MEXICO

Los estudiantes hacen jaque... y van por más

Pasaron casi ocho meses desde que estalló la huelga de los estudiantes de la UNAM, empujados por la aprobación del Reglamento General de Pagos (RGP) en una reunión de Consejo Universitario con puertas herméticamente cerradas, que impuso un aumento en las cuotas universitarias de US$ 0,02 a US$ 50.

Desde entonces, los estudiantes mantienen su Pliego-petitorio de seis puntos y también mantienen la huelga, lo que constituye una pintura de los oídos sordos que han hecho las autoridades universitarias, gubernamentales y capitalinas, quienes se han pasado el conflicto de mano en mano como las cosas que queman.

La huelga se desarrolla en un clima político atorbellinado por la entrada en un año electoral donde, a último momento, el PAN cambió de alianza y se mudó del PRD para intentar ser parte del gobierno de la mano de PRI. Este dio la bienvenida al cambio que podría darle "aires nuevos" a su inamovible encarnación en el poder que ya suma setenta años.

Los estudiantes han conseguido una victoria: la renuncia de Barnés de Castro, rector de la UNAM. Pero estos meses han consolidado un movimiento que no se puede ni se deja evaporar con una renuncia.

El Pliego-petitorio reúne puntos que ponen en cuestión no sólo la estructura autoritaria de la UNAM –de la que se sirven quienes la dirigen– sino el principio mismo del derecho a estudiar basado en la gratuidad de la educación, contra las pretensiones de privatización de la universidad y la reforma de la institución acorde con los ritmos de la producción y el mercado.

Causa y consecuencia de la renuncia de Barnés se traducen en un mismo camino: ir por más, por el cumplimiento completo del Pliego de petitorio.

La renuncia de Barnés y la designación de su sucesor (Juan Ramón de la Fuente) no ha mareado al movimiento.

Profesores eméritos de la UNAM habían presentado hacia fines de agosto, una propuesta de resolución –única base de diálogo válida para el Consejo Universitario en tiempos de Barnés– cuyo primer punto era el levantamiento de la huelga para la instauración de espacios de discusión de las demandas estudiantiles. Aquella propuesta ha "cedido" su lugar para que la recientemente formada Comisión de Contacto del Consejo Universitario –en voz del nuevo rector– haya sido enviada a una asamblea del Comité General de Huelga (CGH) para presentar la difusa propuesta de diálogo que De la Fuente propone discutir con la organización estudiantil.

A pesar de la actitud "conciliadora" –difícilmente creíble– y la figura democrática y negociadora del nuevo rector, el CGH exige: ˇCongreso democrático y resolutivo! ˇDiálogo basado en el Pliego-petitorio!

Las autoridades de la UNAM, no conformes con el RGP, se han dado el gusto de rechazar mediante exámenes de 120 preguntas, al 80% de los aspirantes al nivel de licenciatura, hecho que se enmarca en las declaraciones de miembros del Consejo Coordinador Empresarial, quienes abiertamente manifiestan la urgencia de "vincular la oferta y la demanda" entre educación superior y sector productivo. Y por si los estudiantes necesitaran más claridad, promueven, a viva voz, junto con la Cámara Nacional de Industria, una "reforma a fondo de la UNAM".

El gobierno nacional (PRI) ha permanecido callado pero no pasivo. A la par que negocia la transición calma con el PRD, suma 5.000 efectivos militares a la Policía Federal Preventiva. Y ambos aprueban el presupuesto para el 2000, que destina un 513,4% más de fondos para el rescate bancario que para la UNAM. Esta suma representa un aumento del 76% respecto de 1999, y es otro indicador de hacia dónde empuja la crisis a la sociedad en su conjunto.

El aceitamiento del aparato represivo, que hasta hoy no ha hecho más que ensayar en el conflicto que suma dos muertos, un estudiante secuestrado y cerca de 99 querellas presentadas contra integrantes del CGH, es la única respuesta que el gobierno (actual o entrante) viene dando ante el peligro de la extensión del conflicto, o su eternización.

La irresolución permanente del conflicto de la UNAM significaría para la burguesía mexicana cargar con otra espina (sumada a las que representa hoy el EZLN) que complica la convivencia política y pone en jaque las bases que legitiman su dominación.

La lucha que los estudiantes mexicanos mantienen desde el 20 de abril, no difiere en lo fundamental de las tareas que la realidad impone al movimiento estudiantil de cualquier país de Latinoamérica.

Constituye un hito en la experiencia de la que deberán valerse los estudiantes del continente: por las características de la arremetida gubernamental-empresarial; por la resistencia fuerte y paciente; la imprescindible participación masiva del estudiantado; el apoyo de distintos sectores de la sociedad –trabajadores y marginados– y la democrática organización que saben darse. Conviviendo con diferencias pero políticamente unidos, se fortalecen para vencer al enemigo: a la hora de batallar, la guerra se presenta disparando desde el mismo flanco.


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