Frente al inicio
de un proceso
revolucionario en Bolivia
Declaración de Liga Socialista Revolucionaria
La heroica lucha de los campesinos, los obreros, los mineros y los sectores
populares de la ciudad y el campo derrocó al gobierno asesino de Sánchez
de Lozada y su patrón Bush.
Se inició así una nueva etapa con final abierto en la lucha entre
revolución y contrarrevolución en Bolivia y en Latinoamérica.
Este round en Bolivia lo ganamos todos nosotros, todos los explotados y oprimidos.
Pero el combate es a muchos rounds, a más de quince.
Esta ha sido la victoria más importante obtenida por los explotados latinoamericanos
en varios años. Es muy superior, por ejemplo, a la rebelión de
diciembre del 2001 -en la que derrocamos en la Argentina a De la Rúa-
por varias razones: porque la lucha duró un mes y no dos días;
abarcó a todo el país; utilizó la huelga general por tiempo
indefinido junto a las puebladas civiles; y expresó niveles superiores
de organización y de enfrentamiento que pusieron incluso en riesgo a
las propias Fuerzas Armadas y a su oficialidad asesina.
Pero, repetimos, es una victoria en un round de un combate donde los dos únicos
destinos opuestos son el triunfo revolucionario de los explotados o su derrota
y aplastamiento contrarrevolucionario. Es una pelea que se definirá por
knock out, no por puntos, tanto para nuestros hermanos como para nuestros enemigos.
La lucha empezó contra el saqueo imperialista del gas y se elevó
al terreno político, al cuestionamiento al gobierno y a muchas de las
lacras acumuladas durante más de un cuarto de siglo de neoliberalismo
(y varios siglos de saqueo imperialista-capitalista). Pero es de destacar que
la punta del ovillo de esta gigantesca movilización fue el saqueo del
gas, lo que demuestra la inmensa importancia de las tareas antimperialistas
para la revolución obrera, campesina y popular en nuestra América,
para terminar con el yugo colonialista y la explotación capitalista en
cada uno de los países de la región.
Ha comenzado un proceso de revolución antimperialista que sólo
puede triunfar si los obreros, los campesinos y los sectores populares pobres
son capaces de acaudillar a la nación en su lucha por liberarse del imperialismo
y, en ese proceso, destruyen el poder de los capitalistas locales y de su Estado
e instauran un poder opuesto, revolucionario, obrero, campesino y popular.
Ese poder sería, por primera vez en la historia de Bolivia, un poder
democrático. Porque se basaría en la organización social,
política y militar de los trabajadores y explotados de las ciudades y
el campo. Sería un poder de la abrumadora mayoría del pueblo,
después de quebrar al Estado antidemocrático de todos los capitalistas
y su aparato represivo; después de expulsar como sea a las bases militares
yanquis y a los agentes de la DEA y la CIA instalados en su territorio. Sólo
sobre esa base de poder se podrá instaurar un gobierno efectivo que aplique
un programa antimperialista, anticapitalista y al servicio del desarrollo de
la revolución socialista latinoamericana.
Para esta perspectiva homérica es imprescindible la torrencial participación
democrática de millones de explotados, que entierren la farsa a la que
Bush, Sánchez de Lozada o Mesa llaman "democracia": que es
sólo el derecho para ellos, para los grandes pulpos capitalistas y en
contra de todo el pueblo. Y que impongan la primera dictadura democrática
de la historia en el Altiplano: la de la mayoría de explotados y pobres
sobre la ínfima minoría de gerentes imperialistas y grandes capitalistas
locales, incluidos los narcos, asociados también ellos al imperialismo
mediante la banca estadounidense.
¿Un cuarto intermedio?
El régimen político "democrático" boliviano
está despedazado y sus hilachas son irrelevantes.
El interinato de Mesa fue posible por un acuerdo nacional que incluyó
a Morales, Quispe, la dirección de la COB y toda la burguesía
boliviana, más Lula y Kirchner.
Este acuerdo se realizó cuando ya estaba completamente grogui Sánchez
de Lozada. El asesino educado en Chicago quería huir para salvar el cuerpo;
la burguesía estaba dispuesta a sacrificarlo, al igual que Bush (que
lo apoyó a capa y espada hasta que la tenacidad de las masas lo inclinaron
hacia la variante Mesa); y las direcciones del pueblo rebelde no querían
que la lucha se les fuera de las manos; o que fuera más allá,
hacia una pelea de carácter irreversible, sea contra la oficialidad de
la Policía, del Ejército y parte de las tropas, sea contra todas
las instituciones -o sus hilachas- de los despojos de la democracia burguesa.
Quispe le acaba de dar 90 días de plazo a Mesa. Evo Morales propone cambiar
el gas por la salida al mar de Chile. La burguesía y el imperialismo
tratan de recomponerse frente a esta derrota parcial para volver a atacar con
más fuerza. Al servicio de esta estrategia están sus frases dulzonas
de hoy destinadas a intentar desarmar el incipiente proceso revolucionario abierto.
La Liga Socialista Revolucionaria rechaza el pacto que las organizaciones obreras,
campesinas y populares acaban de concretar y la tregua de 90 días de
Quispe y de no se sabe cuántos de Morales. Y esto lo debemos denunciar,
en nuestra opinión, todos los socialistas revolucionarios del continente.
Pero creemos que nuestra política en absoluto termina allí. El
dilema hoy no es "lucha versus tregua". El dilema es tener o no una
estrategia de construcción de poder obrero, campesino y popular para
aplastar al poder capitalista-imperialista (más allá de cuanta
lucha parcial o sectorial haya por fuera de esta estrategia). Hay que construir
un poder alternativo al del enemigo para preparar la destrucción del
suyo.
La gran tarea es educar pacientemente en esa perspectiva, combatiendo al mismo
tiempo las ilusiones que los explotados puedan tener en el nuevo gobierno o
en cualquier variante patronal y en las direcciones reformistas, burocráticas
y pequeñoburguesas que, en cualquier tramo del camino, se venderán
por un plato de lentejas. Lo mismo vale para la proyectada Asamblea Constituyente
que raudamente aconsejó convocar la Iglesia Católica, para que
toda la fuerza de la lucha obrera y popular se absorba en la vía muerta
de la institución burguesa por excelencia.
El camino abierto
En esta lucha fue un paso importantísimo la coordinación o el
comando que se estableció entre algunas de las direcciones que encabezaron
la pelea. En nuestra opinión ese paso debe ser continuado con otro gigantesco:
el trabajo por la convocatoria de un gran congreso de los obreros, campesinos
y del pueblo pobre que se vaya instalando como una organización y una
dirección de todos los explotados y oprimidos de campos y ciudades, que
crezca hasta disputarle el poder a los capitalistas e imperialistas. Que liquide
sus instituciones antidemocráticas y represivas e imponga el único
régimen democrático real, el que se apoya en las organizaciones
democráticas de los trabajadores. Y que ejerza la única garantía
de democracia posible: el fusil al hombro de los obreros, mineros, campesinos
y pobres de la ciudad y el campo, que terminen con el aparato represivo del
enemigo, incluyendo también la expulsión y/o liquidación
de las bases militares yanquis en suelo boliviano.
La lucha por este nuevo poder, opuesto al actual, tendrá que dar respuesta
también a reivindicaciones impuestas por 500 años de colonización.
Hay que terminar con la oprobiosa opresión -social y cultural- que hace
que, por ejemplo, la abrumadora mayoría de la población -que es
quechua y aimara dentro de un 70% perteneciente a diversas etnias- deba someterse
a una única lengua oficial de enseñanza obligatoria en las escuelas,
impuesta desde los tiempos de la dominación de la corona española
(a la vez que admite con "naturalidad" a un presidente que sólo
hablaba en inglés en su primer mandato y chapurreaba un "cocoliche
gringo" hasta pocas horas de antes de huir en helicóptero hacia
su verdadera "patria" norteamericana). No habrá una Bolivia
libre, soberana, democrática y socialista sin dar respuesta a este problema
clave.
Reafirmamos que toda la estrategia de los socialistas tiene que estar dirigida
hacia la lucha por el poder para los obreros, campesinos y explotados, con las
más diversas tácticas que sean necesarias para avanzar en ese
camino.
Nada de esto será posible sin un requisito cualitativo: ir construyendo
un partido o una organización socialista que no se maree con palabras,
que tenga claridad sobre el inmenso desafío de encarar una lucha revolucionaria
contra la burguesía y el imperialismo. Y que sea capaz de encarar las
más diversas tácticas para combatir a las direcciones pequeñoburguesas
y reformistas del movimiento de masas al mismo tiempo que ir conquistando simpatía,
confianza y respeto entre los explotados y sus organizaciones.
La valiosa tradición del movimiento trotskista en Bolivia es una fuente
nutriente a tener muy en cuenta, tamizando sus errores y horrores de medio siglo
y buscando ensamblarla con nuevas generaciones de revolucionarios nacidos en
los últimos años o décadas.
La lucha por la revolución boliviana y por su futuro no se resolverá
sólo en Bolivia sino en toda América latina. Hoy cualquier avance
significativo de la lucha de los explotados del continente fortalece la lucha
estratégica por el poder en Bolivia. Si éste pudiera conquistarse,
debe inexorablemente jugarse a extender la revolución a toda América
latina. De igual modo, el primer deber de todos los revolucionarios latinoamericanos
será defender a esa Bolivia revolucionaria de la única forma efectiva:
luchando por la revolución antimperialista, anticapitalista, antiburocrática,
socialista e internacionalista en cada uno de los países de nuestra región.
La tarea es gigantesca. No hay otra alternativa a la barbarie creciente del
imperialismo y del capitalismo. Pretender humanizar al capitalismo y al imperialismo
es una utopía reaccionaria. La revolución es muy difícil,
pero no sólo es la única solución realista sino que también
es posible y realizable si continúa el heroísmo de los explotados
en la región y los revolucionarios socialistas somos capaces de ayudar
a direccionar esas luchas hacia una perspectiva de poder, que barra con el imperialismo
y el capitalismo en la región....
El gas, la revolución,
la xenofobia
Tras 500 años de saqueos imperialistas, el gas es casi la última "joya de la abuela" que le queda a Bolivia. Y Sánchez de Lozada, sirviente incondicional del imperio, y analfabeto absoluto de la historia boliviana, pretendió entregarlo a través de Chile olvidando el pequeño detalle del territorio de la costa perdido en la guerra de 1879. Hoy, la abrumadora mayoría de la población, sólo puede acceder al gas cotidiano mediante el uso de garrafas y eso en el caso que disponga de ingresos suficientes para comprarlo. Hoy, esos millones de pobres han dicho basta, dándonos una lección de cómo se defiende la riqueza de un país: con la lucha decidida en las calles. En Buenos Aires, más de 8.000 hermanos bolivianos manifestaron en el centro de la ciudad reclamando la renuncia del carnicero "Goni". Muchos fueron los argentinos que nos mostramos solidarios. Y muchos fueron también quienes decían: "Está muy bien que luchen en Bolivia, pero ¿por qué tienen que hacerlo aquí?". Parece ser que muchos argentinos olvidan que este es un país de inmigrantes (al igual que Estados Unidos, por ejemplo), y que la mayoría de sus actuales pobladores provenimos de aquellos abuelos que cruzaron un océano buscando combatir el hambre; del mismo modo que lo hacen hoy en otras tierras miles y miles de argentinos que huyeron de la desocupación que trajeron la convertibilidad y el posmenemismo en los años recientes. Entre muchas lecciones, Bolivia 2003 nos ha puesto ante la necesidad de recordar que hay lazos muy profundos que nos hermanan con nuestros compatriotas de la gran nación latinoamericana: la misma sujeción económica, política y militar a la voracidad imperialista; la misma explotación de los gobiernos y capitalistas locales asociados a los amos de las metrópolis centrales; el mismo saqueo de todas las riquezas de los suelos que habitamos; el mismo ahogo de una deuda jamás contraída y mil veces pagada; y el mismo afán de libertad. Afán que jamás podrá consumarse sin la reivindicación y la recuperación de nuestras raíces y nuestra historia, contra tanta "historia oficial" que nos han inculcado u ocultado convenientemente generación tras generación. Entre otras, el no hablarnos jamás de la revolución minera y campesina victoriosa que en 1952 hizo desfilar al Ejército en calzoncillos por las calles de La Paz. |
¡VIVA
el round ganado
por el pueblo de BOLIVIA!
¡Así se defienden
la democracia y la riqueza nacional!
¡Fuera Estados Unidos, sus tropas y todos sus espías de la DEA
y de la CIA!
¡Viva la hermandad de los pueblos latinoamericanos!
Para que el
proceso revolucionario avance:
Construir poder obrero, campesino
y popular para ECHARLOS A TODOS y terminar con el poder capitalista-imperialista