Venezuela: Sube la tensión

Al momento de redactar esta nota todavía no se conocía la decisión de la Corte Nacional Electoral acerca de la validez o no de las firmas juntadas por los dos veces fracasados golpistas para intentar, en las urnas, lo que no pudieron mediante golpe militar ni boicot petrolero. No sabemos si habrá o no plebiscito para “legitimar” una especie de “golpe democrático” que le dé continuidad a los anteriores, por otra vía. De lo que sí estamos seguros es que para derrotar a los imperialistas y sus agentes –con o sin plebiscito–, hay que tomar medidas de fondo contra ellos. En caso contrario, así no haya plebiscito, volverán al ataque. Porque Estados Unidos necesita un gobierno títere en una de las reservas petroleras más importantes del planeta. Por eso, pase lo que pase con las firmas, la única posición democrática y antimperialista posible es: Leña y más leña a los grandes capitalistas locales y a los agentes y embajadores de esas cuevas de bandidos que son la OEA y el grupo Carter.

 

La situación en Venezuela y el mercado mundial petrolero son parejas de baile. El segundo, guía a la primera. Y ambos se mueven al compás del empantanamiento estadounidense en Irak.

Gracias a la recuperación récord de la economía venezolana (que se explica fundamentalmente por el petróleo) es que el presidente Hugo Chávez tiene margen para avanzar sobre la oposición. Lo hizo primero atrapando a un grupo de paramilitares colombianos que se encontraban en una finca de un dirigente opositor. Y luego, durante un acto a mediados de mayo, lanzó una catarata de pirotecnia verbal donde anunció que la “revolución bolivariana” había entrado en una fase antimperialista.

Las “líneas estratégicas” para esta etapa serían tres: 1) fortalecimiento del aparato militar; aumento de presupuesto y capacitación del personal e incremento de los ingresantes al Ejército; 2) “unidad cívico-militar” (junto con esto dijo que pidió el retiro de una misión estadounidense); 3) el anuncio de la creación de una suerte de milicias populares que se organizarían desde cada lugar de trabajo, estudio, barriadas, etc., contra los golpistas. Estaríamos de acuerdo si no fuera porque estas potenciales milicias estarían bajo el control del Alto Mando.

Hay que tomarse del llamado de Chávez y organizarse para enfrentar a la banda de Bush en todos los terrenos. Pero es imprescindible que estas organizaciones sean embriones de doble poder, independiente de la burguesía, en donde se forme –y dispute “la cabeza” de las masas– una dirección obrera revolucionaria.

Provocaciones

No es casualidad que, mientras el precio mundial del barril de crudo se encontraba en su máximo valor en 30 años, el ex presidente venezolano Carlos Andrés Pérez realizara declaraciones anunciando que a Chávez lo “echarán por la fuerza” y “correrá mucha sangre en el país”.

Desde la Liga Socialista Revolucionaria repudiamos enérgicamente estas provocaciones y nos posicionamos por la derrota de todo intento golpista y de sus instigadores. No somos neutrales ante las contradicciones que existan (sean de la magnitud que sean) entre el imperialismo norteamericano y sectores de la burguesía local, o entre diversos imperialismos. Sólo en medio de ese tipo de contradicciones se puede “colar” la revolución en un país. Sin embargo, tampoco podemos mentir y claudicar frente al gobierno capitalista de Chávez que, pese a contar con el apoyo masivo del pueblo pobre, no ha tomado una sola medida en dirección a expropiar al gran capital para terminar con el 80% de miseria.

Es necesario, sin dudas, pelear por un programa revolucionario que, basado en consignas transicionales (desde económicas, como la expropiación del gran capital y reparto de la riqueza; hasta militares, como la organización de trabajadores, soldados, estudiantes y todo el pueblo en milicias populares independientes del control estatal; o las vinculadas con lo ideológico, como expropiar y pasar a control obrero y popular los grandes medios de comunicación), contemple el problema de la lucha por el poder. Desarrollando, al mismo tiempo, todas las tareas atinentes a ir conformando un partido obrero revolucionario. Si pretende ser tal, deberá construirse al calor de la lucha antigolpista y no dejar la tarea pendiente para “después de derrotar a los proimperialistas”.

No puede esperarse que un “programa revolucionario” sea el que modifique la esencia militar-burguesa de Chávez. Tampoco relegar la lucha por el poder obrero y popular en aras del enfrentamiento al “enemigo principal”. Y no puede diluirse la construcción del partido obrero revolucionario en las aguas movedizas del “movimiento bolivariano”.

Sobre la base objetiva de la movilización popular antimperialista, las tres tareas están íntimamente relacionadas y de esa articulación depende, en buena medida, el destino de Venezuela y de toda nuestra América latina.

E. GOROSTEGUI


AMPLIACION DE LA UNION EUROPEA

claroscuro

Europa es la región más antiguamente industrializada del planeta, por lo que acumula gran parte de las riquezas generadas en el capitalismo. Es, a la vez, un continente de grandes potencias imperialistas rivales (Francia, Gran Bretaña y Alemania). Rivalidad que desató dos guerras mundiales en el siglo pasado y que, como consecuencia de la Segunda Guerra, quedó dividida por lo que Churchill llamó “Cortina de Hierro”.

La ampliación de la Unión Europea (UE), que incluiría a países bálticos, mediterráneos y del este, incrementa augurios, desde la prensa burguesa, de una unificación que traería la paz y la unión entre los estados miembros bajo la identidad europea, potenciando la economía regional, acción que catapultaría a la UE en la pugna hegemónica internacional. Sin embargo, hay varios fantasmas que se ciernen sobre esta “Unión”…

El último 1º de mayo, 10 nuevos estados –Polonia, Hungría, República Checa, Eslovaquia, Eslovenia, Estonia, Letonia, Lituania, Malta y Chipre (su parte griega)– han entrado a la UE. Tuvo que pasar una mitad de siglo para que la UE extienda su jurisdicción de 6 a 25 países. Pero aun quedan por fuera más de 15 estados: unos de extrema importancia estratégica, como Rusia, y Ucrania.

En el fondo, esta extensión de la UE es el incremento de la sujeción económica de esos 10 países por las potencias del continente.

La Unión Europea, hecha por y para los capitalistas, nuclea ahora una población de 455 millones de habitantes (creció un 20%) siendo la tercera región más poblada del mundo. Justamente, la libre circulación de las mercancías en el interior de la UE significa el acceso a un mercado suplementario de 100 millones de habitantes. Pero, además, la UE pasaría a ser la primera economía del mundo con US$ 12,5 billones de PBI (28% de la producción mundial), mientras los Estados Unidos alcanzan los US$ 11,7 billones. Pero, en términos de riquezas, el PBI de esta “nueva Europa con los 10” agregará sólo un 5%. Es más, la suma acumulada de los PBI de los 10 nuevos países es equivalente, por ejemplo, al de los Países Bajos.

Asimismo, los nuevos países compiten por recibir las inversiones extranjeras directas bajando la tasa impositiva para sociedades anónimas (Polonia y Eslovaquia) o disminuyendo a cero los impuestos sobre los beneficios reinvertidos (Estonia). Esto produce una tendencia (que ya comenzó, especialmente en el sector automotor) a la deslocalización de los grandes capitales desde la “vieja Europa” hacia la “nueva Europa”. Producción que será reexportada hacia la “vieja Europa” ahorrándose un 35% de los aranceles que gravan las importaciones de autos fabricados por fuera de la UE.

Pero si esto genera desarrollo económico para unos pocos, a la vez incrementará las contradicciones sociales: las de las minorías, las del desempleo (Polonia tiene casi un 20% de desocupación), las de la pobreza, las de las movilizaciones en Alemania, Francia e Italia en contra del desmantelamiento del “Estado de Bienestar” y las de la voluntad de las grandes patronales de la “vieja Europa” para flexibilizar las condiciones de trabajo con la “amenaza de deslocalización”. Sumando a esto, la UE no asegura un salario mínimo y tampoco una legislación social “digna” a escala europea. Es más, seguramente, si hoy en día se diera una equiparación comunitaria de las normas o condiciones laborales se estaría más cerca de las 44,4 horas semanales de “duración legal del trabajo” de la Europa del este, que de las 38,2 horas de promedio semanales del oeste.

Más allá de lo económico, la UE presenta varios puntos oscuros que imprimen debilidades a la ampliación. Por ejemplo, el desmoronamiento de la ex URSS modificó significativamente las estructuras de la política exterior y de seguridad. En uno de los objetivos de la Unión Europea fijados en el tratado de Maastricht, se afirma la defensa de la “identidad europea” con la realización de una política exterior y de seguridad común.

Pero uno de los límites de esta política es que la UE no equivale a una estructura estatal acabada, lo que no quiere decir que no haya intentos de impulsar un aparato coercitivo común. Justamente, el Consejo Europeo (Helsinki, diciembre de 1999) decidió la creación de una “fuerza de reacción rápida” de hasta 60.000 hombres, que podría ser desplegada en un plazo de 60 días y permanecer en acción por lo menos un año. Por otro lado, hay serios obstáculos generados desde el celo de algunos miembros en el intento de mantener su soberanía nacional en esta cuestión (principalmente las dos potencias atómicas: Inglaterra y Francia).

Otro obstáculo es la relación con la Otan y, por ende, con los Estados Unidos, como ya se había puesto de manifiesto durante la guerra en la ex Yugoslavia, donde los estados de la UE se posicionaron en “bandos” imperialistas contradictorios.

En los últimos dos años, hubo una gran convulsión en Europa por la “guerra contra el terrorismo”. Por ella Eslovaquia, en el 2003, recibió una suma importante de dinero desde Estados Unidos. Y Polonia, en rebeldía ante el eje opositor –a la política de Bush– de Francia y Alemania, envió efectivos al teatro de operaciones iraquí. A la par, Eslovaquia, Eslovenia, Estonia, Letonia y Lituania entraron a la Otan el 29 marzo del 2004, justo antes de incorporarse a la UE.

Es que los países del este europeo ven en Estados Unidos al aliado natural por el temor que sienten ante Rusia. Es necesario notar la relevancia estratégica que adquiere Rusia en este contexto geopolítico: al ser la segunda potencia militar mundial, es ineludible tenerla en cuenta ante cualquier proyecto de hegemonía regional o mundial.

Dentro del mismo tema de seguridad, el Tratado de la UE prevé la creación de una oficina europea de policía (Europol) que abordará, por supuesto, el gran problema de las restricciones migratorias.

Otro de los puntos oscuros de la UE es la representación y el poder del Parlamento ya que con la ampliación se desarrolla una nueva relación de fuerzas políticas enmarcada en los Acuerdos de Niza, siendo sobre-representados los diez nuevos miembros con relación a sus características demográficas y económicas. Por ejemplo, la representación de España y Polonia, con 40 millones de habitantes cada uno, es sólo un poco menor que la de Alemania, con 80 millones. Justamente, aquí se genera otra zona gris en torno a las directivas y reglamentos de la UE, que enmarcarían la futura constitución europea propuesta por la comisión que encabeza el ex presidente francés, Giscard D’Estaigne. Esta prevé alterar las relaciones de fuerzas establecidas en Niza, ya que franceses y alemanes ven con resquemor el poder político de los nuevos miembros pronorteamericanos.

Gran Bretaña planea un plebiscito que, se prevé, será de resultados negativos para la UE. Esto constituye un ejemplo más del poder de los países centrales sobre los restantes estados-miembro.

La realidad es que esta ampliación de la UE tendrá como rasgo esencial que el eje franco-alemán utilizará a los “recién llegados” como parte de su política de desbaratar el “Estado de bienestar” en sus propios países. Así, abaratarán los costos trasladando empresas hacia sus nuevos y más baratos socios del este. En la UE de hoy –y de mañana– no hay una comunidad de iguales sino imperios hegemónicos que fijan dónde se juega, con qué reglas y cuánto duran los partidos.

EDGARDO


Bolivia: Mesa pregunta lo que no importa

Marchas en oposición y apoyos al referéndum sobre los hidrocarburos han marcado las últimas semanas en Bolivia. No es para menos, ya que sólo han pasado unos siete meses desde el levantamiento de los trabajadores, campesinos, indígenas, estudiantes y pobres que terminaron con Sánchez de Lozada… y los problemas entonces planteados siguen sin solución.

En la edición de fines del 2003 de Bandera Roja, decíamos: “Con un plebiscito amañado o sin él, avanzará la entrega del gas y quedarán sin resolver el problema agrario, el de la coca, el de la miseria y el largo etcétera que provocó el levantamiento popular reciente”. Hoy, con algo de distancia y ante el plebiscito en curso, podemos confirmar que no sólo es amañado sino que está cargado de falacias y populismo estéril.

El plebiscito plantea cinco preguntas engañosas respecto de generalidades sobre hidrocarburos, pero omite la que es más sentida por las mayorías bolivianas excluidas y explotadas: ¿Está usted de acuerdo con nacionalizar el gas y anular todos los contratos vigentes?

Eso no se pregunta porque es lo que efectivamente toca a los intereses capitalistas nacionales y extranjeros (incluidos intereses de la burguesía argentina). Nacionalizar el gas no significa mecánicamente que irá a las masas excluidas, pero no preguntar sobre el punto conduce casi inexorablemente a completar la entrega del gas a las transnacionales y a sus lacayos locales.

Mesa ha logrado, sin dudas, apoyos que van desde el MNR hasta el MAS de Evo Morales. Pero eso no cierra ni da por concluido el proceso revolucionario abierto el año pasado en Bolivia. El plebiscito encubre hoy la falta de solución a los problemas de las masas, tratando de llevar los reclamos detrás de una de las “salidas” a las que echa mano la democracia burguesa delegativa. Intentan justificar, de ese modo, la total entrega del gas –su máxima riqueza– amparándose en un supuesto respaldo popular.

Las masas de obreros y campesinos tendrán la última palabra acerca de cómo enfrentar esta farsa tramposa. Algunos sectores ya han comenzado a movilizarse por el boicot al engaño, y es muy posible que ésa sea la táctica adecuada para impedir que la maniobra de Mesa logre un relativo éxito en el intento de cerrar el proceso revolucionario abierto el año pasado.

JUANA ACOSTA


EE.UU. en IRAK: Al borde del abismo

Así definía, con precisión, la situación de los ocupantes de Irak un ex comandante en jefe del ejército norteamericano.

Las tropas coloniales están en un pantano. Militarmente vienen sufriendo derrotas en Fallujah y Nayaf. En todo el territorio se encuentran con un verdadero alzamiento popular que se expresa de muchas formas.

El carácter genocida de la invasión está al descubierto para quien no se niegue a verlo: masacran casamientos, mezquitas y todo aquello que se mueve.

La resistencia ha hecho volar al jefe del gobierno títere y a muchas otras de sus figuras. Las fotos de decenas de cajones con soldados cubiertos por la bandera estadounidense fueron censuradas, pero los muertos existen.

Las cifras de bajas dejaron de darse a conocer cuando rondaban las 700, según informes oficiales. Se habla de 796 americanos muertos, 10.000 heridos y enfermos hospitalizados en Alemania y entre 3.000 y 4.000 inválidos en un hospital militar de Estados Unidos.

Este horror desmedido para una causa injustificable, es potenciado por la difusión de las imágenes de sus propios crímenes: el genocidio mediante bombardeos de las principales ciudades iraquíes, y las fotos “caseras” de una ínfima porción de las torturas practicadas en masa en la misma cárcel en que lo hacía Saddam Hussein. Esto es un golpe demoledor para el discurso “democrático” de Bush y su banda.

Amnesty International acaba de condenar a George W. como un gran violador de los derechos humanos y autor de crímenes de guerra, torturas masivas y todos los horrores propios de un Hitler, un Videla o un Pinochet. Hasta tal punto que el Presidente ha tenido que relevar a la generala que comandaba la prisión de Abu Ghraib. Y el jueves 20 de mayo, pretextando el haber cumplido 12 meses en funciones, fue relevado el general Ricardo Sánchez, el comandante en jefe de las fuerzas coloniales.

Los índices de popularidad de Bush siguen en caída, y no precisamente por lo que hace o dice su opositor demócrata, el nuevo JFK, “el rey del Ketchup” Kerry, que aspira también a ser “el rey” de la ocupación de Irak.

Se acaban de cumplir 32 meses desde el 11 de Septiembre de 2001 sin que se produjera ningún nuevo atentado en el territorio de Estados Unidos. Y las cadenas norteamericanas están embarcadas en una campaña de psicosis colectiva sobre la inminencia de un nuevo acto de violencia masiva dirigida a llenar de pánico las conciencias de la sensible opinión pública media.

Habrá o no atentados, los haga quien los haga (o quizá, también, quien los deje hacer). Pero, aun si se produjeran, tal vez no sean para Bush y su banda genocida más que una bocanada de oxígeno tan efímera como la que respiró Aznar. Porque su dolencia irreversible es que han quedado al descubierto sus objetivos y los horrorosos métodos de su pillaje pirata.

Varios frentes de tormenta

El precio del barril de crudo orilla los US$ 40. El saqueo petrolero en Afganistán e Irak está empantanado. Ni a la monarquía saudita ni a los clérigos iraquíes les resulta simple abrir el grifo del oro negro para beneficiar al insaciable occidente. La cuarta reserva petrolera del mundo, la venezolana, no ha podido ser conquistada pese a los intentos de voltear a Chávez e imponer un gobierno títere.

El alto precio del petróleo pega fuerte sobre la economía estadounidense –que consume el 45% de su producción– y atenta contra su incipiente e inestable recuperación basada en una especie de “keynesianismo militar”. Además, afecta sus propias “reservas estratégicas” con las cuales intentó combatir el alza del crudo.

Irak y Palestina son heridas sangrantes y visibles del genocidio del imperialismo norteamericano y su capataz israelí, que golpean en todo Medio Oriente.

Khadaffi se retiró de la reciente reunión de la Liga Arabe por considerar inaceptable que los gobiernos de la región nada hagan frente a la ocupación de dos pueblos por parte de Estados Unidos e Israel.

Los atentados en Arabia Saudita, Turquía, Siria y Jordania indican que bajo la superficie empiezan a agitarse las aguas en toda la zona.

Los dramas de Irak y Palestina sólo pueden comprenderse y resolverse como parte de una resistencia y una revolución regionales, y no en los marcos del trazado artificial de fronteras que delimitaron países hechos a la medida de los colonialistas en sus oficinas de política exterior.

Este problema crucial es un capítulo abierto, de incierto desenlace, pero preñado de peligros para Estados Unidos. Porque para la facción que encabezan Bush-Cheney –la del complejo militar-industrial-petrolero– los problemas no están sólo en oriente: están dentro de su propia casa.

Sin ese “ingrediente” local, es inexplicable la aparición de las innumerables fotografías de torturas aberrantes en Irak, sumadas a que hayan salido a la luz el horror de Guantánamo y el del pantano afgano.

Esto no se debe precisamente a que en la “gran democracia del norte” todo se sabe. Si no, preguntémonos qué se sabe hoy, a 40 años del irresuelto asesinato de Kennedy, más allá de los buenos dividendos que habrán logrado los productores de Hollywood. Es que de la “gran democracia del norte”, lo único veraz es que está, efectivamente, en el hemisferio norte. Cualquier resabio de “democracia” –si alguna vez la hubo– está siendo enterrado en las fauces de un régimen crecientemente policíaco-represivo.

Todo esto se debe, en lo fundamental, a la acción de sectores de la gran burguesía y del aparato militar, estatal y de espionaje, que tienen contradicciones con la banda de Bush.

Estas dificultades no se corresponden exclusivamente con el período preelectoral y la consabida puja entre republicanos y demócratas. Es una fisura más grave que afecta a todo el operativo de Estados Unidos “al asalto del mundo”. Incluye el crujir de la ONU y de todo el andamiaje internacional. Esto al margen de que la figura –hoy más que testimonial– de la ONU se mantenga como un “paraguas” dispuesto a dar cobertura a alguna forma solapada de ocupación imperialista, en caso de que fracase por completo la “misión Bush”.

Los hechos muestran que no hay sólo fracturas entre Estados Unidos y el eje franco-alemán: hay divisiones dentro de Estados Unidos y comienza a resquebrajarse el pacto de Bush con sus cómplices europeos. La cabeza de Aznar cayó. La de Berlusconi y la de Blair peligran. Es posible que las elecciones de junio al parlamento europeo reflejen distorsionadamente todo esto y, a la vez, interactúen sobre el proceso interno de Estados Unidos.

Resistir en Medio Oriente y en todo el mundo:

Por la derrota de Estados Unidos

No estamos en presencia de una “guerra de civilizaciones entre oriente y occidente”, como teorizó Huntington. Estamos frente a un bestial asalto llevado adelante por una fracción de la burguesía norteamericana –y que se ha transformado hoy en “política de Estado”– para lograr un nuevo reparto del mundo mucho más favorable aún a ella.

Lo esencial de los hechos que estamos viviendo, no son los adornos religiosos de los fundamentalistas cristianos que apoyan a Bush, o de los ultrarreligiosos que encumbran a Sharon, o del fundamentalismo islámico al que pertenecerían Bin Laden y Al Qaeda (si es que existen).

Lo vital y decisivo que nos reclama la resistencia de los pueblos de Irak, es una lucha antimperialista a escala planetaria. Es una lucha por la derrota militar de los Estados Unidos que, por sí, cambiaría la relación de fuerzas entre las clases en todo el mundo.

La clave para ello es la resistencia que puedan desplegar los explotados, oprimidos y demócratas de cada país, en contra de la agresión imperialista-genocida en Medio Oriente, que se derramará sobre todo el planeta. En nuestro caso, desde la “cabecera de puente” que intentan instaurar en Colombia para la recolonización de toda Latinoamérica.

Es obvio que las formas de la resistencia variarán según las peculiaridades de los países, las regiones y los continentes. Pero es una misma lucha igualmente necesaria en todas partes.

El socialismo revolucionario debe intervenir con todas sus fuerzas en esta pelea; ganarse el respeto como combatiente en la primera línea de fuego en Medio Oriente, y como vanguardia en la lucha antimperialista en todas partes. Para ello es decisivo alertar que la lucha es contra todos los imperialistas, sean estadounidenses, europeos o japoneses, y explicando paciente y prácticamente que el horror de los genocidios y la barbarie son hijos legítimos del capitalismo-imperialista en todas sus formas. Por lo que el único camino para terminar con esta conducción de la humanidad hacia la barbarie es la revolución socialista internacional y la derrota de los imperialismos y sus socios capitalistas en cada país, con cuyas fronteras intentan dividir y socavar la inmensa fuerza de los explotados cuando nos decidimos a presentar batalla.

JORGE GUIDOBONO


El horror posa para las cámaras

Las fotos que fueron publicadas sobre las torturas, vejaciones y humillaciones por parte de los soldados estadounidenses hacia los presos iraquíes indignaron a todas las personas que sienten un mínimo de apego hacia lo que generalmente se denomina derechos humanos. Es imposible no conmoverse, no sentir un profundo repudio.

¿Es que las torturas son una novedad? Muy por el contrario, las torturas y todo ese tipo de acciones que apuntan a quebrar en un sentido psíquico-moral a los presos, es un accionar propio de todo ejército de ocupación y de todo régimen autoritario que tenga como fin eliminar algún tipo de resistencia. Las fuerzas militares, en particular, son la estructura verticalista por excelencia. El respeto a las órdenes, a las jerarquías y la obediencia acrítica son elementos constitutivos de este tipo de estructura. Si alguno de estos elementos no estuviera presente no existiría tal fuerza.

En un sistema “democrático” el jefe máximo de las fuerzas militares es el Ejecutivo, es decir, el Presidente y sus ministros de Seguridad y Defensa. Es así que este tipo de organización verticalista elimina cualquier tipo de independencia de las fuerzas militares en general y de los sectores bajos en particular. Todas las decisiones pasan, inevitablemente, por el Ejecutivo.

“La orden era hacerles ver el infierno” declaró una de las soldados estadounidenses, partícipe de las torturas. “Me temo que esto va a ser peor” declaró Donald Rumsfeld, consciente de las atrocidades que lleva adelante su ejército. Y con estas declaraciones quedó todo más que claro. Las torturas no son producto de algunas mentes sádicas y enfermas que disfrutan con el dolor y la humillación ajena. Las torturas son producto de la política de los Estados Unidos, de los intereses que supone y de los métodos que implica llevarlos a cabo.

Es claro que la publicación de las horrorosas fotos que todos pudimos ver (y las que todavía faltan aparecer) fue facilitada por sectores opuestos a la política de Bush (mediada por la interna entre demócratas y republicanos). Empero, ello no invalida que las torturas fueran un elemento intrínseco de la política de ocupación ni de las directivas emanadas desde el Ejecutivo.

Aunque Bush y sus secuaces torturadores intenten buscar chivos expiatorios, es evidente que los torturadores-soldados no se “autodeterminaron” sino que actuaron de acuerdo con las directivas de Bush. Se pudo saber que la CIA cuenta con un “manual de buen torturador”, donde explican los pasos a seguir para “hacerles ver el infierno” a los presos iraquíes. Expresión de ello es la condena a uno de los torturadores: un año de prisión. Para la Justicia estadounidense merece la misma pena quien se roba una manzana que quien tortura. Peor aún, Bush declaró que tiene pensado demoler la cárcel de Abu Ghraib tratando de ocultar bajo los escombros su política bárbara y genocida.

La misma cárcel que usaba Saddam Hussein para torturar a la oposición es usada hoy por los torturadores-soldados estadounidenses.

Si la Argentina fuera Irak, Estados Unidos seguramente hubiera elegido la Esma.

CELESTE

 


Si quiere dar su opinión sobre este u otro artículo, puede hacerlo en el Libro de Visitas

 

VOLVER
Principal - Quiénes somos - Ultimo número de BR - Números Anteriores - Ensayos - Conferencias - Libros - Declaraciones
1