"K"
  Amaga con la izquierda
y pega con la derecha

Kirchner viene logrando conquistar simpatías y expectativas de gran parte del pueblo. Lo logra por contraste con la farándula menemista y la parálisis aliancista, que le permiten montar un formidable espectáculo mediático sobre muchos temas, que puede sintetizarse en su discurso ante la ONU: "Somos los hijos de las Madres y las Abuelas de Plaza de Mayo".
Hay un operativo publicitario en curso que golpea sobre los puntos más sensibles de la población. Con respecto a la deuda, por ejemplo, se dijeron dos cosas opuestas en el discurso de asunción presidencial: "Vamos a pagarla, pero no a costa del hambre del pueblo", que es la única forma de seguir pagándola. Y el pago no se ha interrumpido nunca con el FMI, el BID y el Banco Mundial.
La primera respuesta categórica a esa contradicción ha sido la de dar "por buena" una deuda fraudulenta y aceptarla lisa y llanamente como legítima en el acuerdo con el Fondo.
Sería absurdo negar que hay un brusco cambio en la relación del gobierno con el pueblo y que afloran contradicciones interburguesas -acalladas en los '90- que afectan a todo el régimen y sus instituciones. Es propio de sectarios necios negar esos hechos. Pero, por otro lado, es propio de oportunistas ingenuos creer que se ha abierto un camino de solución para la crisis del capitalismo argentino. No tiene salida de progreso: o se toma el camino de la revolución antimperialista y anticapitalista (es decir, socialista), o sigue avanzando la barbarie.
Todo el comportamiento de Kirchner en los temas centrales demuestra que estamos asistiendo a cambios cosméticos, de imagen, y no a un cambio de "modelo" (aun cuando al neoliberalismo no lo defienden ni sus padres): deuda, privatizadas, bancos, salarios congelados in eternun para los estatales y los jubilados, millones de desocupados que presionan hacia abajo el salario privado, instituciones burguesas en descomposisción y primeros ensayos represivos -como el del desalojo de los piqueteros que coparon los molinetes de los subterráneos- que, lejos de subestimarse, deben leerse como una peligrosa luz amarilla.

Desde el 25 de mayo hasta hoy
Hay un avance relativo en la reconstrucción del régimen político, que se expresa en las elecciones provinciales y en los intentos de emparchar algunas instituciones, como la Justicia y la Policía, cuyo pronóstico sigue siendo reservado.
Constituiría un grave peligro desconocer estos avances del enemigo de clase, pero también sería un serio error desconocer el carácter precario e inestable de esos avances. No hay que dejarse impresionar por los índices de popularidad que maneja el aparato de gobierno. Aun cuando hoy puedan ser ciertos, son producto de una carambola fortuita de la historia o, más bien, del desbarranque de Menem y De la Rúa. Es una popularidad prestada y condicionada. Es por oposición y descarte del pasado más que por entusiasmo con el presente y -menos aun- con las perspectivas a futuro. Está "atada con alambre", por más que múltiples operaciones mediáticas intenten fortalecer los lazos con la población y dibujar una especie de "antiMenem".
Varias razones explican esa precariedad. La primera es económica. El acuerdo con el Fondo, firmado a 48 horas de las elecciones de Capital y Buenos Aires, significó dos cosas esenciales: que Kirchner reconociera como legítima la fraudulenta deuda, y que tanto el Gobierno como el organismo internacional coincidieran en esconder la basura debajo de la alfombra, abriendo un período de "tiro y aflojo" más o menos prolongado. Esto incluye las leyes que se están sancionando a favor de Estados Unidos (patentes, impunidad bancaria, etc.) y el paquete esbozado por Lavagna en Dubai, que no incluye a los bancos entre los deudores privados de los títulos "defaulteados" de la deuda, sino sólo a muchos pequeños inversores que no ganaron las fortunas de los bancos con las tasas de interés del 40% que deglutieron los bancos y los fondos de inversión. Todo este tironeo es un capítulo abierto, por más que Bush, para cubrirle las espaldas, felicite a Kirchner como "el que derrotó al Fondo" .
Tampoco son relevantes las cifras de la reactivación económica, salvo para comprobar un hecho: después de pisar el fondo del pozo, la Argentina no tomó una pala para seguir cavando sino que empezó a asomar un poco la nariz, teniendo al agro (la soja en particular), al gas y al petróleo como claves de reactivación. Esto sin que los grandes números que interesan a las masas (salario, desocupación, salud, educación) se modifiquen sustancialmente, aunque puedan decir que se frenó la caída y muestren algunos pequeños indicios sectoriales de una ínfima reactivación.

Los poderes
El gobierno constituye un bloque heterogéneo. Una especie de frente único de distintas fracciones burguesas (todas las más importantes) de diferentes sectores del peronismo, de la Iglesia y del Opus Dei, y de sectores ligados a los distintos imperialismos, que quieren aprovechar los roces entre éstos para ver si pueden abrir, aunque sea, una pequeña trocha angosta para la absurda quimera de un "capitalismo nacional" o regional. O para que los yanquis se queden con parte del botín de las privatizaciones que fueron a parar a manos europeas en los '90.
En lo fundamental, la presidencia se apoya en dos pilares: las ilusiones del pueblo de lograr un cambio y el aparato publicitario y de golpes mediáticos de Kirchner y su entorno.
Las instituciones que dependen de él están muy podridas. El Parlamento se parece, mientras dure el acuerdo Kirchner-Duhalde, a un colimba que obedece al sargento. La policía está podrida y desprestigiada desde arriba hasta abajo. Y esa descomposición es imposible de esconder dándole más poderes con la excusa de la violencia callejera o en el fútbol.
El ejército tiene divisiones y problemas. El telón de fondo es que no se cerró el repudio social por el genocidio. Sobre ese cuadro aparecen las declaraciones de Bignone y otros genocidas ante la televisión francesa, como respuesta a la reapertura de algunos juicios a militares después de que la ley orquestada por el PJ impidiera que los extraditen a Europa.
La campaña sobre el intento hegemonista de Kirchner de parte de la burguesía no carece de bases, pero ignora que en estos 20 años todos intentaron lo mismo: Alfonsín y su "tercer movimiento histórico", Menem y el "primer mundo", y hasta la ridícula Alianza y su ampulosa promesa de acabar con "la fiesta para pocos". Esto, a su vez, tiene que ver con la crisis de los partidos y su deshilache, que incluye a un PJ completamente feudalizado.
No es real que sólo exista la contradicción entre Kirchner y Duhalde: existen muchísimas más en el peronismo por provincia o municipio, y no es un hecho menor que la segunda fuerza en las elecciones en la provincia de Buenos Aires haya sido el casi millón de votos en blanco y nulos. O que el peronismo porteño prácticamente desapareció, por más que consiguiera algunas bancas montándose a babucha -y a escondidas- de Macri o de quien sea.

La lucha de clases
Ha habido recientemente importantes luchas en los subterráneos, telefónicos, ferroviarios, camioneros, UTA y las sigue habiendo en docentes, como en Neuquén. Esto demuestra que las ilusiones y expectativas no significan un cheque en blanco a Kirchner.
El movimiento piquetero está en reflujo -como mínimo- parcial, y el gobierno se prepara para avanzar sobre él con algo de trabajo semiesclavo en obras públicas o en acuerdo con patronales que agreguen algunos pocos pesos a los 150 del subsidio estatal. En Tucumán, por ejemplo, a Coca-Cola (de Aguilares) le basta con agregar $ 30 al plan que otorga el Estado, para garantizar su producción. Puede ser que estas cifras se incrementen un poco, pero sin lograr en absoluto el justo reclamo de trabajo genuino y sin que los compañeros que reciben un subsidio dejen de ser manipulados como un ariete para mantener congelados -o bajar incluso más- los salarios de miseria de los que están en actividad.
Las dos CGT se parecen a un jubilado de 112 años que sigue cobrando sus haberes después de haber muerto hace mucho. La CTA está plenamente integrada como funcionarios del gobierno. Ctera hace campaña por Ibarra en Capital y, al mismo tiempo, encabeza una justa lucha en Neuquén contra Sobisch. Pero no se puede tocar en la orquesta y bailar en la pista al mismo tiempo…

Nuestras tareas
En lo fundamental son dos. La primera, acompañar e impulsar todas las luchas sociales y políticas que se produzcan, sean por hartazgo y desesperación o porque los compañeros crean, equivocadamente, que Kirchner los va a apoyar. La segunda, a nuestro juicio, es explicar pacientemente que el gobierno de Kirchner es enemigo de los trabajadores y el pueblo; que no habrá solución alguna sin continuar la lucha por construir un poder de los trabajadores y el pueblo, opuesto -e irreconciliable- al de los capitalistas. Y, en una perspectiva revolucionaria y socialista, que se ensamble con las grandes luchas de la región para expulsar al imperialismo y enterrar el poder de los capitalistas locales. La única posibilidad de unidad latinoamericana -y no de enfrentamiento entre los pueblos en defensa de los intereses de quienes los explotan y los dividen- es la de una federación socialista de los países de la región. Para dar impulso a estas tareas, es necesario madurar como un arte la militancia cotidiana, hacerse parte de las luchas que se dan, y articular pasos para avanzar en la unidad con quienes -organizados o no- persigan el objetivo de terminar con el yugo capitalista-imperialista en la Argentina, en América latina y en el mundo.

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