VENEZUELA
Crónicas de un naufragio anunciado
Hugo Chávez ha despertado no sólo la simpatía y la confianza de la abrumadora mayoría de los explotados en Venezuela, sino también de buena parte de la izquierda latinoamericana. Sin embargo, desde la LSR, no compartimos estas expectativas. Veamos por qué.
Chávez asumió el poder en medio de una crisis que se cuenta como una de las peores del país. El desgaste del bipartidismo que venía gobernando desde cuarenta años atrás y la desesperación del pueblo por la situación económica y social, fueron la base de su aplastante triunfo.
Desde un discurso nacional/ populista, endulzó los oídos del electorado con la promesa de aumento de salario del 20% para los estatales, no pago de la deuda externa y "pulverizar la desocupación y la pobreza".
Pero desde que asumió, hace ya un año, no cumplió sus promesas y sólo ha tomado medidas de signo contrario. Por ejemplo, se confirió el poder de intervención de cualquier organización política/social; entre ellas, obviamente, los sindicatos. También decidió la privatización de las empresas estatales. Claro que acompañó estas medidas con el asistencialismo a través del Ejército, acostumbrando a la sociedad a la militarización_
El nacionalismo populista hoy, no puede ser más que "verbal". No depende de las intenciones de quienes quieran llevarlo adelante, sino de que se agotaron las bases materiales en el actual contexto de la economía mundial. Más aún en economías periféricas como la de Venezuela, dependiente de la exportación del petróleo a Estados Unidos.
El vaivén del sube-y-baja del petróleo, que representa cuatro quintas partes de las exportaciones del país, evidencia la inestabilidad de la situación. Meses atrás, el barril de pétroleo subió de US$ 10 a US$ 27, lo que dio un poco de respiro al gobierno, pero nada asegura que este aumento se mantenga. La tasa de pobreza ronda en el 80%, y la desocupación alcanza más del 20%.
"Desde la conformación de la Constituyente, numerosos grupos gremiales, estudiantiles y organizaciones privadas se han agolpado a diario en las puertas del Palacio Legislativo..." (Clarín 8/11/99). Es esta realidad la que le hace declarar al vicepresidente de la Constituyente que "el fantasma del caracazo está a flor de piel" (Clarín ídem). En el último año han emigrado US$ 4.000 millones, casi el equivalente a los dólares que ingresaron por la suba del precio del petróleo.
Las condiciones materiales son mucho peores que las que posibilitaron el desarrollo de una política nacionalista/populista en los '60 (y que terminó en un fracaso estrepitoso). No estamos viviendo el fin de un boom económico sino una crisis que ya lleva más de un cuarto de siglo, sostenida a costa de la subordinación completa al mercado imperialista de las economías periféricas. Las relaciones entre el imperialismo y las burguesías nacionales son mucho más estrechas que antes. Veamos sólo dos ejemplos:
a) Estados Unidos le compra el 60% del petróleo a Venezuela. Sólo con dejar de comprar, los yanquis producirían el quiebre de la economía venezolana.
b) El 3/10/68 Velazco Alvarado dió un golpe de estado en Perú. Su primera acción fue mandar los tanques, no como era tradicional contra los obreros, sino a ocupar La Brea y Pariñas, grandes destilerías petroleras yanquis. Y decretó el control obrero, aunque todo era al servicio de defender al capitalismo. La versión nacionalista de Chávez, no es tomar instalaciones petroleras, sino "exorcisar" al imperialismo con_ discursos. Pero a los reformistas –o a los supuestos nacionalistas– no hay que mirarles la boca sino las manos.
La clave de la gobernabilidad de Chávez pasa por que no se genere ninguna organización de los trabajadores, independiente de él y de su estado. Aprovecha en su favor, el desprestigio partidocrático, para afianzar un régimen plesbicitario, que es la más reaccionaria expresión de la democracia burguesa. Así lo demuestra, por ejemplo, el referéndum convocado para el 15 de diciembre por la aprobación –o no– de la nueva constitución.
Cambio de Constitución: promesas incumplidas
Entre otros puntos, la nueva constitución abre la posibilidad de la reelección directa, cambia el período presidencial de cuatro a seis años, establece la desaparición de la cámara de senadores y prohíbe la venta de la empresa petrolera nacional a "excepción de una causa de interés nacional".
La iglesia, junto a sectores de empresarios y la mayoría de los gobernadores de las 24 provincias (opositores), rechazan la actual propuesta de la Carta Magna y se agruparon en una campaña por el "No". Tienen a favor los medios de comunicación.
El gobierno de Chávez armó su campaña sobre la base de que el "No" es avalar a las bandas de tránsfugas de los dos tradicionales partidos patronales: Copei y Adeco.
Además, declaró que a él no le iba a pasar lo que a Salvador Allende: "Allende no tenía ejército y yo sí". En realidad, la diferencia fundamental radica en que en Chile había un proceso revolucionario, con toma de fábricas, cordones industriales presoviéticos, toma de armamentos por parte de la población, etc. Y en Venezuela no está pasando nada parecido. Si así fuera surgirían uno o varios Pinochet, o el propio Chávez intentaría hacer las veces de tal, al menos en parte.
En la campaña por el "Sí" Chávez intenta suplir las promesas con un cambio "cosmético". Su pirotecnia verbal –propia de los comunicadores mediáticos o religiosos– no alcanza para tapar el bosque: hasta ahora, es una versión caribeña del "Síganme, que no los voy a defraudar".
Desde el inicio de su mandato Chávez no ha tomado una sola medida de enfrentamiento con el imperialismo y la burguesía nacional. A partir del 15 de diciembre deberá pasar de las palabras a los hechos.
Por su lado, los trabajadores pasarán a la acción o no; pero habrán empezado a hacer la experiencia con Chávez.
Las cadenas de la Adeco y la Copei, que ataron a los trabajadores desde el ’58, son las mismas que hoy, recubiertas con lazos de raso, utiliza Chávez para sostener el sometimiento del pueblo pobre. Es un deber de los revolucionarios, ser capaces de reconocer –detrás de todo atractivo maquillaje– los grilletes que atan al pueblo, para transformar en acción la conciencia del engaño con que el capitalismo intenta mantenernos sometidos.