"Somos un pueblo que ha vivido la Shoah (holocausto). ¿Cómo podemos ser capaces de hacer esto?" (Yaafa Yarkoni)
Yarkoni(1) criticó, en un programa de radio del ejército israelí, la reocupación de las ciudades palestinas y los métodos empleados por el Ejército con los detenidos. A partir de las imágenes de la invasión de Jenin sufrió un fuerte impacto emocional que provoca su declaración. Ante ella, sufre una caza de brujas implacable, censuras en las radios, suspensión de un megahomenaje y amenazas de muerte. No sale de su casa sin la compañía de sus guardaespaldas.
David Zonsheine, ingeniero informático, teniente en la Brigada de Paracaidistas, fue educado, según dice, "en la idea de que servir en el Ejército es la expresión del ethos nacional. Me he convertido en objetor después de pequeños incidentes. Tengo claro que las órdenes que me transmitían y las que transmitía a la vez a los soldados tenían poco que ver con la protección del Estado. De lo que se trataba era de proteger a un grupo de colonos y sus asentamientos y de mantener un sistema kafkiano que significaba miseria para los palestinos". Zonsheine sufre un aislamiento social desde que tomó esta decisión.
Ilán Pappé(2), como parte de su trabajo sobre Nakba (desastre o catástrofe en árabe), dice: "Si se examinan los libros de texto israelíes, los contenidos académicos y el discurso político, puede verse cómo este capítulo de la historia judía -el de la expulsión, la colonización, las masacres, las violaciones y la quema de pueblos- está absolutamente ausente. No existe. Se ha reemplazado por un capítulo de heroísmo, de gloriosas campañas e historias asombrosas sobre el coraje moral y la superioridad inauditas en cualquier historia de la liberación de los pueblos del siglo XX. Así que cuando se habla de limpieza étnica en la Palestina de 1948, debemos recordar no sólo que los términos 'limpieza étnica' y 'expulsión' son ajenos totalmente a la comunidad y a la sociedad de las que procedo y en las que crecí, sino que la historia real de este capítulo ha sido o bien distorsionada en el recuerdo de la gente, o está totalmente ausente". Y agrega: "El plan de expulsión funcionó sin dificultades porque no existió necesidad de que una cadena sistemática de mando tuviera que comprobar si se estaba aplicando algún plan. Cualquiera que haya investigado operaciones de limpieza étnica en la segunda mitad del siglo XX sabe que así es exactamente como se consigue la limpieza étnica: creando el tipo de sistemas de educación y de adoctrinamiento que asegure que cada soldado y cada mando, y cada persona bajo su responsabilidad individual, sabe exactamente lo que tiene que hacer cuando se entra en una aldea, incluso aunque no haya recibido ninguna orden específica para expulsar a sus habitantes". Ilán Pappé fue sumariado por el decano de la Facultad de Humanidades con el objetivo de expulsarlo por su visión histórica sobre Medio Oriente y su abierto apoyo a la causa palestina. Estos son ejemplos de persecución cotidiana que sufre cualquier persona que alce una pequeña voz disidente. Persecución que se sostiene desde una práctica más global impuesta por la derecha sionista, pero con la responsabilidad de todo el espectro del laborismo. Todo aquel que critique las atrocidades del Estado de Israel y su gobierno será tildado de neonazi o antisemita. Tenemos el ejemplo de Saramago que después de denunciar la situación de los territorios ocupados (a los que visitó) fue acusado de "enemigo de Israel y los judíos" ¡al igual que lo fue Hitler!
Se desprende del planteo de Pappé que ocultan la historia para instalar un justificativo ideológico de que está bien todo lo que se hace, en nombre de ¡el holocausto padecido!
El muro paredón y después
La derecha sionista sostiene que el muro, 30 veces más largo y dos veces más alto que su homólogo berlinés (más de 700 km, casi la distancia entre Buenos Aires y Córdoba) es la solución final al conflicto, una necesaria medida para salvaguardar la seguridad de los israelíes. Lo cierto es que, casi cotidianamente, el Ejército realiza un genocidio con sus incursiones militares a los humildes barrios palestinos y, al igual que la dictadura de Videla, las presenta como enfrentamientos entre iguales, donde mueren 15 o 20 palestinos y no muere ningún soldado israelí. Por caso, Rachel Corrie, militante pacifista, murió en el 2003 aplastada por una topadora israelí que se disponía a destruir una casa palestina.
Lo cierto es que, tras años de mentiras tras mentiras, se intenta mostrar a los victimarios como víctimas, donde el cuarto ejército más poderoso del mundo sufre en una sangrienta guerra desatada por un pueblo pobre, oprimido y ultrajado desde hace siglos por distintos imperios, cuando en realidad se está llevando adelante un sistemático genocidio con la misma metodología que utilizaron los nazis.
La derecha sionista sostiene, junto con el espectro laborista (desde Ben Gurion, fundador y, en adelante, primer mandatario del Estado), que la existencia del Estado de Israel se justifica porque es el único lugar en el mundo donde un Estado es de los judíos para proteger a los judíos.
Desde que Theodor Herzl fundó el movimiento sionista a fines del siglo XIX, sus objetivos inevitablemente eran colonialistas y siempre buscaron el amparo de una potencia imperial para llevarlos a cabo. Pero los camaradas de Ben Gurion aprovecharon el horror nazi, los cinco millones de ejecutados y el justo derecho a tener una tierra donde vivir, a dejar de ser parias por el mundo, para dar nacimiento a otro monstruo. El muro es una síntesis.
Ya antes del muro, había ocupaciones de colonos, toques de queda sistemáticos, incursiones militares en barrios indefensos (brutalmente bombardeados) junto con las cotidianas humillaciones que realizan los soldados israelíes en los pasos fronterizos. Son miles los hechos donde los soldados deciden sobre la vida o la muerte.
La derecha sionista sostiene, junto con el espectro laborista, que todo judío que critica al Ejército y su gobierno es un traidor que pone en peligro la "Seguridad Nacional" y, sobre todo, la "necesaria unidad entre judíos".
¿Qué hacemos?
La comunidad judía no puede ser cómplice de este horrendo genocidio y debe enfrentar la inquisición intelectual del sionismo.
Por la memoria de los mártires del gueto de Varsovia, no puede permitir que se construya otro gueto para los palestinos.
Es ficticio hablar de la unidad de los judíos. En la Argentina, Beraja o Corach son ejemplos de ello, demostrando total complicidad en las dificultades para encontrar a los responsables de l atentado a la Amia. Por otro lado, los clérigos ortodoxos intentaron impedir el ingreso a Israel de judíos provenientes de Africa porque eran negros, y preferían atraer a los judíos europeos porque eran blancos.
Son muchas las crónicas que hablan de familias israelíes divididas entre quienes están a la extrema derecha, en la centroderecha y los pacifistas, sin una expresión política clara de estos sectores. Hay que destacar también a las valientes agrupaciones de la izquierda independiente del laborismo que se pronuncian por la paz en contra de la opinión pública reaccionaria manipulada por los ortodoxos y el Likud.
Cuando los marxistas hablamos de Estado nos referimos a su sostén más importante, que no es otro que las Fuerzas Armadas. En el caso de Israel, esta regla se cumple cualitativamente (ver "Un Ejército que tiene un Estado", Bandera Roja Nro. 65, pág. 6).
La vuelta de los expulsados palestinos no se resuelve con una lucha "nacional" sino de clase, que arranque con el enfrentamiento a las burguesías locales (es decir, incluyendo revoluciones en los territorios árabes), en una lucha revolucionaria y socialista que barra con el Estado sionista de Israel y con los demás estados capitalistas de la región. Es un combate que, inevitablemente, necesita la unidad de clase. Las burguesías árabes son tan cómplices y serviles de los distintos imperialismos -el norteamericano en particular- como lo es el Estado sionista. Egipto es el segundo receptor -después de Israel- de ayuda militar de Estados Unidos, para actuar como su gendarme.
La burguesías árabes colaboran a que se materialice el verdadero objetivo de Estados Unidos para Medio Oriente: "Ni paz ni guerra". Arafat contribuía a fortalecer el dominio imperialista, y esto fue detenido en parte por la Intifada desatada en septiembre del 2000. Mientras tanto, es completamente legítimo el derecho de los palestinos a defenderse de este plan de aniquilamiento sistemático que lleva a cabo el Ejército de Israel, porque los verdaderos neonazis son el Ejército sionista y su gobierno.
Los judíos de Israel deben enfrentar a "su" Ejército. Son los que técnicamente están mejor preparados para hacerlo. Pero, esencialmente, deben hacerlo porque es una lucha por su propia libertad y son ellos quienes pueden imponer una derrota social, militar y política. Ningún pueblo puede ser libre si somete a otro y es lógico recibir en cambio las consecuencias de la resistencia. Si, además, dejan hacer al genocida Sharon y toda su parafernalia militar, serán los propios judíos los que enterrarán su rica y sufriente historia para equipararse con las mayores atrocidades de la humanidad.
En la Argentina, cada miembro directo o ligado a la comunidad judía que ve amenazados los más elementales derechos de los palestinos, que no esté de acuerdo con el plan de exterminio, debe pronunciarse en su mesa familiar, hablar con sus amigos, invitar al debate y organizarlo en sus clubes, centros culturales, de estudios e incluso en los encuentros en los templos. Con claridad hay que decir en estos ámbitos que si triunfa este aniquilamiento sistemático, seremos cómplices de una experiencia moderna de nazismo. En distinto grado, esta tarea debe tomarla todo aquel que se revindique democrático y defensor de los derechos humanos.
1. Yaafa Yarkoni, cantante israelí de 75 años, ícono cultural del sionismo. Sus canciones se repiten en todos los festejos nacionales y de conmemoración militar en Israel. La llaman "la cantante de las guerras".
2. Profesor de Historia en la Universidad de Haifa y uno de los más prestigiosos intelectuales de las corrientes postsionistas. Su tesis central es que la limpieza étnica era inevitable y consciente a partir de la decisión de llevar adelante el plan de colonización y expulsión.
Brasil: El necesario debate sobre el PT
A más de un año de la asunción de Lula a la presidencia de Brasil, la mayoría de los problemas sociales continúan sin grandes modificaciones (el promocionado "hambre cero" como principal propuesta, el desempleo, la reforma agraria, etc.). Podemos resumir, a grandes rasgos, que la política aplicada por el PT se caracterizó por la profundización de políticas capitalistas privatizadoras y monetaristas. Además, el marco de alianzas que está estableciendo la dirigencia de este partido con figuras vinculadas a los partidos tradicionales de la burguesía que estuvieron ligados a la dictadura de los '60 (como Sarney) acelera un proceso de años de integración al conjunto del sistema político burgués. Este proceso generó un profundo debate interno y externo que incluso desembocó en la expulsión de los legisladores "rebeldes" que se opusieron a la ley de previsión social y a los aspectos más groseros de la gestión gubernamental. Estos sectores, hoy plantean la formación de un nuevo PT.
La vieja consigna electoral -"Trabajador vote trabajador", que en la medida que las posibilidades de gobierno eran más cercanas, se fue diluyendo- mostró cuál era el proyecto político. El carácter "obrero" y masivo del PT era en realidad una reproducción de la vieja estrategia gradualista de buscar "reformas" dentro del capitalismo como a comienzos del siglo XX llevaron adelante la socialdemocracia y después el stalinismo. Precisamente, lo que diferencia a los reformistas de los revolucionarios, es que los primeros quieren administrar el Estado capitalista, y los segundos buscan destruir a ese Estado y sus relaciones sociales de producción. Pensar que alcanza con tener un candidato de origen obrero, sin tener en cuenta dentro de qué sistema tendrá que actuar, es de un simplismo extremo. Que un partido tenga extracción obrera no significa que automáticamente sea anticapitalista ni que defienda los intereses inmediatos e históricos de los obreros.
El PT nunca se planteó -más allá de declamaciones por el socialismo- como una potencial alternativa revolucionaria anticapitalista. Surgido de la radicalización antidictatorial, fue absorbido rápidamente por el remedo democrático-burgués que lo integró al régimen político en sus distintas variantes (principios y diversos niveles gubernamentales). Que alrededor de dos tercios de los asistentes al último congreso del PT fueran funcionarios públicos, confirma que la "razón de ser" de este partido es la subordinación al aparato estatal capitalista. Incluso, en la actual gestión, ministros provenientes de diversas corrientes trotskistas forman parte del gabinete, convalidando la integración al sistema en franca contradicción con los principios del trotskismo.
Desde su fundación en 1979, convergieron en el PT distintas posturas. La Iglesia católica, que jugó un papel central en la oposición a la dictadura militar con sus 30.000 comunidades eclesiales de base (CEB), tuvo desde entonces el predominio político-ideológico y organizativo dentro del PT impulsando una concepción socialcristiana de humanizar al capitalismo con el objetivo de frenar la movilización popular y la latente conformación de una alternativa revolucionaria. En paralelo, distintas corrientes de izquierda producto de escisiones de los diversos partidos comunistas, de sectores que apoyaron la lucha armada y de tres grupos trotskistas, impulsaron el PT, aunque el peso interno de todos ellos fue menor.
La mayoría de la izquierda decidió por entonces integrar el PT por considerar que, como allí estaban las masas, podría ser el embrión de un partido revolucionario. Estas concepciones son similares a las que en la Argentina planteaban el "entrismo" dentro del peronismo (porque allí estaban los trabajadores) para impulsar desde ahí un núcleo revolucionario o bien la integración lisa y llana en él. Ninguno de los dos caminos llevó a la revolución. Oportunismo y seguidismo son dos caras de la misma moneda.
Generalmente la izquierda no saca conclusiones históricas. Muchos de los planteos de las principales corrientes trotskistas (y de casi toda la izquierda) insisten en "hacer un PT", como "el" camino hacia "la independencia de clase", pero denunciando a Lula por "traidor" a los principios del PT. En realidad, más allá de la persona Lula, entendemos que el actual problema con el PT no pasa porque no estuvo a su frente la persona adecuada (que no se vendiera, que no traicionara, etc.) como si todo se definiera en un terreno "moral". Lo que el grueso de la izquierda no considera, es que el proyecto en sí mismo estaba destinado, desde su origen, a ser parte integral del régimen burgués. Desde mediados de la década de los '80, cuando el PT ya administraba algunas municipalidades, ejecutó políticas represivas de la protesta social, incorporando todos los rasgos de un gobierno capitalista. Es que sin revolución que cambie el sistema, el "gobierno de los trabajadores" sólo podrá ser el administrador ejecutivo del capitalismo y, por lo tanto, responderá a sus intereses.
Brasil tuvo, hacia mediados de los '60 del siglo XX, un esquema de desarrollo capitalista industrial donde la región de San Pablo -en la que surgió el PT- tuvo un papel central. Sin embargo, la abismal desigualdad social, las casi nulas políticas distributivas y una fuerte desintegración nacional con altos niveles de disparidad económica, generaron grandes expectativas en las posibilidades de aplicar reformas sociales. A pesar de estas ilusiones, expresadas en la gran cantidad de votos, los márgenes de maniobra para impulsar cambios sociales dentro del sistema son cada vez más escasos. La experiencia de impulsar una herramienta política desde las reivindicaciones sindicales, donde el PT es un ejemplo concreto, son muy limitadas. Quienes integraron durante un cuarto de siglo el PT para desde allí impulsar los cambios, buscaban una "táctica adecuada" para llegar a la revolución. Estas concepciones tienen más que ver con recetas de laboratorio que con la lucha de clases.
Pero no alcanza con "denunciar" como atajos reformistas a estas experiencias. Algunos sectores que todavía deciden "pelearla desde adentro del PT" consideran que se pueden establecer alianzas con "burguesías nacionales" que plantean un polo productivo enfrentado a los sectores especuladores financieros. "Sueñan" con la posibilidad de un capitalismo humano. Los que deciden seguir estando en el PT, o quienes deciden formar un "auténtico PT", coinciden en la misma concepción: la posibilidad de impulsar reformas en el marco del capitalismo. Generar expectativas en que se pueden cambiar las condiciones sociales de millones de personas sin tocar los intereses de los poderosos es una quimera. El ejemplo del "hambre cero", tan pomposamente lanzado cuando Lula asumió el gobierno, no puede plasmarse sin quitarle el poder a la burguesía.
Sin embargo, los partidos llamados revolucionarios existentes en Brasil, no se convertirán automáticamente en los "herederos" de las desilusiones que genere el gobierno petista. No se puede hacer mágicamente lo que no se hizo en años. Durante años apostaron a construir la alternativa revolucionaria donde "están las masas", sin diferenciar que un partido de trabajadores no es sinónimo de partido revolucionario. Intentar superar el sectarismo con simplificaciones como formar idealizados partidos masivos, no desarrolla necesariamente políticas anticapitalistas. Del mismo modo, tener como objetivo central la participación en espacios institucionales de la burguesía, es una concepción que atraviesa a casi todos los agrupamientos de izquierda.
Por último, queremos señalar que más allá de las diferencias existentes entre la realidad brasileña y la argentina, muchos de estos ejes de discusión son similares. Empezar a debatir el tipo de organización "ideal" partiendo de la base de que los procesos de transformación revolucionaria no los hacen solamente "partidos revolucionarios", sino grandes masas radicalizadas que deciden luchar por cambiar sus vidas signadas por la explotación, es un paso necesario. La existencia de un partido revolucionario de masas depende de la radicalización extrema de los obreros y explotados. Mientras no exista esa participación política de los oprimidos, los partidos existentes serán poco numerosos. Considerar que lo único que "hay que hacer" es la construcción de "el" partido revolucionario, es alimentar la lógica de aparatos que intentan controlar todo. Del mismo modo, no hacer balances del significado de experiencias como la del PT e intentar reeditarlas -de modo grotesco- lleva a seguir repitiendo errores.
Venezuela: ¿Rumbo a la guerra civil o al plebiscito? ¿O ambos?
El 11 de abril del 2002, el imperialismo norteamericano -por medio de sus personeros locales- perpetró un golpe de Estado contra el gobierno "neopopulista" de Hugo Chávez. Los acontecimientos hubieran proseguido la tradición de sus predecesores latinoamericanos si no fuera porque las masas explotadas bajaron de los cerros (sus barrios) a tirar a la flamante dictadura y restaurar a Chávez quien, por entonces, ya había renunciado sin disparar un solo tiro.
A principios del 2003, la oposición volvió a las andadas. Esta vez el golpe cobró la figura de lock out patronal. Durante alrededor de dos meses se mantuvieron cerrados la petrolera estatal PDVSA y otros establecimientos con el apoyo de las cámaras empresariales y de la burocracia sindical. Si bien estas medidas tuvieron mucha repercusión económica, en el aspecto político y militar carecieron de apoyo significativo, por lo que la intentona golpista se convirtió en otro rotundo fracaso.
Si el golpe de abril del 2002 asombraba por su inédito resultado, el del 2003 multiplicaba la sorpresa al ser la segunda vez que Estados Unidos fracasaba en un intento golpista en América latina.
No obstante, no todo es color de rosa. Si el gobierno venezolano no avanza contra los golpistas y contra el imperialismo -y es característico de las burguesías dependientes el no hacerlo-, éstos volverán al ataque.
"Largó la tercera"
Ahora, la derecha venezolana busca derrocar al presidente disfrazándose de democrática. Su caballo de batalla actual es el referéndum revocatorio. Como bien dijo el propio Chávez, poco puede hablar Bush -y sus amigos- de democracia cuando él mismo llegó al gobierno del "mundo libre" mediante uno de los fraudes más escandalosos de los que se tenga conocimiento (y, aun con fraude, sacó 100.000 votos menos que su rival). Vale agregar que -gracias a la actual disputa de la interna estadounidense- salió a la luz que el gobierno de George W. financia directamente a organizaciones golpistas venezolanas.
De todos modos, una solución en el marco de las instituciones burguesas parece ser la más lejana de las opciones. El gobierno, a través de la Cámara Nacional Electoral, ha reconocido la validez de 1.832.493 firmas de las 3,4 millones supuestamente juntadas. La oposición necesita ratificar 800.000 rúbricas dudosas para lograr que se celebre el referéndum. Otro organismo judicial, que responde a la oposición, se ha pronunciado por la validez de las firmas y Chávez anunció que apelará. Pero, aun si se consiguiera hacer el plebiscito, y suponiendo que el gobierno perdiera, tampoco está despejado el camino para el antichavismo al no tener hasta ahora un referente sólido que lo aglutine, lo que favorece a Chávez.
Por otro lado, las razones que llevan a Estados Unidos y sus aliados menores a intentar establecer un gobierno títere en Venezuela siguen firmes. No es un dato menor que las importaciones de crudo venezolano por parte de Estados Unidos son un 20% del total. A escala geopolítica, sigue latente la necesidad de Bush de asfixiar política y económicamente a Cuba (la primera medida que tomaron los golpistas en abril del 2002 fue "Ni un galón más" a la isla), como así también la de aleccionar a los pueblos de una Sudamérica que se resiste a ser "patio trasero" norteamericano: la de las rebeliones populares que tiran gobiernos, la de los giros a la izquierda en las cabezas de las masas.
En el ámbito interno, el panorama tampoco es muy prometedor para quienes esperan un desenlace pacífico. La sociedad venezolana está partida en dos en torno a la figura de Chávez y las ilusiones que depositan en él millones de trabajadores y sectores pobres para salir de su actual catástrofe. Esa tendencia parece irreversible.
Mientras la base social de la oposición son los sectores privilegiados y de la pequeña burguesía, la del Gobierno son los que han venido poniendo el pellejo a lo largo de la historia. El punto fuerte de los primeros es que Chávez -por mucho que cacaree- no ha logrado solucionar los problemas de la gran mayoría de los venezolanos, que se resumen en un 80% del pueblo sumido en la pobreza. El hándicap de los segundos es que se han ganado el odio del gendarme del planeta, esto significa un poroto a favor del Presidente, ya que la imagen positiva de Estados Unidos está en niveles bajísimos.
La única forma de torcer el miserable destino al que se viene sometiendo a la enorme mayoría, requiere de medidas acordes a la circunstancia: expropiación de la banca y los monopolios, control estatal del comercio exterior, etc. Sólo así se podrá quebrar el espinazo a los golpistas y lograr una hegemonía antimperialista y democrática en el pueblo. Sin embargo, no es ése el camino que viene siguiendo Chávez -su apuesta es apoyarse en el Ejército- y es casi seguro que nunca lo será, porque si se apoyase en la construcción de un poder obrero-popular arriesgaría su propia existencia y la del régimen capitalista que él defiende.
Desde estas páginas no queremos hacer pronósticos apocalípticos, pero caeríamos en el error opuesto -un pacifismo ingenuo- si descartamos que la disputa en Venezuela pase "de la política a otros medios" (recordando a Von Klausewitz).
Una política revolucionaria
para enfrentar a los golpistas
En nuestra opinión, la tarea de los revolucionarios venezolanos -y, en definitiva, la de cualquier trabajador consciente de lo terrible que sería que Bush ponga un virrey en su país- es básicamente la de buscar construir una soga que, a la vez que evite que Chávez caiga a manos del imperialismo, prepare su ahorcamiento. Más allá de las metáforas, esto quiere decir disputarle a la burguesía la dirección, la hegemonía del movimiento democrático-antimperialista de masas.
Al mismo tiempo, no se trata de pretender "convertir" al socialismo al pueblo, cual misionero jesuita. La clave es demostrar en la práctica que somos los trabajadores los únicos que podemos ir hasta el hueso en las múltiples tareas que Chávez ha dejado pendientes. Demostrar en la práctica que antimperialismo y libertades democráticas son cosas imposibles de realizar de la mano de la burguesía. Y que el único caudillo posible para derrotar al imperialismo y a sus socios venezolanos es la clase trabajadora.
Para esto, hay que disputarle el poder a los golpistas en todos los terrenos.
En lo militar, impulsar la formación de milicias obreras y populares para defenderse de la reacción, como así también trabajar por ganar a un sector del Ejército; o sea, que la lucha de clases entre en los cuarteles.
En lo económico, una medida concreta puede ser organizar la expropiación de supermercados y de los grandes capitalistas u ocupar fábricas y ponerlas a producir, todo con el objetivo de probar con hechos, y no con meras palabras, cómo se resuelve el hambre.
También el poder se debe diputar en el terreno ideológico. Creemos que una acción impostergable en este sentido es la expropiación del asqueroso monopolio de los golpistas sobre los medios de comunicación (del grupo Cisneros y otros), y que se pongan éstos bajo control de genuinas organizaciones populares.
En resumen, para derrotar efectivamente la ofensiva imperialista hay que cambiar el poder de manos, destruir el burgués y construir uno opuesto: de los trabajadores y todos los explotados y oprimidos del país que, sin dudas, concitaría la simpatía de sus pares en la región.
Estados Unidos es el principal responsable y ejecutor del golpe que derribó a Aristide el pasado 29 de febrero.
Primero armó a la oposición que tomó el norte del país. Luego, cuando la gente y los chimé ("chicos malos", en creole) pro Aristide salieron a la calle -y se demostró que tomar Puerto Príncipe era una misión imposible- decidieron "chupar" a Aristide y ocupar con sus propias tropas. Al día siguiente, al frente de tan sólo 70 hombres, Guy Philippe tomó la capital de más de dos millones de habitantes.
Al mismo tiempo, diagramó junto a Francia la composición de las tropas que ocuparán Haití bajo la cobertura de la ONU: a los más de 2.000 marines y 800 soldados franceses se sumaron un primer contingente de 70 soldados canadienses y 130 de Chile que, sin dudarlo y desde un primer momento, hicieron la venia ante el gendarme del mundo. Lula ya emprendió el mismo camino miserable: garantizó el envío de 1.100 soldados. ¿Y Kirchner?: se comprometió a mandar 200 (aunque esto debe ser autorizado por el Congreso).
Empujada por el empantanamiento en Irak y en medio de la interna presidencial, la política de Bush ha sido redoblar la apuesta militarista. En Haití, esto se expresa en la actuación conjunta de Estados Unidos y Francia, y en que el control político y económico quedaría garantizado por una tropa de ocupación y un gobierno títere. Dentro de ello, lo más conveniente pareciera ser que la mayor cantidad de tropas sean ajenas, y así bajar el nivel de exposición y de posibles bajas en sus propias filas. Los líderes de la supuesta defensa de la democracia demuestran, una vez más, que son los principales responsables del totalitarismo y violadores de la autodeterminación de los estados y sus pueblos.
"La CIA fue quien ejecutó la caída de Aristide", aseguró nada menos que John Kerry, candidato demócrata para la Casa Blanca. Algo similar ha denunciado el propio Aristide, quien demandará a Estados Unidos y Francia por haberlo secuestrado luego de obligarlo a dimitir y "depositarlo" en la República Centroafricana, mientras comenzaban las tratativas "constitucionales" para ungir como primer ministro al títere Gerard Latorutue, ex funcionario de la ONU.
Desde que los marines intentan "restablecer el orden y respetar la Constitución", diariamente asesinan a quienes se oponen a la invasión o saquean comercios, empujados por la miseria. Por ahora, no han podido desarmar a los chimé y la crisis social y política promete nuevos desbordes. Aristide, un cura ayer adepto a la "teología de la liberación" -y hoy renegado de ella-, ahora desde Jamaica, ha llamado a la resistencia pacífica.
Nada indica que la paz sea posible en el país más pobre de América. Los marines han llegado con intención de quedarse. Más allá de diferentes especulaciones, motivos les sobran: en primer lugar colapsó el estado haitiano amenazando que el caos se derrame por la región. En otro plano, la isla tiene importancia geopolítica por estar a tan sólo 77 kilómetros de Cuba. Hay que agregar que se calcula que por Haití pasa el 15% de la cocaína que entra en Estados Unidos.
Los métodos "democráticos" de Vladimir Putin se parecen a los de Pinochet o Stroessner y a los de los viejos zares. Secuestró oligarcas opositores y los depositó en cualquier aeropuerto. Cortó de cuajo toda posibilidad, así sea remota, de tener un "competidor" de cierta importancia al punto que nadie puede recordar siquiera los nombres de sus opositores, como el de Ziugdanov del Partido Comunista cuatro años atrás. El ex KGB actuó como tal y limpió el terreno de todo obstáculo electoral.
El último que le quedaba era lograr que por lo menos el 50% de los rusos votase. Pero Putin tiene solución para todos los problemas así sea dibujando los porcentajes o estafando al pueblo con alguna propaganda patriotera.
Es tiempo de reflexión y balance. En particular para todos los que celebran desde hace casi 15 años el triunfo de una supuesta "revolución democrática" en la vieja URSS. Para grupos como el MST esa supuesta revolución aún continúa en su "primera fase", tan larga como la que Stalin y Mao preveían para una etapa de revolución burguesa en los países atrasados, donde los trabajadores debían ser la quinta rueda del carro burgués. Persistir en ese absurdo no permite entender qué pasó y qué pasa en el mundo.
No hubo una "revolución democrática" sino una restauración capitalista protagonizada por capas de la vieja burocracia y del imperialismo mundial. La democracia fue sólo la careta de un horrendo carnaval que ya terminó.
Hay que preguntarse por qué después del inicio de esa supuesta revolución política en los países del este de Europa, todos terminaron como aliados militares de Estados Unidos -incluso en la agresión a Irak- y con un capitalismo más o menos normal en Hungría, Polonia, Rumania y una larga lista de supuestos "estados obreros deformados" que, habiendo protagonizado una supuesta revolución democrática, por obra de no se sabe qué conjuro volvieron al capitalismo o a una "democracia" presidida por un aprendiz de zar como es Putin. O es "cosa de Mandinga", o hay que buscar en el marxismo para encontrar respuestas a estos dislates.
La resistencia iraquí jaquea a los ocupantes
Como la gota que horada la piedra, la resistencia de los pueblos de Irak viene golpeando diariamente a los ocupantes coloniales y a sus sirvientes locales. El Pentágono reconoce casi 600 bajas. Un sector de la resistencia afirma, en un reciente reportaje publicado por Clarín, que los muertos superan el millar. Una noticia informa que son 10.000 los soldados norteamericanos llevados a hospitales de Alemania por heridas o por enfermedades contraídas en el terreno.
Más allá de que las estadísticas exactas estén reñidas con la guerra -¡y la guerra con la verdad!- es un hecho evidente que cuando Bush proclamó el fin de la guerra el 1° de mayo pasado, lo que en realidad se anunciaba era el inicio de la resistencia popular a la ocupación imperialista.
Como afirmábamos en Bandera Roja Nº 65 esto no cambiaría siquiera con el posible apresamiento de Saddam Hussein, que se produjo poco después. La situación de Estados Unidos está "bloqueada": no puede vencer ni retirarse. Por su lado, la resistencia de los pueblos del territorio que Inglaterra bautizó Irak, y de toda la región, tiene en contra la relación militar de fuerzas. Pero sobre todo, está limitada por el carácter burgués y religioso de su propia dirección, lo que la hace inconsecuente en la lucha y se presta para todo tipo de maniobras de Estados Unidos, e incluso de burguesías regionales que tienen mucho para ganar o perder, como los religiosos iraníes.
En el horizonte más o menos cercano no aparece una solución militar en ningún sentido.
Estados Unidos no puede abandonar la ocupación militar de Irak -como reconoce el oponente "demócrata" de Bush, J. F. Kerry- y tampoco puede vencer. Es posible que redoble la apuesta e invada, con el pretexto que sea (¿nuevas armas de destrucción masiva?), a Irán, o a Siria, o a ambos. Pero no es sencillo y puede ser muy peligroso, máxime después de los recientes sucesos de España.
Los problemas para Bush y su banda son muchos. El precio del petróleo está por las nubes y eso es un golpe brutal para Estados Unidos. La ocupación de Irak le ha permitido impedir que suba aún más, al producir "entre 2,5 y 2,7 millones de barriles diarios; aproximadamente la misma cantidad que Irak podía producir antes de la invasión en marzo de 2003", aunque "la seguridad, especialmente en un oleoducto del norte que resulta vital para la exportación, sigue siendo una gran preocupación" (Wall Street Journal, 15/3/04).
No es fácil que Estados Unidos suelte esa vaca lechera y no trate de ordeñarla al máximo, más allá de que Zapatero saque o no a Repsol del negocio o Blair a la British. El problema no es sólo económico.
Estados Unidos no puede retirarse hoy si no es como producto de una bancarrota militar y política de incalculables consecuencias, lo que no se avizora en lo inmediato.
Puede tratar de manipular con una "constitución" o cualquier otro mamarracho institucional basado en un ejército de ocupación que desfile con margaritas en la punta de los fusiles para ayudar a sus títeres colaboracionistas a disfrazarse de lo que sea.
Pero nada de eso es fácil porque hay una resistencia regional a la ocupación colonial. Esta se expresa tanto en el ingreso de muchos árabes provenientes de países vecinos, como en la colaboración de sectores de esos países y en la continuidad de la heroica resistencia palestina ante el genocidio nazisionista.
Si algo expresa superestructuralmente el aislamiento político de los ocupantes, es que sus aliados de la región, desde Arabia Saudita y Kuwait hasta Egipto y cinco gobiernos más, le reclaman que se retire de Irak antes de que el incendio se extienda a toda la región.
A un año de la guerra colonial terrorista de Estados Unidos y sus lacayos contra Irak, una conclusión aparece cada vez más madura: el hueso les está resultando muy duro de roer debido a la resistencia popular que los enfrenta.
Es un capítulo abierto donde no tenemos duda acerca de nuestras simpatías, más allá de nuestras grandes prevenciones sobre las direcciones burguesas y religiosas árabes. Una derrota -aun una derrota parcial- estadounidense, puede llegar a cambiar la relación de fuerzas en el mundo.
Si quiere dar su opinión sobre este u otro artículo, puede hacerlo
en el Libro de
Visitas
![]() |
VOLVER
Principal - Quiénes somos - Ultimo número de BR - Números Anteriores - Ensayos - Conferencias - Libros - Declaraciones |
![]() |