La restauración capitalista

empujada por la burocracia

Los sucesos del ’89/91 tuvieron enormes consecuencias a escala internacional y en el ámbito del movimiento obrero y sus (supuestas o reales) organizaciones de "vanguardia".

El hecho central que se dio en esos años, fue la transformación completa de la casta parasitaria que usufructuó por siete décadas las conquistas de la revolución de Octubre, en clase burguesa "normal". Esto es, propietaria de los medios de producción y de cambio, con derecho de herencia, de despedir libremente trabajadores, etcétera.

Las movilizaciones populares que acompañaron ese proceso, fueron manipuladas en sus justos sentimientos antitotalitarios y/o nacionalistas y alentadas (entre otras fuerzas) desde el poder mismo.

Porque esas movilizaciones no fueron independientes sino un ariete de presión para terminar de derribar las trabas políticas y legales para la restauración plena del capitalismo. En aras del engaño, jugaron múltiples fuerzas: los "valores" de la sociedad burguesa, sus "ventajas", la libertad de acceder a una insípida hamburguesa o de reír con los estúpidos gags de Sylvester Stallone, fueron parte de las banderas enarboladas en el nombre de la "democracia".

Los resultados del cambio, están a la vista.

En Rusia disminuyó en casi 15 años la expectativa de vida. Si la hambruna no es mayor es porque el pueblo tiene una vieja tradición de plantar papas en macetas caseras; la restauración se encuentra en la fase de piratería propia de la acumulación primitiva capitalista (no en las condiciones de los siglos XVI a XVIII sino en las del hiper concentrado y monopólico capital de fines del milenio).

Alemania del este fue simplemente anexada por el oeste imperialista y tiene índices de desocupación que duplican los del oeste. Vio poco menos que destruido su aparato productivo para que no haya aún más superproducción en ramas enteras de la producción con la consecuente baja de los precios. Sus habitantes son osies, los kelpers (ciudadanos de segunda) alemanes, condición que de vez en cuando les hacen recordar con sus palizas los cabeza-rapada fascistas.

Bulgaria perdió el 55% de su PBI; Polonia, Hungría y la República Checa están en la OTAN. Sus sociedades han sido brutalmente fragmentadas, hasta el punto que sus pueblos han intentado vanamente volver atrás, votando a los viejos stalinistas reciclados en socialdemócratas. Naturalmente, éstos han hecho en esos países lo mismo que Blair o Schroeder después del vendaval conservador: lavar la fachada, y punto.

¿Revoluciones o restauración capitalista?

Mucho se habló (ante los sucesos de 1989/91) acerca de "revoluciones de terciopelo", "democráticas", pacíficas, sin sangre_ El reguero de sangre que va desde la masacre en los Balcanes durante una década, la guerra recurrente y el aniquilamiento de Chechenia, en el Cáucaso y en las tres repúblicas musulmanas de la vieja URSS, vinieron a desmentir por completo aquellas afirmaciones.

Y en cuanto al carácter "democrático" de esos procesos alcanza con ver a Milosevich, a Yeltsin, a los gobiernos títeres de los territorios ocupados por la OTAN en los Balcanes, a Kravchuk en Ukrania o a Loukhashenko en Bielorrusia (ex miembros del politbureau del PCUS, al igual que Yeltsin), que pasaron a ocupar una especie de presidencia vitalicia.

A diez años de aquellos acontecimientos, seguir repitiendo que allí hubo algo a lo que pudiera denomiarse "revoluciones" (del tipo que sea) es elegir el camino de la Iglesia ante Galileo (sin las obvias ventajas de la milenaria canalla romana).

Queremos dividir esta nota en tres aspectos centrales: a) los sucesos del 89/91; b) las consecuencias para el capitalismo de su victoria ideológica y económica, y las lecciones para los revolucionarios; c) nuestra opinión sobre qué es un estado y una sociedad de transición al socialismo.

Los sucesos del ’89/91

El boom de posguerra en la URSS y su glaxis protector acompaña como la sombra al cuerpo a los "treinta gloriosos años" y empieza a decaer incluso un poco antes, igual que otros sectores de la periferia, con el agravante de que la guerra fría hacía que el complejo militar-industrial se llevara los mejores hombres y una porción descomunal del producto bruto.

Después de la caída de Jruschov en 1964, el ministro de economía del gobierno colegiado de Brejnev, Kossyguin y Podgorny, un señor llamado Liberman presenta en 1965 un plan para ir descentralizando las empresas, avanzando en la autogestión de las mismas a fin de definir su permanencia o no en el sector estatal de acuerdo con criterios de rentabilidad empresarial y abriendo la posibilidad del comercio directo de las empresas con el exterior, rompiendo –sin decirlo– el monopolio estatal del comercio exterior.

Es en esa época que comienza la radicación de empresas extranjeras, la más famosa de las cuales fue la de Fiat y su planta en "Togliatigrado" (por Togliatti, el jefe comunista italiano muerto en 1964).

En Checoeslovaquia, Otta Sik intenta en 1968 un operativo similar, como ministro de economía de Dubcek, operación que concluye el 21 de agosto con la intervención de 500.000 hombres de las tropas rusas y del "Pacto de Varsovia".

En los ’70 comienza el proceso de endeudamiento de Europa del este con la banca occidental y la Unión Soviética tiende a enlazarse mucho más con el mercado mundial mediante la venta masiva de petróleo, oro, gas y derivados.

En la Polonia en la que se rebela Solidaridad ya hay en esa época una deuda externa de US$ 27.000 millones. Y cuando el 13 de diciembre de 1982 el aristocrático general Jaruzelsky da el golpe de estado, la banca prestamista, empezando por la alemana, no se muestra confundida por ningún "derecho humano" y apoya a Jaruzelsky.

La RDA (República Democrática Alemana), va entrelazando su economía con la del Oeste a una escala gigantesca.

En Hungría, después de la masacre provocada por la invasión rusa de 1956, se empiezan a aflojar los controles estatales y tienden a aparecer formas más claramente capitalistas de relación.

Agreguemos que en Polonia cuando los sucesos de 1980 del astillero de Gdansk, se conoció también que más de la mitad de la tierra permanecía en manos privadas, situación que era parecida a la de Hungría y otros países de la región. No obstante no había mercado libre y el estado era el principal comprador y el que marcaba los precios oficiales.

Toda casta es una formación intermedia, un híbrido, que evoluciona hacia su conformación como clase, o desaparece.

Agotada la gestión burocrática de la economía estatizada no capitalista la burocracia fue dando pasos graduales, evolutivos, en su conversión en clase. El entrelazamiento internacional comercial de los veinte años anteriores al ’89 fueron un elemento muy importante que preparó su salto hacia la conformación en una clase, la dotó de relaciones económicas fluidas con el mundo capitalista, de contactos, etcétera.

Uno de los ejemplos superestructurales más elocuentes está dado en el comportamiento mismo de los jefes de la burocracia y sus familias. De la campesina señora de Jruschov a la refinada esposa de Gorbachov puede evaluarse el proceso de adaptación de la burocracia al occidente imperialista.

Dicho proceso podemos verlo también en la actitud de Jruschov, sacándo amenazante un zapato para golpear con su taco su asiento en la ONU, al atildado y "normal" diplomático de Gorbachov, ubicado en forma y contenido en los parámetros, usos, gustos y costumbres de la burguesía mundial.

Ya con la muerte de Brejnev es la KGB que designa en 1982 a Andropov, y después a Gorbachov para que trabajen para terminar con el viejo orden de cosas. La perestroika y el glasnot son el camino "prolijo" para hacerlo sin que estallara la URSS y se procediera a una restauración gradual, evolutiva, hacia el capitalismo. El monstruo se había echado a andar y era inevitable que su comportamiento fuera convulsivo, veloz, conflictivo y también centrífugo respecto de las distintas burocracias, de las regiones de la URSS y de todo el Este, incluida Yugoslavia, que trataron de salvar cada una de ellas su porción de riqueza y poder. La real opresión gran rusa fue el pretexto y no la explicación para bandidos como Kravchuk de Ukrania y muchos otros que habían convivido en armonía con la burocracia "gran rusa" toda la vida, para acumular poder en su "feudo". Y estafaron los legítimos sentimientos de sus connacionales contra la opresión gran rusa para dar la puntada final, cualitativa, en el salto hacia el capitalismo y en su conversión de casta en clase.

Hubo un entrelazamiento e interacción entre el debilitamiento de la URSS y el proceso de liberación de los países que ocupaba el ejército.

En éstos, no había ningún factor revolucionario (ni siquiera en el pasado) y la expropiación de la burguesía se asentaba en un ejército de ocupación que, a medida que perdía su capacidad de intervención militar, iba viendo desvanecer su poder.

Los procesos revolucionarios de 1956 en Polonia y Hungría, y en menor medida en Checoeslovaquia en 1968 fueron luna lucha de masas que no admite comparación con los sucesos del 89/91 que fueron una versión ultra "light" de los mismos, pero que apenas empujando un árbol, ahora podrido, lo tiraron abajo. Es pura demagogia populista –influenciada por la propaganda imperialista– ponerse a colocar adjetivos grandilocuentes a esos sucesos. Del punto de vista revolucionario fueron tan irrelevantes que no dejaron organización alguna independiente de los trabajadores, el grueso de los dirigentes sindicales inexperimentados (los más importantes, los de los mineros, apoyaron a Yeltsin) fueron succionados por el aparato sindical del imperialismo casi por monedas y hubo que empezar de nuevo después de la derrota de la oposición de izquierda liderada por Trotsky en 1926/27.

Las consecuencias para el capitalismo

Es observable fácilmente las consecuencias ideológico-propagandísticas que los acontecimientos dieron al capitalismo, incluso al margen de las exageraciones estúpidas de sus exégetas mas impúdicos.

La propaganda del "fracaso del socialismo" puede golpear a la intelectualidad de clase media, volverla "posibilista" o renegada, pero no cambia en el mediano plazo el comportamiento de las grandes masas de explotados que lucharán no por razones ideológicas sino porque el capitalismo es incapaz de satisfacer sus necesidades básicas.

No afirmo en absoluto que aquí "no ha pasado nada". Es evidente que sí pasó, así más no sea el derrumbe de una falsa conciencia y de un "modelo" que no era tal. Sólo decimos que esto tiene limitaciones materiales.

Desde el punto de vista económico la situación es más compleja. Obviamente es un éxito capitalista. Por ahora está limitado por su propia crisis y por la sobreabundancia de oferta, lo que lo obliga a destruir fuerzas productivas y no a apropiarse a secas de ellas, para mantener así la tasa de gananacia. En relación al gigante reconvertido, la vieja URSS, la política imperialista se parece mucho a la que lleva adelante en los países dependientes de saqueo y rapiña de materias primas y productos específicos (con el peligro de que se derrame la tecnología nuclear). Es un capítulo abierto.

¿Había estados obreros, burocráticos, o qué?

En primer lugar, digamos que para hablar de "estado obrero" o, lo que es lo mismo, sociedad de transición al socialismo, tuvimos que haber hablado primero de revolución. No mediando una revolución, no estaremos indudablemente, ante ningún posible estado obrero.

Decimos esto porque entendemos que la esencia de la dictadura del proletariado, radica en un régimen social y político, dentro del cual el manejo de la economía es instrumental y no lo determinante.

Dictadura proletaria es aquella en que el ejercicio del poder lo tiene el proletariado organizado en soviets y armado en milicias (con éstos u otros nombres).

Y dictadura proletaria es aquella en la que el poder es ejercido políticamente por el partido bolchevique, aliado o no a otras expresiones políticas, como fue el caso de la izquierda social-revolucionaria en Rusia.

La dictadura del proletariado tuvo tanta vigencia en noviembre del ’17 –incluso creando 25 millones de propietarios en el campo– como en junio del ’18, en que se expropia la industria por las necesidades impuestas por la guerra civil (no porque ésa fuera la política inicial del bolchevismo).

Cuando la colectivización forzosa (1929/30) no había dictadura proletaria "más plena" porque se estatizaba el campo: estaba infinitamente más debilitada, porque se rompía la alianza obrero-campesina; el proletariado carecía de poder (los soviets eran "cáscaras vacías") y el partido ya había entrado en la recta final de su liquidación, que culminaría con los procesos y masacres del ’36/38.

La relación de la dictadura revolucionaria del proletariado con la economía es completamente funcional a las necesidades tanto de defender el terreno conquistado –la fortaleza revolucionaria sitiada– cuanto a las necesidades y requerimientos de la revolución mundial.

Partir del análisis de las expropiaciones para determinar si existe una régimen de transición, no es sólo un grueso error metodológico: es también entrar en la lógica interna del estatismo y de la "construcción del socialismo en un solo país".

Contra todos los alertas de Trotsky, sus epígonos concluyeron que había dictaduras proletarias deformadas sin que hubiera habido revolución alguna, y tomando en cuenta sólo la expropiación de la burguesía realizada por el ejército de ocupación "rojo".

Visto en perspectiva histórica podemos decir que los últimos elementos de dictadura proletaria terminan con la contrarrevolución operada tanto dentro de la URSS (y que culminó con los procesos de Moscú) como en el plano internacional, con la primera intervención contrarrevolucionaria física –no sólo política– del stalinismo en la revolución española (al servicio de presentarse crudamente frente a los imperialistas, como eficiente enterrador de revoluciones).

La guerra y la posguerra postergaron el pasaje al plano económico de la contrarrevolución triunfante, e impidieron que se reinstaurara el capitalismo.

Es peligroso pretender esconder con algunos datos reales el hecho central que se produjo en los años ’89/91: el salto de calidad hacia una sociedad burguesa, al derecho a la propiedad, a un mercado de trabajo capitalista y un largo etcétera que no existía antes.

Muchos trotskistas confundieron las conmociones que provocó este salto con una supuesta fase democrática de una revolución política en la dictadura proletaria degenerada –la URSS– y en las "deformadas" donde se había expropiado a la burguesía como extensión del cinturón geográfico-militar protector creado por la URSS, sin que mediara revolución de ningún tipo.

No creemos que el proceso de reimplantación capitalista se dé en China u otros lugares por una sucesión ininterrumpida de privatizaciones que un día alumbren una sociedad y un estado capitalistas. Sin crisis, sin luchas sociales y políticas en el estado, se podrán seguir acumulando elementos de restauración capitalista, pero el salto de la cantidad a la calidad es social y político, por más que todo el actual proceso prepare ese salto.

En el proceso que desembocó en los sucesos del 89/91 la tragedia del trotskismo en ese período fue que unos fuimos correa de transmisión de la propaganda "democrática" del imperialismo y la burocracia restauracionista, mientras otros intentaban hacer bloques y frentes únicos para defender "los estados obreros" junto a una burocracia que hacía tiempo se había pasado, con armas y bagajes, al campo de la restauración capitalista. Esto incluía naturalmente al esqueleto del estado, sus fuerzas armadas y policiales.

Como último punto, veamos cómo se encaró el problema de las nacionalidades.

El ejemplo de Yugoslavia es un pequeño pero elocuente precedente, de cuyas lecciones nadie parece querer aprender. El grueso de las corrientes trotskistas repitió, inconscientemente, el discurso de los distintos imperialismos en disputa en la región (que utilizaron y abandonaron alternativamente los intereses de naciones, etnias o cualquier grupo que les fuera circunstancialmente útil). Otras corrientes trotskistas, las menos, se alinearon por su parte, con la pandilla procapitalista de Milosevich.

No obstante los impactos psicológicos son en general de corta duración, máxime que las grandes masas del mundo no realizan "opciones ideológicas" porque la explotación las embrutece y les quita posibilidad de realizarlas. Las grandes masas tienden, mientras puedan, a mantener la única sociedad que conocen y a tratar de mejorar dentro de ella. Y cuando se insurreccionan contra ella es porque la vida material –no sus ideas– dentro de ella les resulta insoportable y se levantan para destruir esa sociedad sin tener una idea clara –ni remotamente– de con qué sustituirla. El partido revolucionario juega un rol decisivo en ayudar a encaminar el rumbo. Y la política y la táctica se elevan en esos momentos históricos a la condición de arte.

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