JORGE GUIDOBONO

 

"Hay que terminar con el dogma stalinista de que hay una única idea, un pensamiento único para avanzar hacia el socialismo."

 

Camaradas y amigos:

            Este acto tiene un primer gran m‚rito: es muy emocionante poder hablar después de un camarada que podría ser mi hijo, y que al mismo tiempo estén presentes también miembros de una generación que podrían ser sus abuelos; que estén aquí desde la generación que se enfrentó a Perón vivo en el '45, la mía y la de muchos otros veteranos que están acá, que surgió en lo fundamental con la Revolución Cubana; la siguiente, que surgió con el Cordobazo y soportó la dictadura militar; parte de la que surgió con la democracia y parte de las nuevas generaciones de los '90, la d‚cada en la cual la ofensiva ideológica del enemigo de clase que controla el poder en el mundo, decretó la muerte del socialismo.

            Aun cuando sea en pequeño, este acto demuestra que ese certificado de defunción era falso, que hay varias generaciones que hemos luchado y que vamos a seguir la lucha por el socialismo y para desterrar al capitalismo de la faz de la tierra.

            Eso no quiere decir que desconozcamos la brutal ofensiva ideológica del enemigo en todos los terrenos. Pero, como dijo recién en el debate un compañero a quien no conozco, ayer se cumplieron 25 años del día en que los vietnamitas tiraron al mar a los yanquis y le infligieron su primera derrota militar en el conjunto de su historia. Y eso es parte de nuestra victoria también.

            Porque el camino de la revolución socialista no es como transitar por la avenida 9 de Julio, cubierta con una alfombra roja. Desgraciadamente está cubierta de sangre, sudor y lágrimas. Los vietnamitas tuvieron el 10% de su población muerta o mutilada y su país fue prácticamente devastado; ¡pero tiraron a los yanquis al mar! Otra cosa es lo que ayer remarcaban los diarios burgueses, ¿cómo el imperialismo derrotado militarmente regresa con gerentes de multinacionales en vez de tropas? Y es que la dirección que los derrotó, no era una dirección comunista, internacionalista, sino nacionalista burocrática; y en vez de aprovechar ese gigantesco triunfo para desarrollar la revolución en Asia y en el mundo, trató de repetir la experiencia stalinista del socialismo en un solo país que, naturalmente, tiene un punto de regreso hacia el capitalismo.

            Pero detrás de todo eso hay un hecho nodal: el imperialismo, que tenía las armas más sofisticadas del mundo, fue aplastado, derrotado, hundido, humillado, por un pueblo pobre que  resistía bajo el agua, respirando por una pajita para que no lo vieran los aviones norteamericanos; Esa era la correlación militar de fuerzas. Y hoy todos los centroizquierdistas nos tratan de explicar que la correlación de fuerzas a favor del socialismo es completamente mala y que en consecuencia lo que hay que hacer es tratar de sobrevivir y reformar al capitalismo.

            Pero junto a la lección de que al imperialismo se lo puede derrotar, hay otra lección fundamental de aquella experiencia: la derrota inexorablemente sólo ser  posible a escala internacional y mundial, no hay ninguna posibilidad de una revolución nacional que desarrolle una forma eventual de socialismo.

            Lo que tiene por delante la humanidad en las próximas décadas es lucha revolucionaria, insurrecciones, guerras civiles continentales y mundiales. Y para ello también va a necesitar cierto tipo de organización, porque la organización del imperialismo y los monopolios es lo suficientemente sólida para que no pueda ser derrotada sin una dirección sólida, firme, férrea, en la cual el conjunto de los trabajadores tengan la más plena participación y decisión.

            Hay que terminar con el dogma stalinista de que hay una única idea, un pensamiento único para avanzar hacia el socialismo. El stalinismo, no como ideología sino como fuerza material que controló la tercera parte de la humanidad, impuso esa concepción. Pero esa concepción es absolutamente errónea. Para terminar con diez mil años de sociedades de clases hace falta que miles de millones de trabajadores y explotados del mundo se expresen y aporten (de la forma que sea, así sea con un miligramo) ideas e iniciativas para derrotar al enemigo de clase.

            Es una lucha larga, dura, difícil, la que tenemos por delante. El siglo XX podemos decir que estuvo signado por lo que fue un ensayo general de la revolución socialista internacional. Y el siglo XXI tiene la tarea de concretar ese ensayo. Pero sobre la base de que sólo se va a poder lograr desde una prolongada guerra de clases en todos los terrenos.

            Cuando digo todos los terrenos incluyo hasta el pequeño y minúsculo que encaramos ahora, tratando de transitar un camino común entre el MAS, la LSR y muchos otros compañeros que no pertenecen a ninguna de las dos organizaciones. Y encarar esta intervención electoral viendo si somos capaces de relanzar una corriente socialista revolucionaria en la Argentina, y si logramos ensamblarnos con otras corrientes que existen en el mundo.

            Estoy convencido de que hay que recrear el internacionalismo, que ha sido el mayor derrotado en el siglo XX. La gran derrota del siglo que terminó no está en tal o cual revolución: el imperialismo y el capitalismo fueron capaces de embaucar a decenas y cientos de millones detrás de las banderas nacionalistas en dos guerras imperialistas, en interminables guerras coloniales entre pueblos, manipulados por grandes centros capitalistas al servicio de una bandera "nacional".

            Desgraciadamente, a 150 años del Manifiesto Comunista, el planteo de "Proletarios del Mundo Uníos" no se pudo cumplir. Pero hay (o comienza a haber) algunos indicios de que empieza a haber reacción entre los explotados frente a la transnacionalización del capital, como en Seattle o Washington. O como hoy en Londres, donde se produjo la mayor movilización policial porque salieron a las calles los manifestantes anticapitalistas y rompieron McDonal's y otras cosas. Empieza a recrearse el pensamiento internacionalista, porque las bases materiales empezaron a modificarse ya hace tiempo, aunque el nacionalismo naturalmente no va a morir, porque es el refugio de toda la banda de sinvergüenzas capitalistas y burocráticos que se proponen perpetuarse escondiéndose detrás de banderas nacionales.

            Ahora bien, el acuerdo que hemos hecho con el MAS es muy simple. Cuando decimos "socialismo o barbarie capitalista" no estamos hablando de un futuro indefinido: la barbarie capitalista es el presente. La CNN viene mostrando desde hace meses, cómo van a morir, cómo ya están muriendo ocho millones de etíopes en una población de 50 millones: como si fueran peces que se quedan sin agua. O sea, los que son capaces de meter la 182 división aerotransportada para invadir un país, no son capaces de enviar unas toneladas de comidas excedentes a Etiopía.

            Cuando decimos barbarie decimos guerras, militarismo. Ayer el diario La Nación publicó que Estados Unidos está intentando montar de nuevo la "guerra de las galaxias", ya no para prevenirse de la Unión Soviética, sino de Corea del Norte y de Ir n. Esto es más o menos como construir una fortaleza para defenderse de una invasión de hormigas, pero el militarismo es intrínseco al imperialismo. Alemania, Japón, el grueso de las potencias europeas están aumentando sus presupuestos militares, ¿y por qué, si se terminó la guerra fría?, ¿son locos? ¡No!, el imperialismo inevitablemente lucha por el control y dominio del mundo a costa de lo que sea. Y normalmente, las luchas interimperialistas se dirimen a balazos. Hoy hay guerra comercial, y la guerra comercial se transformará (bajo la forma que sea, no somos adivinos), en guerra militar.

            Desde que Fukuyama proclamó hace ya ocho años, que con el capitalismo se terminaba la historia y se afianzaba la democracia, hubo guerras contra Panamá, Irak, Somalía, los Balcanes (que se transformaron en un protectorado de la OTAN), el genocidio en Chechenia, el millón de asesinados por el imperialismo en el sur de África , en Ruanda_ Y estamos seguros de que vamos a nuevas guerras cada vez más horrendas, porque el capitalismo es un r‚gimen históricamente agotado pero que se resistir  a morir: habrá que matarlo.

            Ahora, ¿es verdad que el capitalismo está bien? El más importante capitalista actual, Bill Gates, perdió 50.000 millones de dólares en tres meses. ¿Y cuánto perdieron los "quinieleros" que juegan en la bolsa de Nueva York? No sabemos, pero de conjunto la economía capitalista mundial está parada sobre un volcán financiero. Las fortunas que se esfuman son expresión de eso; y el barril de la deuda externa es exactamente lo mismo. Incluso en Estados Unidos, que en la última década tuvo su más prolongado apogeo económico, se acentuó la polarización social: los ricos pasaron a ser más ricos y los pobres más pobres, aun con el apogeo económico. O sea que el cuento de que cuando la riqueza desborde todos podrán vivir mejor, demostró su falsedad en Estados Unidos.

            Los capitalistas y sus ideólogos nos dicen, en general, "pero ¿que sociedad proponen ustedes?" Primero que nada, nos proponemos terminar con la inviable sociedad capitalista que condena al 80% de la población mundial a la marginación, y que está destruyendo al planeta. Ese es el primer requisito para construir una nueva sociedad. Cómo ser  la sociedad socialista lo dirá la vida y la lucha de clases. Nosotros queremos terminar con la sociedad de clases, con los estados, con la diferencia entre el trabajo intelectual y manual. Pero naturalmente no estamos muy convencidos de que el enemigo dirá "mi tiempo ha terminado, debo retirarme, no debo presentar resistencia armada, civil, de todo tipo". Creemos que va a ver lucha, y para la lucha va a necesitarse organización, y muy seria.

            Ya hay muchos indicios de que la descomposición capitalista no provoca el reino de la democracia con brotes fascistizantes y xenófobos que hay en todas partes. Austria es un ejemplo,  pero no necesitamos ir a Austria, veamos que Cavallo puede hacer su campaña electoral con tolerancia cero, con xenofobia  y todo lo demás; Y así es el mundo. En España, en el Ejido, se revienta a los inmigrantes marroquíes; en todo el sur de Europa hay una política fascistizante contra los inmigrantes del norte de África. Todavía nosotros no hablamos de fascismo ni nada por el estilo, pero son indicios muy graves. Primero porque ocurren en sociedades imperialistas; segundo porque son países viejos que no pueden sobrevivir sino es a condición de importar trabajadores: Europa necesita 159 millones de inmigrantes y Estados Unidos 150 millones en los próximos 25 años. ¿Por qué?, por una razón muy sencilla: ha habido un brutal crecimiento de la expectativa de vida y, en consecuencia, mientras hoy hay cinco trabajadores en actividad por cada jubilado, dentro de 25 años va a haber dos por cada uno; y van a quebrar absolutamente todas las cajas jubilatorias y de pensión, pero al mismo tiempo son sociedades que tienen una larga historia reaccionaria detrás del nacionalismo, por eso pudieron hacer las dos guerras mundiales y alentar muchas m s.

            En América latina me parece que la situación también es de un agotamiento estructural. Y los nacionalistas, hasta ahora no han dado nada, el ejemplo más patético es Venezuela. Chávez hizo campaña contra la deuda externa, por la moratoria, y terminó administrando la crisis capitalista. El semigolpe con apoyo popular en Ecuador, lo conjuró Peter Romero, el secretario para Latinoamérica del Departamento de Estado norteamericano, que le dijo al comandante en Jefe de Ecuador: "van a quedar más aislados que Cuba", y el golpe con apoyo indígena duró tres horas.

            Al mismo tiempo, nosotros vemos que hay un proceso de lucha que baja del norte hacia el sur de América latina y que de una forma u otra se va derramar también sobre los países del sur.

            ¿Cómo estamos acá? Para nosotros 100 días son definitorios: el pueblo creyó en un cambió y se lo estafó otra vez. La reforma laboral, el impuestazo, los muertos, la represión. No es que no cambia algo, ¡no cambia nada, sigue todo exactamente igual! Hasta siguen las mismas historias de cuñados: simplemente se cambió a Amira Yoma por el cuñado de Fernández Meijide; en vez de una valija, llevaba la prestación del Pami.

            Hay un problema muy de fondo: se cambió gobernabilidad por impunidad, por eso no hay nadie preso. Han pasado más de cuatro meses y no hay un solo preso del menemismo. Puede ser que algún "perejil" termine preso, pero en lo fundamental no hay presos.

            ¿Y en nuestro campo, hay luchas?, sí, pero pocas y aisladas, frente a un enemigo que pega y con todo. Tenemos que intervenir en todas las luchas posibles pero siendo absolutamente conscientes de que estas luchas son, como desde hace diez años, ultradefensivas. No hay que marearse y creer de nuevo que tenemos la posibilidad de conquistar el poder mañana o algo por el estilo. Son luchas defensivas sobre la base de que hay un modelo político y sindical agotado, que es el peronismo, el nacionalismo populista convertido en pro-imperialista. Y su aparato sindical estatizado se transformó en capitalista y, en consecuencia, los trabajadores carecen de organización sindical, social, política, porque efectivamente no hay alternativa de izquierda.

            ¿Y la centroizquierda? Hay un artículo ayer de Verbistky sobre el Frepaso que es muy gráfico, dice: "Flamarique metió la reforma laboral, Fernández Meijide al cuñado, Diana Conti se tiró contra la jueza que procesó a Menéndez. Más que el ala progresista del bloque centroizquierdista parece un grupo de tareas"; Eso significa que va a ver intentos de armar nuevas estafas políticas.

            Frente al discurso que le reprocha a la izquierda que "no logran unirse", veamos el caso de Uruguay. Allí está unida la izquierda: lleva once años en el gobierno de Montevideo, y en este mes hay elecciones y van a ganar, porque se hundió el bipartidismo tradicional. ¿Y saben qué cambió en Montevideo?: que el intendente Mariano Arana es un arquitecto paisajista y hace muy lindas plazas, sobre todo en lugares del centro y visibles, ¡todo lo demás sigue absolutamente igual! Porque esa unidad no es parte de un proyecto de lucha por el poder, sino que es simplemente para administrar responsablemente la crisis capitalista tratando de robar lo menos posible.

 

            No nos interesa construir ese tipo de izquierda. Cuando planteamos "socialismo o barbarie capitalista", estamos diciendo que la clave de todo es cambiar de manos el poder, destruir el poder del enemigo y construir el poder de los trabajadores y el pueblo, en todos, absolutamente en todos los terrenos, cosa imposible de lograr sin destruir el poder de los capitalistas, incluso su estado y todas las instituciones de su estado, empezando por sus fuerzas armadas, que son el par sito número uno, y a las que usan contrarrevolucionariamente a menudo.

            ¿Cuáles son las tareas que nosotros tenemos por delante?: la primera a nuestro juicio es fortalecer el reagrupamiento del socialismo revolucionario, sobre la base de que ese reagrupamiento significar  que habrá distintos balances, distintas historias y procedencias. Todas, absolutamente todas, son respetables y deben respetarse. Es profundamente stalinista pretender que hagamos un balance común de una experiencia que nos dividió en muchos pedazos.

            Yo no tengo, ni pretendo (porque si no estaría tratando de incurrir en aquello que me separó del MAS en 1992) buscar hacer un balance común. Sería como decir, bueno ahora están mal ustedes, ahora yo estoy mejor, acepten este balance. Yo no quiero que acepten ningún balance. Yo quiero que tengamos los balances cada uno, a conciencia, crea correctos, y veamos si podemos tener acuerdos de principios políticos y programáticos que nos permitan convivir con todas las diferencias del mundo. Porque cuando Lenin y Trotsky, salvando todas las diferencias que existen entre ellos y nosotros, hicieron el acuerdo de julio del '17, no hicieron ningún balance sobre nada. La manía balancista es propia de las sectas, y nosotros no lo somos y no queremos recorrer el camino de las sectas: lo condenamos, lo repudiamos, pero no retóricamente sino en la acción política y en la práctica.

            Estamos convencidos que hay que crear una nueva cultura socialista, opuesta al totalitarismo del stalinismo, de la guerrilla y del nacionalismo burgués. Y vemos con mucha alegría y con mucho orgullo que en esta campaña electoral que desarrollamos con el MAS, hicimos una pequeña prueba de que ello es posible, no sólo que es necesario. Hay que seguir avanzando dando pasos prácticos, en esta cultura de respeto al disenso, de carencia de pensamiento único. Vamos a proponer para el 29 de mayo una especie de asamblea de la lista; nos parece más difícil que pueda ser con otras fuerzas porque todas van a estar todavía muy cruzadas por las elecciones, pero estamos a favor de hacer cosas en común con otros.

            No es una maniobra táctica nuestro planteo de unidad del socialismo revolucionario, sino que es una estrategia que nos signó desde nuestro nacimiento. Y vamos a seguir trabajando por ella, al  tiempo que decimos: lo vamos a hacer en mejores condiciones si nos va un poco mejor en la semana que viene y lo vamos a hacer en condiciones más debilitadas si no ponemos toda la carne al asador la semana que viene.

            Vamos a seguir impulsando la política del reagrupamiento del socialismo revolucionario con las organizaciones que existen y también con quienes son, en un sentido, lo más importante: los muchos y muchas compañeras y camaradas que son del socialismo revolucionario y que no pertenecen a ninguno de los grupos que hoy existen.

      En un sentido amplio, nosotros vamos a buscar algo así como una mesa de coincidencias que nos permita ir dando pasos prácticos, no sólo frente a las elecciones (que no minimizamos en absoluto) sino fundamentalmente frente a la perspectiva a más largo plazo de formar un bloque socialista revolucionario que permita revertir el proceso de dispersión que se dio en la última d‚cada y que permita reunificar, pero sobre bases cualitativamente distintas, al socialismo revolucionario. Cualitativamente distintas en dos terrenos: primero, con una perspectiva de poder revolucionario; segundo, sobre la base de la más amplia discusión, nada de burocratismo, libertad absoluta de pensamiento, de crítica, de debate, porque queremos terminar con ocho o diez mil años de sociedades de clases y de castas y nos negamos completamente a admitir que en nuestra organización pueda haber un pensamiento único o un jefe que siempre tenga la razón.

            Gracias compañeros.

 

 

LAURA MARRONE

 

"El socialismo es no sólo necesario para liberar a la humanidad del reino de la necesidad, sino que es posible."

 

Quiero decir que el debate que hicimos hoy fue producto de una reflexión con compañeros nuevos que se acercaron, por ejemplo una compañera de trabajo mía, docente de la escuela, que nos decían qué tipo de cosas nuevas quieren de la izquierda.

En sus debilidades y aciertos, ese debate muestra un poquito qué tipo de nuevas organizaciones queremos construir. Sin lugar a dudas el MAS viene de una gran crisis. No pretendemos hacer un balance único; pero sí preguntarnos por qué. Yo no voy a poder responder a las preguntas de muchos compañeros que intervinieron antes, pero sí los invito a que participen de un debate que hoy el MAS está haciendo abierto a todos sobre su balance.

Quiero decir que nosotros, dentro de ese proceso de balance, tenemos que referenciarnos a los hechos objetivos que se han dado en el siglo.

 

El siglo XX fue un siglo de luchas, de revoluciones y contrarrevoluciones, que terminó en derrotas. Pero estas derrotas debemos sacar enseñanzas para que en este nuevo siglo XXI relancemos la batalla por el socialismo.

Esas derrotas tienen bases objetivas: la reconversión del capitalismo en su etapa globalizada, ha planteado problemas a la clase obrera, su fragmentación, la reconversión de sus organismos tradicionales en agentes directos del imperialismo y de la burguesía, y elementos subjetivos que han hecho a la mala experiencia de 70 años de stalinismo que derrotaron los procesos revolucionarios del siglo.

 

Confundiendo el sentido de las palabras de Lenin y de los revolucionarios en el sentido de que necesitábamos una organización centralista para combatir a los capitalistas y sus ejércitos, nosotros, los compañeros del MAS, no supimos valorar la importancia de preservar un marco organizativo común donde el debate ideológico fluyera como una fuente creativa del pensamiento marxista, cuestión que no impedía el actuar como "un solo puño", como decíamos, frente al enemigo de clase.

 

Nuestro partido que fue durante un período, el partido de la izquierda argentina más importante (un período cortito, pero lo fue); y fue parte de una corriente internacional revolucionaria principista, enemiga acérrima de los aparatos contrarrevolucionarios, del stalinismo, del castrismo, de la socialdemocracia que condujeron a las derrotas del siglo XX.

Nuestros errores no pesan hoy sólo como balances negativos internos que hacen a nuestra organización sino que pesaron sobre la realidad de la clase obrera y su vanguardia. Quienes hoy hicimos esta pequeña campaña electoral: los compañeros de la Liga Socialista Revolucionaria y del MAS, nos sentimos orgullosos. Estamos orgullosos de esta pequeña acción distinta. Con pequeños avances hacia una práctica distinta de relacionamiento entre revolucionarios. Hemos realizado una actividad en común y la hemos hecho bien. Y quiero decirle a los compañeros de la Liga, en nombre de los compañeros del MAS, que los respetamos muchísimo, y nos han devuelto gran parte de nuestra alegría militante.

 

En ese camino, queremos decirles que estamos dispuestos a que esto no termine el 8 de mayo y a que nos propongamos sin mandatos organizativos, pero con amplitud de pensamiento a seguir trabajando juntos en todo lo que sea posible después de las elecciones, y junto a la acción revolucionaria común profundizar el debate político e ideológico iniciado y ver qué podemos aportar para el necesario reagrupamiento que nos supera a nosotros dos como organizaciones, y que está planteado en nuestro país y en el mundo.

 

Esta tarea la tenemos que hacer junto a otra, que es la de recomponer nuestro relacionamiento con las masas trabajadoras y los pobres.

El desastre que significaron los aparatos burocráticos, tanto nacionalistas como las burocracias peronistas en la Argentina o stalinistas en el mundo, han dejado en las masas trabajadoras enseñanzas que se manifiestan en los procesos nuevos de lucha, como ya señalaron antes otros compañeros. Esos ejemplos de organismos que empiezan a surgir, donde sin que estemos nosotros, los trabajadores pelean porque nadie los traicione, pelean porque nadie los controle, pelean porque nadie se desprenda de la base.

 

Nuestra tarea es ser parte activa y consciente de estos procesos de autoorganización buscando su desarrollo, su fortalecimiento y también su triunfo en su combate concreto, pero señalando la perspectiva revolucionaria superior. Como decía Lenin, no como economicistas, sino en tanto tribunos populares, desde el programa de la revolución socialista.

 

Y aquí quería llegar, al tema de nuestra campaña electoral: el socialismo como única alternativa a la barbarie capitalista.

Es necesario que comprendamos que entramos a este nuevo siglo en circunstancias muy distintas a las del inicio del siglo pasado, cuando la idea del socialismo, era un sueño que alimentaba las luchas obreras del mundo.

Los usurpadores de Octubre, para controlar las revoluciones obreras y populares establecieron estados totalitarios que se fortalecieron en lugar de ser cada día un poco m s su propia negación, como anunciaba el Manifiesto Comunista. Estos mismos usurpadores, asociados al imperialismo, terminaron restaurando el capitalismo en los países donde dominaban, para lo cual incluso apelaron al genocidio como ocurrió en Bosnia y Kosovo.... No podemos ni siquiera imaginar cuántos de esos crímenes se siguen cometiendo hoy, no sólo en Chechenia, sino en la misma China, donde el capitalismo rojo, mantiene a 1.000 millones de seres humanos bajo un r‚gimen perverso que combina la explotación capitalista y formas de esclavitud humana, con una de las dominaciones estatales m s totalitarias del planeta.

 

¿Cómo vencer el crimen stalinista de haber destruido el "sueño" del socialismo, de un mundo mejor, en la cabeza de los trabajadores del mundo?

Trotsky dijo en el '36 que la crisis de la humanidad era, en última instancia, la crisis de su dirección revolucionaria. Lo dijo cuando las masas obreras y populares de Europa eran socialistas y comunistas. Es decir, creían en el socialismo como salida para la humanidad; pero no habían terminado de hacer su experiencia con direcciones contrarrevolucionarias: los partidos comunistas y socialdemócratas.

 

Hoy las masas no creen ni siquiera en el socialismo como salida a la barbarie capitalista.

Repetir las palabras de Trotsky sin considerar esta nueva realidad es, por lo menos, dogmático. La crisis de la humanidad no se reduce a un problema de dirección. Los trabajadores, los pobres y los jóvenes, carecen de un "sueño", carecen de ilusión en el socialismo como salida para sus males.

 

Este es nuestro desafío. Cada uno de nosotros sí tenemos un sueño; nosotros sí estamos convencidos de que el socialismo es no sólo necesario para liberar a la humanidad del reino de la necesidad sino que es posible. Entonces, el desafío es actuar en el movimiento de masas, siendo propagandistas de este sueño.

 

Es necesario que relancemos la batalla por el socialismo.

Cuando Los Redondos dicen "El futuro llegó hace rato, y es un palo, ya lo ves", han sido capaces de llevar a la cultura de los jóvenes, con una fuerza inapelable, que no hay nada que esperar de este sistema. Que no hay salida en este sistema.

Un querido amigo, amante de Los Redondos me decía hace unos días: "Te equivocas, Los Redondos, también hablan de futuro para los jóvenes: en el festival reciente había imágenes de Octubre con soviets votando, pero los pibes no se dieron cuenta, no sabían ni qué era.".

Entonces, yo tengo que corregirme y decir: a nosotros nos pasa lo que a Los Redondos, aunque con menos éxito que ellos. Sabemos denunciar la barbarie pero no entramos en la cabeza de la gente con la alternativa socialista.

 

Después de 10 años de caída del muro, los propios organismos internacionales del imperialismo no pueden ocultar la realidad: hay ricos m s ricos y hay m s pobres m s pobres. Hay más violencia, más brutalización de las relaciones humanas, m s barbarie. Los desastres ecológicos son m s alarmantes.

Pero durante los últimos 10 años el capitalismo golpeó la cabeza de la gente tratando de imponer el pensamiento único, el fin de las ideologías, y la idea de que no había alternativa al capitalismo.

Un hecho nuevo, sin embargo, empieza a ocurrir, un hecho de la realidad. Cualquier trabajador sabe que no está  mejor, y que no va a estar mejor. Ese es un hecho de la realidad sobre el cual se asienta nuestra perspectiva y nuestro necesario trabajo de señalar cuál es la salida. Y dos hechos más, o dos puntos de apoyo m s tiene esta batalla por relanzar la lucha por el socialismo:

Primero, las luchas internacionales que empezaron a darse en Seattle y Washington, señalan la perspectiva de un internacionalismo distinto, para una etapa del capitalismo distinto, la etapa globalizada. Tenemos que estudiar y aprender del movimiento real de masas. El programa que elaboraron los trabajadores y los organismos que participaron de esas organizaciones, está señalando la perspectiva no de una mera lucha nacional que se solidariza con la lucha de otros pueblos, que fue el carácter que en general adoptaban gran parte de las organizaciones internacionalistas del siglo XX: está planteando la posibilidad de una lucha estructural del movimiento de masas a nivel mundial contra el capitalismo.

Y el segundo hecho de la realidad que da pie para relanzar esta batalla por el socialismo: gran parte de estas luchas que se están dando no son controladas por ningún aparato contrarrevolucionario. Las masas que se movilizaron en Ecuador, los estudiantes de la UNAM y los diferentes procesos que quienes me antecedieron señalaron mejor que yo, tienen la particularidad de no tener aparatos contrarrevolucionarios que los controlen.

 

Tenemos que ir al movimiento de masas no sólo con la denuncia de lo que pasa y con propuestas para organizar la lucha. Tenemos que ser capaces de mostrarles que el "sueño" del socialismo es posible, que existe otro futuro.

El desarrollo del conocimiento humano y de las fuerzas productivas del hombre hoy hacen materialmente posible solucionar el problema del hambre, para que dejemos el mundo de la necesidad, y pasemos al mundo de la felicidad.

¿Por qué muchos temen el desciframiento del genoma humano? No son socialistas, son científicos, y temen que este conocimiento en manos privadas pueda ser palanca de las m s perversas prácticas en nombre de la ciencia.

Pero si este poderoso avance del conocimiento fuera parte de un proceso de apropiación social de los medios de producción, se transformaría en una de las m s grandes revoluciones de la humanidad, que abriría las puertas nada menos que a la superación de las enfermedades gen‚ticas y la prevención de otras tantas.

Las fuerzas productivas de la humanidad está n atadas a una forma social de producción, la relación capital-trabajo, que las ahoga: millones de trabajadores sin trabajo, miles de avances tecnológicos sin poder ser disfrutados por el conjunto de la humanidad, destrucción de recursos naturales que la Tierra tardó millones de años en gestar.

Cuando en Bs. As., comemos papa frita alemana, no estamos disfrutando de progreso, estamos siendo parte de la dilapidación de fuerzas productivas. Cuando vestimos un baratísimo bordado hindú, que a mí me gustan mucho, estamos siendo parte del uso de mano de obra esclava de niños en países asiáticos, que el capital mantiene dividido en fronteras nacionales.

 

La planificación de la economía con sentido social y no en función de la ganancia pondrá fin al uso irracional de recursos naturales, a la anarquía de la producción actual, a la utilización de las fronteras para dividir y derrotar a los trabajadores y abolir  la mano de obra esclava.

 

Tomando las palabras de Trotsky en Literatura y Revolución decimos que entonces, ser  posible que la mujer salga de la esclavitud, que hombre y mujer se dediquen seriamente a armonizar su cuerpo y obtener belleza de sus movimientos. Que por medio de la técnica se acabe con la rutina bárbara de su trabajo; y por medio de la ciencia, con la religión.

Todas las artes, decía Trotsky, dar n a este proceso una forma sublime. Y la forma de existencia de la especie humana adquirir  una forma dramáticamente dinámica. El hombre común se elevar  a las alturas de un Aristóteles, un Goethe o un Marx. Así hablaba Trotsky, mientras intervenía en la lucha de clases.

Seamos portadores de este sueño, porque es posible. Y volvamos a Marx diciendo que la liberación de los trabajadores ser  obra de los trabajadores mismos.

Seamos portadores de un socialismo diferente, que practique en su militancia cotidiana que deben ser los trabajadores los que mediante su participación directa, arranquen a los capitalistas el poder, destruyendo su estado, y establezcan un nuevo poder, su poder, el poder de los trabajadores y los pobres para iniciar la construcción del socialismo.

­VIVA LA LUCHA POR EL SOCIALISMO

INTERNACIONAL!

­VIVA LA CLASE OBRERA LIBERADA!

 

Muchas gracias por todo, compañeros.

 

 

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