Por una coordinación internacional de quienes nos reclamamos enemigos revolucionarios del imperialismo y el capitalismo (o sea, socialistas)

1) Hay un agotamiento creciente del capitalismo. No vamos a una época histórica de reformas progresivas sino que ya estamos en una época de crisis, guerras y revoluciones.

    El deber de quienes nos reivindicamos del socialismo revolucionario internacionalista es dar pasos prácticos para reagrupar fuerzas para intervenir en todo lo que podamos en común en la etapa abierta.

 

2) La Liga Socialista Revolucionaria considera que lo antedicho es una discusión a encarar por todos los medios posibles entre todas las fuerzas existentes que se reclaman del socialismo revolucionario, estén o no, y en la calidad que sea, en el Foro Social Mundial de Porto Alegre.

3) Impulsar todas las acciones que ayuden a crear conciencia entre las masas y contribuyan a la construcción de un poder popular capaz de enfrentar con éxito al imperialismo y el capitalismo.

 

4) Coordinar, a partir de una base de principios, las formas prácticas para avanzar en un doble sentido:

a) Actuar en común en lo que tengamos una base mínima de acuerdos.

b) Establecer una agenda de debate sobre las principales problemáticas que preocupan al movimiento revolucionario.

 

     Consideramos que los puntos mencionados pueden llevarse adelante a partir de unas pocas definiciones básicas, de principios. Enumeramos sintéticamente las que, a juicio de la LSR, serían algunas definiciones imprescindibles.

•   El estado burgués es la garantía del régimen capitalista. Para terminar con este régimen explotador, hay que destruir a su Estado e imponer un poder de clase opuesto, basado en los trabajadores de la ciudad y el campo, en alianza con otros sectores explotados y no explotadores. Desde ese poder, luchar con toda la firmeza necesaria para derrotar la violencia contrarrevolucionaria de las minorías de explotadores y de sus sirvientes. Es estéril la lucha por un “gobierno de los trabajadores” si no se enmarca en la derrota del Estado burgués y en la disputa del poder.

•   El nuevo poder debe ser ejercido directamente por los explotados y sus organizaciones (incluyendo la pluralidad de partidos que defienden la revolución), rechazando todo tipo de sustituismo partidista realizado en nombre de los obreros y los trabajadores, y de un estatismo que se coloca por encima del poder social y político de los explotados.

•   La sociedad de transición, posterior al derrocamiento revolucionario de la burguesía y a la destrucción de su Estado, debe caracterizarse centralmente por la hegemonía social y política de los trabajadores y los explotados, incluida la hegemonía militar, siguiendo el criterio leninista de que la única garantía de democracia es el fusil al hombro del obrero organizado en milicias por empresa, territorios, pueblos y/o barrios.

•   Es un deber de los socialistas revolucionarios luchar consecuentemente contra todos los gobiernos burgueses, con las más variadas tácticas que se correspondan a las distintas situaciones de la lucha de clases.

•   Los socialistas revolucionarios jamás integramos un gobierno burgués, aportando ministros, secretarios u otros funcionarios ejecutivos. El gobierno burgués de turno es siempre el principal enemigo de los trabajadores, el gerenciador de los intereses de la clase dominante, así se trate del más “progresista” de los gobiernos capitalistas.

     No creemos que la conquista de un gobierno burgués equivalga al pago de la primera cuota de un poder que puede comprarse mediante un cómodo crédito, como soñaron trágicamente los dirigentes de la Unidad Popular chilena hace más de 30 años.

     Compartimos la definición de Lenin de los otrora gobiernos socialdemócratas como “obrero burgués” sólo que ahora son simplemente burgueses con un discurso ultrarreaccionario, como Blair, y/o con tonalidades rosadas, como los gobiernos del Cono Sur que actúan de cipayos militares de Estados Unidos y Francia en Haití.

•   Los socialistas revolucionarios tenemos el deber de agitar, propagandizar y organizar entre las masas en favor de la derrota del imperialismo en cualquier guerra de agresión que éste lleve adelante contra cualquier pueblo del mundo con el pretexto que sea.

     No se trata de calibrar el nivel de barbarie de los oponentes a los distintos imperialismos. Toda derrota imperialista es un avance potencial para el progreso de la humanidad. Porque la principal fuente de barbarie no está en las culturas de los pueblos (así se trate de caníbales, por ejemplo) sino en los imperialistas: son ellos los que ponen en riesgo a la civilización humana y al planeta mismo.

     En consecuencia, es un deber para los socialistas revolucionarios de Estados Unidos y Gran Bretaña estar por la derrota militar de sus imperialismos en Irak. En Francia hay que estar por la derrota del imperio en Costa de Marfil y África. En todos los países centrales hay que estar  por la derrota del propio imperialismo –a manos de quien sea– y también de quienes siguen ocupando Afganistán.

     En los países del Cono Sur, aun cuando no sean imperialistas, la mayoría de los gobiernos está colaborando activamente con el imperialismo mediante el envío de tropas cipayas a Haití.

     Los socialistas revolucionarios denunciamos este papel de las burguesías locales y sus gobiernos, y llamamos a enfrentarlos y derrotarlos.

  


REFORMA utópica

o REVOLUCION

necesaria, difícil y posible

 

     ¿Cuál es la diferencia que hace que el socialista chileno Ricardo Lagos sea un niño mimado de Estados Unidos, mientras que su antecesor en el cargo y miembro del mismo partido, Salvador Allende, fue derrocado y asesinado por un capataz de Washington llamado Pinochet, en medio de un baño de sangre?

     La respuesta es simple: Allende y la Unidad Popular intentaron hacer reformas radicales al capitalismo (ellos las llamaban “la vía pacífica al socialismo”) y había un movimiento obrero y de masas que quería ir más lejos, y actuaba en ese sentido, poniendo en riesgo la continuidad misma del capitalismo y de su Estado.

     El gobierno de Allende necesitó sólo unos pocos meses para expropiar sin pago la minería de cobre, a la que Allende llamaba “el salario de Chile”, pasándole la cuenta a las compañías imperialistas por todo lo que habían evadido y robado y, en consecuencia, le debían al Estado chileno.

     Más allá de que Chile no fuera la excepción (y que en Perú y Bolivia, en la misma época, se expropiara el petróleo, por ejemplo), cabe preguntarse: ¿Qué medida antimperialista ha tomado Lagos en más de cuatro años de gobierno? ¿Qué medidas progresistas de reforma del capitalismo ha tomado en favor de los trabajadores?

     Las respuestas se resumen en una simple y trágica palabra: Ninguna. Por el contrario, Lagos ha firmado un acuerdo bilateral con Estados Unidos –estilo Alca– y es elogiado por todos los capitalistas del mundo porque, en lo fundamental, nada ha tocado de las monstruosas leyes esclavistas de Pinochet.

     El pasaje de la discursiva “vía pacífica al socialismo” de Allende al acuerdo vergonzoso del “socialista” Lagos con Bush, no tiene sólo una explicación de tipo personal.

     La clave hay que buscarla en estas cuatro décadas, en que el capitalismo ha agotado –a escala global– el boom de la posguerra, al que ellos llaman “los 30 gloriosos años”. El capitalismo ha entrado en una pendiente decadente que no sólo no admite reformas de progreso –aun dentro del sistema– para los trabajadores. Por el contrario, viene desmantelando todas las conquistas de la posguerra y del “Estado de bienestar” incluso en los países imperialistas (no sólo en los periféricos).

     Ésa es la base donde se asienta la diferencia entre Allende y Lagos. No hay márgenes estructurales para una reforma progresiva del capitalismo. Por eso, quienes siguen confiando en esa posibilidad, están condenados a administrar las reformas reaccionarias de la decadencia, y sólo pueden aspirar a no caer en las groserías de un Menem, un Fujimori o un Sánchez de Losada.

 

De Bernstein a Lula

     El apogeo del capitalismo imperialista dio paso a una serie de reformas sociales y políticas, y a la conformación de una aristocracia obrera en los países centrales. Así nació el reformismo en el apogeo capitalista. Bernstein fue su ideólogo más destacado y contra quien polemizó Rosa Luxemburgo más de un siglo atrás.

     El rumbo de la historia de la humanidad –y no sólo aquella polémica– fue saldado en 1914 por la más gigantesca carnicería imperialista, la que abrió una etapa histórica de crisis, guerras y revoluciones que, en un sentido amplio y no lineal (es decir, incluyendo períodos de contrarrevolución o de “estabilidad” dentro de ese marco general), se mantiene 90 años después.

     El planteo de Bernstein y la variada gama de reformistas clásicos era una trágica utopía reaccionaria que se hundió en el barro y la sangre de las trincheras de la Primera Guerra. Pero el actual reformismo carece de todo origen obrero o socialista. Tiene como núcleo central al Vaticano y su prédica por un “capitalismo con rostro humano”, intentando ocultar que el capitalismo nació, se desarrolló y sobrevivió sobre la base de una inhumana explotación obrera, además de las gigantescas masacres de campesinos en Europa, indios en América, secuestro de africanos para el tráfico de esclavos y la bárbara colonización de Asia.

     La definición “capitalismo humano” es como decir “esclavismo liberador”: es una negación en sí misma porque, para que el capitalismo funcione necesita ser lo opuesto a un régimen que privilegie a las personas. Por eso, más de la mitad de la población vive con menos de uno o dos dólares diarios; 1.000 millones de habitantes del planeta están desocupados; 12 millones de niños mueren anualmente por hambre o enfermedades curables; crecen la pobreza y la indigencia masivas, las guerras en todos los continentes, y un largo etcétera.

     Que en una ínfima minoría de pequeños países de Europa, estos trágicos fenómenos no sean tan masivos, no niega lo anterior. Son paraísos fiscales tipo Suiza u otros, o países que especularon con la neutralidad en las dos grandes guerras interimperialistas (como hizo Suecia, por ejemplo).

     Incluso en los territorios de la Europa imperialista y en Estados Unidos, está también penetrando el “tercer” y “cuarto mundo”. La desocupación, el creciente desmantelamiento del llamado “Estado de bienestar” y la creciente inmigración (inevitable en países longevos, donde falta mucha mano de obra joven), son algunos ejemplos de ello.

 

El hundimiento del llamado socialismo real:

base de la propaganda del Papa

     El mundo nunca conoció el socialismo, un régimen que supera en riqueza al más poderoso de los países capitalistas-imperialistas. Ese régimen socialista sólo puede alcanzarse a escala internacional y derrotando al capitalismo mundial.

     Por su propia conveniencia, el imperialismo planteó, durante décadas, que había una lucha entre “el mundo libre” y “el comunismo totalitario”. Por supuesto, no existía el “comunismo” y no eran socialistas los estados así llamados. Sus burocracias dominantes eran procapitalistas y luchaban por conformarse como clase burguesa, con todos los derechos de sus socios occidentales. Al margen de eso, sus regímenes tampoco eran más totalitarios que las “democracias” capitalistas y sus innumerables tiranías, respetablemente promovidas y/o aceptadas.

     El falso “socialismo” tenía, inexorablemente, que caer como una fruta madura, máxime si Estados Unidos obligaba a la URSS a una carrera armamentista imposible de sostener para ésta.

     Con el derrumbe de la URSS y de los países que ocupaba en el este de Europa, surgieron dos corrientes ideológicas (y su consecuente accionar) en el mundo capitalista.

     Una fue sintetizada por Fukuyama y sus afirmaciones acerca del triunfo definitivo del capitalismo como el último-único sistema social posible, y de su democracia como el mejor régimen al que podía aspirar la humanidad. Esa combinación constituía, para él, el “fin de la historia”. Esta endeble teoría se derrumbó como un castillo de naipes con la explosión de la burbuja financiera (fines del siglo XX y comienzos de los 2000) y con el escandaloso fraude que catapultó a Bush a la Casa Blanca.

     La otra corriente tuvo como principal ideóloga a la iglesia católica, liderada por Juan Pablo II. El Vaticano, que puede tomar distancia de la administración directa y cotidiana del capitalismo, alertó desde el vamos acerca de la necesidad de hacer reformas porque, de lo contrario, el sistema corría el riesgo de estallar con peligrosas consecuencias revolucionarias. A esa política, el Papa la denominó “humanizar el capitalismo”.

 

Lo único realista es la revolución anticapitalista

     En el actual período de la historia, no hubo ni habrá reformas de progreso dentro del capitalismo sino un acrecentamiento de la barbarie. Todos los indicadores económicos-sociales lo muestran a las claras y son mucho más fáciles de entender que el fenómeno que al Vaticano le costó siglos admitir: que no era el Sol el que giraba alrededor de la Tierra, sino al revés.

     Hoy estamos ante una realidad simple, que nada tiene de novedosa: la agonía de un régimen económico, social y político completamente agotado, que no es capaz siquiera de mantener a la clase que le da de comer, a sus esclavos modernos. Será sin dudas muy difícil y trabajoso enterrar este régimen junto al hacha de piedra, al esclavismo y al feudalismo. Pero ésa es la única perspectiva realista para el presente y el futuro de la humanidad.

     Por eso, el camino de la revolución –sin dudas arduo, costoso y difícil– es un camino que responde a una necesidad de la realidad. Intentar eludirlo, reemplazarlo por el afán de una imposible “humanización” del régimen de explotación, es la más completa utopía del siglo XXI.

 

 


No habrá unidad sudamericana sin revolución

•   Los nuevos gobiernos, supuestamente contrarios al llamado neoliberalismo de los ’90, dan por buenas las principales calamidades sostenidas en esos años: la fraudulenta deuda y la gigantesca estafa de las privatizaciones, incluyendo el saqueo de los principales recursos naturales.

     Sin tocar esos pilares, los gobiernos “progresistas” son una hoja al viento de las fluctuaciones de los precios de las materias primas en el mercado mundial: una coyuntura favorable, de 3-4 años, les permite “zafar” sin que cambie nada de fondo, con lo que preparan un nuevo precipicio frente a los pueblos.

•   Estos mismos gobiernos han acudido prestos a cubrirle las espaldas a Bush, aportando tropas en Haití, para que Estados Unidos pueda seguir concentrando las suyas en Irak.

     No hay “tercera posición” posible: o se enfrenta al imperialismo en una lucha mortal o se termina sometido a él en todo terreno fundamental. Las palabras son sólo eso, palabras. Lo verdaderamente elocuente son los hechos.

•   La Unión Sudamericana que proyectan Lula y Duhalde nada tiene que ver con un enfrentamiento al imperialismo. Por el contrario, es el proyecto de quienes aspiran a crear una semicolonia especial –Brasil– que actúe como una suerte de subimperialismo subordinado, dependiente pero relativamente privilegiado; una “unidad” al servicio de los monopolios, y las grandes bandas mafiosas y clericales.

•   El Mercosur es una vulgar unión aduanera –que ni siquiera funciona bien–, como lo muestran diariamente los conflictos comerciales en su interior. Su estancamiento completo a lo largo de más de una década no se debe a la política de los gobiernos “neoliberales” sino a que es la ganancia la que rige al capitalismo. Ésa es su ley suprema, y a ella deben subordinarse las acciones ejecutivas de los gobiernos.

•   Las distintas burguesías del continente tienen en común su entrelazamiento, como socio menor, con los intereses imperialistas. Pero, a la vez, cada una de ellas ha desarrollado intereses propios, en conflicto con sus pares de la región, actuando siempre en consonancia con algún centro imperialista. Valgan como ejemplos las guerras de Brasil, Argentina y Uruguay contra Paraguay en nombre de Inglaterra; la del guano que Chile llevó a cabo contra Bolivia y Perú, al servicio de la misma corona; la de Paraguay y Bolivia por el petróleo del Chaco en disputa para distintas compañías imperialistas; el conato de guerra entre Videla y Pinochet en 1978 o las hostilidades abiertas entre Perú y Ecuador una década atrás.

•   Sólo podrá haber unión solidaria, libre, democrática y emancipada de los pueblos de América latina en el enfrentamiento revolucionario contra el imperialismo, lo que necesariamente lleva implícito el enfrentamiento a las propias burguesías locales.

 

 


Antimperialista, anticapitalista y socialista:

La revolución latinoamericana como proceso único hacia una Federación Socialista Continental

     La independencia política proclamada casi dos siglos atrás se realizó dentro y como parte del ascenso del capitalismo inglés y con burguesías nativas asociadas desde el vamos al mercado mundial controlado, básicamente, por Inglaterra.

     Con este origen, las burguesías latinoamericanas no nacieron con intereses contradictorios con los del viejo orden económico colonial. Por eso, en lo fundamental, no pretendieron cambiar revolucionariamente ese orden sino, simplemente, insertarse en él. Eso explica, también, que no haya habido revoluciones que dieran la tierra a los campesinos, los indios y los esclavos negros, con lo que hubieran creado un gran mercado interno de consumo.

     Los líderes revolucionarios burgueses con proyectos radicales, fueron combatidos y traicionados abiertamente por las burguesías locales.

     Así es que la mitad del continente –Brasil– pasó, sin guerras ni revoluciones, del dominio político formal de Portugal, a manos de la potencia imperial que, a su vez, lo dominaba (Inglaterra). El cambio no fue traumático; más bien fue parecido al cambio de un traje, con monarquía y esclavismo incluidos hasta fines del siglo XIX.

     La parte que dependía de España fragmentó sus virreynatos en numerosos países, en alianza de las burguesías locales con Inglaterra.

     Nació así un continente balcanizado y funcional al imperialismo inglés hasta la crisis de 1930 y al estadounidense después, que relevó al anterior, en irreversible decadencia.

 

El fracaso del reformismo burgués “nacionalista”

 

     No vamos a hacer un repaso detallado de este proceso que recorrió el siglo XX desde la gigantesca revolución mexicana que se inició en 1910. Sólo diremos unas palabras sobre algunos hitos importantes, y arriesgaremos algunas conclusiones.

     El Apra del Perú de Haya de la Torre –que tuvo el acierto de plantear el problema peruano en términos latinoamericanos– se enfrentó fracasadamente con la burguesía local, que lo derrotó en levantamientos armados y lo proscribió hasta que perdiera todo su filo revolucionario.

     El MNR boliviano tiene el mérito de haber sido parte del inicio de la revolución de abril de 1952 que destruyó el Ejército –y lo hizo desfilar en calzoncillos– a manos de mineros aliados a policías y pobladores de barriadas obreras de La Paz, abriendo el proceso revolucionario más profundo hasta entonces en la región.

     Perón, en la Argentina, aprovechó la crisis de hegemonía imperialista que provocó la segunda guerra mundial entre Inglaterra (hasta entonces dominante, pero en franco retroceso) y Estados Unidos (en ascenso). El meganegocio de las exportaciones durante la guerra les permitió a los capitalistas acumular grandes ganancias a costa del Estado, y también significó para los trabajadores beneficios inéditos, de los que fueron despojados durante el medio siglo siguiente, incluyendo los años del retorno del peronismo –y de Perón– al poder en la primera mitad de la década de los ’70.

     El gigante de la región –Brasil– vivió un intento nacionalista encarnado primero por Getulio Vargas –que culminó con su propio suicidio en 1954– y luego por Jõao Goulart, al que puso fin el golpe contrarrevolucionario de 1964. Golpe que fue planificado por la Escuela Superior de Guerra, para “hacer un país moderno” que fue el paraíso de los monopolios, en particular los automotrices. Brasil se convirtió en el primer “tigre”, donde los monopolios pudieron bajar sideralmente sus costos en salarios, mucho antes que en el sudeste asiático. Y sigue siendo el país con la más regresiva distribución de la renta, con millones de analfabetos y hambrientos a quienes no saca de esa condición el rimbombante plan “Hambre Cero” proclamado –y no concretado– por Lula.

     Un fenómeno bastante distinto fue el liderado por la Unidad Popular chilena. Fue un proceso hegemonizado por el reformismo de origen obrero (PS y PC), que terminó en la contrarrevolución del 11 de septiembre de 1973. Ésta pudo imponerse no por falta de armas que la enfrentaran –que las había– sino por la ausencia de una dirección política revolucionaria dispuesta a aplastar al facismo de la única forma en que es posible hacerlo: a sangre y fuego. Pero para ello hace falta, en primer lugar, reconocerlo y no marearse con ilusiones en la democracia burguesa y en la “lealtad” de la burguesía y sus fuerzas armadas hacia ella.

     Diversos analistas pronostican, hoy, un futuro sombrío para los próximos 20 años de Latinoamérica. Si no median cambios revolucionarios, ese pronóstico se cumplirá.

     Todas las variantes nacionalistas burguesas y/o reformistas han sido la continuidad del fiasco de la independencia política proclamada en los albores del siglo XIX. No era posible constituir países burgueses sólidos, sin ataduras con los centros imperiales, sin una revolución que los derrotara.

     Categóricamente, sigue vigente la vieja definición de Trotsky acerca de que el problema nacional y el de la tierra sólo pueden ser resueltos por una revolución obrera, popular y campesina que barra con el poder burgués e instaure un poder opuesto, de nuevo tipo, en una perspectiva socialista. Él llamaba a eso “revolución permanente”.

 

La revolución socialista es necesaria y posible

 

     Parte de la dominación ideológica que ejerce la clase que detenta el poder, consiste en mostrar como imposible un cambio total de la realidad. En eso sigue al esclavismo y al feudalismo, por ejemplo, que trataban de demostrar que era posible mejorar el orden existente sin tirarlo abajo para construir una nueva sociedad, pero sin destruir el viejo orden. Ésta es una trampa ideológica para perpetuar su dominación económica y social.

     Todo el desarrollo histórico de la humanidad ha demostrado lo opuesto: hay que terminar con todo el poder dominante para empezar a salir del infierno capitalista-imperialista. De eso se trata.

     En realidad, en estos dos siglos, los países del sur son aun más dependientes que durante el ocaso del imperio español, incapaz –por ejemplo– de competir con el contrabando inglés. Los grilletes de la esclavitud se han modificado pero son cada vez más asfixiantes.

     Aunque resulte más fácil de escribir que de realizar, se trata –simplemente– de una sola cosa: de romper las cadenas.

     La revolución sólo puede ser planteada tácticamente en términos nacionales, pero su estrategia a corto o mediano plazo es continental (de lo contrario, será cooptada o aplastada físicamente).

     Su perspectiva es una Federación Socialista libre, de todos los países de la región, sea de los actuales –que en ningún lado está escrito que vayan a mantenerse como una eterna herencia del genocidio de la cruz y la espada sobre los indios y los africanos– o de nuevos estados que puedan crearse antes o durante la conformación de esa Federación; o de la fusión de viejos estados diferentes, si sus pueblos lo consideran conveniente, y democráticamente así lo acuerdan.

     Todas estas cuestiones hacen al futuro. Pero es bueno planteárnoslas hoy.

     Nada será posible sin encarar una dificilísima lucha revolucionaria para enfrentar y derrotar en todos los terrenos necesarios a los imperialistas y a sus socios burgueses –incluyendo a sus estados– en la región.

     ¿Es ésta una perspectiva difícil y que implicará una gran lucha revolucionaria?

     Sí, obviamente sí. Pero es la única realista.

     Los cantos de sirena acerca de la “humanización” de los diversos capitalismos “nacionales” son una utopía reaccionaria, inalcanzable, inasible.

     La única política realista para “humanizar” al capitalismo internacional y a sus pedazos nacionales está en la lucha por barrer revolucionariamente su poder y construir un gran bloque regional que tenga como horizonte constituir un baluarte, un punto de apoyo nodal para la revolución socialista internacional, incluyendo la de los países imperialistas y las de los pueblos de los cinco continentes.


 

La Argentina: ATADA CON ALAMBRE

La masacre de 200 personas en la discoteca del céntrico barrio de Once mostró una horrenda radiografía del colapso del estado argentino. Lo ocurrido sacó a la luz que, en la ciudad más rica y con más infraestructura en todos los terrenos, no hubo ambulancias, hospitales, morgues ni nada que funcionara acorde a los requerimientos de la previsible pero no prevista masacre. Por ejemplo, buena parte de los muertos y heridos no fueron trasladados en ambulancias sino en lo único que vienen invirtiendo los sucesivos gobiernos: en vehículos policiales.

Las autoridades, empezando por el intendente Aníbal Ibarra, brillaron por su ausencia. Kirchner estaba descansando en el sur y sólo volvió días después para no verse salpicado por el escándalo, con lo que provocó un escándalo aun mayor.

La masacre del 30 de diciembre demostró que lo que parecía sólido sólo estaba atado con alambre.

Ibarra quedó a merced del viento, sosteniéndose de un pincel y apoyado en una escalera que se mueve. Allegados al Intendente dijeron, frente a la principal manifestación de más 10.000 personas que lo repudiaba, que si ésta hubiera sido cinco veces más numerosa, su caída hubiera estado planteada.

Frente al temor ocasionado por el peligro de que los acontecimientos se desarrollaran en ese sentido, se armó un sólido bloque burgués para impedirlo.

Kirchner pactó con Duhalde y éste puso a una de sus principales espadas (Juan José Álvarez) como virtual interventor de la Ciudad, al frente de la Secretaría de Seguridad. Álvarez era ministro de Duhalde cuando, bajo su dirección, fueron asesinados el 26 de junio del 2002 los piqueteros Maximiliano Kosteki y Darío Santillán en lo que se conoció como “La masacre de Avellaneda”.

Previo a la masacre de Once, todo parecía indicar que se iba a un enfretamiento Kirchner-Duhalde, pero el miedo a las masas provocó un instantáneo acercamiento. La llamada “transversalidad” proyectada por Kirchner por fuera del PJ estalló por los aires y se fue al basurero junto con quien era su figura clave: Aníbal Ibarra. Por eso, el Presidente tuvo que apelar a la derecha peronista y ésta lo apoyó interviniendo, de hecho, la Capital.

Tras los feriados findeañeros, Kirchner volvió a Buenos Aires y, en una violenta diatriba contra los medios y quienes lo criticaron por no haberse presentado en la mayor tragedia no natural ocurrida en el país, trató de justificar lo injustificable: “No quise hacer un circo mediático entre los muertos”. La agresiva actitud del Presidente fue el complemento de su cobarde especulación durante la tragedia, en la que debía estar presente, como todo jefe de Estado lo hace (hasta Bush estuvo cuando un tifón pasó por Florida, casi sin muertos).

La única dirección que actuó a pocas horas de los hechos fue la Iglesia, que incluso envió a Once a su principal figura, el cardenal jesuita Bergoglio. Y éste instrumentó rápidamente, mediante la acción de sus cuadros, la campaña de terrorismo ideológico “para que no se politice la tragedia”. Como siempre, el no declarado Partido Vaticano corre en auxilio del poder político, por la vía de tratar de mantener a las masas lejos de él.

 

La crisis institucional es aguda: Días después de la solución de emergencia en la Ciudad, estalló la crisis en el bastión de Duhalde, la provincia de Buenos Aires, con el voto de un presupuesto que recorta los superpoderes que reclamaba el gobernador Felipe Solá, aliado de Kirchner. Los seguidores de Duhalde junto a los radicales fueron los autores del operativo.

La provincia no tiene presupuesto (ya que fue posteriormente vetado por el gobernador) y los hechos están abiertos a negociacion y/o ruptura. Kirchner mantiene una aparente distancia, pero Solá es el único gobernador invitado a acompañarlo en su viaje a París.

Este año hay elecciones, y las cartas que todos quieren tener escondidas van a salir a la luz en pocos meses.

La crisis institucional es grave e incluye a todos los poderes. En el parlamento nacional, pese a la amplia mayoría con que cuenta el Presidente, se votaron plenos poderes para la distribución del presupuesto por el jefe de Gabinete, y ni siquiera se amaga a discutir la deuda externa que es, constitucionalmente, atribución del Congreso.

Un juez puesto por Menem es quien lo juzga. Ese señor, llamado Oyarbide, ligado al negocio ilegal de la prostitución en la Ciudad, parece también haber admitido como fianza de Menem unos títulos pertenecientes a terrenos fiscales en Catamarca.

La lista es interminable, porque aunque no se cumpliera el anhelo popular expresado en el eslogan “Que se vayan todos”, colapsó el sistema político tradicional del país.

Pero esta crisis se puede estirar como un chicle porque no hay opción política burguesa ni obrera ni de izquierda.

 

La represión: La única respuesta firme de que ha sido capaz el gobierno en sus diferentes instancias –nacional, provinciales, municipales– se llama represión. Desde el inédito despliegue policial ante las manifestaciones que exigen justicia por la tragedia de Once, se han ido sentando las bases para una sociedad que viva bajo sospecha, bajo la lupa del control administrativo-policíaco del Estado. Con este plafón entró en vigencia, además, el Código Contravencional aprobado a impulso de Macri-Ibarra en la capital federal. Y varios proyectos de leyes llamadas “antiterroristas” están prestos a buscar la aprobación del congreso nacional en este año.

Recordemos, además, que la presidencia de Kirchner tiene el récord de presos políticos desde la vuelta al régimen constitucional en 1983.

La principal función del aparato represivo, hasta ahora, ha sido la de realizar acciones tendientes a sembrar el terror entre la población tratando de convencerla de la “conveniencia” de no salir a las calles.

 

Las perspectivas: Dos años consecutivos con 8,5% de crecimiento del PBI tuvieron un mínimo efecto “derrame”. Algo le llegó a un sector (no menor) de asalariados en blanco, y también a puestos de trabajo en negro en sectores dinámicos como las agroindustrias y el turismo. Muy poco, pero algo crecieron los puestos de trabajo en estas condiciones.

Pero todo es precario, ya que está ligado a una coyuntura internacional favorable a la Argentina en los precios de los granos, que no es claro si se mantendrá (por lo pronto, el precio de la soja bajó, lo que podría ser compensado por una cosecha récord de soja y granos). Depende también de la devaluación, del peso de China en el mercado mundial de materias primas y de una serie de factores ajenos a la voluntad de la burguesía que vive en el país, sea de la procedencia que sea.

Todo está atado con alambre: por ejemplo la negociación del default, que puede significar algunos cambios en uno u otro sentido.

Los pronósticos económicos para este año son favorables (también lo fueron en un sentido opuesto y apocalíptico tres años atrás). No obstante, y con el ritmo y la celeridad que sea, nuestra opinión es que vamos a un proceso de más crisis social, de más huelgas y luchas obreras más duras.

Ese proceso tuvo un importante comienzo en el 2004 con huelgas como las de telefónicos, subterráneos, trenes, camioneros, estatales, docentes y varios otros sectores, en particular de servicios.

Para intentar contener este proceso –que en lo fundamental le es ajeno–, el Gobierno ha decretado la “unidad” de la burocracia en la CGT.

Pero hay incipientes atisbos de reorganización obrera por fuera de ella, como en subtes, trenes, docentes, y otros con menor repercusión pública. Parece probable que esta tendencia crezca en este año, al margen de las elecciones sindicales que se han convertido en lo fundamental en vulgares estafas en las actuales condiciones de vaciamiento del grueso de los sindicatos, donde sólo un mínimo de trabajadores está afiliado y la burocracia mafiosa manipula urnas y padrones con bastante holgura.

Finalmente, digamos que parte del colapso institucional del país incluye a la vieja izquierda “posibilista” y democratista. En un año electoral, este hecho tendrá mucha importancia. Si esta situación no se supera, si se intentan recrear variantes centroizquierdistas varias veces fracasadas –tipo Frente del Sur o Frepaso–, se irá a una nueva frustración y derrota. En esta operación están abocados no sólo los centroizquierdistas tradicionales sino incluso el PC.

Un congreso de bases de la izquierda revolucionaria, socialista roja, y del nuevo activismo que empieza a surgir, sin ningún atisbo de podrido aparatismo ¡tan trágicamente usual! podría empezar a marcar un camino de reagrupamiento de la vanguardia en todos los terrenos.

A eso apuesta sus energías la LSR.

 


 

En Cuba hay un enorme campo de concentración:

Se llama GUANTÁNAMO

 

     Bush acaba de promover como secretario (ministro) de Justicia al miserable abogado que urdió trasladar a Guantánamo a los apresados en Afganistán. Fue un ardid rastrero para no tener que reconocerlos como prisioneros de guerra, porque no están en territorio estadounidense y Guantánamo tampoco lo es (así sea una base militar usurpada históricamente a Cuba).

     Así, trasladaron a varios cientos de afganos (reconocen unos 700) que están en similares condiciones que las que se padecieron en las prisiones de Videla o Pinochet. En este caso, se hallan en jaulas bajo el constante sol del Caribe y sufriendo todo tipo de torturas. El ¿suicidio? parece haber sido la única forma de escapar de este infierno.

     Los prisioneros carecen de abogados y de todo derecho a defensa, en lo que constituye un acto de terrorismo internacional, ejemplificador, destinado a intimidar al pueblo cubano y a todos los pueblos explotados y oprimidos de Latinoamérica y del mundo.

     Muchos de quienes se dicen “defensores de los derechos humanos” miran para otro lado y callan sobre este horror.

     Lo mismo hacen respecto de los más de 1.000 desaparecidos fronteras adentro de Estados Unidos por orden de Bush y su Acta Patriótica. Los secuestrados están a disposición del Gobierno (Videla los llamaba “a disposición del PEN”), sin proceso ni condena y, por lo tanto, sin derecho a defensa alguna, negándose siquiera las respuestas ante habeas corpus que reclamban la publicación de sus nombres y paradero.

     La “defensa de los derechos humanos” que argumentan los torturadores de Abu Ghraib y los genocidas de Fallujah y demás poblaciones de Irak, es de un macabro cinismo que merece el repudio de toda persona honesta en su defensa de las libertades democráticas. Ésa es la clave de la lucha en todo el mundo: defensa de las libertades más elementales, en contra del terrorismo de Bush y sus aliados, y denuncia de todos los cantos de sirena con que los imperialistas tratan de confundir a la opinión pública.

 


 

NO al chantaje de Bush a Corea del Norte e Irán

     Estados Unidos es la potencia capaz de destruir el planeta con su armamento atómico. Carece en absoluto de legitimidad para juzgar y/o impedir que cualquier otro país –el que sea– se provea de la capacidad militar de defensa frente al sheriff del planeta.

     La base y la raíz del militarismo en el mundo son los imperialismos –con el norteamericano a la cabeza– y es un deber de todos los demócratas y los socialistas denunciar el armamentismo imperialista y defender el derecho de todos los pueblos a su autodefensa. Esto implica rechazar y repudiar los cantos de sirena supuestamente “pacifistas” o sobre el “peligro de la expansión de las armas nucleares”, emanados de quienes tienen la capacidad nuclear para destruir varias veces el planeta.

     Defendemos el pleno derecho a la autodefensa frente al imperialismo de todo gobierno y Estado, así no coincidamos con ellos por razones de clase y/o por su oscurantismo religioso o prácticas antidemocráticas. Denunciamos esas lacras en un sentido opuesto al que lo hace el imperialismo, al que jamás le importa el totalitarismo ni la barbarie religiosa –que él mismo practica– mientras sirvan a sus propios intereses. Por el contrario, los esgrime como tramposas herramientas propagandísticas para intentar engañar y estafar a buena parte de las clases medias (la propia y las del resto de los países del mundo).

     El antimilitarismo de los gobiernos imperialistas hacia otros pueblos o estados, es sólo un disfraz para afirmar su propia dominación militar hegemónica y excluyente, y debe ser denunciado como tal. Sólo se podrá extirpar el militarismo del planeta derrotando revolucionariamente al imperialismo y al capitalismo, que son las entrañas de las que nace el guerrerismo.

     En consecuencia, repudiamos el terrorismo del imperialismo estadounidense contra la República Popular de Corea y contra Irán.

     Decimos: NO al chantaje imperialista.

 


 

2005: Por una campaña continental de RECHAZO al viaje de BUSH a Mar del Plata

Fuera Bush

1)  El año pasado se produjo la visita de Bush a Chile. Y el pueblo chileno le dio el digno recibimiento que merecía: miles y miles repudiaron su presencia en las calles, enfrentando la represión gubernamental que avalaba la visita.

     Siendo muy importante esa manifestación de repudio, fue también completamente insuficiente. En primer lugar porque no traspasó las fronteras de Chile, cuando toda América latina estaba involucrada en el mismo problema, y en sus consecuencias.

2)  Todos los latinoamericanos debemos oponernos a estas reuniones de quienes someten a la miseria y la degradación a nuestros pueblos, mediante lazos que atan fuertemente al imperialismo, llámense OEA, Tiar u otros organismos liderados por el imperialismo estadounidense. Lo mismo vale para los encuentros latinoamericanos con el rey de España, como si no hubieran pasado casi dos siglos desde que la burguesía local proclamara su independencia formal del imperio.

3)  No se trata hoy de convivir con el imperialismo en forma un poco menos lacayuna a como se lo hizo durante los ’90. Tampoco se trata de pretender ser un socio pobre pero amable, como vienen siendo los gobiernos del Cono Sur en los dos últimos años: pagando la ilegítima deuda en forma sistemática, dando por bueno el fraude que le dio origen e incluso firmando compromisos leoninos con el FMI antes de asumir, como hizo Lula; o firmando tratados de anticipo del Alca con Estados Unidos, como hizo Lagos; o pagando como ningún otro gobierno lo hiciera al FMI sin cuestionar para nada el robo orquestado por los organismos internacionales, como hizo Kirchner.

     Menem y otros presidentes de los ’90 no tenían problemas en presentarse tal cual eran: siervos coloniales del imperialismo, más allá de formales independencias jurídicas. Por eso incluso algunos de ellos enviaron fuerzas militares a la guerra del Golfo de comienzos de los ’90 y a cuanta “misión humanitaria” con que la ONU acompañase la ocupación de diversos territorios (la ex Yugoslavia y el Congo, entre otros).

4)  No podemos cruzarnos de brazos esperando que sólo la sostenida resistencia de los pueblos de Irak mantenga suficientemente ocupado al belicista Bush como para que no llegue a invadir los territorios de la Amazonia o la Triple Frontera, en su búsqueda insaciable de control absoluto de los recursos naturales del planeta. Los niveles de sometimiento y esclavitud que preparan sobre nosotros tienen apenas una pálida expresión en los actuales indicadores de miseria, desocupación y degradación que atraviesa la América latina: crecimiento macroeconómico para los bolsillos de los monopolios junto a la mayor brecha del ingreso entre los sectores más ricos y los más pobres de la población, superando en esto incluso al continente africano.

5)  Toda Latinoamérica debe preparar, a lo largo del año, una intensa campaña de agitación contra el viaje de Bush en noviembre a Mar del Plata, con todo tipo de acciones previas a su viaje coordinadas a escala regional.

     No hay que esperar al momento de su llegada para manifestar nuestro repudio. Hay que preparar de antemano el rechazo a su comitiva. Su sola presencia humilla a nuestros pueblos. En los meses que tenemos por delante, podemos realizar manifestaciones en las principales ciudades de América para que sepan que no son bienvenidos. De esta forma, iremos tensando fuerzas, unificando nuestras voces –por ejemplo, con afiches que difundan una misma consigna, con pronunciamientos de municipios e instituciones que lo declaren persona no grata, boicoteando la actividad de sus principales empresas si no desiste de viajar… Éstas u otras iniciativas tenemos que ir impulsando desde ahora: ¡Fuera de América latina las garras del mayor genocida del planeta!

 


 

IRAK: Por la derrota militar del imperialismo angloyanqui

•   La guerra colonial y genocida contra los pueblos de Irak demuestra dos cosas centrales.

     La primera es que el imperialismo no tiene límites ni escrúpulos de ningún tipo: ni militar, ni humanitario, ni de respeto a los derechos humanos, a las libertades democráticas –incluidas la de expresión y de prensa–, a la autodeterminación de los pueblos y, ni siquiera, a la propia institucionalidad creada por el mismo imperialismo en la segunda posguerra, incluyendo a la ONU. El unilateralismo al precio que sea, se llama “Estados Unidos al asalto del mundo… y que me sigan mis vasallos”. Pero ya son ocho los países que han retirado sus tropas frente a la tenaz resistencia de los pueblos de Irak.

     La segunda, se desprende de lo anterior: hay una vigorosa resistencia a la guerra de ocupación colonial. El imperialismo no sólo no se encontró frente a un “paseo militar” –como imaginaba– sino que fue sumergido en un pantano debido a una resistencia cada vez más poderosa. En lugar de flores, los supuestos “liberadores” están recibiendo balas y bombas. Se cuentan por miles los muertos, mutilados y heridos de guerra entre las tropas de ocupación, aun pese al genocidio al que están sometiendo a los pueblos de Irak.

•   No teniendo coincidencias de clase ni ideológicas con la dirección burguesa y religiosa –de la que somos contrarios en ambos terrenos–, apoyamos toda forma de resistencia contra el principal flagelo de la humanidad: el imperialismo y sus horrendas guerras.

     Toda acción que enfrente al imperialismo bárbaro favorece a los trabajadores del mundo, a la especie humana y al futuro del planeta. Porque el imperialismo devastador amenaza todo vestigio de vida con tal de perpetuarse.

     Quienes combatimos a la burguesía y a todos los opios religiosos y, por ende, denunciamos el carácter vacilante, conciliador y extremadamente peligroso de las direcciones burguesas y religiosas que forman parte de la resistencia iraquí en todas sus facciones, tenemos un punto de acuerdo con quienes enfrentan a los ocupantes coloniales: un paso imprescindible para cualquier solución en un país ocupado es la derrota o la retirada incondicional de los ocupantes. Sin eso, no habrá solución democrática posible.

     Ser parte activa de la resistencia a los ocupantes coloniales es la única forma de disputar la dirección a los líderes burgueses y religiosos oscurantistas de las masas, para orientarlas a una política revolucionaria, antimperialista consecuente, anticapitalista e internacionalista.

     Es una guerra con características nacionales en la forma pero que sólo puede triunfar en una perspectiva de Federación Socialista de Medio Oriente, que incluya la destrucción del Estado-capataz Israel, de las bárbaras dictaduras proyanquis de la región, y de sus estados, con miras a, y como parte de, la revolución internacional.

•   En el próximo mes de marzo se cumple el segundo aniversario del inicio de la ocupación militar. Así como el mundo se conmocionó previo a la invasión, hay que poner en pie una campaña mundial contra la ocupación, por el inmediato retiro incondicional de todas las tropas; desde nuestro punto de vista, por la derrota lisa y llana de los imperialistas.

 


 

Por el RETIRO de las TROPAS CIPAYAS de HAITÍ

Son la vergüenza para América latina

•   El golpe organizado por Estados Unidos con la colaboración de Francia contra el presidente constitucional Aristide fue el pretexto montado desde su base militar en República Dominicana –contratando y armando a los mercenarios que tomaron Gonaivez– para recubrir con un taparrabos “humanitario” la intervención y la ocupación imperialista de Haití, incluyendo el secuestro de Aristide al mejor estilo de Videla y de todas las dictaduras del Cono Sur.

•   La ocupación imperialista de Haití nada tiene de humanitaria ni de democrática: son tropas de ocupación de un país saqueado por los imperialistas y sus dictadores afines, como fueron los Duvalier, hijos mimados de Washington.

     Tanto Washington como París son responsables de la catástrofe histórica del primer país que levantó la voz de la independencia en América latina y que, además, colaboró activamente con Simón Bolívar.

•   Estados Unidos dispone de escasas tropas de infantería debido a que el grueso de ellas las tiene comprometidas en sus guerras coloniales en Afganistán e Irak, como parte de su política de asalto al mundo.

•   Las tropas argentinas, brasileñas, chilenas, uruguayas y otras, cumplen en la isla el papel de cipayos que han corrido en auxilio del imperialismo estadounidense y, secundariamente, del francés.

•   La responsabilidad directa de su presencia en Haití está en los gobiernos de Lula, Kirchner, Lagos, etcétera. Tabaré Vázquez debería anunciar ya mismo que su primera medida de gobierno, cuando asuma el 1º de marzo, será ordenar el retiro inmediato de las tropas uruguayas (algo que no esperamos, pero que deberían exigirle e imponerle las bases del Frente Amplio).

•   La LSR se alinea con la resistencia de los haitianos contra la ocupación imperialista y sus cipayos. Apoyamos cualquier acción de la resistencia contra todas las tropas ocupantes y responsabilizamos no sólo a Bush y Chirac por las bajas que puedan sufrir las tropas cipayas, sino también a Lula, Kirchner, Lagos y todos los gobernantes que actúan como virreyes imperiales.

 

Proponemos: Encarar ya mismo una coordinación para impulsar una gigantesca campaña por el retiro de todas las tropas cipayas que avergüenzan a nuestros pueblos. Y por el retiro inmediato de los imperialistas de Haití.

 

 


Plan Cóndor II: Uribe sigue los pasos de Videla y Pinochet

•   Hace 30 años, Estados Unidos instrumentó el plan Cóndor en el Cono Sur por intermedio de sus capataces dictatoriales. Secuestraba y asesinaba luchadores populares en un operativo donde las fronteras fueron sustituidas por el accionar conjunto de las policías y fuerzas represivas de las distintas dictaduras.

•   El imperialismo repite sus crímenes aun cuando cambien los lugares geográficos donde los comete y los generales de uniforme del pasado sean reemplazados por aspirantes a tiranos civiles. Tal el caso de Álvaro Uribe, el presidente de Colombia, administrador del plan terrorista estadounidense que lleva el nombre de aquel país.

•   Este capataz de los yanquis organizó el secuestro en Venezuela de un cuadro dirigente de las Farc: Rodrigo Granda.

     Granda fue “chupado”, al mejor estilo del plan Cóndor, en Caracas y apareció en Cúcuta, una ciudad de la frontera colombiana. Uribe pretende deslindar su responsabilidad, con el argumento de que Granda fue apresado por la policía en Cúcuta. Así, intenta negar la acción de los “servicios” colombianos, o que fue él mismo quien corrompió a militares venezolanos para que realizaran “el trabajo”, y lo depositaran en la frontera. No se sabe.

•   Estados Unidos reconoce, oficialmente, tener 800 efectivos militares en Colombia y muchos más paramilitares –con licencia de su aparato represivo y muy altos sueldos–, algunos de los cuales han sido abatidos por las Farc. La asistencia económica al plan terrorista de Uribe suma miles de millones de dólares y se ubica inmediatamente después de la que reciben Israel y Egipto.

•   El objetivo no se limita a lograr –o intentar– la derrota de la guerrilla con mayor tradición y raigambre en América del Sur. Aspira a alcanzar el control total del meganegocio del narcotráfico, y no sólo participar mediante el lavado de dinero que realizan siempre los bancos estadounidenses. Y apunta a quedarse con la Amazonia, la mayor cuenca de agua dulce del planeta.

     Los pretextos y formas que utiliza el imperialismo para encubrir sus objetivos, pueden variar. Pero su interés es de tipo estratégico y, desde hace años, viene combatiendo para lograrlo. Prueba de ello es la definición del enemigo “narcoterrorista” que hizo en los encuentros realizados en Santa Fe (I y II), cuando ya vislumbraba el fin del peligro del “comunismo”.

•   La abominable reedición del plan Cóndor ejecutada por Uribe, también apunta contra Chávez. Ya el imperialismo y la reacción local habían intentado derrocarlo mediante la vieja técnica del golpe de Estado –que jamás les había fracasado en Latinoamérica–, y tuvieron que morder dos veces el polvo de la derrota (la segunda, con prevalencia del golpe civil, por vía de los ingenieros y jerarcas de PDVSA).

     El secuestro de Granda no sólo viola las más elementales leyes del derecho internacional: también apunta a un tercer intento golpista (militar o civil) o a la guerra abierta contra Venezuela. Es que el proceso venezolano es “prioridad uno” en la mira del imperialismo yanqui sobre Latinoamérica: porque es un peligroso ejemplo para el continente y cuenta con un arma vital al ser uno de los principales abastecedores de petróleo de la potencia del norte.

•   Es un deber de todas las fuerzas obreras, democráticas y revolucionarias pronunciarse categóricamente en repudio al nuevo plan Cóndor, de Uribe y de Bush, con todas sus nefastas consecuencias.


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