Uruguay
El bipartidismo agoniza y la izquierda se derechiza
En Uruguay lo habitual fue que colorados y blancos sacaran más del 90% de los votos. Los primeros gobernaron ininterrumpidamente durante 93 años hasta 1958, con varias guerras civiles mediante.
Con el agotamiento de la "Suiza de América" empezó a moverse la estantería, al principio muy tímidamente, y con la izquierda que electoralmente no superaba, en la década de los ’60, el 6 u 8% de los votos.
El primer cambio significativo se produjo después del ascenso de las luchas obreras y populares del ’68/69, que el PC llevó a la vía muerta de las elecciones y a la conformación del Frente Amplio (FA) en febrero de 1971.
El programa del FA incluía puntos como nacionalización de la banca, el comercio exterior y las grandes empresas; reforma agraria contra el latifundio_ En síntesis, un programa que, si se deja de lado quiénes lo integraban, muchas fuerzas de la izquierda que ven en el programa el punto definitorio, podrían considerarlo "rojo". Pero el FA no era más que un gran bloque donde los puestos claves estaban en manos de la burguesía y los militares "nacionalistas" (muy de moda en esa época) encabezados por el general Seregni. La izquierda ponía la militancia: mucha. A pesar de las expectativas sembradas, la izquierda sacó el 18% de los votos a nivel nacional y también perdió en Montevideo, cuya intendencia estaba supuestamente "asegurada". Blancos y colorados reunían todavía el 82% de los votos.
Después de la dictadura, las elecciones de 1984 y 1989 no modificaron sustancialmente el cuadro, aunque la izquierda ganó algunos pocos puntos más que en 1971.
El cambio de fondo se produjo en la elección de 1994, cuando el FA obtiene más del 35% de votos y pierde por escasos votos. Es por eso que colorados y blancos –que cogobernaron durante todo este último período presidencial de Sanguinetti– reformaron las leyes electorales e impusieron el antidemocrático ballotage en 1996: para cerrarle el paso al triunfo del acuerdo FA/Encuentro Progresista.
Hay una primera lección central que surge de este periplo: las crisis económicas, y las luchas obreras y populares, llevaron a un estado de virtual extinción al bipartidismo burgués que nació con la independencia en 1830.
En la primera vuelta, la suma de colorados y blancos llegó al 53,6% y en la segunda al 51,6% de los votos, asentados además en el interior, que es el sector social y politicamente más retrasado; en Montevideo, la principal concentración de asalariados y obreros, el FA tuvo mayoría absoluta.
Un triunfo contradictorio
El FA es la principal fuerza electoral y parlamentaria, con dos quintos de los diputados y más de un tercio de los senadores. El Poder Ejecutivo de un país presidencialista, estará en manos de un presidente Colorado en alianza con los Blancos en los ministerios y en todo el gobierno.
Uruguay termina este año en crisis económica por su dependencia estructural de una región en crisis. Muchas de las recetas del FMI están aún como tareas pendientes, a diferencia de la Argentina.
Se abre una etapa conflictiva y de difícil pronóstico para el próximo gobierno. Por un lado, necesitará hacer acuerdos con el FA para imponer políticas contrarias al pueblo en el parlamento. Por el otro, necesitará tratar de impedir que el FA se transforme en árbitro de la situación, por lo cual tal vez se vea empujado al camino de gobernar por decreto, que tan bien conocemos en la Argentina. Y el FA tendrá que caminar sobre ese camino de cornisa, para tratar de mantener cierta independencia, no sólo para las elecciones municipales de abril del 2000, sino en la perspectiva de arañar una porción más del electorado en el camino hacia el 2003. Para ello seguirá profundizando su perfil cada vez más de "centro", al estilo de la socialdemocracia europea, postulándose como administradores modernos y eficientes de los negocios capitalistas.
Todo eso encierra para el FA el peligro potencial de que se deteriore su relación con las organizaciones de masas. Pero ese peligro se amortigua porque no existe una alternativa independiente, de izquierda revolucionaria al FA, que tenga un peso mínimo ante las masas.
El bloque victorioso en noviembre
Es muy importante señalar algunas de las características del bloque que resultó vencedor en el ballotaje.
La Unión Cívica, el partido de la curia, llamó a votar por Batlle. Este dato no es menor, máxime en un plebiscito reñido, donde cuatro o cincos puntos vuelcan la balanza para uno u otro bando (por más que el peso de la Iglesia sea mucho menor que en la Argentina). Ese es el porcentaje que históricamente tuvo la Unión Cívica, y por muy declinante que sea, la cifra sube si se pone en marcha el aparato de las parroquias, la Acción Católica, los clubes cristianos de deportes y otras instituciones dominadas de alguna manera por los curas.
El electorado blanco fue fiel al mandato de sus dirigentes y votó masivamente por Jorge Batlle, un hombre cuyos antepasados fueron quienes mataron a los principales caudillos blancos a comienzos de siglo. Esto fue particularmente notorio en el interior, lo que entre otras cosas significa que el peso de la tan mentada "tradición" está en vías de extinción.
La burguesía lanzó una campaña macartista, al estilo de la guerra fría (aunque no podían decir que a los niños los iban a mandar a Rusia), diciendo que si ganaba el FA huirían los depósitos (lo que no sucedió) de ese "paraíso bancario" donde esconden capitales provenientes de lo que sea. De esto no se beneficia ningún trabajador o jubilado, sino los bancos. Pero no importa: el viejo recurso del terrorismo ideológico siempre está vigente.
En el electorado en general, hay un fuerte peso conservador generacional propio de las características del país (que viene obligando a emigrar a la juventud): un 30% del electorado (unos 700.000) eran jubilados, mientras que sólo un 10% de esa cifra eran jóvenes que votaban por primera vez.
Por último, los medios de comunicación "democráticamente" monopólicos quedaron en manos de Batlle.
El FA y Vázquez: perder con tal de "no asustar"
Todo lo que hemos dicho anteriormente no hubiese sido posible, o hubiera sido mucho más dificultoso, si Tabaré Vázquez no hubiera tomado la decisión de desmovilizar a las masas a fin de, supuestamente, "no dar pretextos" a la derecha. Así, serrucharon la rama sobre la que estaban sentados y anularon la única herramienta con la que podrían atraer a una franja de indecisos: la movilización de masas.
La decisión de no realizar un gigantesco acto de cierre y de mantener atada a la militancia, apostando a los medios de comunicación de masas –precisamente en manos de Batlle–, parece pensada por un hábil estratega de derrotas. Pero no es así: la lógica política es la que lleva a ello.
Porque la clave de esta política suicida es simple: conscientemente los dirigentes del FA, Vázquez y los burgueses "progresistas", no quieren frotar la "lámpara de Aladino" y quedar presos o condicionados por la movilización de masas. Por eso las tuvieron inmovilizadas durante el mes decisivo, jugaron a la ruleta rusa con el tambor lleno de "apostar a los medios". Y ahora Vázquez las llama a resignarse y a prepararse para las elecciones municipales del próximo año.
Es muy positivo el hundimiento del bipartidismo patronal. La tragedia es que el FA y su pequeño monstruo burgués llamado Encuentro Progresista, no ofrecen ninguna salida de progreso para el pueblo sino un remedo tercermundista de la "tercera vía" capitalista proclamada por Tony Blair, el hijo "progresista" de Margaret Thatcher.
Por eso el péndulo del FA fue inclinándose en forma firme hacia ser un partido o bloque de colaboración de clases al servicio de la burguesía y funcional a su dominio.
Por eso en la semana previa al ballotaje Tabaré Vazquez, en vez de movilizar al pueblo en su apoyo, y en su afán de "tranquilizar" a la derecha, se permitió una verdadera provocación contra la mayoría de sus votantes. Declaró que su programa "no es socialista ni marxista; no tiene siquiera añoranzas socialistas; es un programa realista". Tales afirmaciones, podría suscribirlas su contrincante derechista, de ancestros progresistas de los cuales también reniega plenamente.
ˇEse es exactamente el punto en que están ubicados hoy los liberales y socialdemócratas de ayer!