Universidad: Los Votos Pasan, la Reforma Sigue
¿El problema del presupuesto está resuelto? ¿No nos van a recortar nunca más? ¿Vamos a tener que vivir sorteando cupos? ¿Las becas para apuntes van a existir, o habrá que conseguir sponsors empresarios a cambio de trabajo gratis? ¿Va a haber profesores suficientes y que logren cobrar algún sueldo para que nos dicten las clases? ¿Cómo va a ser esta segunda mitad del 99 y el nuevo milenio?
En el Consejo Directivo de la UBA, más precisamente en su comisión de Hacienda, se está por aprobar un proyecto para inventar un nuevo departamento académico, cuya función sería recaudar, buscar e incentivar las donaciones de empresas y particulares, como forma de financiamiento alternativo al del estado (muchas facultades ya implementan alguna modalidad de autofinanciamiento y el sistema de donaciones). Así, por un lado se acepta como normal el financiamiento privado y se abandona el reclamo de mayor presupuesto estatal; por otro lado, se legaliza la subordinación de la universidad a las necesidades de las empresas contribuyentes, no sólo en cuanto al conocimiento sino en tanto que se convierte en una bolsa de trabajo gratuito por medio de las pasantías (en el proyecto de la comisión: Se puede obtener lo que uno quiere si se ayuda a otros a obtener lo que ellos quieren, Página/12, 25/7/99). Esta propuesta cuenta con el apoyo de los decanos de la UBA y está siendo impulsada por el de la Facultad de Ciencias Económicas, pionera en el autofinanciamiento (por ejemplo, materias de verano aranceladas) y la aceptación de donaciones privadas (Ford, Procter and Gamble, Irsa). Incluso es aceptada por la FUA. La Facultad de Ciencias Sociales de la UBA este cuatrimestre empezó a implementar una modalidad en la cual la Facultad de Ciencias Económicas también es vanguardia: los cupos para la inscripción en las materias. Este es un sistema de puntaje que se basa en los promedios obtenidos en las materias ya cursadas, por lo que aquellos que no tengan la posibilidad de cursar más de una materia (ni que hablar de los que no puedan cursar ninguna algún cuatrimestre) por alguna razón, como por ejemplo laburar 12 horas por día, quedan con menos posibilidades de seguir cursando. Son tres las opciones que le quedan a estos estudiantes: deben pasar a segunda vuelta en la elección de horarios y materias remanentes, o deben dejar de cursar ese cuatrimestre (lo que hace bajar aún más el puntaje), o directamente deben abandonar la facultad. El Consejo de Universidades nuclea a los decanos de las universidades privadas y públicas y a representantes del Ministerio de Educación. Ha aprobado una propuesta de parámetros básicos para las carreras de Medicina de todo el país (tanto públicas como privadas) a la que se tendrán que amoldar todas (lo que implica reforma de los planes de estudio) en el plazo de un año. Tales parámetros estipulan un mecanismo de selección condicionado a que la cantidad de estudiantes esté en relación con los recursos físicos, humanos y económicos de la facultad (Clarín, 25/6), cierta cantidad de horas de cursada (que en muchos casos implicaría un aumento de ellas) y la implementación de las prácticas (o algo parecido) desde el inicio de la carrera. Esto implicaría la anexión de un año más en el que deberían hacerse una especie de prácticas que tendrían la particularidad de tener que concretarse de lunes a viernes, ocho horas diarias y con guardias de veinticuatro horas los sábados o domingos. En los hechos todo esto dejaría afuera, como mínimo, a los que aún tienen la posibilidad de trabajar y estudiar (cosa de por sí dificultosa por la carga horaria que ya posee la carrera). A la vez, pondría a todos los estudiantes en el rango de mano de obra gratuita_ y a los enfermos en manos de dios (si existiera). El Consejo de Universidades empezó por Medicina y tiene previsto continuar con Odontología, Ingeniería, Derecho y Farmacia. Por su lado, el Ministerio de Economía publicó las cifras de la desocupación entre quienes tienen la educación secundaria completa y la universitaria incompleta (muchos son universitarios que dejaron o que aún cursan) en la Capital y el Gran Buenos Aires: en el último año aumentó al 19,6% (por encima del promedio general) y participan en el índice total de desocupación con el 37,3%. Esto no cambia según el gobierno de turno. Su continuidad está dada por la aprobación de la Ley de Convertibilidad Fiscal, tanto por el PJ como por la Alianza (que subordina todos los presupuestos estatales a la recaudación fiscal), por lo que antes, durante y después de octubre y de diciembre, van a tener que seguir achicando, elitizando y, consecuentemente, dejando afuera a buena cantidad de los que hoy, a duras penas, aún podemos seguir estudiando.
Mayo ¿y después? Organizarse
Todavía está fresco el recuerdo del proceso de movilización de mayo que hizo retroceder, parcialmente, el recorte presupuestario. Lo cierto es que fue un retroceso táctico, producto no tanto de la magnitud del reclamo sino más bien de la debilidad del gobierno. Pero el recorte es necesario estratégicamente, por lo que más temprano que tarde van a volver a la carga con fuerza redoblada. Como ejemplos, el año que viene vence el plazo para la implementación de la Ley de Educación Superior; también es el plazo impuesto por el Consejo de Universidades para las reformas en todas las carreras de Medicina, los cupos de Sociales, etcétera. En aquellas movilizaciones logramos comenzar una coordinación entre algunas facultades, y con otros sectores de la educación: logramos empezar a tender lazos entre los estudiantes. Pero el gobierno retrocedió con el recorte, vinieron los exámenes, después las vacaciones _y esos pequeños avances parecen haber quedado en el cajón de los recuerdos. Eso sí, este segundo cuatrimestre se viene movidito al ritmo de la música que nos quieren hacer bailar: las elecciones de octubre. Todo está dirigido a ese objetivo, sobre todo teniendo en cuenta que la dirección de la FUA, la FUBA y la mayoría de las universidades, es la Franja Morada, cuyos intereses están íntimamente comprometidos con los de la Alianza. Después de octubre, y como moño del paquete, llegan las elecciones para Centros de Estudiantes. Nos vamos a pasar el último cuatrimestre del siglo en el cuarto oscuro. Y con la llegada del nuevo milenio volveremos a estar como antes: nos sacan materias, nos limitan el ingreso, privatizan la universidad, no tenemos horarios, etcétera. Es fundamental profundizar el camino que empezamos a transitar en mayo. Tenemos que organizarnos democráticamente desde las aulas, de forma que podamos enfrentar cada nueva restricción que quieran imponernos; y discutir y decidir los pasos que creamos necesarios para seguir adelante. Y unirnos entre las facultades, con otras universidades, con otros sectores estudiantiles y de trabajadores en lucha, sabiendo que el recorte en la educación es parte del derrumbe más general que sufren todos los trabajadores del país. Pero siendo conscientes también de que para dar una lucha en serio, tenemos que ir construyendo, al calor de la pelea, una dirección que no tenga compromisos con los sectores del poder. Sólo así podremos dar una pelea real, continua, sistemática y profunda contra todos los atropellos, presentes y futuros, para defender nuestro derecho a estudiar.