RUCKAUF La seguridad de las Tres A
La bala que mata a un asesino es una bala de la sociedad que está harta de que desalmados maten a mansalva a gente inocente - No me va temblar la mano. Hay que tener piedad por la gente y no por los delincuentes. Uno podría creer que estas palabras pertenecen a algún generalote o comisario de épocas no muy lejanas. Pero no, son dichos del vicepresidente y candidato a gobernador de la provincia de Buenos Aires por el PJ, Carlos Ruckauf. Sus frases reaccionarias pueden despertar simpatías en sectores de clase media que no ven otra salida a la violencia de la que son víctimas. Ruckauf trata de ganarse los votos de derecha que podría llevarse Patti (estimados en un 11%), para disputar en mejores condiciones la gobernación a su contrincante Fernández Meijide. La aliancista lo tildó de delirante y declaró no quiero ni policías muertos, ni delincuentes muertos. A lo que el vicepresidente retrucó ¡Esta señora tiene el sindrome del miedo a los uniformes! Esa época ya pasó_ Pero el problema es que los protagonistas son los mismos de esa época. Por eso no es casual que este hombre piense en solucionar las cosas de esa forma. Es el mismo que fue ministro de Trabajo del gobierno de Isabel Perón, entre julio del 75 y marzo del 76, en pleno auge de la Triple A. Y fue uno de los firmantes del decreto que ordenaba el aniquilamiento de la subversión, legalizando la tarea que se inició bajo el gobierno constitucional y que completaron los militares del Proceso. Tarea de la que él se declaró muy orgulloso (Página/12, 20/8/99). El enemigo ya no es el mismo, pero la salida parece que sí. Ante las justificadas demandas de seguridad y trabajo por parte de la población, los candidatos juegan un campeonato para ver quién mete más balas. Desde De la Rúa escoltado por escuadrones especiales, hasta Patti con su propuesta de piquetes armados para desatar una guerra entre pobres. Todos ellos colocan el discurso en el lugar que más les conviene. Detrás de estas propuestas hay algo que es profundamente reaccionario. Hace tiempo que la seguridad la garantiza la mejor policía del mundo. La misma de la dictadura; la de cientos de crímenes, de los que Bulacio, Bru o Cabezas son sólo los más recordados. La misma que está metida hasta las narices en la voladura de la AMIA, en el negocio de la droga, el contrabando de armas, y el tráfico de blancas. La que protege a los narcotraficantes y persigue y tortura a inmigrantes y jóvenes pobres. Es la de las internas al estilo mafioso: los dos policías baleados en Don Torcuato por otros policías son una muestra de cómo defienden sus sucios intereses y cómo arreglan las rencillas internas. No puede haber seguridad sin desmantelar a esta fuerza que está podrida hasta las entrañas. La reforma de Arslanian descentralizó a la policía en 18 jefaturas independientes. La limpieza dejó a muchos afuera, pero siguen armados formando parte de las filas de la seguridad privada a la que buscan darle las mismas atribuciones que a la Bonaerense. Arslanian criticó a Patti: los piquetes son ilegales, no alcanza sólo con poner más policías. Y perdió su puesto por blando, según lo definió su jefe, Eduardo Duhalde. Su lugar, ahora lo ocupa Osvaldo (hermosa policía) Lorenzo para quien la inseguridad es culpa de la droga el alcohol y el divorcio. Quiere sacar a toda la policía a la calle y reincorporar a los que habían quedado cesantes en la era Klodczyck. Se vislumbra una sociedad militarizada, con una policía asesina y con bandas armadas controlando barrios enteros. De hecho, eso está ocurriendo, pero nos quieren acostumbrar a que esto se generalice y se vuelva normal. Nos quieren hacer caminar en un moderno Far West, donde los tiroteos y los muertos en la calle sean cosas de rutina. El asesinato de miles de ladrones y delincuentes, de fondo, no soluciona el problema: en un corto plazo van a aparecer otros, porque los engendra la crisis, la miseria, la superexplotación, la desocupación, la marginación, la desigualdad, la injusticia_ La violencia es la esencia del capitalismo y más en esta etapa de descomposición. Los medios hacen su campaña y nos muestran, todos los días y a toda hora, imágenes de violencia urbana, pero como si nacieran de un Ovni. Victimizan a la policía para engañar a la gente: los 60 efectivos muertos en lo que va del año equivalen a dos o tres noches de gatillo fácil. Nos venden a la inseguridad como causa, y en verdad es la consecuencia de la crisis social en la que estamos metidos. Crisis que está instalada en los cimientos de la sociedad. ¿Qué seguridad puede haber si no hay soluciones de fondo? El temor colectivo tienen sus raíces en la desocupación, en la inestabilidad laboral y en la falta de perspectivas, sobre todo para los jóvenes, que son marginados y víctimas de todos los horrores. Sin la satisfacción de necesidades básicas asegurada, en el presente y en el futuro, no puede haber seguridad. La violencia seguirá creciendo al ritmo de la pauperización de una sociedad que se cae en pedazos. Hay que avanzar en la construcción de una variante revolucionaria, para fortalecer la defensa de todas y cada una de las conquistas democráticas, y porque no hay una salida indolora para la violencia de este sistema: si dejamos avanzar la violencia del poder, éste pisará sobre nuestros cadáveres.