SUPLEMENTO DE BANDERA ROJA Nro. 67
26 de julio de 2004
La derecha aprieta y Kirchner RESPONDE 

Declaración de Liga Socialista Revolucionaria

La llamada “crisis de Gabinete” que terminó con el despido del hombre del Opus Dei, Gustavo Beliz, fue saludada por la primera plana del diario La Nación (lunes 26/7/2004) con el título: “Ordenó Kirchner mayor control en las calles - Esa fue la primera instrucción que le dio al ministro de Justicia que asume hoy”.

Este es, por ahora, el logro de la campaña que los capitalistas más recalcitrantes –y sus voceros– vienen llevando adelante desde hace meses y que ha tenido características de operación conspirativa en los últimos diez días (incluyendo la línea editorial de The Wall Street Journal del 23/7 - ver recuadro).

Es un operativo que tiene por finalidad recomponer por completo el aparato de Estado tradicional (hecho a su medida), que colapsó en diciembre del 2001. Hoy, este operativo ha ganado un round de mucha importancia.

El operativo derechista tuvo como ariete la campaña mediática sistemática y uniforme destinada a convencer a la población –en un país con un 60% de habitantes bajo el nivel de pobreza y millones de desocupados– de que los responsables de sus problemas son… los vendedores ambulantes, las travestis y los llamados “piqueteros duros”. Así prepararon el terreno social para implementar un salto en la represión.

La campaña mediática se apoyó en una andanada de hechos. Incluyó la provocación encabezada por Macri de imponer en la Legislatura porteña la votación del nuevo “Código de Convivencia Urbana” que restituye a pleno el poder a la Policía, que se había deteriorado con la derogación parcial de viejos edictos. Siguió con otra provocación el viernes 16/7, al pretender realizar a puertas cerradas la sesión que debatiría artículo por artículo (y tras haber negado todos los pedidos de entrevistas previas realizados por las organizaciones de los sectores más afectados, tal como denuncia, entre otros, Lohana Berkins). Se articuló a lo largo de cinco horas, fogoneando la justa indignación popular mediante los manguerazos de los bomberos y la participación en el perímetro de la sede de la Legislatura de decenas de agentes de civil, cuya presencia fue identificada y denunciada por todos los organismos de Derechos Humanos. Todo esto arteramente difundido en una especie de “cadena nacional” de radio y TV que recordaba los tiempos de la dictadura militar, donde los hechos aparecían absurdamente magnificados y, por lo tanto, ajenos a la verdad. Siguió con la detención indiscriminada de 23 personas (de las cuales 17 siguen encarceladas) en un extenso radio que llegaba hasta zonas completamente alejadas del lugar de los incidentes. Y, en otra abierta provocación, se continúa con la nueva modalidad de encerrar a los detenidos en distintas unidades carcelarias para evitar un reclamo de conjunto a la vez que se les impidió a los abogados que lo solicitaron, tomar conocimiento de las causas, lo que constituye un atropello antidemocrático superlativo. Entre medio, estuvo el incidente de la supuesta aparición de los casetes de la causa Amia, en lo que en la jerga de los Servicios se denomina tirar “carne podrida” para que otro se la “coma”. Por si algo faltaba, la sempiterna burocracia del menemista Genta manipuló el “enfrentamiento entre pobres” orquestando el supuesto “repudio” de los empleados municipales a las organizaciones de piqueteros y representantes de sectores directamente damnificados por el nuevo Código.

A todo este operativo derechista respondió Kirchner con sus últimas medidas que hoy celebra La Nación. Contra lo que tal vez mucho s quieran creer, cuando algo se le concede a “la derecha”, lejos de conformarse, ésta exigirá más y más. Si no encuentra una oposición firme, masiva y decidida, seguirá avanzando.

Estamos en presencia de una brutal pelea política “en las alturas” cuyos resultados no son indiferentes para “los de abajo”. Siempre que “los de arriba” están en guerra entre sí, en caso de haber muertos, los ponemos nosotros. Pero, a la vez, esa misma pelea entre ellos facilita –si nuestro accionar es decidido y correcto– la intervención de la acción de masas, organizada y sistemática, en defensa de nuestras conquistas y libertades. Por ejemplo, el 26 de junio del 2002 Duhalde intentó un ensayo represivo con la masacre de Avellaneda que costó las vidas de Kosteki y Santillán, y la respuesta decidida de la población y sus vanguardias, le hizo meter “violín en bolsa” y lo indujo a transitar el camino del asistencialismo y la salida electoral en lugar del de la represión abierta.

Hoy nos encontramos ante un cruce de caminos y hay que saber elegir con responsabilidad el rumbo a seguir. Si la ofensiva derechista pudo tener este logro se debe, por un lado, a que las burguesías actuaron mancomunadamente mientras que, por el otro, los explotados y oprimidos no presentamos un enfrentamiento de lucha ideológica y oposición política acorde con la pelea que estaba planteada.

Por el contrario, la formal concentración realizada el jueves 22/7 (más allá de las seguramente buenas intenciones de sus organizadores), lejos de presentar una oposición férrea y coherente con lo que está en juego, tuvo características que la hicieron funcional a esa trama macabra (hasta “Chiche” Gelblung se preguntaba: “¿Cómo es esto?, el viernes 16 se decía ‘va a haber desmanes’, y los hubo; y el jueves 22 se dijo ‘no va a haber incidentes’, y no los hubo…”). Para empezar, el horario elegido por los convocantes (14 horas) hace imposible que al repudio a la embestida derechista se integren los trabajadores ocupados. Siguiendo con el ejemplo de la masacre de Avellaneda que mencionábamos antes, en aquella ocasión hubo una inmediata respuesta el mismo 26 de junio en la Plaza de Mayo alrededor de las 19 horas (que nucleó a unas 15.000 personas), a lo que se sumó una protesta más organizada y numerosa el 27, y derivó en una manifestación multitudinaria en el feriado del 9 de julio del 2002. El jueves 22/7, en cambio, se intentó una respuesta de organizaciones sectoriales que salieron a demostrar su carácter no-violento, en lugar de pasar a la ofensiva denunciando el objetivo de tantear qué respuesta daría la población ante un proyecto represivo que abarca a todos los sectores explotados.

Si el nuevo Código contravencional se lleva a la práctica, quedará penalizada toda manifestación de protesta. En contra de lo que sueñen los trabajadores que miran con indiferencia el ataque a los piqueteros, toda vez que, por ejemplo, los empleados estatales o docentes salgan a las calles por alguno de sus reclamos, podrán ser penalizados bajo la misma figura delictiva que prohíbe los cortes de calles. Por el mismo motivo, sigue el proceso contra Marina Schifrin, la docente de Bariloche condenada por participar de un corte de ruta en 1997. Y otro “tanteo” se realizará el 4 de agosto (el mismo día que proseguiría el tratamiento del Código), cuando comenzará el juicio oral contra los dirigentes estudiantiles Ogando y Salgado, por la rotura de algunos vidrios durante una protesta contra la Franja Morada en la Facultad de Cs. Sociales en 1999.

Del mismo modo, la presencia policial en las calles y la instauración de la figura del “merodeo”, en correlato con el “mayor control en las calles” ordenado por Kirchner a escala nacional, tienen por objetivo reinstalar el poder dominante de la Policía sobre el conjunto de la población, transformada en “sospechosa, hasta que demuestre lo contrario”. Es un intento de recomponer la alicaída moral de una fuerza ampliamente repudiada por su carácter coimero, corrupto y asesino, a la que ahora se le dice “Aunque seas coimero, corrupto y asesino, tenés el poder de mandar sobre las personas: ellas deben someterse a tu autoridad, como ovejas que van al matadero”. Esto que, en definitiva, sería un disciplinamiento social parecido a la humillante medida de raparte el pelo al iniciar la colimba, es lo que quieren instaurar para restablecer “el orden social”, perdido a partir de que la población se rebelara al grito de “Que se vayan todos, que no quede ni uno solo - Fuera la Corte Suprema”.

En síntesis, no se trata sólo de enfrentar el gravísimo paso derechista de hoy. Se trata de ser conscientes de que vendrán por más, exacerbados si no encuentran una respuesta contundente que los enfrente.

Esta respuesta, desde el punto de vista de la Liga Socialista Revolucionaria, pasa –en primer lugar– por articular una urgente campaña tendiente a lograr la liberación de todos los presos de Kirchner-Macri. Al mismo tiempo, creemos prioritario desarrollar una acción coordinada de propaganda que elabore un contradiscurso capaz de contrarrestar la feroz campaña que el poder desata sobre la conciencia de los explotados. Hay una fuerte pelea por “la cabeza de la gente”, que no está cerrada. Al contrario, tenemos a nuestro favor una realidad material que desmiente cualquier discurso populista-reaccionario o hasta neofascista: por un lado, el “crecimiento económico” no redundó en ninguna mejora para la población trabajadora; por el otro, la odiada imagen de la Policía no puede recomponerse con medidas mediáticas, tal como lo demuestra la casi nula inscripción para la llamada “Nueva Policía”.

No es difícil entonces encarar esta campaña en cada barrio y en cada lugar de trabajo y estudio, para intentar que nuestra respuesta se masifique y se organice. Una campaña sistemática que una los intereses comunes de ocupados y desocupados, de pobres y humillados, de marginados y discriminados… Así, podremos enfrentar las embestidas derechistas con una fuerza real capaz de ponerlos contra las cuerdas y hacerlos retroceder, desmintiéndolos día tras día, desnudando sus trampas y mentiras, sacando a la luz sus proyectos de puertas cerradas… En síntesis, podremos hacerlos retroceder si pasamos de reconocernos como acusados a asumirnos como acusadores.

De este modo, a la vez, podremos avanzar hacia la construcción de un poder obrero y popular que barra de raíz con este sistema de explotación, fuente de toda violencia e injusticia.

– Libertad a los presos políticos de Kirchner-Macri

Cese de la persecución a Rubén “Pollo” Sobrero y otros activistas y delegados antiburocráticos.

Por la absolución de Martín Ogando y Sergio Salgado.

Anulación de los 4.000 procesos abiertos contra luchadores obreros y populares.

Todos los organismos de DD.HH., partidos políticos que se pronuncien por la defensa de las libertades democráticas, organizaciones gremiales, de desocupados, de víctimas de la violencia institucional, de los crímenes impunes de la Amia y Río Tercero, barriales, culturales y estudiantiles, debemos encarar una urgente coordinación para lograr estos objetivos.

 

Quieren transformar la pobreza en delito,

y profundizar el alineamiento con la política exterior estadounidense, de lucha contra el supuesto “eje del mal” y el “terrorismo”

 

The Wall Street Journal, el diario de los hombres de la bolsa norteamericana, en su edición del 23 de julio, analizaba así la situación de la Argentina: “Los nuevos terroristas, llamados piqueteros, han estado sembrando la destrucción en todo el país” (…) “Se sospecha que los piqueteros han realizado un acuerdo con el Gobierno. Su militancia ha sido útil para atizar temores en la gestión de Bush por un golpe izquierdista en América latina, lo que permitió al Gobierno obtener favores de Estados Unidos”. Y reflexiona: “Será difícil revertir la perniciosa tendencia hacia la anulación de los derechos de propiedad y otras protecciones que infectan a la Corte como resultado de las designaciones de Kirchner” [en alusión a Zaffaroni y Argibay, de quien destaca haber dicho: “Hay que prestar atención al reclamo de los desocupados”].

Esto explica, en buena medida, a qué responde la redoblada virulencia de la campaña de la burguesía más recalcitrante y sus voceros, en torno a la legítima protesta frente a la Legislatura. Y muestra también el papel que actúa en el mismo libreto, el ministro de Salud, Ginés González García, cuando no vaciló en definir a Raúl Castells como “terrorista”, para después generalizar esa definición a todas las organizaciones “piqueteras”.

Es que tanto la administración de la Casa Blanca, como todas las burguesías que han saqueado las riquezas de la Argentina durante la década de 1990 (en continuidad con el camino emprendido el 24 de marzo de 1976) y multiplicaron su deuda pública con una megamillonaria fuga de divisas al exterior, no soportan que así sea un gramo de riqueza quede fuera de sus bolsillos. Su gran preocupación tiene como epicentro el proceso que se vive en Venezuela, el país más rico de Latinoamérica en petróleo y metales donde, por ejemplo, la “argentina” Techint se quedó con la gran acería estatal cuando ésta fue privatizada. De ahí la comunidad de intereses que explica las hasta ahora fracasadas embestidas contra el gobierno de Chávez. Y también el constante hostigamiento al gobierno de Kirchner por parte de la burguesía agroexportadora, los beneficiarios de las privatizaciones –como Macri– y la Iglesia local que actúa como avanzada ideológica de todos ellos, en un país de importancia estratégica en el subcontinente, como es la Argentina. No les basta con que Kirchner sea un gobierno burgués en toda la regla: quieren más.

En la capital federal, con la aprobación en general del llamado “Código de Convivencia” proyectado por Macri en la Legislatura, se proponen instaurar un disciplinamiento social que “elimine la pobreza” (y sus siempre potenciales peligros) mediante el simple trámite de transformarla en delito.  Y luego intentaron ponernos a discutir sobre “violencia” y “provocaciones”.

Los verdaderos delincuentes son ellos. Es Macri –como símbolo de todos los que se robaron el país– que usufructuó el Correo sin pagar un solo peso de canon ni tampoco la multa que se le fijó por su comprobado contrabando de autos con Brasil. Es el delincuente Taselli, que tras embolsar los millonarios subsidios anuales que recibía del Estado nacional por la explotación de la mina de Río Turbio, es el principal responsable de la reciente muerte de 14 trabajadores, y sin embargo sigue al frente de Trenes Metropolitanos. Es el delincuente Menem, que como jefe de Estado estuvo al frente de la explosión que terminó con tres barrios en Río Tercero, para ocultar el contrabando de armas a Ecuador y Croacia. Es el delincuente De la Rúa que, en completo silencio, extendió por decreto la explotación de Loma de la Lata desde el 2017 hasta el 2027, lo que garantizaría un beneficio de entre US$ 30.000 y 40.000 millones para Repsol. Es el mismo que inició su mandato asesinando a dos trabajadores en Corrientes, y se retiró dejando una secuela de 34 asesinatos. Es el Estado capitalista delincuencial, y su justicia, que posibilitan la impunidad de todos esos crímenes, al igual que los diez años de impunidad en la causa Amia. La misma justicia delincuencial que alardea con la condena de María Julia Alsogaray… a sólo tres años de prisión en una celda VIP. Todos ellos son, además, los autores de miles y miles de crímenes que “no se ven”, que no hacen “ruido”, porque son los crímenes silenciosos de los más de 50 niños que mueren por día de desnutrición y enfermedades curables, en un país que no puede garantizar la alimentación de su escasa población mientras exporta alimentos para más de 300 millones de personas. Todos ellos, sus servicios de Inteligencia y su aparato de seguridad armado, son también los responsables de los crímenes que “no importan”, los que se cobran la vida de jóvenes como Ezequiel, arrojado al Riachuelo para “diversión” de los policías; o se los deja morir porque no son más que pobres, como Diego Lucena; o para los que se dejan territorios liberados, como en el caso del asesinato de Martín “Oso” Cisneros.

Ahora Macri, erigido en paladín de todos estos criminales en el ámbito porteño, busca imponer la paz de los cementerios amordazando y criminalizando a los pobres para que, además, la pobreza también forme parte de sus ganancias. Por eso, por ejemplo, quieren concentrar la prostitución callejera en los bosques de Palermo y Costanera que pasarían a ser verdaderas “zonas liberadas” para la venta de drogas, utilizando a las prostitutas como “pasadores esclavos”, en un pingüe negocio que se mantiene convenientemente ilegalizado para que siga siendo el coto de caza de comisarios y jueces.

En un país con millones de desocupados, aun pese a las mentirosas estadísticas que eliminan de los porcentajes a quienes cobran un subsidio o “changuean”, se pretende convertir en delincuente al honrado vendedor callejero (de bufandas, o de sexo), y en “terrorismo” el derecho a “peticionar a las autoridades”.

En un país que sólo este año pagó US$ 7.000 millones al FMI, nos quieren dividir en torno a quién paga los supuestos $ 100.000 que costaría reparar las puertas de la Legislatura, convertida en cuartel de bomberos durante cinco horas; o meternos en una “caza de brujas” para ver quién de nosotros es un “infiltrado” o un “provocador” (cuando todos los organismos de Derechos Humanos identificaron y denunciaron la presencia de decenas de agentes de civil en la manzana de la Legislatura).

Si alguien tiene que pagar la reparación de cualquier destrozo, es en primer lugar el propio Macri, el verdadero provocador que orquestó la sanción del nuevo Código y su tratamiento a puertas cerradas. Es que los “debates” de las medidas que quieren sancionar sólo pueden realizarlos en forma “clandestina”. Quienes se proclaman “representantes del pueblo” jamás podrían cumplir sus objetivos con ese pueblo presente; por eso sus sesiones no pueden ser públicas. Ellos necesitan encerrarse bajo siete llaves, para que no les pase como a varios intendentes en Perú y en Bolivia, que fueron linchados por la población harta de sus atropellos.

 

 


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