RAMALLO

Espejo de la policía

Han pasado casi veinte días desde aquel trágico 17 de septiembre y la investigación se encuentra en punto muerto a pesar de que los hechos fueron vistos y filmados. Ocurre, casualmente, lo opuesto a lo sucedido con la carnicería de LAPA que, a 48 horas de sucedido, ya tenía "un peritaje" achacándole la "responsabilidad" a los pilotos muertos.

Por más que los medios especulen sobre la posibilidad de la "conspiración" contra Duhalde, ésa es una cortina de humo para esconder el verdadero problema: ¿cómo pudo la policía realizar la masacre con todos los medios de prensa del país presentes y filmando? ¿qué significa ello? ¿qué intereses en juego hay? ¿qué policía existe después de tantas idas y vueltas?

Con Ruckauf entonces en plena campaña acerca de que "hay que meterle bala a los delincuentes" la masacre de Ramallo marcó un antes y un despúes en todo, empezando por el ánimo colectivo de la gente, lo que le puso un provisorio candado bucal al candidato ex-ministro de la Triple A. Y mostró descarnadamente el verdadero rostro de la policía frente a los ojos de millones que vieron filmado y multiplicado el horror cotidiano de los fusilamientos (a los que cínicamente se denomina "gatillo fácil) de chicos y pobres ".

Ningún policía de los que tiran normalmente del anónimo gatillo se puede prestar a ser filmado ante el país masacrando a la gente del auto o "suicidando" a un delincuente en la comisaría al poco rato. Hay órdenes superiores y una cadena de mandos que actuó en esta masacre policial-judicial.

Ella expresa categóricamente el fracaso absoluto del plan de reformas policiales que llevó adelante Arslanian con el apoyo de Duhalde y la Alianza, como lo anticipó el despido anterior de Arslanian y la vuelta de la maldita policía de Klodczick y compañía. Asimismo, la llegada de Soria en reemplazo de Lorenzo, que tenía como su mano derecha al abogado del "gordo" Valor, uno de los delincuentes más conspicuos, no modificó nada fundamental: a veinte días el nuevo ministro sigue en foja cero en la investigación de algo muy evidente y registrado en cámara: ¿quién dio la orden de disparar al coche, quién asesinó al "suicidado", qué pericia hay sobre él?, ¿había negociaciones y los asaltantes salieron por ellas, a pesar de estar rodeados por 200 policías, lo que en caso contrario significaba salir a buscar la muerte?

Por más que Duhalde busque algún golpe de efecto cerca de las elecciones, el hecho central es que el grueso de esas preguntas quedará sin respuesta, o tendrá una similar a la de la "banda de los Pepitos" de Mar del Plata en el caso Cabezas. Todo tiene una razón básica: la policía es parte de una banda capitalista mafiosa ligada a sectores del poder económico y político.

No sólo controla sus negocios tradicionales de prostitución y juego, al que agregó el inmenso rubro de las drogas que –de una u otra forma pasa por sus manos– es parte del gigantesco saqueo capitalista que se viene realizando desde el poder económico, político e institucional.

No se trata de un problema de hombres sino de la institución como tal. Los hombres que no sean funcionales para este tipo de institución pasan a calentar sillas en despachos anodinos, son "baleados por delincuentes" o mueren "de asma". Así ocurrió con el jefe Pirker, el que dijo que él hubiera reducido a los asaltantes del cuartel de La Tablada sin tirar un tiro y sólo con la brigada de gases; mientras que el ejército y la policía asesinaron a 38 personas y tiraron hasta bombas de fósforo como en Vietnam.

Y la policía y la justicia forman una yunta inseparable. El juez Bernasconi y su banda de policías son un buen ejemplo de esto. El juez Oyarbide y la policía federal son otro ejemplo en el caso del negocio de la prostitución. Los casinos clandestinos en Puerto Madero, a 100 metros de la Rosada, demuestran su participación en el juego.

El banquero presidencial Raúl Monetta, prófugo desde hace meses en sus casas y estancias sin que los "sabuesos" policiales y judiciales lo encuentren, es una burla al pueblo, máxime cuando "desde la clandestinidad" llega a acuerdos con el Banco Central.

La violencia y corrupción del aparato policíaco militar es un gigantesco barril sin fondo que se seguirá tragando vorazmente vidas, libertades y millones, cual un dios insaciable, hasta que no se ponga fin a esta sociedad de explotación capitalista de la que violencia y corrupción son apéndices naturales.

Para que ello sea posible es necesaria una lucha a largo plazo con ese objetivo. Pero también se necesita una lucha, pequeña o grande, para responder a cada uno de los atropellos de este monstruo. Para intentar frenarlos o dificultar su avance, para sembrar conciencia en el pueblo acerca de sus verdaderos intereses, métodos y accionar. E ir preparando así nuevos y superiores estadios de lucha contra este flagelo que ataca al pueblo, a los pobres y en particular a sus jóvenes.

JORGE GUIDOBONO

3/10/99

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