¿Adónde irá Luis Zamora?

Ante la segunda vuelta en la Capital, Zamora cumplió un importante papel al llamar a la abstención (o al voto blanco o nulo), por lo que fue ferozmente atacado por la centroizquierda gobernante. El resto de la izquierda hizo poco o nada al respecto (si bien se pronunció formalmente en el mismo sentido). Lo mismo puede decirse respecto de su frontal oposición y denuncia de Kirchner. Y coincidimos íntegramente con su posicionamiento frente a la tramposa anulación del Punto Final y la Obediencia Debida.
Previamente, el 24 de agosto, fue el único izquierdista numéricamente vencedor en la Capital. Como candidato a Jefe de Gobierno obtuvo siete veces más votos que todo el resto de la izquierda sumada (IU, PO, PTS, LSR, MAS, CS). Y logró ocho legisladores de la Ciudad y dos nuevos diputados nacionales.
Su votación fue arrolladora. Su campaña consistió en un programa de reformas para la Ciudad, con un acabado plan de gobierno que confrontaba con Aníbal Ibarra en todos los terrenos de la administración. Más allá de algunas advertencias acerca de que no podía haber una ciudad próspera en un país de pobres, y de la denuncia de Bush y su política, las declaraciones de Zamora en los medios, sobre todo en la TV, estuvieron centradas en la administración de la Ciudad, en la búsqueda de cambios dentro de los marcos del sistema.
En ese terreno, repitió el viejo dislate que sosteníamos quienes militamos en el MAS en los '80, sobre la elección directa de los comisarios por los vecinos para responder al tema de la inseguridad. E hizo hincapié en que se debían reglamentar por ley las "comunas" previstas en la Constitución de la Ciudad, como forma embrionaria -o algo así- de autogobiernos zonales.
Discrepo por completo con esta propuesta: ninguna base de poder alternativo y opuesto al actual, va a surgir de una ley o de una Constitución burguesa sino de la lucha revolucionaria del pueblo. Guste o no, ése es el único camino. Si se aprobara una ley como la que reclama Zamora, no habría "comunas" en Buenos Aires sino nuevas versiones de los centros de Gestión y Participación (CGP) tan inútiles como los actuales, pero con un aura más "democrática" y engañosa de la que carece el aparato estatal burocrático, que sólo sirvió en este terreno para tratar de estatizar algunas asambleas populares durante el 2002, en lo que tuvo algunos logros.

El parlamentarismo
es una vía muerta

En esta misma página nos referimos extensamente a este problema en relación con el resto de la izquierda. Pero en lo que respecta a Zamora, hay una especificidad que importa destacar. Es el único dirigente que cuenta con una bancada de cierta importancia en diputados y amplia en la Legislatura porteña. Pero creer que con eso se puede cambiar algo importante es seguir el camino del resto de la izquierda que viene explicando que con uno o dos diputados o legisladores pudo lograr decisiones trascendentes (que sólo ellos conocen), por lo que todo consiste en lograr que haya "más legisladores de izquierda". No sabemos si este discurso es una trampa o una autotrampa, y tampoco sirve conjeturar al respecto. Zamora, en cambio, ha marcado un claro precedente como referencia en contrario.
Si las posiciones que levantó hacia el 24 de agosto, las impulsase no con tres u ocho legisladores nacionales o distritales, lo hiciese con 15 o 20, poco o nada significaría en política, porque cualquier medida está acotada por un régimen según el cual -con algún adorno parlamentario- mandan los jefes del país y de la Ciudad (el demagógico decreto de Ibarra sobre los subterráneos, es una muestra elocuente).
Por si fuera poco, este tipo de regímenes no es una tendencia argentina sino mundial. Muy cerca nuestro, las grandes bancadas del Partido de los Trabajadores (PT, Brasil) y del Frente Amplio (FA, Uruguay) dan testimonio de ello.

El otro camino
Las elecciones del 24 de agosto marcaron un antes y un después. Hay un agotamiento de fondo de la izquierda más significativa de los últimos 20 o 30 años en el país, y está planteado refundarla sobre nuevas bases políticas y organizativas no aparatistas.
En varias oportunidades a comienzos del 2001, le realicé amistosamente esa propuesta a Luis Zamora. Hoy más que ayer, sigo convencido de que Zamora tiene en sus manos la posibilidad de impulsar la formación de un bloque antimperialista, anticapitalista y antiburocrático (en consonancia con tres puntos fundamentales de Autodeterminación y Libertad), sobre la base de un programa común y de la libertad de cada uno (sí, uno) para actuar distinto en aquello que no acuerde. Y de un mecanismo plenamente democrático de funcionamiento, sin imposiciones de números ni de jerarquías.
Este camino entraña peligros, porque hay una cultura burocrática implantada durante años en las corrientes de la izquierda, y seguramente habrá de enfrentar maniobras, entrismos y otras sífilis heredadas del pasado.
Pero también es constatable que, en más de dos años, AyL no ha logrado conformarse como organización, y es poco probable -si no imposible- que lo haga si continúa actuando como hasta ahora.
Pocos días después del 20 de diciembre del 2001, café de por medio, le expresé a Zamora que "ahora existe la posibilidad de formar un movimiento (bloque o como se llame) de 30/40.000 compañeros" sobre las definiciones antes mencionadas.
Hoy agrego que, a mi juicio, ese movimiento no sólo debería incluir al socialismo revolucionario sino también a corrientes con ilusiones reformistas, que convivamos con respeto y paciencia mutuas. Con una sola condición: reglas de juego claras, por escrito, y con democracia, democracia y, nuevamente, más democracia para debatir todos los temas.
Como los hechos no han permitido avanzar en ese camino, y Zamora ha sido fundamental para ello, mis esperanzas no son las mismas que dos años atrás. Pero esto no impide que insista -esta vez públicamente- en una propuesta similar a la formulada personalmente, en forma oral y escrita, en anteriores ocasiones. Hoy es evidente que Luis Zamora tiene allanado el camino para intentar llevarla adelante. Y es él quien tiene la palabra.


JORGE GUIDOBONO

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