Abstención,
votos blancos, votos nulos
Crece la desconfianza
Las eleccciones del último mes demuestran que el régimen político
de los últimos veinte años está siendo carcomido y su descomposición
se expresa por el rechazo, activo o pasivo, a todo el régimen partidocrático.
Tomemos el ejemplo de las tres principales elecciones del último mes.
En Buenos Aires hubo 802.805 votos blancos (segunda fuerza) y 77.106 nulos (12,03%
y 1,16%). Como estos votos no se consideran "positivos", los porcentajes
de cada fuerza aumentan considerablemente pero son una distorsión completa
de la realidad política. (Ej. Pcia. de Bs. As.: Total padrón,
9.811.286; Escrutados, 6.671.349; Positivos, 5.778.485.)
Solá, con 2.501.954 votos, aparece con el 43,30%, cuando en realidad
es el 25,5% del padrón y el 37,5% de los votos emitidos. Seguramente,
la abstención de más de tres millones de ciudadanos no está
compuesta exclusivamente de rechazo "por izquierda" al aparato capitalista,
sino que también incluye una cuota de desinterés, apatía
y otros rubros. Pero este último carácter no puede atribuirse
al casi millón de votos blancos y nulos que fueron a votar para expresar
su rechazo a todo, seguramente con los argumentos y sentimientos más
variados, pero igualmente de rechazo.
Antes de Buenos Aires, el 7 de septiembre se votó en Santa Fe. Allí,
el ausentismo también fue del 30% sobre los 2.234.151 electores, y el
voto en blanco fue de 239.000 votos para gobernador (14,81%), de 336.755 (20,57%)
para diputados y 263.829 (16%) para senadores. Esto sucedió en la provincia
en la que la ley de lemas dejó como gobernador a un candidato que perdió
por casi 300.000 votos.
Capital Federal no escapa a esta tendencia: la abstención superó
los 800.000 votos, los blancos y nulos sumados superaron el 5%, y el 12% que
obtuvo Zamora fue a algo que se presentó como "nuevo", además
de ser el dirigente que más se destacó en las jornadas de diciembre
de 2001 y sus secuelas.
Este panorama, naturalmente que con desigualdades, es el de todo el país.
Algunas conclusiones
No subestimamos un milímetro los logros obtenidos por los capitalistas
en su intento de encauzar la crisis de diciembre hacia esta serie de elecciones
fragmentadas por provincia y ciudad, donde se vota por el mal menor y se sigue
sin discutir los grandes problemas del país (o que el K22% los resuelva).
Este problema lo abordamos en otros artículos.
Lo que hacemos es intentar explicar la precariedad y las dificultades que tienen
los capitalistas para encarrilar la crisis abierta a fines de 2001.
Creemos que estas dificultades se pueden sintetizar en tres.
La primera es que grandes hechos como los del 2001-02 no pasan sin dejar hondas
secuelas en la conciencia de los trabajadores y el pueblo, y en particular de
sus sectores más lúcidos y enérgicos.
La segunda es la precaria situación económica que no permite otorgar
concesiones significativas a las masas. Las palabras y los golpes de efecto
dan cierto resultado, pero están condicionados por la situación
económica que sólo admite soluciones revolucionarias y no medias
tintas más verbales que reales.
La tercera es que casi no quedaron ladrillos en pie en las instituciones, tras
el vendaval de odio acumulado y que explotó en diciembre del 2001. No
sólo no se fueron todos, sino que ni se movieron de sus lugares y hasta
Menem y De la Rúa andan paseando por el mundo en vez de estar presos.
Y lo mismo sucede con los grandes empresarios y sus capataces políticos
y militares de los últimos veintinueve años.
Y este colapso incluyó todas las instituciones: el parlamento, la justicia,
la policía y un largo etcétera.
Desgraciadamente, la burguesía juega casi sola por ahora y ello constituye
un inmenso hándicap a su favor.
Toda la superestructura sindical y política de más de medio siglo
por la que se expresaron, como pudieron, los trabajadores, se vino abajo. Por
más que políticos y burócratas sean fanáticos partidarios
de Kirchner y de volver a una supuesta conciliación de clases con los
capitalistas, esto no lo permiten ni la bancarrota del capitalismo argentino,
ni la crisis grave de la región e, incluso, de las economías centrales.
Como cuestión de fondo se plantean por delante sólo dos vías:
o se levanta una alternativa de organización revolucionaria de masas
que perfile un poder alternativo y opuesto al de los capitalistas, o éstos
seguirán marchando hacia un régimen más fuerte y más
desprovisto de sus escasas vestiduras democráticas archi formales. Con
Kirchner o con otro. Esa es la alternativa planteada.
LA
IZQUIERDA TRADICIONAL |
A contramano |
Hace años que las fuerzas más importantes de la izquierda tradicional
se "autoagitan" sobre la madurez de las condiciones revolucionarias
existentes en el país.
Para el Movimiento Socialista de los Trabajadores (MST) en Izquierda Unida (IU),
se sigue en la etapa de la revolución de febrero de hace veinte años.
El Partido Obrero (PO) tituló la tapa de su periódico con un "¿Llegará
Menem a mayo?", poco tiempo antes de la reelección abrumadora de
éste en 1995. Cavallo estuvo a punto de caer decenas de veces antes de
que cayera; y cuando cayó, el PO estaba mirando para otro lado. Los 30.000
votos de Altamira en el 2000 en la Capital significaron "que cambió
la etapa", según el propio Altamira.
Por su parte, el Partido Comunista (PC) acompañó, con más
moderación, estos dislates. Pero se sumó a ellos, con sus palabras,
en oportunidad del 11% de la izquierda-centroizquierda en las elecciones en
Capital en el 2000, en las cuales lograron que Echegaray entrara como legislador.
Por otro lado, el PTS vio revoluciones por todas partes. Por ejemplo en Ecuador,
durante el golpe cívico militar del 2000 que acaudilló el coronel
Lucio Gutiérrez, actual mandatario proimperialista. Y en Argentina distribuyó
una colección de "pigmentos rojos" para las luchas de resistencia
de los trabajadores contra la arremetida capitalista.
Pero el vaso se desbordó en diciembre del 2001. Los nombres usados para
definir los hechos partieron desde "insurrección" hacia abajo,
con múltiples denonimaciones, cada una más revolucionaria que
otra.
Si todo ese palabrerío fuera relativamente aproximado, esto se tendría
que haber expresado, por ejemplo, en una avalancha de votos de izquierda en
este año. En caso contrario, los compañeros debieran revisar sus
caracterizaciones y toda su política, por lo menos de los últimos
dos años.
La montaña de votos no existió. La izquierda tradicional retrocedió
y creció potencialmente el voto en blanco y, en la Capital, el voto a
Zamora, carente de organización o estructura propia.
Los números
de la izquierda:
más que flojos
Desde este marco "rojo", hace pocos meses IU decía para las
elecciones presidenciales: "Meta a IU en la segunda vuelta" y el PO
se miraba en el espejo que engordaba, el del Polo Obrero, con resultados conocidos
y abismalmente ajenos a los espejos... y se fue a las elecciones de agosto-septiembre.
La primera elección fue en Capital, la segunda en Santa Fe y la última
en la provincia de Buenos Aires. El denominador común de todas ellas
es el retroceso y/o el estancamiento de la izquierda tradicional, incluso haciendo
alianza con la centroizquierda como IU con el Partido Socialista (PS), en Buenos
Aires.
En Capital, IU sacó más de 50.000 votos en las presidenciales
del 27 de abril y 20.000 para Jefe de Gobierno en agosto. El PO obtuvo unos
15.000 votos en las presidenciales y algo más de 5.000 a Jefe de Gobierno.
Esto a pesar de que ambas fuerzas prácticamente monopolizaron las paredes
de la Ciudad con las fotos de sus candidatos. El PTS (que no participó
en las presidenciales) había obtenido casi 10.000 votos en las elecciones
de Jefe de Gobierno del 2000 y bajó a la cuarta parte el 24 de agosto.
El MAS había obtenido también en el 2000, en alianza con la LSR,
casi 9.000 votos y bajó a 1.200 (ver nota sobre la elección que
realizó por primera vez la LSR).
Lucha social y política
La caricatura stalinista del marxismo supone que la lucha social se transforma
automáticamente en conciencia política, y que sin grandes luchas
previas no puede haber votaciones importantes de socialistas y comunistas/trotskistas.
Esto es doblemente falso.
Si este proceso fuera mecánico habrían sido el Cordobazo y todos
los "azos", los que abrieron el camino a la presidencia de Perón,
su señora y las "Tres A" y que culminó en el golpe de
Videla, que no encontró una inmediata reacción de masas.
La lucha social está intermediada hacia su transformación en conciencia
política por varios factores: la conformación social del país,
la existencia o no de un partido revolucionario y la presencia de éste
en la vanguardia, la situación de las organizaciones de masas (masivas
y democráticas o burocráticas y poco representativas), las tradiciones
nacionales, las ilusiones en el régimen democrático burgués
o, por ejemplo, en relación con la supuesta conciliación de clases
(una sífilis que no se termina de agotar aquí). Incluso los bolcheviques
en el poder seguían siendo una minoría, en un país mayoritariamente
campesino, y sacaron un 30% de votos para la Asamblea Constituyente, a la que
disolvieron de inmediato.
Y los factores son más numerosos y complejos, comenzando por la realidad
internacional y sus hechos más sobresalientes. Por ejemplo, que en los
'90 el zapatismo haya sido tomado como referencia, es un símbolo de cuán
cerca estuvieron de la barbarie quienes se adaptaron más o menos a una
supuesta guerrilla "ligth" manejada por la Iglesia.
Aprovechemos para decir -aun cuando no lo desarrollaremos aquí- que la
también caricatura stalinista de que "todo depende del partido",
es un macaneo aparatista que descarta el comportamiento de las grandes masas
y su vanguardia. Si no hay radicalización de masas y una vanguardia revolucionaria
que esté a su cabeza (y de la que es parte consciente el partido), no
habrá ninguna magia de aparato capaz de producir algo que se parezca
a una revolución. Por más que ésta se intente por una vía
reformista que lleve a las masas al borde de la lucha por el poder, sin que
éstas se den cuenta y ni sepan que tienen que jugar su vida, o por acciones
ultraizquierdistas vanguardistas que no partan del principio de que no habrá
revolución socialista sin el protagonismo de millones de explotados que
pongan sus cabezas, sus pechos y sus brazos para lograr su triunfo. El ultraizquierdismo
verbal de competir por la caracterización más "roja",
ha sido el que impera en la Argentina desde hace muchos años. Es algo
que no merece refutarse porque no tiene más que consecuencias verbales
que están sólo destinadas a encubrir con palabras la adaptación
al régimen capitalista y el engaño a la honesta militancia revolucionaria,
sin arriesgar el pellejo.
La escasez de votos ¿se
debe a la realidad objetiva o a las responsabilidades subjetivas del grueso
de la Izquierda?
Dicho lo anterior, es una verdad a medias lo de las luchas como explicación
de los escasos votos de la izquierda. Y lo es por varios motivos.
El principal es que las luchas del último año han sido vistas
con un lente de aumento y las más recientes con uno que reduce su tamaño.
El 20 de diciembre último fue el ejemplo de que la ola había dejado
de crecer y que los aparatitos enmascarados de la izquierda tuvieron en el 2002
el protagonismo del que carecieron en diciembre del 2001.
En el último período hubo luchas sindicales y sociales: ferroviarios,
subtes, telefónicos, docentes, Brukman y otras. No es en la falta de
lucha donde hay que buscar la carencia de votos de la izquierda tradicional,
lo que además supone un profundo desprecio a la experiencia de las masas
en los dos últimos años, suponiendo, ni más ni menos, que
el 19/20 y los sucesos posteriores no dejaron una huella profunda en la conciencia
de millones de explotados. Lo que no permite explicar, por ejemplo, por qué
el voto en blanco fue la segunda fuerza en Buenos Aires, la masiva votación
"blanca" en Santa Fe ni el voto a Zamora y el blanco-nulo en Capital.
La izquierda y sus aditivos tienen que buscar la explicación por otras
dos causas.
La primera es su responsabilidad en la "liquidación" de las
asambleas populares en el 2002 y su rol en la administración de la caridad
como intermediarios del Estado.
La segunda, su perfil y política electoral básicamente parlamentaristas,
que postulaban su presencia en el Congreso como "el" camino para combatir
las catástrofes de los explotados.
Lo más grave no son los pocos votos obtenidos sino la realización
de una campaña electoral absolutamente desteñida, sin color, filo
ni punta. Fue una campaña igual a la de cuatro años atrás,
como si el 19 y 20 de diciembre del 2001 no hubieran existido. Y que a los sucesos
de diciembre los llamaron "argentinazo" o "revolución
de febrero" no mejora las cosas, sino que las empeora, ya que esos hechos
en nada afectaron su política por más nombres rimbombantes que
les pusieron.
Es tan grave el fracaso de su política que, números a la vista,
está claro que ni los piqueteros y sus familias votaron a los partidos
que controlan sus planes Trabajar (u otros).
El problema es muy de fondo, y mucho más grave que una mala elección.
El problema es que no es posible defender una política revolucionaria
contra el gobierno, las instituciones y el Estado, actuando como intermediarios
del reparto que el Estado hace para impedir que la pobreza lleve a fuertes estallidos
sociales en todo el país, incluyendo la capital federal y la provincia
de Buenos Aires. Y, por supuesto, de nada les sirvió especular que en
las elecciones parlamentarias crecería la votación con respecto
a las presidenciales (cuando, además, decreció) ya que eso no
modifica la raíz de los problemas.
La campaña electoral de la izquierda mayoritaria estuvo centrada en una
consigna, con variaciones: meta izquierda en el Congreso, más Partido
Obrero en la Legislatura y en el Congreso, vote al PTS para expropiar las fábricas
vaciadas y tomadas.
La LSR viene sosteniendo (ver editorial de Bandera Roja 63) que al asumir el
gobierno la "centroizquierda", el lugar de la izquierda tradicional
se va corriendo e intentando ocupar el lugar vacante en ese "centro"
difuso, que va desde centroizquierdistas consecuentes, pasando por Kirchner
que llegó a la presidencia con los votos del nada centroizquierdista
Duhalde, hasta el Opus Dei de Beliz y Alberto Fernández, que dejó
su banca cavallista a Elena Cruz.
El problema para la izquierda tradicional es que el espacio centroizquierdista
ya está ocupado por el gobierno y sus adláteres y arribistas.
Eso explica que Bonasso compita exitosamente con Echegaray a pesar de que IU
ya hubiera conseguido, ya hace dos años, la diputación de Patricia
Walsh o que Zamora, con un discurso coherentemente reformista, fuera una bomba
de succión de votos de izquierda-centroizquierda.
Y también explica que no se trata de correrse al "centro" (con
aditamentos varios como propone el PC). Su acuerdo con el PS, con Rivas como
candidato a Gobernador lo demuestra por una doble vía: por su votación
propia, que no fue ningún polo de atracción para grandes masas
de descontentos con todo el régimen político; y en otro aspecto,
porque la segunda fuerza política de Buenos Aires fue el voto blanco
-y el nulo- que prácticamente cuadruplicaron al de IU-PS.
Tomamos sólo este ejemplo porque es el mayor de la izquierda tradicional.
Pero vale para todas las fuerzas menores, desde el PO y su movimiento "piquetero",
que no aparece como opción de masas como se autoproclama; pasando por
el MAS y el complejo fenómeno del FTC, hasta el PTS, convertido virtualmente
en una versión gradualista-reformista que propone ir tomando las fábricas,
de una en una, evolutivamente, para llegar
no se sabe adónde.
J. G.
La LSR en las elecciones de Capital
Por primera vez en sus casi once años de existencia, la Liga Socialista
Revolucionaria (LSR) tomó este año la decisión de obtener
su personería jurídica con miras a las elecciones del 24 de agosto.
Opinamos, por constatación práctica, que podemos dialogar con
fluidez con millones de trabajadores, porque empalmamos con las necesidades
reales, de la lucha y del interés obrero más global. Porque este
interés se ha hecho presente en la sociedad.
En consecuencia, consideramos un deber hacer el mayor de los esfuerzos por dar
a conocer que existe una izquierda que no dice "vóteme a mí
y así se resolverán sus problemas"; o "siga siendo un
desocupado, pero venga a mi ONG que conseguirá los mejores planes de
desempleo, y sólo a cambio de pegar 1.000 afiches por noche para mi partido".
No. Quisimos saber si hay sectores populares que adhieran a lo que fue la síntesis
de nuestra campaña electoral: "No venimos a decirle cuántos
baches vamos a tapar. Venimos a denunciar la estafa de que nos pongan a discutir
que puede haber una ciudad mejor en un país que se cae a pedazos, sometido
al ahogo de la deuda y al saqueo de los grandes capitalistas. El único
cambio posible vendrá de la decisión del pueblo movilizado y organizado,
en las calles, para lograr un 20 de diciembre distinto, triunfante, que haga
realidad que se vayan todos. Y pedimos el voto para poder contar las voluntades
dispuestas a encarar esa organización y esa pelea hasta el final. Porque
la alternativa para la ciudad, y para el país, es una sola: o revolucion
socialista o más miseria, más represión y más barbarie
capitalista."
Al mismo tiempo, y tal como ha sido una constante en la historia de la LSR desde
su fundación, somos conscientes de que los revolucionarios no son sólo
los que entran en una pieza de nuestro local, y bregamos por el reagrupamiento
de las fuerzas del socialismo revolucionario, organizado o no. Así fue
que en el 2000 realizamos una campaña en común con Laura Marrone
y los compañeros del MAS de la capital federal; y en el segundo semestre
del 2001 volcamos nuestro esfuerzo a garantizar la personería provisoria
para el lanzamiento de la candidatura de Luis Zamora y su agrupación,
a la que aportamos más de 3.500 avales de los 4.000 requeridos por la
Justicia, por considerar que éste podía ser la punta de lanzamiento
de una amplia corriente por el reagrupamiento de un movimiento anticapitalista,
antiburocrático y socialista en la Argentina.
Esta vez, hemos podido realizar esta campaña en común junto a
los compañeros de Democracia Obrera, con quienes veníamos coincidiendo
en una política principista frente a la guerra colonialista contra Irak
y en defensa de la lucha de las obreras de Brukman. Así fue que presentamos
la lista 214 con las candidaturas de Jorge Guidobono (LSR) y Ramón Ferreyra
(DO). La boleta que presentamos incluía el eslogan "Socialismo,
o más militarismo y barbarie capitalista". Vale la pena informar
que al pie de dicho eslogan, no pudimos hacer constar la firma (LSR-DO) porque
esto fue objetado por la apoderada del MST en Izquierda Unida en la audiencia
de impugnaciones que se realiza ante la Junta Electoral Nacional presidida por
Servini de Cubría. No obstante, el trabajo militante permitió
difundir unas 5.000 plataformas programáticas elaboradas en común,
pegar 50.000 obleas publicitando los conceptos centrales de la Lista y realizar
varias pintadas y actividades de difusión callejera en diversos puntos
de la Capital realizados fraternalmente entre compañeros de ambas organizaciones.
En una campaña carente de recursos, sin la menor difusión en los
medios, en una modesta tarea mano a mano, con volantes y boletas distribuidos
debajo de las puertas, logramos 2.000 votos en la Capital. Consideramos que,
en estas condiciones específicas, la votación para la 214 demuestra
que existe un espacio en la sociedad para una política obrera, socialista,
revolucionaria.
Este esfuerzo y sus resultados, son un alerta muy importante para sopesar los
desafíos que están planteados en una sociedad donde, ni de lejos,
han logrado cerrar el proceso abierto con el "que se vayan todos".
Más trabajo, más constancia, y reiteradas propuestas para la unidad
principista anticapitalista, son la tareas que tenemos que encarar en lo inmediato.
L. RUBIALES