EL FRACASO DE LA CARPA BLANCA

La Carpa Blanca, desde treinta y tres meses, viene siendo el canal de desvío de las luchas en el gremio docente. Lo demuestra su origen, en abril de 1997, cuando los docentes de Neuquén llevaban a cabo una huelga por tiempo indeterminado –que duró alrededor de 45 días– en contra de la aplicación de la Reforma que en la provincia involucraba miles de despidos, y contra la Ley Federal de Educación.

Ante la contundencia de esa huelga, que amenazaba convertirse en un punto de atracción para el conjunto de los trabajadores del país, la Ctera instaló la Carpa Blanca frente al Congreso, trasladando hacia su geografía la mirada de la opinión pública. Fue así como los docentes de Neuquén quedaron solos en su pelea; la Carpa pasó a ser el símbolo de la defensa de la educación; y fue escenario y lugar de paso de todo actor y cantante que visitaba el país.

Fue a la vez un emblema de lo que se llamó "nuevos métodos de lucha", "mediáticos", pregonados también por los dirigentes de la Utpba y de Ate. Mucho se habló acerca de la superioridad de estos métodos en contra de los practicados por los trabajadores a lo largo de su historia. Entre sus supuestas "virtudes", se daba realce al hecho de que –a diferencia de la huelga– no hacía perder horas de clase a los alumnos, alcanzaba mayor difusión y lograba la simpatía del conjunto de la población dado que "no molestaba a nadie". Hasta el flamante ministro Llach, felicitó a Maffei por la carpa, "porque instala un método de lucha que no afecta a nadie en la comunidad educativa" (en el programa de Mariano Grondona, 25/11/99).

Claro que una lucha que "no molesta a nadie", lejos de ser un "nuevo método" es más bien "ninguna lucha". Y así le fue: a casi tres años de inaugurada, no logró nada.

Políticamente, el reclamo de la carpa fue, desde el vamos, una ley de financiamiento educativo. Contra el reclamo de la abrumadora mayoría de los docentes por la derogación de la Ley Federal de Educación (y demás leyes complementarias), la Carpa reclamaba dinero para aplicar la Reforma. Así se llegó a las negociaciones entre Decibe y Maffei, y la promesa de levantar la Carpa a cambio de la Ley de Incentivo Docente. Maffei se convirtió en sabueso de la DGI, y desató –entre los distintos sectores docentes, y de todos ellos con el conjunto de la población– una verdadera "guerra entre pobres".

Hoy, la Carpa es parte del paisaje de la Plaza de los Dos Congresos, y Ctera no sabe qué excusas poner para levantarla. Ahora está negociando con la administración De la Rúa, la creación de un nuevo impuesto para garantizar el "fondo" y, así, dar por finalizado el largo "ayuno".

De la Carpa al paro

Con la experiecia de la Carpa sobre los hombros, el pasado 28 de octubre los docentes de Capital pararon masivamente en defensa de sus derechos, contrariando incluso a las direcciones de sus gremios. Después, el 24 de noviembre, se realizó el último paro al menemismo y el primero que se le hace a un presidente electo, convocado por la Ctera.

El paro docente tiene varias lecturas. La primera, a nivel dirección de la Ctera, que se ve afectada tanto por la prórroga en el pago de la oblea (que se suspendió nuevamente), como por la designación de Juan Llach como ministro de Educación, con lo que quedan afuera del manejo de una cartera que se preparaban a ocupar con alguno de sus amigos "progresistas" pedagogos de la Alianza (por ejemplo, Adriana Puiggrós). Marta Maffei, argumenta que su disgusto parte de que Llach no es un especialista en educación, y que ellos hubieran preferido el "equipo de trabajo que venía dialogando" con la Ctera. Pero el problema no es "una persona versus un equipo", sino que la política encarnada por Llach barre con las ilusiones alentadas en el seno del Frepaso acerca de un inviable capitalismo "más humano".

Llach, quien fuera mano derecha de Cavallo, es propulsor de la idea de las escuelas charter en la Argentina (la misma que fracasó en Nicaragua y Chile). Son escuelas que el estado licita a las empresas privadas para que la mantengan, logrando de este modo desligarse de su responsabilidad, y es un paso gigantesco en la privatización, ya que serían directamente las empresas las que decidirían planes de estudio, funcionamiento, reglamentación interna, etc. Su "modelo" es una escuela autogestionada en Río Negro, que se sostiene con una cuota mensual de $ 130 por cada alumno. También esbozó la idea de provincializar las universidades "Lo que llevaba implícito la idea de que se desliguen del Estado nacional" (Clarín 21/11/99). Y, como si fuera poco, quiere "jerarquizar" la docencia: esto significa establecer evaluaciones, acreditaciones y desigualdades salariales, calificando a los docentes entre "buenos" y "malos", pisoteando el Estatuto que establece la igualdad salarial (a igual tarea igual salario).

El problema al que se enfrenta la base progresista del Frepaso es que el capitalismo no ofrece ya posibilidades para el reformismo: o se aplican las medidas que necesita el nuevo mercado capitalista, o se avanza hacia una postura que cuestione de raíz el problema educativo-social, y se perfile hacia la transformación revolucionaria de la sociedad.

Por la base

El alto acatamiento que tuvo el paro, no implica necesariamente un acuerdo de las bases con la dirección de la Ctera ni con la de sus gremios de base como UTE, ya que vienen demostrando desde hace tiempo su papel de entregadores de los derechos docentes y de la educación gratuita y masiva.

La acción y el reanimamiento por la base expresados en los dos últimos paros, debe traducirse en organización, buscando la unidad por escuelas y por distritos; superando desde las bases las barreras con que artificialmente nos dividen (titulares, suplentes, estatales, privados, en "negro"; más infinitas "fronteras sindicales" que, sólo en la capital federal, suman ocho). Tenemos que avanzar hacia la unidad de manera democrática, coordinando con los docentes de todos los distritos del país y con otros sectores en lucha; para multiplicar nuestra fuerza construyendo una herramienta eficaz, que pueda conducir a futuras victorias a los docentes y a los trabajadores en su conjunto.

1