Filosofía y Letras: Más interrogantes que certezas

El 5 de noviembre finalizaron las elecciones de Centro en Filo. Acompañando el arrasador triunfo de la Alianza en todo el país, su brazo estudiantil, la Franja, ganó en la mayoría de los centros de la UBA. Con este dato, es positivo que no haya podido ganar en Filo, simplemente porque son ellos los que vienen llevando la reforma y el ajuste en la universidad y cualquier golpe que reciban en cualquier terreno, es positivo para los estudiantes. En Filo se expresó un voto antialianza, que dio como ganador al FAE (MST-Mariategui-Walsh), frente en que confluyen una organización de izquierda junto a otras agrupaciones. Lo consideramos positivo, más allá de las diferencias que tenemos con ellas. El antecedente del papel que cumplió “La Marea” –la anterior conducción del centro conformada por La Corriente-PTP, el MST y la Walsh, J.P.L–, demostró que los acuerdos puramente electorales, para ganar votos y obtener un centro, se dividen ante el primer paso de movilización de los estudiantes. Eso es lo que sucedió en mayo. Se desnudó La Corriente y sus acuerdos con aquellos a quienes decían enfrentar: la Franja Morada. Por eso fueron destituidos del centro, incluyendo su rol carnero durante la huelga de los no-docentes. Es por todo esto que es precario y peligroso hacer acuerdos electorales basados en la juntada de votos, si no es con una política de claro enfrentamiento con el gobierno de turno, sus aliados, y la actual conducción del movimiento estudiantil en la Fuba (Franja Morada y su sombra, el PTP). Llamamos la atención sobre este punto central a los compañeros del MST que integran el FAE, con la misma metodología con que el año pasado conformaron La Marea junto al PTP (La Corriente). Por otro lado, la polarización que se dio en estas elecciones entre el FAE y la Alianza dejó al resto de las agrupaciones de izquierda (PO-PTS-LSR-Pampillón) disputando con otras listas (La Corriente ex-presidencia del Centro, Venceremos y Kush) el 25% restante de los votos. En estas condiciones, las agrupaciones de izquierda, que a los ojos de la mayoría de los estudiantes sólo se diferencian por sus iniciales, se presentó separada para ser golpeada toda junta_ y contar porotos, algunos más, otros menos. Sin embargo, si sumáramos los votos que la izquierda obtuvo yendo de manera fragmentada a estas elecciones (incluyendo por supuesto al MST), veríamos que superan ampliamente a la Alianza. En consecuencia, el triunfo hubiese sido mucho más sólido si tan sólo hubiese sido capaz de presentar una lista unitaria, que respondiese a los intereses de quienes dice representar: los estudiantes en lucha contra la reforma educativa. El escaso margen que posibilitó el triunfo del FAE puso en evidencia que estamos corriendo un riesgo absolutamente innecesario: darle la posibilidad a la Alianza de cumplir el sueño de recuperar un centro que le es hostil desde hace más de una década. Y esto es responsabilidad absoluta de las agrupaciones de izquierda. La LSR fue una de las fuerzas que –con el PTS y miembros del Colectivo de Discusión y Acción, junto a otros estudiantes de izquierda independientes– conformaron la Lista “Revocables en Asamblea” para las últimas elecciones de Consejo. Batallando por darle continuidad a ese paso positivo, convocamos a una reunión abierta para decidir de qué manera interveníamos en las elecciones de Centro, continuando el camino emprendido por “Revocables_”, ampliando ese acuerdo al resto de las agrupaciones y, sobre todo, a la participación de estudiantes que se reclaman de izquierda y que no están organizados en ningún agrupamiento, para presentar una lista anticapitalista unitaria partiendo de la metodología que dio lugar a “Revocables en Asamblea”. Lamentablemente esto no fue posible: por un lado pesó el sectarismo (PO-PTS) y, por el otro, el abstencionismo (Colectivo de Discusión y Acción), dos políticas estériles. Del llamado realizado por la LSR surgió la Lista Roja 100, junto a compañeros independientes. Hay que resaltar la metodología nefasta de los compañeros del PTS. Primero, boicotearon la reunión llamando a otra para el día siguiente con el mismo temario (habiendo vencido ya los plazos de presentación de lista; habiendo presentado la propia de antemano; pero argumentando que no podían presentarse si no mediaba previamente una asamblea masiva). Pero más grave aún, impugnaron el nombre de la Lista Roja, con el argumento de que se confundía con En Clave Roja, posicionándose como los “dueños” del color rojo_ Pero sin ponerse colorados a la hora de autoadjudicarse el nombre de “Revocables en Asamblea”, pese a que ellos mismos se habían negado a darle continuidad. Con esta conducta el PTS demostró estar bastante “contagiado” de los juegos de la democracia burguesa, apelando a los mecanismos institucionales del enemigo de clase, en los que contó con el abstencionismo cómplice del PO y el MST: su gran aliado fue la Alianza. Y tanto el PTS como el PO y el MST, demostraron estar dispuestos a apelar a esa metodología en aras de aparecer como las “marcas registradas” de la izquierda. El mensaje fue claro: cualquier corriente estudiantil anticapitalista independiente, deberá sortear –además de los obvios obstáculos de las corrientes patronales– el aparatismo hueco de una izquierda en extinción. Quizá los compañeros reflexionen acerca de que jamás los revolucionarios dirimimos nuestras diferencias con los métodos de nuestro enemigo de clase: por eso no impugnamos su lista pese a la burda utilización del nombre de “Revocables en Asamblea”, sino que preferimos hacer pública esta discusión política, y no una “transa” de nombres en la junta electoral. Desde la lista Bandera Roja 100 postulamos la necesidad de organizarnos masiva y democráticamente para enfrentar la reforma de Shuberoff y el FMI, el arancelamiento y toda forma de privatización de la educación; y repudiamos las sanciones contra los estudiantes de Ciencias Sociales. Denunciando el carácter de clase de la educación pública, llamamos a tomar ejemplo de los estudiantes mexicanos que mantienen una huelga desde hace seis meses en contra del arancel. El año que viene será clave para el movimiento estudiantil, dado que el menemismo ha dejado parcialmente pendientes las tareas de privatización de la educación y la salud públicas, que el gobierno de la Alianza deberá llevar adelante. Dependerá de nuestra resistencia y organización que lo logren o no. Para ello debemos prepararnos, en Filo, en la UBA y en todo el país.

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