Hacia la FEUDALIZACION del Peronismo
El peronismo sufrió la más aplastante derrota de toda su historia, y no precisamente a manos de un líder carismático. La derrota vino de la mano de Duhalde, compartiendo paternidad con Menem que trabajó por la derrota de su viejo socio. En un sentido amplio el peronismo histórico, como proyecto viable, está muerto y enterrado porque se agotaron las condiciones que dieron origen a su nacimiento y posibilitaron su papel más o menos nacionalista y populista. El menemismo marcó la culminación de esa transformación, con su alianza con Alsogaray y el gran capital hiperconcentrado, y con la pretensión de ser una estrella más en la bandera yanqui, como lo demuestra el pedido de ingreso a la OTAN. Es emblemático que el peronismo haya colocado el discurso de fin de campaña sobre Buenos Aires (y no sobre las presidenciales), y que haya sido en su más importante y tradicional bastión, donde haya podido concretar el bloque de derecha con Cavallo, la UCeDé, un sector del clero y el grueso de la familia policial (ver nota aparte). Ese engendro, de raíz liberal-clerical, no cambia el hecho de que el peronismo haya perdido en las presidenciales ante De La Rúa por casi 5 puntos más que ante Alfonsín en 1983. A pesar de que en este país los muertos políticos suelen gozar de buena salud, el resultado del 24 ha dado a luz un frente único anti-Menem en el que, por distintas razones están involucrados Duhalde, Ruckauf, Reuteman y De la Sota, además de innumerables ratas que abandonarán el barco en desgracia, con la misma premura con que se subieron a él cuando vieron al Menem triunfador, alto, rubio y de ojos celestes. La paliza que recibió Duhalde pegó también sobre el lomo de Menem por más que éste haya contribuido decisivamente a esa derrota. Los afiches de Menem 2003 que aparecieron el lunes 25, no son más que una bravuconada irrelevante. Como no somos clientes de adivinos, no sabemos si él hubiera ganado por paliza de haber sido candidato, como afirmó Menem después de las elecciones, o si en ese caso la paliza hubiera sido aún mayor, como sostuvo Duhalde. Desde el marxismo materialista creemos que ésta es la única verdad que ha dicho Duhalde en décadas. El problema es que no se trata sólo de balance, sino de las perspectivas y el futuro del partido fundado por el general fallecido hace un cuarto de siglo. La tendencia más probable, por lo menos en el corto plazo, es a la división de hecho; a que convivan en todas las áreas, incluido el parlamento, menemistas, duhaldistas y bloques de parlamentarios seguidores de los distintos candidatos a la sucesión peronista del 2003: es como intentar repartirse el chancho antes de haberlo cazado y asado. Para usar la terminología a la que es adicta el peronismo, no hay conducción, ni estratégica ni táctica. A ello se agrega el proceso de disgregación de la burocracia sindical, cuyo caso más paradigmático es la división de la UOM. Si bien el menemismo construyó una especie de régimen propio dentro del estado burgués y tiene fichas puestas en todos lados, vale el dicho de que los gobiernos pasan y los policías (o los jueces) quedan_ y a los legisladores se les puede ocurrir reflexionar y cambiar, siguiendo el ejemplo de Mariano Grondona. A favor de mantender unido al feudalizado peronismo actuará, sin dudas, la Iglesia, que apostó fuerte por su monaguillo de las Tres A llamado Carlos Ruckauf. Pero por fuerte que sea, la Iglesia no es todopoderosa, y los procesos económicos, sociales y políticos colocan al peronismo en la nutrida cola de entrada a la Chacarita. Aunque quizá el gran capital lo mantenga en un freezer, como una especie de Walt Disney hibernado, por si lo vuelve a necesitar. Todo esto es meramente especulativo. Lo cierto es que si la izquierda anticapitalista no es capaz de presentarse como alternativa y sepulturero, la cola para entrar a la Chacarita puede seguir quedándose parada en la puerta. Hoy, las condiciones materiales posibilitan terminar con la sífilis peronista en la conciencia obrera. La experiencia vivida en la década infame mememista también ayuda, objetivamente, a ello. Pero si no hay una opción obrera y revolucionaria, el peronismo se sobrevivirá a sí mismo y/o dará nacimiento o cohabitará con sectores fascistizantes engendrados por la descomposición capitalista. Los socialistas anticapitalistas tenemos la responsabilidad histórica de cambiar la historia. Para ello hay que abandonar, entre otras cosas, cualquier intento de disfraz o maquillaje peronista destinado, como el original, pero como mala copia, a embaucar distraídos. De nosotros depende actuar con justeza.
JORGE GUIDOBONO