Este homenaje recordatorio no tiene nada de protocolar porque estamos viviendo en un mundo en que, desde el punto de vista de la burguesía, es el fracaso del socialismo. Y desde el punto de vista de la izquierda, o de muchos izquierdistas, la rusa es una revolución que, aunque no lo terminan de decir abiertamente, casi no se debía haber hecho. Y buscan en sus reales o supuestos "errores" el origen de todos nuestros males. Como si la revolución fuera una prolija receta de cocina, que si uno guarda las proporciones justas de todos los condimentos, el producto va a ser perfecto. Y la revolución es otra cosa. Es el producto de la más enconada y feroz lucha de clases.
La revolución rusa fue derrotada, en lo fundamental, no por errores o razones ideológicas, sino porque hubo 14 ejércitos imperialistas que la cercaron en frentes de 8.000 kilómetros durante 3 años de guerra civil, y agotaron las fuerzas vivas del proletariado que casi quedó destruido. Al mismo tiempo, la burguesía europea pudo derrotar a la revolución que siguió a la primera posguerra en el continente.
No fue una derrota ideológica. Fue una derrota basada en la violencia, en la agresión, y en lograr el aislamiento de la revolución. Porque la revolución socialista sólo puede ser un producto internacional.
Lenin, en la lucha interna que se dio en el partido bolchevique antes de la insurrección, sostenía: "Hay que hacer la revolución, no se puede esperar". Pero sobre todo, argumentaba que había que hacer la revolución, porque "maduran las condiciones para la revolución europea; que empieza a haber un proceso de huelgas en Alemania y Austria-Hungría, y nosotros tenemos que conquistar el poder para construir un baluarte para la revolución en Europa".
La revolución europea fue aplastada por varias razones, entre ellas la traición de la socialdemocracia y el agotamiento y la masacre obrera en la Primera Guerra. Terminada ésta, el imperialismo mundial, desde el naciente imperio norteamericano hasta Japón, pasando por los viejos imperialismos europeos, confluyó para tratar de destruir a la revolución rusa. En un sentido, no logró aplastarla del todo pero la dejó aislada y exangüe, preparó las condiciones para su posteriór degradación que materializó el stalinismo. Esto es muy importante porque la historia de este siglo es la historia de la revolución rusa.
Si los obreros del mundo, y en particular de Europa, pero nos incluye también a los argentinos, tuvimos ley de 8 horas, beneficios sociales y un montón de conquistas, es porque la burguesía sintió el frío de la muerte en Rusia. Esa es la clave que explica todo. Y por eso ahora se siente tan segura para volver a explotar como en 1900 (no existen las 8 horas, las conquistas gremiales, nada). La terminó de aniquilar por partes, pero el golpe mortal lo dio en las décadas de los ’20 y los ’30.
La revolución rusa es parte de nuestra historia. Nuestra historia tiene que ver con lo que hicimos los explotados del mundo para terminar con el régimen de la explotación de clases. Y naturalmente lo hemos hecho como hemos podido.
Marx, frente a la Comuna de París, aunque terminó en un inmenso baño de sangre, sacó como conclusión central: "Por primera vez los obreros tomaron el cielo por asalto". Y subordinado a ello y a la denuncia de la brutal represión burguesa, como aprendizaje hacia adelante: "¡Qué tragedia que los obreros parisinos, los comuneros, se hayan detenido frente a las puertas del Banco de Francia, y no se hayan lanzado a su expropiación!".
La revolución rusa superó la experiencia de la Comuna a una escala gigantesca: conmovieron el mundo. Hicieron que el siglo xx fuera un siglo signado por la revolución de Octubre. Naturalmente, como toda revolución, no es una receta de cocina, una revolución es siempre una explosión contra la arbitrariedad y los excesos cotidianos que, normalmente, nos enseñan a aceptar como cosas naturales, cuando en realidad son absolutos excesos totalitarios. Simplemente que, como son los excesos que comete la clase dominante en forma "normal", inculca a la vez la ideología de que ellos son parte de la vida, que son como respirar. Y eso no es así.
Vivimos en un momento de reacción ideológica profunda, donde supuestamente los socialistas tenemos que rendir cuentas por los pecados cometidos. Y en realidad, en lo fundamental, hemos cometido un solo pecado: el de habernos rebelado contra la explotación, la opresión y la humillación. Si de eso nos acusan: les decimos de antemano que sí, que tienen razón. Todo lo demás, lo discutiremos entre nosotros. Y a ellos los denunciaremos como a los mayores criminales de la historia de los últimos 500 años. Si no nos ubicamos así, vamos a terminar pidiendo disculpas por salir a luchar por pan, como en la revolución francesa de 1789.
Extractos de la exposición de Jorge Guidobono en la última reunión abierta mensual de la LSR (5/11/99).
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