LA HUELGA EN EL PUERTO

 

Un vendaval de notas en los principales medios gráficos y televisivos de la ciudad difundían la movilización de los marineros y obreros del pescado. Ni que decir de las declaraciones de los dirigentes del Somu (Sindicato de Obreros Marítimos Unidos), que no extrañamente coincidían con las realizadas por empresarios, armadores, políticos de la Alianza y del justicialismo. La marcha partió de esta ciudad, hacia Plaza de Mayo con m s de 6.000 integrantes.

Veamos, lo m s sencillamente posible, cu les son las razones de este conflicto.

La patronal pesquera identificada generalmente como la dueña de la flota fresquera (barcos que mantienen el pescado fresco para procesarlo en tierra) entra en coalición con los planes que el gobierno tiene reservados para este sector productivo, que es favorecer y concentrar la actividad en las empresas multinacionales (buques factoría o congeladores que procesan el recurso a bordo). Tal el procedimiento que se dio con el petróleo, gas, aviación, teléfonos, etc. Es decir la privatización del Mar Argentino. Política que, si bien tiene antecedentes m s lejanos, fue impulsada por el gobierno de Alfonsín a través de los Acuerdos Marco, se profundizó con el menemismo y De la Rúa es el encargado de continuarla.

En las últimas dos décadas el acceso de los factorías al litoral marítimo tuvo dos consecuencias particularmente graves: menor actividad en tierra con la secuela de despidos de obreras y obreros del SOIP (Sindicato Obreros del Pescado) y, además, hizo que la principal especie comercial (la merluza hubbsy) presentara signos casi insalvables de extinción, así como otras especies, aunque en menor grado.

Estas funestas consecuencias no liberan a las patronales locales de culpa y cargo. Son responsables de la feroz rebaja salarial, de despidos masivos, y son depredadores de la primera hora.

Las empresas, que a la vez poseen planta en tierra, han ocasionado que la tasa de desocupación en el sector (según datos de la CGT) supere el 50%; impulsaron las cooperativas truchas y mantienen condiciones de trabajo que producen severas enfermedades y deformaciones.

Este sector empresarial apoyándose en legítimos reclamos obreros y con el visto bueno de los sindicatos, organizó la movilización a Buenos Aires bajo el falso eje de: fresqueros SI, factorías NO.

Es impensable que este gobierno u otro surgido de cualquier variante burguesa, intente ponerle freno a las multinacionales, pero si hipotéticamente alguien podría imaginarlo, y el empresariado local dominase el sector, las necesidades y explotación de los trabajadores aumentarían. Los une algo: la búsqueda incesante del aumento de la tasa de ganancia sobre la base de la máxima explotación. Con esta regla de hierro que tiene la burguesía, no cabe siquiera imaginar que no siguieran despidiendo, que no utilizaran buques factorías y que no continuaran depredando el mar. Además, empresas locales como Mellino y Solimeno entre otras, también poseen buques factorías. Esta última, el mismo día de la movilización y con huelga decretada por el Somu, fletó un barco a la pesca de merluza de cola.

El gobierno nacional se comprometió a enviar al Congreso una nueva ley de emergencia pesquera, que incluya la continuidad laboral hasta fin de año, algo impracticable como es impedir la actividad de los factorías extranjeros en el caladero (¿y los nacionales?) y limitar la acción de los tangoneros (langostineros). Es decir nada.

Constituye una subestimación decir ligeramente que pescadores y obreros marítimos nuevamente fueron utilizados por la patronal. Conscientes del feroz ajuste que se impone, de una burocracia sindical que se apoya en el empresariado y de la falta de dirigentes combativos, los trabajadores hacen lo que pueden, no abandonan la práctica de la movilización y lentamente van experimentando cambios que la ubiquen para el futuro, en mejores condiciones en el campo de batalla. En Plaza de Mayo el gobierno, legisladores y políticos que se cruzaron, fueron repudiados por miles de voces.

La LSR, con un núcleo de simpatizantes que trabajan en el gremio, planteamos que exceptuando el agotamiento del recurso no existe ninguna crisis pesquera. La patronal y los empresarios nacionales y extranjeros siguen manteniendo su extraordinaria tasa de ganancia a costillas de la mayor miseria que sufren los trabajadores y sus familias. Que no existe solución al conflicto bajo las leyes del mercado capitalista.

Es necesario seguir luchando por un subsidio al desocupado, como mínimo de $ 500, contra las multinacionales en el Mar Argentino garantizando la fuente de trabajo de los obreros que operan en esas embarcaciones y la protección de las especies; medidas que sólo podrá garantizar la movilización de los trabajadores y el control obrero del sector.

 

Carlos Martinez

 

 

 

 

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