Ruckauf

Un Ministro de las Tres A Gobierna Buenos Aires

 

La importancia de la gobernación bonaerense en la estructura de poder quedó en el centro de la escena política antes, durante y después de las elecciones. Esto se manifestó de diferentes maneras. Antes, cuando el peronismo salió a luchar desenfrenadamente por retener el poder en la provincia, acusando a Fernández Meijide de abortista, anticristiana y atea e instalando con este discurso una violencia verbal similar a la que se vivía en los años setenta. Durante, cuando el holgado triunfo de De la Rúa pasó a un segundo plano: lo que se esperaba ansiosamente era el resultado en la Provincia de Buenos Aires. Después, cuando pasada la euforia electoral comenzaron los rumores con respecto a quién pondría Ruckauf al frente de Seguridad y de la Policía Bonaerense. En este marco de protagonismo que tiene el distrito bonaerense en cuanto a caudal de votos y en el escenario político nacional, es que tenemos que analizar los motivos de Ruckauf para salir a atacar con un terrorismo ideológico macartista a su rival aliancista y, al mismo tiempo, salir a la caza de los votantes conservadores de Patti. Estaba en juego, no sólo su carrera política sino también la posibilidad de que el PJ quedara muy debilitado en el próximo período de gobierno. El recurso utilizado por Ruckauf para llegar a la gobernación fue apelar a algunas de las instituciones represivas e ideológicas que representan al aparato de Estado: a la Policía y a la Iglesia. Estas apelaciones obtuvieron sus resultados. Por un lado, la promesa de Ruckauf de poner al frente de la Bonaerense a un policía, su identificación ideológica con dicha fuerza y su discurso de mano dura y más poder de represión, con su postura reaccionaria de “hay que meter bala”, cosecharon sus frutos. Esta apelación le significó la respuesta obediente y disciplinada de la policía, que le permitió sumar un caudal de votos que, contando a sus familiares, ascendería a unos doscientos mil, lo que representa aproximadamente el 5% del padrón electoral. “En las semanas previas a las elecciones, en muchas comisarías de la provincia se vio a los oficiales arengando a su tropa con un discurso de este tipo: ‘Si gana Meijide se acaban las horas extras, se viene una caza de brujas y además es zurda y atea’, malas palabras en el rígido diccionario policial” (Clarín 26/10/99). Por otro lado, el discurso fascistoide de Ruckauf contra Meijide, días antes de las elecciones, acusándola de abortista, anticristiana y atea, fue un intento de colocarla bajo la lupa de la Iglesia, divorciarla tipo Inquisición del electorado católico, y apoderarse de los votos que venía sembrando Patti. Con esta jugada también obtuvo su cosecha: “Muchos obispos difundieron sus reflexiones en las que recordaron (...) que no es moralmente lícito para un cristiano dar su sufragio a un candidato que está a favor del aborto” (Clarín 19/10/99). Entre los obispos que salieron a apoyar a Ruckauf figuran monseñor Norberto Martina, que distribuyó una declaración elogiando la actitud de Ruckauf por “su defensa de la vida desde la concepción” (cuando paradójicamente está a favor de la pena de muerte, razón por la cual quiere abandonar el status constitucional del Pacto de San José de Costa Rica, que se opone a dicha pena), y el arzobispo de Mercedes-Luján, Emilio Ogñenovich, que en declaraciones a la prensa sobre su temor a una eventual despenalización del aborto y en una clara acusación contra Meijide, manifestó: “¿O acaso no hay una candidata que firmó en su momento un proyecto en favor del aborto?” (Clarín 19/10/99). Con estas jugadas sumadas a una virtual ley de lemas (que le permitió a Ruckauf obtener –además de votos tradicionales del peronismo– el amplio espectro de los votos conservadores que le entregaron Cavallo y la Ucedé sumados al “escaso” reparto de boletas de Patti), podemos explicar por qué cuando parecía que Fernández Meijide tenía todas las chances de ganar, la derrota la encontró en el camino. Esta derrota tiene su origen fundamental, no el hecho de que sea mujer, sino en que es madre de un desaparecido, fue militante de derechos humanos durante la última dictadura y, además, es tildada –a nuestro juicio falsamente– de zurda. Por último, Ruckauf confirmó el nombramiento de Rico como secretario de Seguridad. Esta emblemática designación incluye el objetivo de explorar la reacción del espectro político y de la opinión pública enviando un mensaje que muestra coherencia con lo que había prometido durante su campaña. El acuerdo de trabajo conjunto hecho con el delarruísmo en el cordón lindante con la Gral.Paz es una demostración de que la llamada “inseguridad” será una política “de estado” en el próximo período. Sólo que no estará dedicado fundamentalmente contra la delincuencia sino contra las luchas sociales y el activismo. Si los sectores democráticos no reaccionamos a tiempo, puede verse claramente el peligro que corre toda la sociedad: la reedición de una especie de Triple A está cerca, teniendo como base operacional a la Policía Bonaerense, quizás en colaboración con la Federal. Estas maniobras de Ruckauf y del peronismo en su conjunto dejan claramente al descubierto el disciplinamiento que se intenta operar en la sociedad, con discursos y acciones que instalen el orden de lo prohibido y lo permitido, para generar un régimen de corrección sobre la base de la buena y la mala conducta, impuesto desde la coerción.

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