pueblos.
Se descubre en esta reflexión un nexo entre el cumplimiento de la finalidad de los procesos de desarrollo: la realización de la dignidad humana y, la garantía concreta del ejercicio de tal dignidad: el pleno e indivisible disfrute de los derechos humanos. Con ello se avanzaba hacia una definición de principios para una ética adecuada para valorar tales procesos. Igualmente, quedaba establecido que la garantía y el disfrute de los derechos económicos no puede anteponerse, ni separarse, al ejercicio total de los otros derechos: políticos, sociales y culturales. Sentando así las bases para la edificación de una autentica cultura de paz a través del fortalecimiento de la legislación internacional en materia de los derechos humanos. Puesto que, valora el Informe, gran parte de los conflictos internos e internacionales traen su origen en situaciones de denegación de derechos, en medidas represivas establecidas por regímenes de fuerza y por la desatención del desarrollo humano.
En esta nueva formulación de los parámetros del desarrollo se establece como mayor aspiración lograr una mejor calidad de vida, lo que no equivale a facilitar la obtención de una mayor cantidad de bienes sino a ayudar a ser, efectivamente, capaces de desplegar una vida plena, digna y segura. Empero para alcanzar tal aspiración sólo podríamos contar con la cultura, puesto que sólo en ella encontramos algo que es valioso por sí y en sí mismo.
Así, desde esta nueva visión la tarea
del desarrollo sería la de trabajar en integrar el componente vital
de la cultura de nuestro propio ser social con el aspecto económico
mediante la garantía del ejercicio pleno de los derechos humanos
para cada uno. ¿Por qué no intentamos avanzar edificando
esta nueva vía?
Publicado en el diario El Caribe, el sábado 02 de diciembre del 2000.