No hay que dejarse encandilar por algunos fuegos de artificio encendidos por el nuevo gobierno, no precisamente dirigidos a alumbrar al fondo de los problemas.
El problema es no perder de vista los problemas centrales del país, los que tienen la jerarquía que subordina la resolución de los demás, y que son económicos.
En el colegio nos enseñaron que el orden de los factores no altera el producto. Esto vale para la matemática pero no para la política. Cuando Néstor Kirchner dice “pagaremos nuestra deuda”, es simple retórica subordinada que agregue “no a costa del hambre del pueblo”, que es obviamente la única forma de pagarla.
No se necesita ser un socialista ni un revolucionario para poder decir, sencillamente: “Investigaremos la deuda”.. Millones sabemos que es abrumadoramente ilegítima, que la estatización de la deuda privada por Domingo Cavallo en 1981 duplicó la deuda pública y que todo es así.
Más aún, que si hubo alguna pigmea deuda no fraudulenta, ya fue pagada diez o veinte veces en las dos últimas “décadas perdidas”. ¿Kirchner no sabe eso? Millones sí lo saben, por más que estén todavía mirando algunos tenues fuegos artificiales y queriendo creer en “algo”, como antes creyeron en el “salariazo” y la “revolución productiva”.. No decimos esto porque creamos que Kirchner es Menem, sólo que 20 años menor y casado con una morocha. Lo decimos porque el sector capitalista que encarna Kirchner –y cualquier otro–no puede lograr un capitalismo “humano” ni “nacional”.
Lo que ocurre es que en su versión bárbara neoliberal de los ’90 o en su camuflado “progresismo” actual, el problema es el mismo: el capitalismo. Y no se trata de cambiar de “modelo”, porque es el capitalismo mismo el que está hundiendo a los trabajadores y al pueblo en la creciente barbarie actual. Los intentos de demolición del Estado de “bienestar” en Europa por parte de los gobiernos imperialistas de todo pelaje ideológico, marcan los patéticos límites para los Lula y los Kirchner. La verdadera utopía no es el socialismo y la revolución anticapitalista, sino el capitalismo “humano”.
La economía
Kirchner va a negociar la deuda que el pueblo argentino pagará en condiciones de desplome de la tasa de interés –la más baja en 45 años– en Estados Unidos al 1%, poco más en Europa, y menos en Japón.
Eso puede camuflar el problema, pero sólo eso. Por ejemplo, hay que buscar con lupa para enterarse de que en este año y medio de default o cesasión de pagos, se pagaron US$ 5.500 millones con Duhalde, y que Kirchner está a punto de pagar US$ 3.000 millones con las reservas.
El problema no es sólo la deuda. Las privatizaciones suculentas no van a ser tocadas, empezando por la de YPF, sobre todo siendo Kirchner un hombre ligado a las petroleras. Por eso se sigue permitiendo que éstas liquiden en el exterior el 70% de sus divisas.
Si se estatiza alguna privatizada –¿los ferrocarriles, o parte de ellos?; ¿el correo de Macri, deudor crónico del Estado?– será porque ya fue llevada a la quiebra, luego de diez años de saqueo y cero inversión. En consecuencia, sería un dato irrelevante como síntoma de cambio.
El plan de Kirchner –si puede llevarlo a cabo– es exportador. En primer lugar, de cereales y oleaginosas (aunque con la soja destruya la tierra de la Pampa al no rotar los cultivos), petrolero y gasífero (enfatizando en la región pero con los límites que le va a imponer al precio internacional la ocupación yanqui de Irak, que va a inundar el mercado mundial si puede) y, en perspectiva, la minería, que está recibiendo fuertes inversiones. Completan el paquete la construcción y algunas industrias ligadas a lo anterior (siderurgia y tubos sin costura ligados al petróleo y la construcción y maquinaria agrícola, por ejemplo).
La sustitución de importaciones no está vinculada a un modelo productivista y destinado a un gran crecimiento del mercado interno, imposible con salarios congelados desde hace diez años o apenas retocados en algunas partes: está destinado a grandes superávit comerciales y fiscales que alimentan el pago de la deuda a los usureros. Así de simple.
Por si fuera poco, el control de capitales buitres de corto plazo (inapropiadamente llamados “golondrina”) no incluye a los rapaces locales, los mismos que fugaron decenas de miles de millones de dólares antes del desplome del 2001, el corralito y el corralón. En el casino de capitales, sigue girando la bolilla.
Este análisis no tiene nada de apocalíptico. Si las variables internacionales incontrolables no se mueven demasiado, quizás haya un cierto parate en el derrumbe económico y una moderada mejora de los índices más catastróficos, como la desocupación, sin que se modifique el terrorífico panorama actual. No es una casualidad que los planes Trabajar u otros hayan sido propuestos por el indio Anoop Singh proveniente de un enorme país que, desde hace mucho, manipula la indigencia y la pobreza extremas para evitar gigantescas explosiones sociales (ayudado también por la religión).
Intentando rearmar el rompecabezas político burgués
El colapso político que se abrió en diciembre del 2001 puso a los capitalistas a trabajar para recomponer el régimen político que se les vino abajo.
Mediante el decisivo papel de la Iglesia durante el interinato de Duhalde y ahora con Kirchner; con el apoyo de todos los partidos patronales, con Alfonsín a la cabeza; sumados al rol –más por omisión que por acción– de toda la burocracia sindical, y a la integración al Estado del grueso de la izquierda en la administración de la subvención a la miseria, la burguesía zafó –por ahora– del colapso de su régimen político y del “que se vayan todos”. La llegada de Kirchner a la presidencia, con sólo un 22% de los votos válidos, y con una representatividad de origen equivalente a la de cualquier barrio de la capital federal, es parte de ese proceso de reconversión.
Pero el colapso institucional sigue abierto. El régimen partidocrático se vino abajo. Están tratando de recomponer algo sobre la base de que se cayó casi todo. El radicalismo que tiene el 2% de los votos en el país acaba de ganar en Tierra del Fuego en alianza con un sector del peronismo. En Tucumán Alperovich fue radical hasta hace poco y después se hizo kirchnoperonista. De la Sota dio una voltereta y, de menemista el 27 de abril, se hizo kirchnerista cuando el fétido olor del cadáver insepulto del caudillo riojano llegó hasta Córdoba.
El tablero hacia las elecciones de Capital, da muestras elocuentes del mismo fenómeno. Kirchner pateó al peronismo raquítico. El ARI, la CTA y los mal llamados socialistas, se subieron al carro de Aníbal Ibarra (que si no se cae del extremo derecho de la mesa, es porque en la silla de al lado se sienta Macri). La centroizquierda, de conjunto, apuesta a la reelección del reaccionario Jefe de Gobierno actual.
Por su lado, el grueso de la izquierda tradicional se corre hacia el centro y está empeñada en propagandizar cuántos hospitales construiría, cuántos baches puede tapar, o cuántas reformas van a hacer a caballo de la Constitución de la Ciudad, a la que consideran progresiva y no la inmunda basura que es, hija legítima del Pacto de Olivos de Menem y Alfonsín… o subidos a caballos de calesita, como es la impotente Legislatura porteña.
El PJ y la UCR tradicionales colapsaron y la burguesía está tratando de rearmar un nuevo orden político burgués que corta transversalmente a todos los partidos y organizaciones.
El 19-20 de diciembre no pudo imponer el que se vayan todos, pero ya nada sería igual. Están tratando de arreglar con barro los ranchos agrietados o hacer uno o más con los restos de los derrumbados.
La lucha de clases internacional, nacional y regional dirá si eso es posible por un lapso más o menos relevante o si es un castillo de naipes que se vendrá abajo con el menor viento fuerte que venga del lado que sea.
El derrumbe de lo viejo
Las CGT se han terminado de convertir, hace tiempo, en organizaciones empresariales de distintos tipos –salud, por ejemplo–, completamente ajenas a los trabajadores. Nada tuvieron que ver con algún acontecimiento importante del último período. Incluso el masivo paro del 13 de diciembre del 2001 fue precedido, el día anterior, por una raquítica concentración de 3.000 personas, la mitad de ellas aportadas por organizaciones de izquierda que repiten, como un eco, que “hay que ir donde están las masas”… ¿Cuáles masas?, ¿las mil personas del aparato de Moyano?
La crisis más explosiva se dio en la CTA. Su dirigencia se declaró enemiga de las jornadas del 19-20 que derribaron a sus amigos de la Alianza. Y por más que intentó travestirse, pagó caro aquella actuación. El famoso movimiento “político social” proclamado en su último congreso nacional, se transformó en un desbande desprolijo hacia cualquier lado, y la criatura fue a parar a la Chacarita antes de nacer, alojándose en la misma tumba que el Frenapo y otros intentos clericales “centroizquierdistas”.
Claudio Lozano aparece en las listas de Ibarra, Marta Maffei en las del ARI, Basteiro en las de los socialistas amarillos, otros aggiornados en distintos remedos populistas burgueses de los ’70… mientras la mayoría de los docentes y estatales no cree en ninguno de ellos.
Los fuertes golpes recibidos por la Celeste de Maffei en las recientes elecciones de Ctera en Buenos Aires –incluyendo el bastión de Hugo Yasky– son demostrativos de que la CTA es cada vez más una cáscara vacía, una especie de chiste de la historia.
Los intentos de emparche: mayor indefensión y disciplina social represiva para los más pobres
Tienen en común el viejo lema de “cambiar algo para que todo siga como está”. Más allá de la lógica satisfacción popular por la salida de Nazareno de la Corte Suprema de Justicia, se esconden dos problemas.
El primero es el descaro con el que la mayoría de los diputados que hace poco absolvieron a toda la Corte, ahora –mediante la “obediencia debida” a Kirchner– avanzaron con el juicio político y obligaron a Nazareno a renunciar (para no perder una jubilación de $ 11.000).
El segundo, es que la Corte misma no cambió en lo fundamental, por lo menos por ahora. Aunque puede ser que sí lo haga en el futuro, si Kirchner sigue los pasos de Alfonsín y Menem y obtiene “su” propia Corte, o que ésta, con el cuchillo en el cuello y con retoques, sea absolutamente servil al Presidente.
Por otro lado, la intervención del Pami por decreto puede ser tan popular como peligrosa. Esa cueva de ladrones ya ha sido intervenida 18 veces, y los ladrones siguen controlándola (coexistiendo con miles de honestos trabajadores que serán, como siempre, los únicos que terminarán en la calle). Para terminar con el robo, hay que meter el cuchillo hasta el mango, cosa que jamás se hizo y casi seguramente tampoco se hará ahora. El mayor peligro es que, con el argumento de “combatir la corrupción”, el Pami siga el mismo camino de la reforma educativa y, su eventual desmembramiento, tenga como consecuencia su virtual liquidación como cobertura de salud para los jubilados más pobres.
En lo referente a las Fuerzas Armadas y de seguridad, los cambios también son cosméticos. De 27 generales que iban a pasar a retiro, negociaron en 19, incluyendo entre los que se quedan al hermano de Brinzoni al mando del 2º Cuerpo de Ejército. Los problemas originados en las infames leyes de Punto Final y Obediencia Debida, siguen pendientes. La discusión sobre las extradiciones, tampoco afecta cuestiones de fondo. Por ejemplo, ni a Kirchner ni a Garzón se les cruza por la cabeza la idea de meter en la cárcel a Isabel Perón por haber sido la jefa de la banda asesina “Triple A”, siendo que ella vive cómodamente en Madrid y ni siquiera haría falta pedir su extradición…
Hasta ahora, las Fuerzas Armadas no tuvieron éxito en implantarse en la población por vía de la distribución de comida y asistencialismo, pero ahora sus voceros a sueldo en el periodismo promocionan la reimplantación de una “colimba educativa” para los jóvenes pobres.
La discusión sobre inseguridad y policía es tramposa. La fuente de la inseguridad es la propia Policía, donde anidan las bandas más eficientes de secuestradores, criminales, asaltos-comando, etc. En la lucha por el control del negocio de las drogas realizan todo tipo de ajuste de cuentas, en los que generalmente termina cayendo cualquier ciudadano ajeno a todo.
Con el argumento de mejorar algo la “seguridad” y realizar algunos cambios –cuya magnitud está por verse–, el Gobierno no sólo quiere controlar a las bandas policiales que se le fueron de las manos –en especial las vinculadas al narcotráfico– sino lavarle un poco la cara a esta desprestigiada institución frente a la población, para avanzar en medidas que tienden a la instauración de un Estado policíaco. En ambos sentidos, operan la incorporación de los 2.000 gendarmes a las calles del Gran Buenos Aires, el combate a los desarmaderos clandestinos, y las razzias callejeras ordenadas en la Capital. Quieren “naturalizar” la vida cotidiana en un régimen crecientemente represivo y, eventualmente, poder usar a las fuerzas de seguridad para reprimir al pueblo si sale a luchar por sus derechos, habiendo blanqueado en algo su pésima imagen y teniéndola ya implantada en los barrios, sin necesidad de que aparezca como un brusco cambio de régimen.
El mero hecho de que el ministro de Seguridad sea Gustavo Béliz, es todo un emblema que habla por sí solo de los planes del Gobierno. Basta recordar su papel durante la presidencia de Carlos Menem, cuando orquestó las famosas “listas negras” para la rebeldía de los estudiantes secundarios.
Masas, direcciones y tareas
Las actuales expectativas de las masas en los cambios insinuados por el Gobierno, están lógicamente basadas en la necesidad de tener alguna esperanza de mejoras. Pero este legítimo deseo es fogoneado desde varios frentes por organizaciones de distinto tipo que tienen un objetivo en común: cerrar el capítulo abierto en diciembre de 2001 y tratar de recomponer al régimen.
Este intento comprende a un amplio abanico. Alfonsín apoya a Kirchner. Menem dice que hay que esperar para ver. López Murphy, con moderación, también aporta su apoyo. Nadie de la burguesía quiere sacar los pies del plato. Elisa Carrió, menos que nadie.
Lo mismo sucede en el campo sindical. Las dos CGT son oficialistas. Kirchner se mira al espejo y pregunta: “Espejo, espejito, ¿quién es más kirchnerista que yo?”; y el espejo reponde: “De Gennaro y la CTA”. Como si este “colchón” no fuera suficientemente mullido, aportan también viejos y/o nuevos bloques de centroizquierda, incluyendo a parte de las direcciones piqueteras, con D’Elía a la cabeza.
La izquierda, en lo fundamental, hace su aporte con los reclamos centrados en el no pago de la deuda, la reestatización de las privatizadas, y otras exigencias que no hacen más que alimentar las ilusiones de las masas en que, presionando un poco a Kirchner, se puede avanzar mucho (ver nota en esta misma página).
Sintetizando, digamos que la centroizquierda se integró al Ejecutivo nacional y al reaccionario Ibarra en la Capital, mientras el grueso de la izquierda tradicional de los últimos 20 años se va corriendo aceleradamente hacia el lugar vacante como oposición dejado por la centroizquierda al asumir a pleno el gobierno. Este trágico corrimiento, sin dudas no estará exento de contradicciones y luchas políticas. Porque entra en choque con la realidad objetiva, con la realidad económica, con la rebelión democrática arraigada desde diciembre del 2001, y con el ideario y las posiciones de numerosos militantes.
La combinación de estos elementos y contradicciones, sienta bases materiales propicias para que se opere un salto en el reagrupamiento del socialismo revolucionario (no necesariamente expresado por las organizaciones hoy existentes). Con la mirada puesta en esta perspectiva central, la Liga Socialista Revolucionaria y Democracia Obrera han conformado un bloque político electoral (ver contratapa).
Las tareas imperiosas de la hora pasan por la intervención activa y el apoyo a las luchas que existen, al mismo tiempo que contribuimos a correr los velos que tratan de esconder el verdadero rostro del interés capitalista-imperialista tras la fachada de “cambios” del gobierno de Kirchner y todos sus secuaces. Estos mismos objetivos son los que signan nuestra participación en las elecciones y en todos los terrenos de la lucha política y social. .