CHINA: Un Salto Hacia el Capitalismo

El mes pasado China firmó un acuerdo con Estados Unidos que permitiría su ingreso en la Organización Mundial del Comercio (OMC), lo que significa una vuelta de tuerca más en la restauración capitalista en curso. Este acuerdo da continuidad a las transformaciones del estado que viene llevando adelante la burocracia "reformista" del Partido Comunista Chino (PCCh).

Un mayor grado de apertura económica inevitablemente tenderá a tener expresiones sociales y políticas de los nuevos ricos en corrientes capitalistas que buscarán su representación en el altamente "feudalizado" PCCh, o formando agrupamientos por fuera de éste. Por ejemplo, es posible que la reciente aparición de la supuesta secta budista Falun Gong de 50 millones de integrantes, cuyo gurú reside en Estados Unidos, no sea ajena a este tipo de reacomodamiento superestructural político.

Los dirigentes del PCCh de las distintas regiones, sobre todo de las más ricas del sur y de la costa, ya tienen un alto grado de autonomía. Es posible que transiten un camino similar al de la ex URSS, donde las distintas burocracias utilizaron banderas nacionalistas para terminar de desatarse las manos en su avance hacia el capitalismo y su completar su conformación como burguesía. El caso del secretario general del Partido Comunista Ucraniano y miembro del Politbureau del PCUS, Kravchuk, que de un día para otro pasó a encabezar la restauración capitalista en su región, es un ejemplo que puede repetirse.

Embarcada en este rumbo, la burocracia procapitalista china no tiene punto de retorno, tiene que huir hacia adelante. El acuerdo con la OMC no sólo plantea un salto en el camino de restauración capitalista, sino que pone en peligro la unidad misma de China, que es muy reciente (apenas tiene 50 años), y es altamente frágil y precaria, dado que cuenta con la existencia de numerosas nacionalidades y etnias. Por lo tanto este proceso tiende a fragmentar social, geográfica, y horizontalmente, a la sociedad china.

La economía china se sustentaba sobre empresas estatales que, todavía, suministran dos tercios del empleo total en las grandes concentraciones urbanas. "Los sectores que se estima estarán en más riesgo son: el acero, la petroquímica, el cemento, los automóviles, el aluminio y la electricidad. Si bien China es el mayor productor mundial de acero, se estima que sólo cuatro de sus miles de empresas son internacionalmente competitivas; lo mismo ocurre con las fábricas de cemento" (Clarín 21/11/99).

Se vienen tiempos de grandes reformas en las leyes domésticas de China. A lo que se tiende en el mediano plazo es a la descentralización del estado, privatizando las empresas estatales, lo cual atentará contra las conquistas del movimiento obrero y del campesinado; generando, principalmente, mayor desocupación. Una de las primeras medidas que ya le está exigiendo Estados Unidos a Beijing es que levante la protección tarifaria y no tarifaria a su producción.

En la agricultura el panorama es delicado: "Cada trabajador chino cultiva 0,1 hectárea en promedio comparado con 1,4 hectárea de Estados Unidos y 0,5 hectárea de Europa. Los precios de los productos agrícolas están 30% por encima de los precios internacionales; si caen los aranceles para las importaciones agrícolas en China se corre el riesgo de que haya un flujo de importaciones baratas que, como consecuencia, devaste la economía rural que sostiene a 900 millones de personas" (Clarín 21/11/99).

El objetivo del imperialismo mundial no es, como dicen algunos medios, conquistar un mercado de 1.200 millones de consumidores; dado que más de 1.000 millones están casi por fuera del mercado. Pero los 200 millones restantes constituyen potencialmente un mercado casi tan grande como el de Estados Unidos. "China sigue siendo, con menos de US$ 800 de ingreso anual per cápita, un país habitado por pobres" (Clarín 20/11/99). Y lo será aún más a medida que se aproxime al salvaje mercado capitalista.

Esto no impide que sea una presa gigantesca a conquistar por los distintos imperialismos, así sea despedazándola como hicieron con Yugoslavia; sólo que con los riesgos multiplicados que implica un país-continente, donde vive la quinta parte de la población mundial.

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